Hoy hablaremos de ese momento tan temido, cuando un niño se enfada, se le niega algo o se le ponen límites y, de repente, pega un bocado o da un manotazo. Esta situación genera sorpresa y la pregunta de qué ha pasado para llegar a este punto.

¿Por qué muerden o pegan los niños?
Tenemos que partir de la base de que los bebés están madurando y, por lo tanto, empiezan a ser seres independientes que ganan autonomía y quieren explorarlo todo. Esto sucede a partir del año y medio y se prolonga en el tiempo, dependiendo del niño, la familia y su entorno.
Para comprender bien estas conductas, lo primero es saber los motivos por los que un niño está pegando o mordiendo. El lenguaje es uno de los principales motivos por los que los niños se frustran y tienden a agredir. No saben cómo expresar enfado, rabia, nervios o descontrol y su manera más primitiva o primaria es mordiendo o pegando. No lo hacen por molestar o desesperar, sino por las razones antes explicadas.

Estrategias para prevenir y manejar estas conductas
Anticipación y comunicación clara
Un buen punto de partida es intentar anticiparse a aquellas cosas que le hacen morder o pegar. Si crees que si le dices “no” a algo te responderá pegando o mordiendo, agáchate a su nivel y, cogiéndole de las manos suavemente, dile que eso no está bien. Es fundamental dar mensajes claros y directos, sin dar vueltas ni muchas explicaciones.
Poner palabras a los sentimientos
Dado que la falta de lenguaje es un factor clave, demos palabras a lo que sienten antes de que peguen. Puedes decir en voz alta: “Sé que estás enfadado; que quieres esto y no te lo doy; ¿necesitas ayuda?”, lo que creeríamos que diríamos nosotros en esa situación si estuviéramos en la piel del niño.
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Acompañar sin amenazar
Es importante acompañar al niño en el enfado, no amenazar con irse o con comportarse peor que él. No se puede enseñar a respetar sin respetar, a no pegar pegando o a morder mordiendo. Cuántos adultos dicen “No pegues” a la vez que dan un cachetazo al niño en la mano o en el culo. Este no es un mensaje claro ni efectivo para el niño.
Reacción adecuada
Si el niño ya pega o muerde, es crucial reaccionar. Hay mucha gente que se queda impasible y cuando quiere darse cuenta, sí que tiene un verdadero problema. Empatiza con el niño y piensa por qué acaba de hacer esto. Tenga o no razón, pegar o morder no está contemplado bajo ninguna excepción o motivo, pero sí que hay que pensar que los motivos son importantes para comprender al niño. No es lo mismo que pegue porque otro niño le ha quitado su juguete, que lo haga porque él se lo ha quitado al niño.
Nuestra reacción debe darle estrategias para no repetir la conducta. Si el niño ha quitado algo a otro, le explicaremos que no es su juguete y que tiene que devolverlo, como a él le gustaría que hicieran. No hagas lo que no te gustaría que repitiera. No le pegues, no le grites, no hagas cosas que no son un modelo para tu hijo. Bájate a su nivel y mirándole a los ojos dile claramente “no” y explícale de una forma sencilla que no se pega o muerde.
Cuándo no es tu responsabilidad
Si el niño pega o muerde en otro espacio, no es tu responsabilidad. Si la abuela, la profesora o el tío te cuentan que ha pegado estando con ellos, no es tu responsabilidad volver al tema cuando ya ha pasado. No regañes al niño por algo que ni has visto y que pasó hace tiempo, porque estarás hablándole en chino.
Buscar apoyo
Y si todo esto no funciona o no te ves con fuerzas, lo mejor es que dejes al niño un rato con alguien que se encuentre con más fuerzas o paciencia que tú, o simplemente retírate o trata de mantener tu atención en otra cosa. No te hagas responsable de tal conducta.