La Oficina Europea de Patentes y la patentabilidad de vegetales: el caso del brócoli y el tomate

La Oficina Europea de Patentes (EPO, por sus siglas en inglés) ha sido escenario de un debate crucial sobre la patentabilidad de plantas y animales derivados de la mejora convencional, con los casos precedentes del brócoli y el tomate (G2/12 y G2/13) como puntos centrales. La Alta Cámara de Recursos de la EPO se ha pronunciado en estos casos, aclarando que, si bien los procesos de cruzamiento y selección no son patentables, las plantas y animales resultantes de estos procesos sí pueden serlo.

Esta decisión, considerada por algunos como ilógica, era un resultado esperado tras un caso precedente sobre la patentabilidad de organismos derivados de la mejora convencional. La coalición "No Patents on Seeds!" ha criticado duramente esta determinación, argumentando que allana el camino para que grandes empresas como Monsanto y Syngenta controlen recursos esenciales para la vida diaria.

“La EPO ha allanado el camino para las empresas como Monsanto, Syngenta y otras para que tengan el control sobre los recursos que todos necesitamos en nuestra vida diaria", afirma Christoph Then, miembro de "No Patents on Seeds!". "Hacemos un llamamiento a los gobiernos europeos para que presionen políticamente a la EPO para conseguir que cambie sus prácticas”.

La coalición enfatiza que ninguna empresa debería tener el monopolio sobre recursos básicos como la luz solar, el aire o el agua. Si bien el Parlamento Europeo y algunos gobiernos como Alemania, Francia y Países Bajos parecen ser conscientes del problema y están tomando medidas, la Comisión de la UE y la mayoría de los Estados Miembro de la EPO no han llevado a cabo ninguna acción significativa. "Ahora necesitamos una reacción clara de los políticos. La situación actual no se puede resolver sin hacer absolutamente nada”, insiste Christoph Then.

El debate sobre las biopatentes y sus implicaciones

El caso del brócoli y el tomate no es un caso clásico de manipulación genética, sino que se centra en la patentabilidad de variedades vegetales obtenidas mediante mejora convencional. En particular, la patente EP1069819, coloquialmente conocida como la “patente del brécol”, buscaba proteger la obtención de plantas de brócoli con una elevada concentración de compuestos anticancerígenos. Para ello, se utilizaron procesos de mejoramiento genético para localizar y aumentar la proporción de dicho compuesto, sin manipular directamente los genes de la legumbre.

Un caso similar es el del “tomate arrugado”, cuyo contenido de agua es menor que el de un tomate normal. Los otorgamientos relacionados con estas variedades fueron impugnados por numerosas organizaciones ambientalistas, sociales y eclesiásticas, que se oponen a la confirmación de tales patentes. Se argumenta que, si no se prohíben las patentes sobre el brócoli y el “tomate arrugado”, se abrirán las puertas para que unos cuantos consorcios controlen todo el proceso de producción alimentaria, con un consecuente aumento de precios para productores y consumidores.

La crítica se extiende a la propia EPO, descrita como una institución que se regula a sí misma y que, al depender de las cuotas derivadas de las patentes otorgadas, podría concederlas incluso en caso de duda. La EPO se enfrenta a una tarea difícil, ya que la decisión en los casos del brócoli y el tomate determinará hasta dónde llegará el cuidado que ofrece una patente relacionada con plantas y animales.

Infografía sobre el proceso de patentamiento de plantas

Interpretaciones legales y conflictos normativos

La cuestión central radica en la interpretación del Artículo 53(b) del Convenio sobre la Patente Europea (EPC), que excluye la patentabilidad de los procesos esencialmente biológicos para la obtención de plantas y animales. Las decisiones G 2/07 ("Tomates") y G 1/08 ("Brocoli") de 2010 establecieron las condiciones bajo las cuales un proceso puede ser considerado “esencialmente biológico”. Posteriormente, en las decisiones G 2/12 ("Tomates II") y G 2/13 ("Brocoli II") de 2015, la Gran Cámara de Recurso resolvió que la exclusión legal aplicada a los procesos no se extendía a los productos obtenidos mediante dichos procesos.

Sin embargo, esta interpretación no fue compartida por todos. El Consejo de Administración de la EPO modificó el Reglamento del Convenio sobre la Patente Europea, implementando la Regla 28(2) EPC a partir del 1 de julio de 2017. Esta regla excluía expresamente la patentabilidad de plantas y animales obtenidos exclusivamente mediante procesos esencialmente biológicos, contradiciendo las decisiones anteriores.

El conflicto se hizo evidente en la decisión T1063/18 (pimientos) del 5 de diciembre de 2018. La Cámara de Recursos interpretó que, en caso de conflicto entre un Artículo y una Regla del EPC, el Artículo prevalece, tal como establece el Artículo 164(2) EPC. Por lo tanto, declaró nula y sin aplicación la Regla 28(2) EPC. Esta situación generó inseguridad jurídica para los usuarios del sistema de patentes en esta área técnica.

Posteriormente, la EBoA (European Board of Appeal) en la decisión G3/19, si bien considera que desarrollos legales posteriores, como la adopción de la Regla 28(2) EPC, clarifican la intención del legislador, ha decidido que esta nueva interpretación del Artículo 53(b) EPC no tiene efecto retroactivo. Esto implica que los inventores en este campo técnico deberán considerar estrategias alternativas para obtener protección para sus innovaciones.

Posibilidades de cambio y el llamado a la acción política

Existen varias vías para modificar la situación actual. Una de ellas es que los gobiernos europeos tomen la iniciativa en el Consejo de Administración de la EPO, el cual puede cambiar la interpretación de la ley actual de patentes modificando el Reglamento de Ejecución de la EPO. Esto podría lograrse a corto plazo.

Otra posibilidad es que la Comisión Europea emita una interpretación jurídicamente vinculante de la legislación existente que detenga futuras concesiones de patentes sobre plantas y animales derivadas de la mejora convencional dentro de la UE.

Las organizaciones de la coalición "No Patents on Seeds!" están preocupadas porque las patentes sobre la mejora de plantas y animales fomentarán aún más la concentración del mercado, erosionarán a las pequeñas empresas de mejora y harán que los agricultores, ganaderos y otros actores de la cadena de producción y distribución de alimentos se vuelvan mucho más dependientes de unas pocas multinacionales. Esto, a su vez, reducirá la capacidad de elección de los consumidores.

Mapa de Europa con países miembros de la EPO

La coalición, formada por organizaciones de varios países europeos, pide la revisión de la Ley europea de patentes para que excluya el material de mejora y las plantas, animales y alimentos derivados de los mismos de la patentabilidad. Se argumenta que el mundo rural global ha aplicado conocimientos durante siglos en la mejora de semillas y razas de ganado, un legado histórico-cultural que hasta hace poco se consideraba patrimonio común de la humanidad. Sin embargo, en los últimos años, ha habido una creciente apropiación privada de este conocimiento, poniendo en peligro la seguridad alimentaria y la diversidad biológica.

La guerra de las patentes | Documentales por el Mundo

Otros casos de patentes en la gastronomía y la agricultura

El sistema de patentes se ha extendido a diversos ámbitos, incluyendo la gastronomía y la agricultura. Se han registrado patentes para procedimientos de preparación de platos, como paellas y fideúas, con el fin de mejorar el sabor y la textura. También existen patentes para aperitivos hortofrutícolas, como snacks fritos al vacío que utilizan menos aceite, y para métodos de preparación de milhojas de patata que reducen el tiempo de cocción.

Incluso se han patentado productos como el pan sin gluten que contiene algas, una innovación relevante para personas celíacas. Marcas conocidas como Toblerone han protegido la forma triangular de sus chocolatinas, y las “patatas Pringle” son un ejemplo de patente relacionada con la forma del producto y su envase.

En el sector agrícola, además de los casos del brócoli y el tomate, se han presentado patentes para mejillones deshidratados y procedimientos de elaboración de pasta de puré de mejillón deshidratado. Sin embargo, es importante recordar que la patente tiene una duración limitada, y tras su vencimiento, el conocimiento pasa a ser de dominio público.

La aplicación del derecho de patente en el campo de la biotecnología presenta dificultades especiales, y la concentración del poder alimentario en unas pocas manos, debido a miles de nuevas patentes agrícolas y ganaderas, puede generar un enorme daño social a través de precios más altos y una creciente dependencia del agri-business.

Ilustración de brócoli y tomate con un sello de patente

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