El bacalao es un pescado que se consume durante todo el año gracias a su conservación en salazón. Sin embargo, su consumo se incrementa notablemente en los meses de febrero, marzo y abril con la llegada de la Semana Santa. Esta época del año trae consigo tradiciones culinarias arraigadas, y el bacalao rebozado se erige como uno de los protagonistas indiscutibles.
Para preparar un bacalao rebozado perfecto, el primer paso y uno de los más cruciales es el proceso de desalado. Si se utilizan lomos grandes, es necesario mantenerlos en agua fría durante al menos 48 horas, cambiando el agua cada 8 horas para eliminar el exceso de sal. Este proceso es fundamental, ya que el sabor salado característico del bacalao se ve atenuado, permitiendo que otros sabores resalten.
Existen diversas maneras de disfrutar del bacalao rebozado, cada una con sus matices. Una de las variaciones más apreciadas es el "bacalao emborrizado", una especialidad andaluza que consiste en un bacalao aliñado y rebozado únicamente con harina. Esta técnica resalta la textura crujiente del exterior y la jugosidad del interior del pescado.

Preparación del Bacalao Rebozado
La preparación básica del bacalao rebozado implica varios pasos sencillos pero esenciales. Primero, se cortan los lomos de bacalao desalado en porciones. Luego, se pasan los trozos por harina y, seguidamente, por huevo batido. En paralelo, se calienta abundante aceite de oliva en una sartén a fuego fuerte.
El siguiente paso es freír los lomos de bacalao rebozados en el aceite bien caliente hasta que adquieran un color dorado y una textura crujiente. Es importante freír el bacalao con cuidado y poco a poco para evitar que el rebozado se rompa. Una vez fritos, se retiran y se colocan sobre papel de cocina para absorber el exceso de aceite.
Una variante interesante en la preparación del rebozado implica la elaboración de una masa ligosa. En un recipiente, se mezcla harina con aceite, cerveza y una pizca de sal hasta obtener una pasta homogénea. Esta mezcla se utiliza para cubrir las tiras de bacalao antes de freírlas en abundante aceite muy caliente.
Elaboración del Rebozado Orly
Para un rebozado especialmente crujiente y tostado, se puede recurrir a la técnica del rebozado Orly. Los secretos para lograr un resultado excepcional residen en la calidad del bacalao, perfectamente desalado y con un buen grosor, y en la preparación de un rebozado suficientemente espeso. Para ello, se pica finamente un diente de ajo, se bate un huevo, se añade la mitad de la harina, levadura y cerveza, y se mezcla hasta obtener una masa homogénea. Si la consistencia es demasiado espesa, se añade más cerveza; si es muy líquida, más harina. Finalmente, se espolvorea con perejil y se remueve.

Los tacos de bacalao rebozado, también conocidos como "soldaditos de Pavía", se sirven tradicionalmente sobre una cama de lechugas mezclum. Es recomendable advertir a los comensales sobre la temperatura interior del pescado y la posible presencia de alguna espina.
Acompañamientos Tradicionales
Si bien el bacalao rebozado es el plato estrella, la Semana Santa ofrece una rica variedad de acompañamientos y platos complementarios. Uno de ellos es el potaje de vigilia, un guiso tradicional y contundente que combina garbanzos, espinacas y bacalao. La preparación de este potaje suele comenzar con el remojo de los garbanzos durante unas 12 horas en agua caliente con sal. Posteriormente, se cocinan en una olla junto con judías, bacalao desalado, laurel y una cabeza de ajos entera. Una vez el caldo ha hervido, se añade el bacalao rebozado previamente y se deja cocer a fuego lento.
Otro plato emblemático es el bacalao al pil pil, una receta de origen vasco muy popular en toda España. Su elaboración es relativamente sencilla: tras secar el bacalao y atemperarlo, se calienta aceite en una cazuela con ajos laminados y guindilla. Luego, se añaden los lomos de bacalao con la piel hacia abajo y se cocinan suavemente hasta que suelten gelatina. La clave para el pil pil reside en mover la cazuela en movimientos circulares para emulsionar el aceite con la gelatina.

Las patatas son otro acompañamiento frecuente. Se cortan en rodajas finas, se salan y se fríen hasta que estén doradas. Después de escurrirlas, se pasan por harina y huevo batido, y se fríen de nuevo hasta que el rebozado esté crujiente. En algunas recetas, las patatas fritas se incorporan a un guiso con caldo, ajo y perejil, cocinándose a fuego medio hasta que estén tiernas, pero con cuidado de no romper el rebozado.
Los huevos cocidos también forman parte de la tradición. Se cuecen, se cortan por la mitad y, en algunas preparaciones, se rebozan y fríen al igual que el bacalao y las patatas.
Dulces de Semana Santa
La gastronomía de Semana Santa no estaría completa sin sus dulces característicos. Las torrijas son, sin duda, uno de los postres más emblemáticos. Su preparación se basa en pan especial para torrijas, empapado en leche infusionada con canela y piel de cítricos, rebozado en huevo batido y frito en aceite caliente hasta dorarse. Finalmente, se espolvorean con azúcar y canela.
Otra delicia dulce son los "roscos de Semana Santa". Se elaboran formando bolitas de masa del tamaño de una nuez, que luego se fríen en aceite caliente hasta que estén dorados. Estos roscos son una opción deliciosa para quienes disfrutan de los sabores dulces.
Torrijas tradicionales
Los "huevos en leche" son otro dulce tradicional, especialmente popular en ciertas regiones. Su preparación implica cocer leche con ingredientes aromáticos, añadir azúcar y, finalmente, incorporar una mezcla de huevos batidos y miga de pan para crear una pasta dulce y reconfortante.
Tradición y Gastronomía
La Semana Santa es una época que, más allá de su significado religioso, está profundamente ligada a la gastronomía y las tradiciones culinarias. El bacalao, gracias a su versatilidad y su historia de conservación, se ha convertido en un pilar de estas celebraciones. La prohibición del consumo de carne durante la Cuaresma impulsa el protagonismo del pescado y las verduras, así como la elaboración de postres dulces que marcan el fin de este periodo de abstinencia.
La Semana Santa también evoca recuerdos de infancia y tradiciones familiares. Las recetas que se transmiten de generación en generación, como el bacalao rebozado con su guisillo o los dulces caseros, forman parte del patrimonio cultural gastronómico que merece ser conocido y disfrutado. La música, a menudo clásica como Bach, acompaña la elaboración de estos platos, creando una atmósfera especial en la cocina.
La tradición de la abstinencia y el ayuno, presente en diversas culturas a lo largo de la historia, adquiere una dimensión espiritual en el cristianismo. Sin embargo, la gastronomía de Semana Santa, lejos de ser austera, celebra la abundancia y la riqueza de sabores, especialmente en platos como el bacalao rebozado, que se ha consolidado como un símbolo culinario de esta festividad.
