El simbolismo del Cordero y los Panes en las Catacumbas de Comodila y el Arte Paleocristiano

El Arte Paleocristiano engloba todas aquellas expresiones artísticas que se dieron donde el Cristianismo Primitivo tuvo presencia. Entendiendo el arte como una manifestación de la actividad del ser humano, enmarcada en el tiempo y lugar en que se lleva a cabo y con una finalidad comunicativa con diversos propósitos.

Dado que el cristianismo surgió en tierras palestinas bajo dominación romana y, posteriormente, se extendió a oriente y occidente del extenso Imperio Romano, las características del Arte de la Antigua Roma impregnaron en gran medida las expresiones del Arte Paleocristiano.

Este último, por otro lado, mostraría expresiones acordes a la consideración y estatus del cristianismo en el Imperio de Roma. Por ello suelen diferenciarse dos etapas en el Arte del Cristianismo Primitivo:

  1. El Arte Paleocristiano en el periodo de clandestinidad y persecuciones del cristianismo: Abarcando los siglos II y III de nuestra era.
  2. El Arte Paleocristiano tras el periodo de cese de persecuciones y ya con libertad de culto en el Imperio: Contando con el “apoyo oficial” es decir, desde los comienzos del siglo IV hasta finales del siglo V (476 d. J.C., fin del Imperio Romano de Occidente). El punto de comienzo de esta etapa vendría dado por Edicto de Serdica (la actual Sofía, Bulgaria) o Edicto de Tolerancia de Nicomedia (311) y el Edicto de Milán (313), que señalaban el final de la persecución institucional contra los cristianos y la libertad de religión en el Imperio. Finalmente, el Edicto de Tesalónica (380), convirtió al cristianismo en la “religión oficial del Imperio”.
  3. Cronología del Arte Paleocristiano y edictos romanos

    Los primeros cristianos crearon un tipo de arte simbólico con una finalidad didáctico-religiosa utilizando las formas del arte romano del Bajo Imperio. Se ha señalado que, en esta primera etapa del Arte Paleocristiano, más específicamente “durante los siglos I y II, no hay propiamente arte cristiano”. De hecho, las primeras expresiones del mismo de que se tiene constancia (en las catacumbas de Roma y de las “Domus ecclesiae” de Dura-Europos en Siria y de Kefar Othnay en Israel) se realizaron en los “primeros decenios del siglo III”.

    Y aunque en estos dos primeros siglos del Cristianismo Primitivo se hace patente un “aniconismo”, un “rechazo”, a las imágenes en consonancia con su herencia judía (Ex 20, 3-4) y hacia a los “templos fabricados de mano del hombre” (Hech 7, 48), sí hay presencia de “imágenes simbólicas” que aluden a aspectos de la fe cristiana. Destacan el pez o los peces, el ancla y el crismón. También se encuentran otras imágenes como la de la “paloma”, “el Buen Pastor”, “el pavo real”, “la vid” y los “racimos de uvas”, “la orante”.

    Las Catacumbas: Cuna del Arte Paleocristiano

    Las catacumbas fueron los primeros cementerios de los primeros cristianos. El origen de la palabra latina catacumba es incierto. Algunas fuentes creen que viene del griego κατά “hacia abajo”, y τύμβoς “túmulo”; o también de κυμβή “copa”, con el significado de “depresión, hondonada”.

    El terreno sobre el que se ha construido Roma, así como los distritos que la rodean, es de origen volcánico. Los depósitos aluviales solo se pueden encontrar en la orilla derecha del Tíber, en el curso bajo de la corriente, debajo del Vaticano. Allí donde aparecen depósitos volcánicos, se encuentran tres estratos uno encima del otro: el superior es el llamado pozzolano, tierra con la que los romanos, mezclando limo, preparaban un excelente cemento; el siguiente estrato es de tufa, mitad tierra mitad piedra; el más bajo se compone de piedra.

    Al principio se creyó que los primeros cristianos empleaban estas galerías para enterrar a sus muertos, pero todas las catacumbas se extienden por el estrato medio de la tufa, del que no se utilizó ningún material para construir. Hay que comparar las galerías irregulares de los pozos arenosos y canteras de piedra con los pasajes estrechos y paredes verticales de las catacumbas para ver la diferencia. Las catacumbas son, pues, construcciones hechas completamente por los cristianos.

    Esquema de las catacumbas romanas mostrando los diferentes niveles y tipos de tumbas

    En general, una escalera guía, bajo la superficie del suelo, a una profundidad aproximada de diez a quince metros y hasta más; desde este punto, las galerías son de tres a cuatro metros de altitud y rara vez de más anchura que la necesaria para dos cavadores de la tumba, uno detrás del otro para llevar el féretro. Desde las galerías principales salen otras secundarias, que se cruzan con otras. Desde este nivel hay escaleras que llevan a niveles más bajos donde hay una segunda red de galerías; hay catacumbas que tienen tres o cuatro pisos, como la de San Sebastián. El laberinto de galerías es incalculable. Se ha dicho que, si se unieran en línea recta, se extenderían a lo largo de toda Italia.

    A lo largo de los pasajes hay cámaras de enterramiento (cubicula) abiertas a derecha e izquierda, y excavadas en la roca tufa. En las paredes laterales de las galerías, filas horizontales de tumbas se levantan del suelo hasta el techo. Se estima que hay alrededor de dos millones de tumbas.

    Cuando el cuerpo, envuelto en paño, sin sarcófago, se depositaba en un lugar excavado para él, el hueco era cubierto con una plancha de mármol o a veces por grandes tejas de mortero. Para los ricos y para los mártires había tumbas más imponentes, conocidas como arcosolia. Un arcosolium era un espacio excavado en la pared sobre el que se labraba un arco semicircular en el que se colocaba el sarcófago a veces. En la excavación inferior se colocaba el cuerpo cubierto con una plancha plana de mármol. No era común enterrar a los muertos debajo en el suelo del pasadizo o cámara de enterramiento.

    Actualmente la mayoría de las tumbas están abiertas y han desaparecido las planchas que las cubrían y con frecuencia no queda nada de los huesos y cenizas. La roca y el material suelto por el constante cavar de los innumerables pasadizos se apilaba en los pozos arenosos cercanos o se llevaba a la superficie en cestas o se amontonaba en los pasadizos que ya no se visitaban porque las familias de los muertos habían desaparecido.

    Para conseguir luz y, sobre todo, aire fresco, se abrían tubos llamados luminaria, algo parecido a chimeneas, cortadas en el suelo hasta la superficie de terreno. Estas luminaria apenas se hallan antes del siglo cuarto, cuando la gran cantidad de fieles que asistían a los oficios religiosos en las catacumbas en los días festivos de los mártires exigían esas precauciones para la salud.

    Los nombres cristianos iniciales para estos lugares de enterramiento eran koimeterion, coemeterium, lugar de descanso. Cuando en el Medievo se olvidó el recuerdo de las catacumbas, los monjes de la iglesia de San Sebastián en la Vía Appia, mantuvieron el coemeterium ad catacumbas en este camino, accesible para los peregrinos. Después del redescubrimiento y apertura de los otros coemeteria, el nombre coemeterium se aplicó a todos. Las catacumbas despiertan asombro por el notable trabajo de construcción que, con el curso de los trescientos años, produjeron la piedad de los primeros cristianos y su amor a los muertos.

    Mapa de las principales catacumbas de Roma

    Origen y desarrollo de las catacumbas cristianas

    Los romanos quemaban a sus muertos y depositaban las cenizas en la tumba familiar (sepulcrum, memoria), en una cripta o sepultura común (columbarium); pero los judíos que vivían en Roma mantuvieron sus costumbres de enterrar e imitaban las tumbas en la roca de Palestina, colocando los cementerios en el estrato rocoso de la tufa de los alrededores de Roma. Así pues, las catacumbas judías se habían hecho y desarrollado antes de que el cristianismo apareciera en Roma.

    Hasta después de la destrucción de Jerusalén por Tito (70 d.C.), los cristianos eran vistos como una secta judía, de ahí que los judíos convertidos por los apóstoles en Roma fueran enterrados en las catacumbas de sus compatriotas. Pero ¿dónde eran enterrados los convertidos del paganismo? Tácito, Suetonio, Dion Cassio y otros historiadores paganos dan testimonio de que ya en los días de los apóstoles, miembros de las más altas clases de la nobleza se habían convertido al cristianismo. Estos convertidos nobles del paganismo tenían sus propias tumbas y permitieron a sus hermanos en la fe construir tumbas, lugares de enterramiento siguiendo el modelo de las catacumbas judías. Este es el origen de las catacumbas cristianas.

    Las de la época apostólica son: en la Vía Ardentina, la catacumba de Domitila, nieta del emperador Domiciano y miembro de la familia Flavia; en la Vía Salaria, la de Priscila, que era probablemente la esposa del cónsul Acilius Glabrio; en la Vía Appia, la de Lucina, miembro de la familia de Pomponia; en la Vía Ostiensis, la de Commodilla, relacionada con la tumba de S.

    En fechas posteriores se construyeron otras catacumbas, casi todas originadas en los enterramientos familiares. Entre ellas están las de Caecelia, Praetextatus, Hermes, etc., que aún llevan el nombre de sus fundadores. Además, la tumba de un mártir venerado era el núcleo de otra catacumba, por ejemplo, la de San Lorenzo, San Valentín o San Cástulo; tales cementerios llevaban los nombres del mártir. Los Coemeteria debían a veces su nombre a alguna característica externa como ad duas lauros (en los dos laureles); este título se añade aún a los nombres de dos los mártires, Pedro y Marcelino, que descansan allí.

    Representaciones en las catacumbas: El Cordero y los Panes

    En las Catacumbas de Roma se evidencia el uso del pez como símbolo cristiano temprano. Es encontrado generalmente junto a los panes -recordando la celebración eucarística- o al ancla. El pez y los panes eucarísticos son representaciones significativas encontradas en frescos como el de las Catacumbas de San Calixto en Roma, del siglo III d.C.

    Fresco de peces y panes eucarísticos en las Catacumbas de San Calixto

    En la parte inferior del fresco de las Catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino, se hallan representados, de izquierda a derecha, los mártires Tiburcio, Marcelino, Gorgonio y Pedro (exorcista del s. IV). En medio de ellos, el Cordero, como símbolo crístico.

    La simbología del Cordero, especialmente en el contexto de los panes, tiene profundas raíces en el cristianismo primitivo, aludiendo a Cristo como el "Cordero de Dios" que se ofrece en sacrificio y a la Eucaristía, donde el pan se convierte en el cuerpo de Cristo. Estas representaciones en las catacumbas no solo servían como elementos decorativos, sino también como catequesis visual para los primeros cristianos.

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    Iconografía simbólica del Cristianismo Primitivo

    Aunque en los dos primeros siglos del Cristianismo Primitivo se hace patente un “aniconismo”, un “rechazo” a las imágenes en consonancia con su herencia judía (Ex 20, 3-4) y hacia a los “templos fabricados de mano del hombre” (Hech 7, 48), sí hay presencia de “imágenes simbólicas” que aluden a aspectos de la fe cristiana. Destacan el pez o los peces, el ancla y el crismón. También se encuentran otras imágenes como la de la “paloma”, “el Buen Pastor”, “el pavo real”, “la vid” y los “racimos de uvas”, “la orante”.

    Por otro lado, ya de un modo más explícito, son reflejadas en pinturas escenas del Antiguo Testamento como las de “Adam y Eva”, “Daniel en el foso de los leones”, “Moisés haciendo brotar el agua de la roca” y la de “Jonás arrojado al mar” y del Nuevo Testamento como las de la “Curación del paralítico” o “Jesús Cristo caminando sobre las aguas”.

    El Pez (Ichthus)

    El Pez es uno de los símbolos más importantes de la “era apostólica” del Cristianismo Primitivo, cuando los cristianos eran todavía una secta minoritaria en medio del Imperio Romano. Su singular relevancia deriva, entre otros motivos, del hecho de que la denominación en griego de la palabra “pez”, ichthus o ichthys, escrito IXΘΥΣ en letras mayúsculas, es así mismo un acrónimo:

    • Iota (I), primera letra de Ἰησοῦς, “Jesús” es la forma griega del nombre hebreo de Yeshua.
    • Ji (X), primera letra de Χριστός, “Cristo” es la traducción griega de la palabra hebrea מָשִׁיחַ “Mashiach”, “Ungido”.
    • Theta (Θ), primera letra de Θεοῦ, “Dios”.
    • Ipsilon (Y), primera letra de Υἱός, “Hijo.”
    • Sigma (Σ), primera letra de Σωτήρ, Soter, “Salvador”.

    Así, IXΘYΣ significa “Jesús Cristo, Hijo de Dios, Salvador”.

    El acrónimo ICHTHYS y su significado

    La fuente escrita del símbolo del pez más antigua que se conoce es de Clemente de Alejandría (c. 150-215) recomendando en su obra “Paedagogus”, “Pedagogo”, “que las figuras grabadas en nuestros sellos sean la paloma, el pez, la nave llevada por el viento, o la lira musical” …, “o el áncora de nave...”. En esta misma obra, en el “Himno a Cristo Salvador”, llama a Jesús Cristo “Pescador de mortales” que “lanza el anzuelo para una dulce vida” “a los peces puros en medio del adverso oleaje”.

    A comienzos del siglo III d.C., el teólogo y apologista norteafricano Tertuliano (c. 155 - c. 240) publicaba su obra “Sobre el Bautismo” que incluía las siguientes líneas: “Pero nosotros, pequeños peces, tras la imagen de nuestro IXΘΥΣ (Pez) Jesús Cristo, nacemos en el agua y nos salvamos permaneciendo en el agua.” Aludiendo al Bautismo.

    En su obra “La Ciudad de Dios”, Agustín de Hipona (354-430) explica: "Si se unen las cinco primeras letras de las palabras griegas Ιησους Χρειστὸς Θεου υἱὸς Σωτήρ, que en latín nos dan Jesús-Cristo Hijo de Dios Salvador, tenemos la palabra ἰχθύς, esto es, pez, con la que místicamente se significa a Cristo, porque sólo Él ha podido mantenerse vivo, es decir, sin pecado, en el abismo de nuestra mortalidad, tan semejante a la profundidad de las aguas."

    El pez, como imagen simbólica y alegórica, se muestra en los textos evangélicos de manera destacada:

    • Marcos 1, 17: “Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.”
    • Mateo 4, 18-19: “Y andando Jesús junto á la mar de Galilea, vió á dos hermanos, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores. Y díceles: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.”
    • Mateo 14, 17: “Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.”
    • Juan 6,9: “Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos?
    • Lucas 5, 5-6: “Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía.”
    • Juan 21, 6: “Y él les dice: Echad la red á la mano derecha del barco, y hallaréis. Entonces la echaron, y no la podían en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces.”
    • Lucas 24, 42-43: “Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él tomó, y comió delante de ellos.”

    Peces y ancla en estela funeraria de Licinia Amias

    El Buen Pastor

    La simbología en el arte del cristianismo primitivo del Buen Pastor toma el testigo, con sus propias características y significados, de las representaciones iconográficas previas, en el arte griego, del Hermes Crióforo (del griego κριοφόρος, «portador del carnero»), y del Moscóforo (del griego Μοσχοφόρος, «portador del ternero»), así como del mitológico Orfeo.

    El Arte Paleocristiano supo mostrar la “asimilación” y “actualización” que el Cristianismo Primigenio llevó a cabo con los “principios religiosos” de tradiciones religiosas precedentes y que, con “otros ropajes”, expresaban la “Sabiduría Perenne Universal” común a todas ellas.

    Escultura de mármol del Buen Pastor en las Catacumbas de Domitila

    Con la oveja sobre los hombros, la imagen del Buen Pastor representa a Cristo salvador y al alma que ha salvado. En la imagen se ve al pastor que carga en sus hombros la oveja perdida.

    Cristo como Sol Invictus

    Jesús Cristo también fue representado como el Sol Invictus, el "Sol Espiritual", el "Logos Solar". Un mosaico en el "Mausoleo M", Necrópolis vaticana, Roma, de finales del siglo III o principios del siglo IV, d.C., es un ejemplo de esta representación.

    Mosaico de Jesús Cristo como Sol Invictus

    Representación de Jesús Cristo en el siglo IV

    Es a partir del siglo IV cuando comienza a representarse a Jesús Cristo en el modo en que, con el tiempo, vendría a ser estereotipo: hombre maduro, con barba, pelo largo y serena y regia presencia. Un ejemplo de ello es este fresco de las Catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino en Roma.

    En la parte superior de esta pintura mural se muestra a Jesús Cristo flanqueado, en primera instancia, por la primera y última letra del alfabeto griego, α/Α (alfa) y ω/Ω (omega), para indicar que Cristo es "principio y fin". Además, viendo de frente el mural, a su derecha el Apóstol Pedro; a su izquierda el Apóstol Pablo. En la parte inferior del fresco, se hallan representados, de izquierda a derecha, los mártires Tiburcio, Marcelino, Gorgonio y Pedro (exorcista del s. IV). En medio de ellos, el Cordero, como símbolo crístico.

    Fresco de Jesús Cristo flanqueado por San Pedro y San Pablo en las Catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino

    Navidad y Epifanía en el Arte Paleocristiano

    Las Catacumbas de Priscila, en Roma, del siglo II d.C., son uno de los cementerios romanos más antiguos que se han descubierto y conserva algunos frescos de especial importancia para la historia del arte, por ejemplo, las primeras representaciones de la Virgen María o de la Anunciación. Una imagen de la Virgen María con el Niño Jesús en su regazo; un profeta se encuentra a su lado, sosteniendo un rollo en su mano izquierda, y señalando una estrella con su derecha. Esto parece referirse a la profecía de Balaam, “Una estrella saldrá de Jacob, y un cetro brotará de Israel” (Números 24, 15-17). La presencia del profeta indica que el Niño es el Mesías esperado por muchas edades.

    Fresco de la Virgen María con el Niño Jesús y el Profeta Isaías en las Catacumbas de Priscila

    La Adoración de los Magos

    La Adoración de los Magos es otra escena frecuente en el arte paleocristiano. Un fresco de la Capilla Griega de las Catacumbas de Priscilla, en Roma, del siglo III d.C., es considerada la más antigua representación artística conocida de los "Tres Hombres Sabios".

    La Adoración de los Magos en las Catacumbas de Priscila

    «MAGO es un vocablo que nos llega a través del latín "magus", que la toma del griego "μάγος", y este, en última instancia, del persa "magi".» Así pues, los "magi" o Reyes Magos que se mencionan en la Biblia (Mateo 2, 1-12) no son magos en el sentido actual de la palabra, sino sabios sacerdotes persas que venían de Oriente gracias a sus conocimientos astrológicos y místicos.

    Otro ejemplo notable es el de la Adoración de los Magos originalmente en la Basílica de Santa Inés Extramuros, ahora en el Museo Pío Cristiano, Museos Vaticanos, Roma, del siglo IV d.C.

    El conocido como "Sarcófago dogmático", muestra característica de escultura paleocristiana, es "un sarcófago romano" del siglo IV d.C., "encontrado durante los trabajos de reconstrucción de la Basílica de San Pablo Extramuros del siglo XIX". En la imagen se muestra una parte del "registro inferior", de los dos con que cuenta el sarcófago, mostrando a "San José" "detrás de la Virgen, que está entronizada con el Niño Jesús en su regazo, con los pies apoyados en una plataforma baja. Así es como será representada en miles de imágenes de 'Madonna y el Niño' en los siglos siguientes. En un toque de naturalismo, el Niño Jesús alcanza con curiosidad el regalo del Primer Mago. Los Magos usan gorras frigias para demostrar su origen en el este. El primero apunta a un conjunto de tres círculos en el borde superior."

    Detalle de la Adoración de los Magos en el Sarcófago Dogmático

    De estilo Paleocristiano Bizantino, el sarcófago en mármol cincelado de Catervio o Catervo, Severina y Basso, de finales del siglo IV d.C. presenta, en uno de sus flancos, el pasaje de la Adoración y entrega de presentes - oro, incienso y mirra - al Cristo Jesús, que se halla en el regazo de María. En la parte superior de la escena puede observarse el estaurograma, cruz monogramática o Tau-Rho.

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