La Calabaza Verde: Un Símbolo Multifacético en Temporada

En los vecindarios estadounidenses, mientras el otoño pinta las hojas de dorado y naranja, aparece un símbolo diferente que se ha convertido en un mensaje silencioso entre familias. Las calabazas de color verde azulado que comienzan a verse en los porches no son simplemente una decoración estacional más.

La calabaza verde, también conocida como calabacín o zucchini, es un vegetal versátil y nutritivo que se ha convertido en un elemento básico en cocinas de todo el mundo. Su sabor suave y su textura tierna la hacen adecuada para una amplia variedad de preparaciones culinarias. La calabaza verde pertenece a la especie Cucurbita pepo, la misma que incluye a otras calabazas de verano y algunas calabazas de invierno. Originaria de América Central y del Sur, se ha cultivado desde hace miles de años y ha sido apreciada por diversas culturas.

La calabaza verde es baja en calorías y rica en nutrientes, lo que la convierte en una opción excelente para quienes buscan mantener una dieta saludable. Es una fuente importante de vitamina C, vitamina A (en forma de betacaroteno), potasio y folato.

Infografía con los nutrientes de la calabaza verde

La versatilidad de la calabaza verde en la cocina es una de sus mayores fortalezas. Puede ser consumida cruda, cocida, al vapor, a la parrilla, salteada, asada o incluso en sopas y guisos. Al comprar calabazas verdes, es importante seleccionar aquellas que sean firmes al tacto, sin manchas ni abolladuras. Para conservarlas, se recomienda guardarlas en el refrigerador, donde pueden mantenerse frescas hasta por una semana.

La calabaza verde es mucho más que un simple vegetal. Sus beneficios nutricionales y su versatilidad en la cocina la convierten en una adición valiosa a cualquier dieta. Ya sea en una ensalada fresca, a la parrilla, en un guiso o incluso en un postre, la calabaza verde ofrece una deliciosa y saludable manera de mejorar nuestras comidas diarias.

La Calabaza Verde como Símbolo de Inclusión y Seguridad

En los vecindarios estadounidenses, mientras el otoño pinta las hojas de dorado y naranja, aparece un símbolo diferente que se ha convertido en un mensaje silencioso entre familias. Las calabazas de color verde azulado que comienzan a verse en los porches no son simplemente una decoración estacional más. Becky Basalone enfrentaba el desafío de crear una experiencia de Halloween segura para su hijo menor, Caden, a quien le habían diagnosticado alergias alimentarias potencialmente mortales a ingredientes comunes en los dulces de la temporada, como maní, leche de vaca, nueces, manzanas y canela.

Lo que comenzó como un gesto local se expandió rápidamente. Los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades indican que aproximadamente el 8% de los niños en Estados Unidos han sido diagnosticados con alergias alimentarias. De ese grupo, alrededor del 40% ha requerido atención de emergencia debido a reacciones alérgicas.

Participar en el proyecto implica colocar una calabaza verde azulado en el exterior del hogar, ya sea pintando una calabaza tradicional o adquiriendo una en establecimientos como Target, H-E-B, Walmart o CVS, que las ofrecen durante la temporada.

Familia colocando una calabaza verde azulado en el porche

Entre los artículos sugeridos como alternativas seguras se incluyen varitas luminosas, crayones, gomas de borrar con motivos de Halloween, calcomanías, esténciles, marcadores de libros, naipes, colmillos de vampiro, anillos de araña, silbatos, kazús, juguetes novedosos y pelotas saltarinas.

Mientras las calabazas verde azulado ganan presencia en los porches, otro color ha emergido como símbolo durante el mes de octubre. Como escribió Valerie Meek en la revista en línea de Pregnancy After Loss Support: "Después de que naciera nuestra hija, era increíblemente importante para nosotros encontrar formas de incluir a Patrick, nuestro hijo que murió, en las tradiciones de nuestra familia. Cuando se acercaba Halloween ese año, dando inicio a tres meses de celebraciones navideñas, anhelaba formas de incluirlo."

La Calabaza Verde en la Cocina: Variedades y Preparaciones

Hace poco me preguntaron cual era mi verdura favorita. Jo, estas preguntas son «la repanocha» porque son muchas las que me apasionan, pero sin pensar mucho conteste: la calabaza. Pero tengo que mencionar que hay una que me chifla especialmente y es la «potimarron» verde. La más conocida es la naranja, mi segunda favorita…¡una exquisitez! Las calabaza «poti» como muchas abreviamos con cariño en Euskal Herría, reciben este nombre del francés. En el mundo macrobiótico e internacional se conocen como «hokkaido» haciendo mención de esa fascinante isla en Japón. Lo cierto es, que su autentico origen es americano, posteriormente se empezaron a cultivar en las islas niponas donde son muy populares y se encuentran en muchos platos de su gastronomía. Hoy en día las encontramos en Europa, Asia y América.

La calabaza verde «potimarron» es de un naranja muy intenso en el interior, se puede usar con piel porque es fina. Es de sabor dulce e intenso con matices de castaña, con una textura terrosa y muy rica en almidones. Ideal para sustituir cualquier plato que lleve patata.

Calabaza verde potimarron cortada mostrando su interior naranja

El otro día me preparé una deliciosa crema de mijo y calabaza verde para desayunar. En primer lugar debes lavar muy bien el cereal. En esa misma cazuela mantén el mijo, añade el agua y pon al fuego. Mientras tanto retira las semillas de la calabaza y corta en cubos medianos. Recuerda que la piel es muy fina y no necesitas de retirar. Una vez que hierva el cereal, desespuma, añade la calabaza y cuando rompa de nuevo a hervir incorpora la sal. Recuerda que las cremas tienen que ser dulces, así que es un poquito de sal la que se añade. Suelo poner una pizquita por cada porción. Cocina a fuego mínimo durante unos 40 minutos aproximadamente o hasta que se consuma el agua. Si tienes una cocina de gas te recomiendo utilizar un difusor. Retira del fuego y remueve para que se rompa la calabaza y todo el mijo adquiera su dulzor y color.

No recuerdo que mi madre o mi abuela usaran calabaza en sus recetas, pero a mi me encanta y desde que la descubrí la utilizo bastante. La madre de Alberto en cambio sí que la usa y hace un guiso riquísimo de garbanzos y calabaza, en el que está inspirado esta receta. Si quieres hacer una versión más rápida, simplemente elimina la calabaza y la patata, aunque queda más rico si le echas algo más consistente. Si no te gusta la calabaza o si no está en temporada en tu zona, puedes echar más patata o batata/boniato.

Variedades de Calabaza Comunes

Nombre Descripción
Butternut, cacahuete o violín La más cultivada en España, alargada, de piel clara y lisa, con una base más ancha y una pulpa de color naranja vivo.
Potimarrón o Hokkaido Más redondeada y achatada, con frutos que no suelen superar el kilo y medio de peso. La piel es más dura, de color naranja más intenso y surcada con líneas verticales paralelas de tono más claro.
Vasca o Mallorca Recuerda por su forma a la cacahuete aunque esta puede ser mucho más grande, con un cuerpo muy alargado. La piel es de color verde oscuro con franjas más claras alargadas.
Cucurbita maxima La clásica calabaza de Halloween, la más icónica.
Calabaza dulce de horno Más rústica en su aspecto pero con una forma similar a la Cucurbita maxima, si bien puede crecer con aspecto más cilíndrico y alargado.
Calabaza totanera Típica en la Región de Murcia y zonas cercanas, se distingue claramente por su piel gruesa de color verde oscuro, llena de verrugas o bulbosidades irregulares.
Calabaza gris Parecida a la totanera pero con una piel lisa, dividida en gajos más pronunciados por los surcos que la recorren de un extremo a otro. Se diferencia por esa piel más homogénea, fina, y el color ocre apagado, grisáceo.
Cidra, confitera o cabello de ángel Su uso casi exclusivo está dedicado a la elaboración de cabello de ángel, también para otras preparaciones confiteras o muy dulces. Es cilíndrica, ancha, muy jugosa y filamentosa.
Espagueti Su peculiar pulpa es muy filamentosa, difícil de cortar o de triturar. La forma típica de cocinarla es entera o por mitades, para sacar esa pulpa en forma de filamentos gruesos, con el aspecto de fideos o espaguetis.
Bonatera o patisson También llamada "Peter Pan" por la curiosa forma de sombrero o boina que presenta. Es pequeña, muy chata y aplanada, normalmente de color blanco aunque también hay otras variedades con colores verdes o anaranjados.
Moscada o Musquée de Provence Redondeada y chata, de color verde oscuro con líneas pálidas que puede madurar hasta tonos bronces.
Calabaza vinatera o del peregrino También conocida como calabaza valenciana blanca, muy popular durante siglos como instrumento o útil de diversos usos, por ejemplo como cantimplora, una vez vaciada, seca y curada.

La Calabaza Verde en Halloween: Un Toque de Misterio

Hoy os vamos a enseñar a hacer una calabaza para Halloween muy especial: ¡iluminada con fuego verde! Para empezar a decorar nuestra original calabaza de Halloween, primero tenemos que vaciarla. Para ello, cortamos con un cuchillo la parte superior de la calabaza, que servirá después de tapa, y comenzamos a sacar con la cuchara todo su contenido. Una vez vaciada completamente, toca convertirla en una terrorífica cara. Podemos recortar los ojos en forma de triángulos, círculos... y la boca con unos colmillos vampirescos o con un gracioso diente, ¡como queramos! El caso es echarle imaginación y decorarla como más nos guste.

El primer paso es coger nuestra vela y retirar la cera, para quedarnos solamente con el pequeño recipiente metálico. Aquí será donde hagamos la mezcla para introducirlo después en la calabaza. A continuación, echamos ácido bórico en el recipiente, lo mezclamos con un poco de alcohol y removemos bien. ¡Ya está! Tan solo tenemos que retirar la tapa, introducir con cuidado el recipiente metálico con la mezcla, encender y... ¡tachán!

COMO HACER UNA CALABAZA PARA HALLOWEEN: Aprende como tallar una calabaza fácil y rápido

Cuando encendemos un fuego, el color de la llama depende siempre de los gases que se obtienen de la reacción química y de las temperaturas que alcanzan. Aquí os dejamos el vídeo que nosotros mismos hemos realizado, ¡esperamos que os sirva!

Calabaza de Halloween decorada con una llama verde en su interior

Tras el rico vergel del verano llega una estación que tampoco tiene nada que envidiar en cuanto a riqueza de mercado. El otoño nos recibe con manzanas, peras, castañas, caquis y cítricos, pero hay una hortaliza que, sin duda, reina a sus anchas ya convertida en un icono de esta época. A nadie se le escapa que las calabazas han cobrado mucho más protagonismo en nuestra vida cotidiana desde su creciente popularidad en los últimos años, y nos encanta hacer recetas de cremas de calabaza con ella. Su imagen se asocia a los días más grises y frescos, a paisajes de hojas caídas, árboles teñidos de tonos amarillos y ocres, a cestas con setas y a bodegones con castañas y nueces, pero las calabazas nunca se habían marchado del todo.

La calabaza es el fruto de la calabacera, pertenece a una familia bien conocida en nuestras cocinas, las cucurbitáceas. Las calabaceras son plantas que crecen extendiéndose por el suelo en forma de vid, con ramas capaces de colonizar el terreno rápidamente entrelazándose y formando nudos a veces retorcidos. Las hojas, generalmente grandes y anchas, con lóbulos, y cubiertas con un ligero pelillo. Las flores se asemejan mucho a las del calabacín, amarillas o más anaranjadas, con forma de trompeta. Los frutos o bayas crecen, por lo general, a nivel del suelo, apareciendo entre las hojas y ramas y pudiendo alcanzar un enorme tamaño, según la variedad. Pueden ser redondeadas o alargadas, chatas o con forma de violín, con la piel lisa o rugosa. El color también varía mucho, desde el crema pálido o casi blanco hasta naranjas intensos y toda una gama de verdes. La carne o pulpa es, por lo general, suave pero no tan blanda como el calabacín o el pepino, y contiene menos agua. Dependiendo de la variedad puede presentar un color más anaranjado o más pálido, con una textura uniforme o fibrosa.

No se conoce el origen exacto de la calabaza, pues resulta muy complejo rastrear un nacimiento único como tal en una planta que en realidad ofrece multitud de variantes y que está distribuida globalmente desde hace milenios. Pese a que el género curcubita pepo sí parece proceder de Mesoamérica, algunos investigadores sitúan otros antepasados de las calabazas actuales en zonas de Asia o África, desde donde se extendería por medio planeta surgiendo y evolucionando a variedades diferentes, adaptándose a cada región. Sabemos que ya los pueblos antiguos conocían la calabaza, en sus formas silvestres y que también la cultivaban, con numerosos usos más allá del consumo de su pulpa. La calabaza vinatera o Lagenaria siceraria sí parece más claro que su origen se sitúa en Asia meridional, aunque se han encontrado restos de su uso ya pertenecientes al XII milenio a.C. en el continente africano y americano. El cultivo de la calabaza fue prosperando en zonas cálidas y húmedas, siendo más complejo su desarrollo en climas muy fríos o secos, pues necesita mucho sol y no resiste bien a las heladas.

En España, la producción de calabazas ha estado durante mucho tiempo limitada más a la temporada de invierno, pero su cultivo se ha multiplicado en apenas una década. La superficie cultivada, en las distintas variedades, ha crecido un 156% en diez años, con 130.200 toneladas recolectadas en el año 2019, en 4100 hectáreas. Tradicionalmente la mejor época de consumo se sitúa desde inicios del verano hasta finales del otoño, si bien, hoy en día, la producción se extendiende a prácticamente los doce meses del año. Este gran abanico, unido a los excelentes rendimientos de las calabazas poscosecha, nos aseguran poder disfrutar de la hortaliza en cualquier época. La llegada de calabazas tradicionales de otros países, junto con el desarrollo de nuevas variedades y la recuperación de productos locales, hacen complejo establecer un listado completo de todos los tipos de calabaza que hoy podemos encontrar en los comercios.

En general, la calabaza comparte las mismas propiedades de las hortalizas cucurbitáceas, destacando por ser un alimento con bajo contenido calórico que ronda, según la Base de Datos Española de Composición de Alimentos, las 32 kcal por cada 100 g de porción comestible. Apenas tiene grasa, está libre de colesterol y aporta, aproximadamente, 1,2 g de proteínas vegetales por cada 100 g. Es, por tanto, un alimento nutricionalmente muy rico para incorporar a la dieta de todas las edades, muy recomendable para dietas de adelgazamiento o control de peso, que aumenta la saciedad y ayuda a mantener un buen tránsito intestinal. Su consumo se asocia a efectos beneficiosos en la piel, la vista y la prevención y tratamiento de la diabetes, siempre dentro de una dieta equilibrada.

El despegue de popularidad entre los consumidores de la calabaza ha propiciado también su aparición en multitud de formatos en los comercios habituales. En el caso de comprarla entera, conviene elegir un ejemplar que pese, con la piel sin daños visibles, o al menos sin golpes, ni arrugas o grietas. Debe ser firme al tacto y conservar el pedúnculo superior, pues alargará más tiempo la conservación. Si no la abrimos, podemos conservar a temperatura ambiente en un lugar oscuro, bien ventilado y lejos de manzanas y otras frutas que puedan acelerar su maduración. Una vez abierta, hay que guardarla sí o sí en refrigeración, en recipientes especiales para verduras o una bolsa perforada, salvo que se vaya a consumir pronto, en cuyo caso podemos depositarla en una fuente o recipiente abierto.

Para abrir una calabaza violín lo primero es lavarla y secarla bien; después podemos cortar los extremos con un buen cuchillo afilado. Si es muy grande e incómoda de manipular, lo más sencillo es cortarla por la mitad longitudinal, incluso cortando estas mitades también en porciones. Un pelaverduras manual de tipo Y es la herramienta más útil para quitar la piel sin desperdiciar pulpa. Esas semillas, además, se pueden aprovechar. Son muy nutritivas y podemos comerlas preparar semillas de calabaza tostadas, después de lavarlas bien para retirar los restos de pulpa.

La calabaza se puede cocinar como cualquier otra verdura, pero pensando más en tubérculos tipo boniato y patata, o vegetales de raíz como la zanahoria. Queda bien cocida y al vapor, aunque será algo sosa. Ofrece mejores resultados incorporándola a sofritos, guisos, sopas y potajes, enriqueciendo de maravilla cremas de verduras o convirtiéndola a ella sola en reina de la función. Aporta mucho sabor y textura a guisos de cocción lenta, también en olla rápida con legumbres, ya sea en recetas con embutidos o en platos vegetarianos; es perfecta para reducir la densidad calórica de potajes con patata, pues presenta resultados similares a esta, pero con menos hidratos de carbono. Se puede asar troceada, en discos o cubos, o en mitades para rellenar o sacar toda la pulpa. Su textura y sabor dulzón, que marida a la perfección con especias otoñales, la hacen la reina de los postres de otoño. Con ella podemos preparar panes y panecillos, pasteles, la clásica tarta de calabaza o tartas de queso, tortitas, gofres, bizcochos, magdalenas, muffins, galletas, o el ya famoso café pumpkin spice latte*.

Receta: Crema de Calabaza Verde

Ingredientes:

  • 1 calabaza verde mediana
  • 1 cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • 1 pimiento verde
  • 1 tomate fresco
  • 1 cucharada de concentrado de tomate
  • Agua
  • Sal

Elaboración:

  1. Calienta el agua en una olla y cuando rompa a hervir echa los ajos, la cebolla, el pimiento verde y rojo y el tomate fresco y el concentrado. Cocina a fuego medio alto durante unos 5 minutos.
  2. Corta la pulpa de la calabaza en trozos grandes. Cuando el agua llegue a ebullición, vierte los trozos, tapa y deja 10 minutos. Pasado este tiempo comprueba que estén bien hechos: debes poder atravesar los trozos sin resistencia con un cuchillo.
  3. Cuando la calabaza esté lista escúrrela y reserva.
  4. Tritura la mezcla de verduras y calabaza hasta obtener una crema suave. Ajusta de sal.

Receta: Bizcocho de Calabaza Verde

Ingredientes:

  • Puré de calabaza
  • Huevos
  • Yogur
  • Aceite
  • Vainilla
  • Panela
  • Harinas (trigo, avena, etc.)
  • Levadura
  • Bicarbonato
  • Especias (canela, nuez moscada)
  • Sal

Elaboración:

  1. Precalentar el horno a 175º C y preparar un molde redondo de unos 20 cm de diámetro. Engrasar o forrar con papel sulfurizado antiadherente.
  2. Disponer en un recipiente el puré de calabaza con los huevos, el yogur, el aceite y la vainilla. Batir bien con una batidora de varillas, añadir la panela y volver a batir hasta obtener una crema homogénea.
  3. Aparte mezclar con unas varillas todas las harinas, la levadura, el bicarbonato, las especias y la sal.
  4. Echar poco a poco esta mezcla a la primera preparación, combinando con las varillas manuales. Procurar que quede una masa bien homogénea sin grumos secos.
  5. Llenar el molde y hornear a media altura durante unos 45-55 minutos. Dependerá del tipo de horno y el molde, así que mejor vigilar a partir de los 40-45 minutos.
  6. Esperar un poco antes de desmoldar y enfriar sobre rejilla.

tags: #calabaza #de #fuego #verde