Las leguminosas, también conocidas como fabáceas, constituyen un grupo diverso de plantas que incluye árboles, arbustos, enredaderas e hierbas, cuyo fruto es la legumbre. Estas vainas se cosechan para obtener semillas, que son una fuente fundamental de proteínas, carbohidratos, nutrientes y fibra, ampliamente consumida a nivel mundial.
El cultivo de leguminosas abarca aproximadamente 19.000 especies, lo que las posiciona como el tercer grupo de plantas con mayor diversidad. Entre las más comunes se encuentran la alfalfa, la almorta, los guisantes, las judías, los garbanzos, las habas, las lentejas, el altramuz, los cacahuetes y la soja.

¿Para qué nos sirven las leguminosas?
El cultivo de legumbres ofrece múltiples beneficios tanto a nivel agrícola como nutricional. Son capaces de mejorar la calidad del suelo, permiten diversificar los cultivos de una explotación y optimizar las rotaciones. Además, están incluidas en el plan de ayudas greening y su consumo ha ido en aumento.
Las leguminosas son un grupo de plantas que tienen la singular capacidad de fijar nitrógeno del aire gracias a una simbiosis con bacterias del suelo, lo cual enriquece la tierra, beneficiando a cultivos futuros. Las leguminosas son un grupo de plantas que pueden fijar nitrógeno del aire gracias a una simbiosis con bacterias del suelo.
Nutrientes que aportan las leguminosas
El cultivo de legumbres goza de buena reputación en cuanto a la mejora de la fertilidad del suelo. Esto se debe a su capacidad para fijar nitrógeno atmosférico y transformarlo en uno de los minerales más importantes para las plantas: el nitrógeno. El alto contenido de proteína (20 a 46%) es el denominador común en estas especies, lo que determina su valor e importancia en la alimentación humana. Además, tienen una utilidad secundaria como abonos verdes y para la fijación de nitrógeno. En muchos países, son componentes importantes de los sistemas de producción sostenible, principalmente en zonas rurales, al cultivarse de forma asociada, intercalada, en monocultivo y en rotación con otros cultivos. Constituyen, por tradición, un elemento básico en la alimentación (en variadas formas) de la población urbana y rural.

Las leguminosas, un descompactador de suelo natural
Las plantas leguminosas son grandes aportadoras de nitrógeno gracias a unos nódulos que tienen en sus raíces. La mayoría de cultivos de legumbres parten de unas raíces pivotantes capaces de llegar a varios metros de profundidad. Este tipo de raíz es muy interesante porque descompacta de forma natural el suelo y le permite aprovechar el agua de capas más profundas, por lo que las legumbres son plantas muy resistentes a la sequía.
Diversificar y rotar cultivos con las legumbres
En los cultivos extensivos, somos cada vez más conscientes de la importancia de la diversificación de especies y variedades en nuestra explotación agrícola. La rotación de cultivos es una técnica muy extendida entre los agricultores para evitar plagas y enfermedades, malas hierbas y la pérdida de fertilidad del suelo. El cultivo de legumbres es una opción muy interesante para introducir en nuestro programa de rotación de cultivos. Apostar por el cultivo de legumbres en nuestra explotación nos permite beneficiarnos de todas sus ventajas.

Una opción rentable y subvencionada
Dentro de las ayudas del pago verde o greening, el cultivo de legumbres es una de las opciones a tener en cuenta para optar a dicho pago.
Aumento del consumo de las leguminosas
Tanto a nivel de alimentación humana como animal, las legumbres han ido aumentando su demanda en los últimos años, por lo que el consumo diario per cápita ha incrementado anualmente, según la FAO. Las legumbres son un alimento muy saludable, rico en fibra y proteína. Este dato, sumado al uso de legumbres en la elaboración de piensos como guisantes, haboncillos, algarrobas o alfalfa entre otros.
Variedades de leguminosas más cultivadas
El cultivo de legumbres presenta distintas especies en función de la zona de cultivo y su posterior aprovechamiento. Las variedades de legumbres más cultivadas son: habas, judías, garbanzos, lentejas, vezas, alfalfa, haboncillos y guisantes. Dentro de esta variedad de especies se pueden clasificar por su uso final: grano para consumo humano o animal o hierba para consumo animal en forma de heno o silo.
¿Cómo cultivar lentejas?
El cultivo de lentejas es un proceso con diferentes aspectos a tener en cuenta. La lenteja es una legumbre que se destaca por sus propiedades nutricionales. Estos granos aportan grandes cantidades de proteínas vegetales e hidratos de carbono al organismo, al mismo tiempo que contienen poca cantidad de grasa. Esta combinación hace que sea un alimento sano y muy completo. El nombre científico de la planta de la lenteja es Lens Culinaris; una planta de origen milenario, que destaca por su elevada resistencia y que crece durante el invierno, a pleno sol y con suelos bien drenados.
El tiempo para sembrar la lenteja dependerá del clima del lugar en donde vives. Sin embargo, en climas fríos, lo mejor es hacerlo cuando hayan pasado las heladas. Otra alternativa es plantar lentejas en el interior, usando semillero o macetas, alrededor de 2 semanas antes de las heladas finales. Las lentejas deben plantarse en otoño si vives en un lugar con clima suave y sin inviernos fríos, y en primavera si vives en una zona fría.
Preparación del suelo y las semillas
Para empezar, deberás preparar el suelo en el que vas a plantar las lentejas. Esta legumbre necesita un suelo rico en materia orgánica, por lo que deberás echar en el sustrato compost, humus de lombriz o bokashi. Además, el suelo debe contar con un buen drenaje y el pH debe estar entre 5.5 y 9. El siguiente paso será colocar las semillas de lentejas en remojo la noche anterior a la siembra, así facilitarás la germinación. También puedes hacerlas germinar en interior entre algodones humedecidos y trasplantarlas después.

Siembra y cuidados
Ahora, deberás sembrar las semillas a una profundidad de unas tres veces el tamaño de la semilla, dejando un espacio de unos 15 cm entre ellas. Si has plantado las lentejas en un semillero, tendrás que trasplantarlas al lugar donde vayas a ponerlas de forma definitiva. Si las plantas en maceta, debe ser profunda para que las raíces tengan sitio para crecer, dejando unos 20 cm de separación entre planta y planta. A partir de aquí, además de regar las plantas, deberás retirar las hojas muertas o las malas hierbas que puedan crecer alrededor.
Temperatura: La lenteja es una planta que soporta cierta medida de frío, pero no tolera las heladas. Plántalas siempre en una época en que no vayan a verse sometidas a temperaturas en torno a los 0ºC. De hecho, su temperatura óptima es de entre 6º y 28º.
Exposición al sol: La planta requiere de una buena dosis de sol, así que plántalas en una de las zonas más soleadas de tu huerto o terreno.
Suelo para cultivar lentejas: Ya hemos dicho que esta legumbre necesita de un suelo rico en materia orgánica, pero vale la pena hacer especial hincapié en la importancia de que disponga también de un buen drenaje. Las lentejas son muy susceptibles a la putrefacción por exceso de humedad, y aunque requieren de un suelo ligeramente húmedo, el encharcamiento les será muy perjudicial.
Riego de las lentejas: Como acabamos de señalar, las lentejas agradecen de cierto nivel de humedad en el suelo. Pese a esto, pueden soportar sequías no muy prolongadas, así que se recomienda regar cuando el suelo empiece a dar muestras de sequedad. Cuando las vainas comienzan a secarse, conviene espaciar los riegos o incluso detenerlos.
Enrejado: No es necesario, pero sí conviene proporcionar a la planta un enrejado o alguna otra estructura baja en la que pueda apoyarse. De lo contrario, la planta se esparcirá por el suelo, necesitando más espacio y haciéndose más vulnerable al ataque de plagas y enfermedades.
Aireado: Esta planta agradece estar en una zona con paso de aire, de la misma forma que es mejor evitar que las plantas estén demasiado cerca unas de otras.

Cosecha y almacenamiento
Dependiendo de la temperatura, el clima y la especie concreta de lenteja, deberías poder realizar tu cosecha en un periodo de entre 80 y 110 días tras la siembra. Se debe cosechar cuando la planta empiece a secarse, momento en que debes cogerla cortando el tallo y colgarla boca abajo para que se seque por completo, preferiblemente metida en una bolsa de papel o tela. Una vez seca la planta, sacúdela para que las semillas caigan, y puedes aprovechar los restos secos de la planta para la fabricación de abono orgánico como compost o humus.
Cómo almacenar granos y legumbres secas con bolsas herméticas, en Español (acento de Venezuela).


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