La idea de que las entidades financieras apoyen a la juventud para asegurar el relevo generacional en los negocios tradicionales es crucial para que los centros urbanos mantengan su dignidad. Los que hoy nos acercamos a los sesenta años, crecimos con una oferta comercial muy diferente a la actual. No conocimos otra cosa que mercados de abastos, droguerías, ultramarinos, tiendas de deportes, pastelerías y toda esa variedad comercial que nos coloreaba la vida como los lapiceros 'Alpino'.
En nuestra juventud, los centros comerciales inabarcables o los supermercados eran una novedad. Íbamos de vez en cuando a liarla con los carros de la compra, a comernos las chocolatinas sin pasar por caja y a hacer senderismo por las escaleras mecánicas, subiendo y bajando como Alberto Iñurrategi.

Con la edad, uno se convierte en pesimista profesional y se pregunta qué tipo de calles conocerán los chavales que hoy juegan con el balón. Sin embargo, solo les deseo prosperidad y que vivan y se desarrollen rodeados de gremios y de gente trabajadora que levante todos los días la persiana de su negocio para ganarse el sustento. Esta visión contrasta con la precariedad que ha ido acrecentándose en lugares como Venezuela, una nación que relucía oro negro pero donde la situación ha cambiado drásticamente.
Los centros comerciales van a desaparecer | Explicación
El "Rey del Pescado Frito" es una figura que evoca ese espíritu del pequeño comerciante, del negocio de toda la vida que ofrece un producto específico y de calidad. Es un título que bien podría encarnar ese rol de liderazgo en un sector, siendo el Rey como muy bien compuso José Alfredo Jiménez.
La importancia de estos negocios se manifiesta en la vida diaria de los barrios. Por ejemplo, en el contexto de las festividades de la Virgen del Carmen, es común ver cómo estos pequeños comercios dinamizan el espacio y lo llenan de vida, más allá de las flores plásticas llenas de polvo que a veces se observan en otros lugares.

La figura del "Rey del Pescado Frito" no es solo un título, sino un símbolo de la dedicación y el esfuerzo. No se trata de pedir ni rezarle, sin planteárselo tampoco, porque no se sabía cómo hacerlo. Se trata de reconocer el valor de un trabajo honesto y la contribución a la comunidad. En contraste con la precariedad que se ha agudizado en Venezuela, por ejemplo, donde un estudiante podría haber visto una copia mal elaborada encaramada en una valla, el verdadero "Rey del Pescado Frito" representa la autenticidad y la calidad.
Es importante destacar la importancia de la continuidad de estos negocios. La referencia al "Vargas de 1999" y la desaparición de un pueblo de alrededor de cinco mil habitantes son ejemplos claros de cómo los desastres naturales o la falta de apoyo pueden borrar la historia y la tradición comercial de un lugar. Es vital preservar estos negocios que son el alma de nuestras ciudades.