En el vibrante panorama de la música electrónica, existen figuras que, aunque no siempre ocupan los titulares más rimbombantes, construyen una carrera sólida y respetada basada en la calidad, el talento y una dedicación incansable. David Tort es, sin duda, uno de esos artistas. Su producción "Yo Te Prefiero" es un claro ejemplo de su maestría y su capacidad para fusionar sonidos y emociones.
David Tort: Un artista global sin límites ni techo
David Tort es uno de los artistas españoles más relevantes del panorama electrónico global. Prueba de ello es el medio centenar de producciones editadas con hits como Changes, 7 Eleven, L.A. Su habilidad para crear éxitos y mantenerse relevante en una industria tan dinámica es testimonio de su talento innato.

Desde hace más de quince años, sus sesiones como Dj le han hecho viajar a lo largo y ancho del planeta. Destacan sus habituales sets en Avalon y Dragon (Los Angeles USA), Pacha, Amnesia y Space (Ibiza) o L'Atlàntida (Sitges), un club al aire libre a la orilla del mar mediterráneo del que es residente desde hace seis veranos. Su experiencia en estos clubes de renombre mundial subraya su estatus como un DJ de élite, capaz de conectar con audiencias diversas en cualquier latitud.
The Mansion Recordings y Rock Da House: Proyectos que consolidan su visión
La faceta artística de David Tort no acaba aquí. Ha creado su sello propio, The Mansion Recordings, una plataforma que le permite materializar su visión musical y apoyar a nuevos talentos. Además, su radioshow Rock Da House se emite en Loca Fm cada sábado a las 00h, y también en las principales emisoras de música de baile de países como Colombia, Canadá o Inglaterra. Esto demuestra su compromiso con la difusión de la música electrónica y su influencia en la escena internacional.
En febrero de 2009, recibió el premio Deejaymags 2008 al "Mejor Dj Residente de un club con L'Atlantida Sitges", entre otras 5 nominaciones. Este reconocimiento, otorgado por la industria, confirma su excelencia y su impacto en la escena musical española y global.
Sin duda alguna, todos estos elementos confirman que David Tort es un artista global sin límites ni techo.
"Yo Te Prefiero": Un éxito en la LISTA CHARTS
"Yo Te Prefiero" es otro de sus NUMERO 1, de nuestra cuidada lista de éxitos, la lista más completa emitida por un programa FM en Galicia, nuestra LISTA CHARTS. Es un placer tener entre nosotros a un productor y DJ con tanto recorrido, quizás la mayor parte de él, entre bastidores. David Tort quizás no sea el más mediático, ni el más comercial, pero es uno de los referentes electrónicos de siempre en el panorama nacional, calidad y talento repartido por los 4 costados de su ser, por el bien común de muchas producciones de otros artistas.
David Tort - Yo Te Prefiero (Feat. Dennisse Jackson)
En este caso, os traemos esta excelsa producción propia bañada por las aportaciones de Denisse Jackson. La colaboración con artistas como Denisse Jackson añade una capa de riqueza y diversidad a sus producciones, ampliando su alcance y resonancia emocional.
La importancia de "Yo Te Prefiero" en la "LISTA CHARTS" de Galicia destaca la conexión de David Tort con la audiencia local, a la vez que su proyección internacional. Este éxito no solo es un testimonio de su talento, sino también de su capacidad para crear música que resuena con un público amplio y diverso.

La perspectiva de un escritor sobre la creación y la vida
El proceso creativo de David Tort, aunque centrado en la música, comparte similitudes con el de un escritor, donde la dedicación y la búsqueda de la autenticidad son fundamentales. "Empecé a escribir hará algo más de diez años. No llevo la cuenta. Prefiero no llevarla. ¿Diez años y aún no he dado el pelotazo? Igual es que nunca vas a darlo. Lo dicho, prefiero no pensar." Esta reflexión sobre la perseverancia y la incertidumbre resuena con muchos artistas. Un día, decidí escribir un libro, Diario terapéutico de un extraterrestre. Descubrí que si dejaba a mi cerebro hacerme preguntas sobre por qué escribía, si no sería una pérdida de tiempo o quién me creía yo para pensar que podía aportar algo valioso, dejaría de escribir, así que, desde ese día hasta hoy, escribo sin hacerme preguntas. Como un autómata que se inmola sin plantearse si existe su dios.
A veces, inevitablemente, cuestiono mi devoción. Me siento tonto, narcisista por seguir avanzando cuando quizás la realidad te está gritando que no eres suficientemente bueno. Dedico a la escritura muchas miles de horas, vuelco en ello lo más ardiente y honesto de mi interior y, cómo no, el «para qué» sale a mi encuentro de vez en cuando. Hay una pregunta que sí he respondido. ¿Soy escritor? No lo digo con mucha seguridad, pero sí, por fin, voy creyéndomelo. Soy escritor. Concluí, que si he publicado seis libros, soy escritor. Indudablemente. Otra cosa es lo bueno que sea, pero no hay discusión, el que juega al tenis es tenista. Aplícate el cuento. Si lees, eres lector, por tanto, si escribes, eres escritor. Probablemente ser escritor tenga más que ver con una actitud del alma que con los ejemplares vendidos.
Para que esta afirmación tenga rigor debería sostenerla alguien que venda muchos libros. Llevo un par de años escribiendo una novela maravillosa. Maravillosa de escribir, quiero decir. Es la biografía de una mujer. Los Reyes anteriores me trajeron el título de patrón de barco y la dejé unos meses, nunca he dejado una novela a medias. Después vino la pandemia y me puse a escribir Diario Cuarentena, lo volví a dejar. Y hace unos meses, tuve la inspiración de escribir un libro de esos que se escriben solos, como si dentro de ti hubiese un río de ideas y palabras que pujan por salir todas a la vez. Estoy a punto de acabarlo y espero, por fin, retomar la vida de esa mujer que hice nacer y dejé colgando de un hilo con ochenta años a la espera de continuar su historia. Por cierto, el libro que han vomitado mis entrañas se llama Miedo.
Hablar sobre mi forma de escribir me incomoda. Siento algo parecido a la vergüenza. Lo mejor de mi vida son mis hijos, pero no dejaría escrito por qué lo son. En fin, para muestra un botón, que dicen. Soy un escritor atípico en la medida que soy un lector tardío y no muy comprometido. Mi amor por los libros lleva conmigo no más de diez años, y les dedico menos tiempo del que me gustaría. Tengo mala memoria y no tomo notas de lo que leo, aunque me guste, por lo que no sabría recomendarte ninguna cita. Mejor búscala tú. Para bien y para mal, la obra favorita mía siempre es la última que he escrito. A Reverso, publicada en Adarve, le tengo especial cariño por ser el salto definitivo de la autoayuda a la novela. De otros autores, admiro su sensibilidad, su creatividad y la forma de jugar con las palabras. Por citar algunas obras, me chiflan El lobo estepario, de Hermann Hesse; Niebla, de Unamuno; El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez; Pastoral americana, de Philip Rhot; o Años luz, de James Salter.
Respecto a las aficiones, me encanta escribir, leer, pasar tiempo con la familia y amigos, la montaña tanto en su vertiente competitiva como contemplativa, mi trabajo y las personas. Mi mayor afición es buscar la felicidad. Es una obsesión que me da mucho, muchísimo trabajo. Prácticamente todo lo que hago, y dejo de hacer, es para cortejarla. Al pensar en describir cómo soy, me descubro para mi sorpresa reservado. En el «cara a cara», hablando con un paciente, alumno o desconocido, puedo contar sin tapujos la mayor de mis intimidades. Sexo, dinero, miedos y angustias son temas con los que puedo sentirme cómodo. Si mi vida puede servir para mejorar la tuya, me es sencillo compartirla. Pero así, sin la protección de mis personajes ni la calidez del «cara a cara», se me hace raro desnudarme. Una vez más, te digo, que el que sepa quitar la ropa encontrará en este texto la respuesta a esas preguntas. Mis libros son muy distintos, por lo que me es difícil encasillarme en un género concreto. Escribo autoayuda novelada, autoayuda pura, novela negra, novela con tintes de realismo mágico, poesía de rapero, filosofía de camorrista, ensayo camuflado. Si me preguntas por mi forma de entender el mundo, no sabría decirte. Llevo miles y miles de hojas escritas intentando hallar esa respuesta, no me veo capacitado para resumirlo en un par de líneas.
En mi vida personal, vivo en Madrid. Estoy casado. Mi mujer, Elena, hace las cuentas desde el gran día que nos pusimos los anillos, hace ahora quince años, yo las hago desde el primer beso que nos dimos y tuve el arrojo de posar mi mano sobre su piel, hace veintitrés años. Mis pacientes me preguntan, con cierta sorpresa encubierta, cómo alguien que parece vivir la vida con bastante intensidad y abierto a tantas posibilidades de vivirla, se las arregla para mantener satisfactoriamente una relación de pareja durante tanto tiempo. No tiene mayor secreto. Por cierto, tengo 43 años. No sé si es la tensión acumulada de estos siete meses de pandemia, o que me toca pasar por caja con esos bandazos de viento con los que el tiempo periódicamente te hace darte cuenta de que te estás extinguiendo, pero estoy perdiendo pelo y vista a una velocidad inusual. Ah, he pasado de tener dos canillas traviesas en la barba a tener cincuenta. O cien. No sé, mogollón más. También me acompaña desde hace unos meses un puto pitido en mi oído izquierdo. «Acufenos» lo llaman. Llevo diecinueve años trabajando como terapeuta y profesor. Me encanta mi profesión. No es perfecta, nada lo es, pero probablemente se acerque todo lo que es posible hacerlo. Lo doy todo en mis sesiones, lo que hace que no me quede casi nada para después. No es que no haya un remanente, es que no quiero darle más a la psicología. Cada cosa en su momento es una buena máxima a la que rezar. Mis alumnos se desconciertan cuando me piden bibliografía y les digo que el último libro que leí relacionado con la psicología fue hace quince años.