La Panificadora de Vigo es una antigua fábrica de pan, harinas y otros subproductos de la panificación, como piensos para animales y pastas alimenticias. Estuvo en actividad productiva entre 1924 y 1980, siendo un hito de modernidad y un símbolo de la industrialización y el crecimiento de Galicia entre los siglos XIX y XX.

Orígenes y Fundación
Antonio Valcarce García, un lugués nacido en Ferreira de Pantón en 1888, llegó a Vigo en 1903. En 1913, Antonio entra a trabajar en una panadería que estaba en la calle Velázquez Moreno. Posteriormente, Valcarce y Abalde consiguieron fabricar 1.500 kilos de pan al día, siendo la mayor panadería de la ciudad y dando trabajo a 30 empleados organizados en dos turnos. Su marca comercial era La Espiga de Oro.
Al año siguiente, Antonio Valcarce crea otra sociedad junto a otros cuatro empresarios panaderos, la Compañía Viguesa de Panificación S.A. (más tarde Compañía Panificadora Viguesa, S.A.), que además de fabricar pan estaría dedicada a la molienda de cereales. El capital social sería de 500.000 pesetas, siendo tres cuartas partes aportadas por el propio Antonio. La intención de Antonio Valcarce y sus socios era la de fabricar 50.000 kilos de pan al día, una cantidad astronómica para el Vigo de aquella época.
Para ello, Antonio y su socio Ángel Reboreda viajaron a Europa para ver la maquinaria más moderna en fabricación de pan, visitando fábricas en Francia, Alemania y Bélgica para conocer la tecnología necesaria. Serían tres hornos de gran tamaño cuyo traslado a Vigo no sería fácil.
La Construcción de una Fábrica Vanguardista
En 1921, la sociedad compra una finca de 8.000 metros cuadrados en la subida a la calle Romil, propiedad de los herederos de Herba. La Panificadora de Vigo se inauguró el 26 de octubre de 1924. Obra del arquitecto Manuel Gómez Román y del ingeniero Otto Werner.
La magnitud del edificio lo dan las cifras: 9.455 metros cuadrados de superficie edificada y 53.766 metros cúbicos de volumen. El edificio poseía tres cuerpos, con cuatro plantas los laterales y dos el central. Los ascensores eran de la marca Ahúsan. Poseía tres hornos de los más modernos en aquel momento con una capacidad para suministro de pan a una ciudad de 150.000 habitantes.

El recinto contaba además con gasolinera, flota de vehículos de reparto, pozo, talleres de mantenimiento y una pequeña central eléctrica. La Compañía Viguesa de Panificación, cuando comenzó a trabajar, era la instalación de fabricación de pan más moderna de España. Las instalaciones eran de última generación para garantizar la higiene del producto: los suelos eran impermeables y las paredes estaban alicatadas hasta una altura de dos metros.
La Panificadora también revolucionó el mercado sacando el panecillo individual llamado "japonés" a 5 céntimos la pieza. Era un pan de calidad a un precio de pan común. Estos nuevos puntos de venta serán unos pequeños kioscos de madera y cristal, muy atractivos estéticamente y repartidos por toda la ciudad.
La panificadora de Vigo, (Pontevedra) Abandonos
Expansión y Diversificación
Poco después, Valcarce, para garantizar sus suministros de harina, adquirió una antigua harinera, la Molinera Gallega, situada en la calle García Barbón. Sin embargo, problemas burocráticos le impidieron sacar esta empresa adelante, por lo que decidió comprar una harinera en plena Castilla. La empresa mejoró su cuenta de resultados lo que le permitió adquirir otra fábrica de harinas en Fontiveros, en la provincia de Ávila.
En 1930, buscando un nuevo impulso, el edificio principal fue ampliado en varias plantas para acoger la sección de molición (ingeniería y maquinaria de la casa catalana Andrés Morro). Los silos, figura emblemática de la vista urbana del Vigo contemporáneo, pertenecen a dos etapas: una primera (terminada antes de 1931) formó 4 silos de sección circular rematados por un mirador; y una segunda (terminada antes de 1940) amplió con 6 más de sección ovalada. Ambos se construyeron en hormigón armado por encofrado, y están comunicados con el edificio principal por una pasarela y un túnel.
En 1958 y en 1962, en la cara oeste de la Panificadora, en el edificio de la calle Falperra, se construye una fábrica de piensos, dotada con tecnología de Philips Duphar. En los bajos se habilitaron oficinas y comercios.

La Guerra Civil y sus Consecuencias
Durante la Guerra Civil, el pan en Vigo, al igual que en todo el bando nacional, estuvo racionado. Todas las harinas de cereales panificables debían utilizarse en la fabricación de pan, siendo ilegal destinarlas a confitería, de ahí el dicho “no está el horno para bollos”. La venta de pan estaba racionada mediante la cartilla de racionamiento. La Compañía Viguesa de Panificación y el Ejército Nacional llegaron enseguida a un acuerdo.

Inversiones y Decadencia
Los primeros años de la CVPSA, basados en su superioridad técnica y comercial, dieron grandes beneficios. Los años de la Segunda República ya no fueron tan buenos, en parte por las consecuencias de la Gran Depresión, pero sobre todo, porque muchos de los antiguos socios pasaron a ser competencia.
En los años 40, Antonio Valcarce poseía liquidez suficiente para la financiación de su industria y para invertir en otros negocios locales. Valcarce llegó a poseer el mayor paquete accionarial de la compañía Tranvías, lo que le aupó al cargo de presidente del consejo de administración. Como presidente saneó la compañía y reorganizó los servicios, de forma que pasó de los 18 millones de viajeros en 1940 a 32 millones en 1950. Respecto a la Banca Viñas Aranda, también se hizo con la presidencia de la entidad que poco más tarde pasaría a ser el Banco de Vigo. A finales de los sesenta Valcarce haría desinversiones en el banco para la financiación de la Panificadora.
En los años sesenta, con la paulatina superación de la posguerra, el pan perdió peso en la cesta de la compra. La Panificadora, cambió sus intereses comerciales e inversiones a otros subproductos del pan. En 1967, la CVPSA constituye la empresa Gallega de Nutrición Animal S.A. (GANASA), y después, continuando con la concentración vertical, participa en la formación de Productora Avícola del Noroeste S.A. GANASA resultó ser una empresa deficitaria, devorando el escaso margen de beneficio de la CVPSA.
La última etapa de Antonio Valcarce en sus negocios fue catastrófica. Antonio Valcarce falleció en 1978. Ese año Ganasa declararía quiebra, y a los dos años la Panificadora suspende pagos y sus activos son vendidos. Tras la quiebra de la empresa en 1980, la factoría fue cerrada y abandonada en 1981.

El Legado y el Futuro Incierto
En 1987 la Panificadora fue vendida a la inmobiliaria Promociones Montelouro S.A. En octubre de 2010 el Ayuntamiento suspendió las licencias de edificación de un bloque residencial en la parcela. La parcela de la Panificadora fue promovida por el Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia como bien de interés cultural, catalogado por la fundación DoCoMoMo (Documentación y conservación del Movimiento Moderno en España y Portugal) y parcialmente integrado en el conjunto histórico artístico del Vigo viejo.
El Plan Xeral de Ordenación Municipal (PXOM) actual reserva un uso eminentemente público al ámbito de La Panificadora, desterrando las previsiones urbanísticas de planeamientos anteriores que le concedían una alta edificabilidad residencial. El alcalde de Vigo, Abel Caballero, tras la firma de un protocolo, ha garantizado que se rehabilitará "manteniendo la esencia arquitectónica y urbanística y que sea para la ciudad, no queremos pelotazos como antes se había trazado".
Sin embargo, a pesar de los planes y el compromiso de Concello y Zona Franca, el estado de abandono en todo el ámbito es palpable y la degradación evidente. Representantes vecinales, miembros del Instituto de Estudios Vigueses y expertos en patrimonio industrial coinciden en la necesidad de que la administración local continúe dando pasos para que, de una vez por todas, los más de 9.000 metros cuadrados de la Panificadora puedan tener una segunda vida con un uso eminentemente público.
La panificadora es un ejemplo del proceso de industrialización, avance y crecimiento que estaba aconteciendo en Galicia entre el siglo XIX y XX. Está claro que, aunque sea por sus volúmenes y su monumentalidad, está vinculada en las vistas del lugar ya que forma parte de la panorámica de Vigo. A nivel antropológico, muestra una nueva forma de entender la producción y el comercio. Como bien patrimonial hay que destacar primeramente que se encuentra en el recuerdo y la memoria de los ciudadanos.
En el año 1988 se proyecta un convenio que hace peligrar la edificación, elaborado entre la empresa promotora Montelouro y el Ayuntamiento de Vigo, con un proyecto de urbanización llaneando el espacio con una serie de residencias y zonas verdes. En estos momentos la edificación cuenta con protección por la existencia del PEPRI. Este documento no se puede omitir a la hora de desarrollar nuevas propuestas. Su existencia dicta una serie de puntos a tener en cuenta, pues este nivel de protección hace que la Panificadora tenga un carácter patrimonial que debemos conservar.
Según el ayuntamiento, se prevé la conservación de los silos de almacenamiento de grano que serán cedidos al municipio. Se comenta la posibilidad de la instalación de una cafetería-mirador o que alberguen algún archivo público, en una metáfora de su primer uso como depósito. Otros equipamientos culturales como una nueva sala de exposiciones irían en la planta baja del edificio y los fondos del archivo municipal se concentrarían en los característicos silos de la empresa panificadora.
La panificadora de Vigo, (Pontevedra) Abandonos
La nave que da a la calle Santiago acogería las escuelas artísticas municipales, mientras las construcciones orientadas a la calle Falperra serían destinadas a aulas de estudio para los estudiantes vigueses. En 2013 el Concello de Vigo anunció la posibilidad de expropiar todo el complejo, algo que todavía no ha ocurrido.
La Panificadora de Vigo sigue desmoronándose a las puertas del meridiano del año 2026. Desde su cierre oficial en 1981, la fábrica de pan y de harinas va camino de convertirse en un conjunto arquitectónico irrecuperable. En las últimas décadas, el Concello de Vigo ha gastado dinero público en varios proyectos que nunca se llevaron a cabo. Ahora, cuando se aproxima 2027, año electoral, es muy probable que surjan de nuevo los proyectos y las promesas para La Panificadora.
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