El Cordero de Dios: Significado Profundo de la Figura de Jesús en el Cristianismo

La expresión «Cordero de Dios» (en griego antiguo: Ἀμνὸς τοῦ Θεοῦ, Amnos tou Theou; en latín: Agnus Dei) es un título para Jesús que aparece de forma prominente en el Evangelio de Juan y a lo largo de las escrituras cristianas. Esta designación es fundamental para comprender el papel de Jesús como el Mesías y el Salvador de la humanidad.

Juan el Bautista señalando a Jesús como el Cordero de Dios

La Proclamación de Juan el Bautista

El título «Cordero de Dios» para Jesús aparece en el Evangelio de Juan, con la proclamación inicial «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» en Juan 1,29, siendo reafirmado al día siguiente en Juan 1,36. Estas dos proclamaciones de Jesús como el Cordero de Dios se relacionan muy estrechamente con la otra proclama del Bautista en Juan 1,34: «Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios».

Desde una perspectiva cristológica, estas proclamas y el descenso del Espíritu Santo en forma de paloma en Juan 1,32 se refuerzan entre sí para establecer el elemento divino de la Persona de Cristo. Juan el Bautista, al ver a Jesús venir hacia él, declara: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él».

Es interesante que en su primera introducción formal de Jesús, Juan usa la simple metáfora del Cordero de Dios, lo que nos dice mucho acerca de Jesús y de Su Expiación. Él es el Cordero sacrificial, y Él quitará nuestros pecados. Las implicaciones tienen una significancia eterna.

El nombre de Juan el Bautista

El Cordero de Dios y el Concepto de Sacrificio

En el cristianismo, Agnus Dei (traducido del latín, Cordero de Dios) se refiere a Jesucristo como víctima ofrecida en sacrificio por los pecados de los hombres, a semejanza del cordero que era sacrificado y consumido por los judíos durante la conmemoración anual de la Pascua. Cuando a Jesús se le llama el Cordero de Dios en Juan 1:29 y Juan 1:36, es en referencia a que Él es el perfecto y último sacrificio por el pecado.

Orígenes del Sacrificio en la Religión Judía

El concepto cristiano de un Cordero de Dios se basa muy libremente en el judío Korbán Pésaj (Cordero Pascual). Para el antiguo Israel, el cordero se identificaba con el sacrificio, y el sacrificio es una de las formas primordiales de culto. Ya al principio, en la segunda generación descrita en el Génesis, encontramos, en el relato de Caín y Abel, el primer ejemplo conservado de un sacrificio. «Caín hizo al Señor una ofrenda del fruto de la tierra, y Abel la hizo de primogénitos de su ganado y de la grasa de los mismos» (Gen 4, 34).

Los conceptos de pureza, sin defecto, dado libremente y dar la vida o la sangre como expiación, todos apuntan a Cristo. El sacrificio con sangre era impactante en su énfasis sobre la vida que se ofrece como expiación: «Porque la vida de la carne está en la sangre: y yo os la he dado sobre el altar para hacer expiación por vuestras almas: porque es la sangre la que hace expiación por el alma» (Levítico 17:11). El animal es ofrecido en lugar del oferente, proporcionando la vida del cordero u otro animal como sustitución.

El Sacrificio de Isaac y su Prefiguración

El relato de Abraham e Isaac ofrece una profunda alegoría del sacrificio de Jesús en la Cruz. Dios le mandó a Abraham ofrecer a Isaac, su único hijo amado, como holocausto. Cuando Isaac preguntó dónde estaba el cordero para el sacrificio, Abraham respondió: «Dios proveerá para sí mismo un cordero para el holocausto» (Génesis 22:8). Este evento prefigura el gran sacrificio de Jesucristo, el Cordero de Dios, por toda la humanidad. En este relato, Israel discernirá el compromiso divino de hacer de los descendientes de Abrahán una nación poderosa: «Por mí mismo lo he jurado […], porque tú […] no te has reservado a tu hijo […]».

Características de Isaac Características de Jesús
Hijo único y amado del padre Hijo único y amado del Padre
Llevó la leña para su propio sacrificio Cargó la cruz para su propio sacrificio
El sacrificio se consumaría en un monte de Jerusalén La crucifixión tuvo lugar en un monte de Jerusalén (Gólgota)
Isaac es un "hijo de Abraham" Jesús es identificado con Isaac como "hijo de Abraham" (Mateo 1:1)
Dios proveyó un carnero en su lugar Dios proveyó a Jesús como el Cordero para el sacrificio definitivo

El Cordero Pascual

La fiesta de la Pascua era una de las principales fiestas judías y una celebración en recuerdo de cuando Dios liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto. El cordero de la Pascua se convierte en la imagen más interesante del cordero sacrificial. En la sagrada comida de la Pascua, los hijos de Israel revivían y conmemoraban los eventos de la redención de Egipto. Los elementos de la comida de la Pascua: el cordero, la sangre, el pan sin levadura y las hierbas amargas, todos apuntaban hacia la venida del Mesías y la redención que Él ofrecería del pecado, la muerte y el infierno.

Observa las características del cordero: «El cordero será sin defecto, macho de un año, … ni quebraréis hueso de él» (Éxodo 12:5, 46). Todos son simbólicos del Salvador. Cada familia elegía un cordero y lo mataba el decimocuarto día del primer mes. Tomaban la sangre del animal y la untaban alrededor del marco de la puerta como un “signo” de su obediencia a los mandamientos del Señor. El matar al Cordero de la Pascua y aplicar su sangre en los postes de las puertas de las casas, (Éxodo 12:11-13), es un hermoso cuadro de la obra expiatoria de Cristo en la cruz. Aquellos por quienes Él murió están cubiertos por Su sangre, protegiéndonos del ángel de la muerte (espiritual).

Aunque los judíos han prohibido el sacrificio con sangre desde la destrucción del templo, el pueblo samaritano sigue manteniendo la tradición de la Pascua sacrificando un cordero. Observar este servicio es una experiencia muy conmovedora y reveladora. La gente se limpia las manos con la sangre del cordero y se la unta en las frentes de unos a otros, desde los abuelos hasta los más jóvenes; se regocijan en la sangre del cordero, que manifiesta su obediencia a los mandamientos de Dios.

Ritual del sacrificio del cordero pascual en la tradición samaritana

Sacrificios Diarios en el Templo

Con el establecimiento del Templo de Jerusalén, Israel ofreció sus sacrificios diarios a Dios todopoderoso con un majestuoso ceremonial. Cada día los sacerdotes sacrificaban dos corderos, uno por la mañana y otro por la tarde, para expiar por los pecados de la nación. Estos sacrificios diarios, como todos los demás, eran simplemente para señalar a la gente el futuro y perfecto sacrificio de Cristo en la cruz. A propósito, la hora de la muerte de Jesús en la cruz, corresponde a la misma hora cuando se llevaba a cabo el sacrificio de la tarde en el Templo.

Jesús como el Cordero Perfecto y Último Sacrificio

La doctrina cristiana sostiene que el Hijo de Dios, Jesucristo, escogió sufrir la crucifixión en el Calvario como un signo de su total obediencia a la voluntad de su divino Padre, como un «agente y servidor de Dios». La ruptura del pecado no se arreglará con palabras, sino con la ofrenda de este Cordero, que pone su vida en rescate por la multitud. La salvación del mundo, de todos los hombres, alcanza su culmen dramático en la pasión redentora de Jesús, que ofreciendo su vida humana en la cruz, nos alcanza vida eterna de hijos a todos nosotros.

Jesucristo es presentado como el que viene a curar esa fractura. Él es el Hijo de Dios, que se ha hecho hombre como nosotros. Ya en su persona se da esta unión admirable de Dios y el hombre. Y su tarea, su misión redentora será la de traernos a Dios como Padre misericordioso, y presentarnos ante su Padre como hijos, haciéndonos hermanos suyos. En Cristo confluye ese deseo de Dios, que busca al hombre para hacerle partícipe de sus dones, de su vida, de su felicidad.

San Juan nos está queriendo decir que, en el nuevo y definitivo sacrificio pascual, Jesús es al mismo tiempo Sacerdote y víctima. Esto queda confirmado también por los relatos de la Última Cena de los otros tres Evangelios, en los que Jesús usa claramente el lenguaje sacerdotal de los sacrificios y libaciones, incluso cuando se describe a Sí mismo como la víctima. El sacrificio de Jesús llevará a cabo lo que la sangre de millones de corderos, toros y machos cabríos nunca podría hacer. «Porque es imposible que la sangre de toros y machos cabríos quite los pecados» (Heb 10, 4). Para expiar las ofensas contra Dios, que es todo bondad infinita y eterna, la humanidad necesitaba un sacrificio perfecto: un sacrificio tan bueno, sin mancha e ilimitado como Dios mismo.

La Última Cena y la Pascua

Los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) registran que Jesús y Sus Apóstoles se reunieron en un aposento alto y celebraron la comida de la Pascua en la Última Cena. Después de la comida, Jesús tomó dos elementos simbólicos de la comida de la Pascua -el pan sin levadura y el vino- y los bendijo y los santificó para representar Su cuerpo y Su vida: «Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, se la dio a ellos, diciendo: Bebed de ella todos» (Mateo 26:26-27).

Con el pan y el vino, Jesús ofrece a Sus seguidores vida a través de Su Expiación. Así que, en esa noche de primavera, Jesús y Sus Apóstoles comieron el cordero de la Pascua-celebrando a través de símbolos el antiguo acto de redención cuando Jehová libró a Su pueblo de la esclavitud física en Egipto y de la muerte en el Mar Rojo. Luego, Jesús dio a los Apóstoles el pan y el vino y los transformó en el sacramento-los símbolos de la Redención que pronto habría de llegar.

La Última Cena de Jesús con sus apóstoles

Profecías del Antiguo Testamento

Para poder entender quién es Cristo y lo que Él hizo, debemos comenzar con el Antiguo Testamento, el cual contiene profecías concernientes a la venida de Cristo como una “ofrenda por el pecado” (Isaías 53:10). De hecho, todo el sistema sacrificial establecido por Dios en el Antiguo Testamento sirvió de base para la venida de Jesucristo, quien es el perfecto sacrificio que Dios proveería como expiación por los pecados de Su pueblo (Romanos 8:3; Hebreos 10).

Isaías describe al Mesías como un siervo manso y humilde y describe Su Expiación como un cordero “llevado… al matadero” que “no abrió su boca” en Su defensa (Isaías 53:7). Los judíos de ese tiempo, también estarían familiarizados con los profetas Jeremías e Isaías del Antiguo Testamento, cuyas profecías anticipaban la venida de Aquel que sería traído “…como cordero inocente que llevan a degollar...” (Jeremías 11:19; Isaías 53:7) y cuyos sufrimientos y sacrificio proveería la redención para Israel. Desde luego, esa Persona que fue anunciada por los profetas del Antiguo Testamento no era otro que Jesucristo, “el Cordero de Dios”.

El Cordero en el Libro del Apocalipsis

Un cordero parecido a un león que se eleva para entregar la victoria después de haber sido sacrificado aparece varias veces en el Libro del Apocalipsis. El libro del Apocalipsis incluye más de veintinueve referencias a un cordero como león («inmolado pero en pie») que entrega la victoria en una forma que recuerda al Cristo resucitado. En la primera aparición del Cordero en Apocalipsis (Apocalipsis 5,1-7) solamente el cordero (que es de la tribu de Judá, y la raíz de David) es encontrado digno de tomar el libro del juicio de Dios y romper los sellos. En Apocalipsis 21,14 se señala que el Cordero tiene doce apóstoles.

Entonces vi, de pie, en medio del trono y de los cuatro Vivientes y de los Ancianos, un Cordero, como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios, enviados a toda la tierra. Y se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono. Cuando lo tomó, los cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. Y cantan un cántico nuevo diciendo: «Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de Sacerdotes, y reinan sobre la tierra.»

El Cordero Místico de Gante, detalle de la Adoración del Cordero Místico

El Cordero de Dios en la Liturgia Cristiana

El título «Cordero de Dios» se utiliza ampliamente en las oraciones cristianas, y «Agnus Dei» se usa como una parte estándar de la misa católica desde el siglo VII, así como en las liturgias occidentales clásicas de las Iglesias anglicana y luterana. En la misa de rito romano, el Agnus Dei es una oración que se reza poco antes de la Comunión, tras la oración Ad pacem, y forma parte del rito de la fracción del pan. Poco después muestra las hostia consagrada sobre el cáliz a los fieles mientras recita: Ecce Agnus Dei, ecce qui tolit pecatum mundo. A lo que el acólito responde: Domine non sum dignus...

San Pablo nos da una pista: «Cristo, nuestro cordero pascual, ha sido inmolado. Por tanto, celebremos la fiesta […] con el pan ácimo de la sinceridad y la verdad» (1 Cor 5, 7-8). Nuestro cordero pascual es, pues, pan ácimo. Nuestra fiesta es la Misa. En la clara luz de la Nueva Alianza, los sacrificios de la Antigua Alianza encuentran sentido como preparación para el único sacrificio de Jesucristo, nuestro Rey y Sumo Sacerdote en el santuario del Cielo. Y es este único sacrificio el que ofrecemos, con Jesús, en la Misa.

Representación Artística del Agnus Dei

La representación del Agnus Dei en el arte cristiano ha seguido, desde los primeros tiempos, unas características fijas. Se trata de la imagen de un cordero con la cabeza aureada, y muchas veces herido por una lanza en el pecho o degollado, que agarra con su pata delantera derecha un estandarte coronado por una cruz. De este cuelga un pendón, bien con el Crismón, bien con la imagen de una hostia, bien con una cruz latina. Este signo cristiano procede de las primitivas comunidades que sufrieron persecución en época romana, y es un símbolo del martirio como imagen del sacrificio de Jesucristo en la Cruz.

Por otra parte, el que quien hubiera aplicado a Jesucristo la prefiguración del cordero pascual fuera san Juan Bautista, es la causa de que en muchas de sus representaciones iconográficas aparezca este santo portando un estandarte con un pendón que reza: Ecce Agnus Dei, ecce qui tollis pecata mundi (Jn 1, 27). Un tema religioso habitual desde el Renacimiento en el arte cristiano es la Virgen con Jesús y san Juan Bautista niños.

Cuadro del Cordero de Dios de Francisco de Zurbarán

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