El cultivo de tomate es una labor muy extendida por todo el mundo, siendo una de las hortalizas más populares y con una inmensa importancia económica para los agricultores. Aunque no es tarea fácil, la inquietud por saber cómo cultivar tomates es lógica, ya que cultivar tomates en casa te invita a descubrir un universo de sensaciones que van más allá de la simple cosecha. Es la oportunidad de disfrutar frutos frescos y maduros en su momento perfecto, cultivados con tus propias manos y bajo tu cuidado, desplegando una intensidad de aroma y sabores únicos.
Para lograr un cultivo de tomate de alto rendimiento, los agricultores deben monitorear de cerca los cultivos en crecimiento y acumular datos fiables para hacer predicciones precisas sobre la probabilidad de mal tiempo, brotes de enfermedades, etcétera. Este artículo ofrece una guía detallada sobre cómo cultivar tomates de forma adecuada, atendiendo a las variedades existentes, su tiempo de cultivo, cómo proteger los cultivos y cuándo plantar y cosechar.

Clasificación de las Variedades de Tomate
La elección de la variedad es el primer paso fundamental para el éxito del cultivo. Podemos clasificar las variedades de tomate principalmente por su patrón de crecimiento y por su tiempo de cosecha.
Variedades según su Patrón de Crecimiento
Para reducir las opciones de variedades de cultivo de tomate, podemos distinguir entre variedades determinadas o indeterminadas.
- Variedades Determinadas (de mata): Suelen crecer hasta una altura de 60-90 cm (2-3 pies). Son de carácter compacto y arbustivo, ideales para tener en maceteros o huerto urbano. Producen un exceso de frutos maduros a la vez y su ciclo de fructificación es relativamente corto. No requieren poda ni entutorado.
- Variedades Indeterminadas (enredaderas): Producen a mediados y finales de la temporada frutos grandes, desde principios de julio hasta la época de heladas, manteniendo un ritmo constante de producción. Sus hojas siguen expandiéndose durante toda la temporada de crecimiento, lo que las hace perfectas para el cultivo a escala comercial. Estas plantas requieren entutorado y poda para crecer adecuadamente, y necesitan más espacio para desarrollarse tanto en vertical como en horizontal.
Conocer el tipo de planta es fundamental a la hora de cultivar tomates, ya que cada una cuenta con sus propias particularidades, tanto de crecimiento como de cultivo.
Variedades según su Época de Cosecha
Los días que tarda el cultivo del tomate en cosecharse también sirve como base de otra clasificación de las variedades de cultivo. Aquí un desglose de estos tres grupos:
| Variedad | Días hasta la Cosecha |
|---|---|
| Temprana | Menos de 70 |
| Media | 70-80 |
| Tardía | Más de 80 |
A la hora de decidir qué tipo(s) de tomates cultivar, es fundamental tener en cuenta la compatibilidad de las condiciones de cultivo del campo con las necesidades de la variedad. Las variedades tradicionales de la zona suelen ser las más resistentes a plagas y enfermedades, al estar adaptadas a la climatología local.
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Condiciones Climáticas Óptimas para el Cultivo de Tomate
Los agricultores deben encontrar unas condiciones de cultivo óptimas que satisfagan todos los requisitos de las tomateras. Asegúrese de que las plantas en crecimiento tienen acceso a abundante luz solar, calor constante, riego suficiente y suelo rico.
Luz Solar y Temperatura
Los tomates son plantas amantes del sol y el calor, siendo un cultivo de verano. Para que crezcan sanos, es esencial que reciban pleno sol durante al menos 8 horas al día. También necesitan un entorno cálido, por lo que la temperatura ideal para el cultivo de tomate se sitúa entre 22 y 29˚C (71 y 84˚F).
Aunque el cultivo de tomate puede soportar un clima frío, su desarrollo se verá frenado. Al mismo tiempo, las heladas pueden convertirse en un problema para las tomateras desprotegidas, haciéndolas morir. Cultivar tomates de primera calidad solo es posible en un entorno en el que las temperaturas bajas y altas sean algo constantes. Los frutos de baja calidad o las cosechas escasas son el resultado habitual del cultivo en climas con grandes oscilaciones de temperatura. El rango de temperaturas que necesita para crecer es alto, encontrándose los valores óptimos por encima de los 20 ºC.
Humedad
La humedad relativa ideal para el cultivo de tomate se sitúa entre el 65 y el 85%. El aumento de la humedad está vinculado a la propagación de enfermedades foliares y a una tasa creciente de maduración con manchas. Una mayor humedad también inhibe la liberación y distribución del polen, mientras que una menor humedad provoca la deshidratación del polen, lo que puede dar lugar a frutos de tamaño insuficiente, deformes o huecos. La planta de tomate requiere humedades medias, que no superen el 70 %.

Agua
Las necesidades de agua del tomate durante el proceso de cultivo son de 2,5-5 mm (1-2 pulgadas) de humedad cada semana para crecer y producir bien. Otros factores que afectan el cultivo de tomate, como la temperatura y la densidad de la planta, influyen en la tasa de evapotranspiración y, por tanto, en las necesidades de agua del tomate durante su cultivo. La tomatera requiere una humedad constante, dadas las grandes temperaturas que se obtienen en verano, por lo que no se debe dejar que se seque la tierra.
Las plantas que crecen en campos de suelo arenoso pueden necesitar más riego que las que crecen en campos de suelo arcilloso, porque las primeras drenan más rápidamente. A medida que los tomates crecen, su sistema radicular se expande, lo que les permite extraer agua de zonas más profundas del suelo y los hace menos sensibles a la sequía. La tomatera tiene un sistema radicular que alcanza profundidades de hasta 1,5 m en suelos profundos.
El Suelo Ideal para Tomates
Los tomates prosperan en casi todos los tipos de suelo (con excepción de los arcillosos). Al igual que otras hortalizas, el suelo ideal para el cultivo de tomate es de tipo franco-arenoso. Este tipo de suelo drena bien y su pH es adecuado para el cultivo de tomate si su valor se sitúa en 6,2-6,8. Para verificar si el suelo está dentro del rango de pH correcto para cultivar tomates saludables, se recomienda tomar una muestra de suelo y analizarla. Si los resultados muestran que el suelo tiene mucha acidez (6,4 o menos), aplique cal de acción rápida, lo que aumentará en nivel de pH.
Respecto a qué nutrientes necesita el tomate para crecer, el suelo debe ser rico en fósforo (P), potasio (K), calcio (Ca) y magnesio (Mg). La temperatura mínima del suelo es de 14 °C (57 °F); la óptima oscila entre 18-21 °C (65-70 °F). El tomate es una planta con una demanda de nutrientes elevadísima. De ahí que, para fomentar que los frutos crezcan y se desarrollen en condiciones, tengamos que proveer a nuestras plantas de un suelo rico. El porcentaje mínimo de materia orgánica en el suelo debe estar en torno al 1,5-2 %. No se recomienda la aportación de nitrógeno como abonado de fondo para el cultivo del tomate, pero sí un abonado a base de potasio para el correcto desarrollo del fruto.

Cómo y Cuándo Plantar Tomate
La temporada de cultivo del tomate comienza a finales de primavera o principios de verano en la mayor parte del mundo. El final del invierno y toda la primavera (incluido el período de inicio de las semillas en el interior) constituyen la temporada principal de plantación en climas moderados y fríos. La siembra del tomate se puede realizar a partir de enero (hemisferio norte), algunas variedades, como el marmande, a partir de diciembre. La siembra de tomate, normalmente, se realizará en semillero protegido, pues es un cultivo exigente en cuanto a temperatura. Es fundamental asegurarse de que las últimas heladas ya han pasado, y que no tendremos temperaturas por debajo de los cero grados.
Preparación del Suelo
La preparación del terreno para el cultivo de tomate debe iniciarse un par de semanas antes de trasplantar los plantones. Al arar a una profundidad de 60 cm (23,6 pulgadas) tras eliminar la maleza y los residuos previos de otros cultivos, se mejora el drenaje y la aireación del suelo. Una semana después, se suele aplicar abono previo a la plantación, como estiércol envejecido o fertilizante sintético. Justo antes de plantar tomate, conviene labrar la tierra a una profundidad de 30-45 cm (12-18 pulgadas) para fomentar un sistema radicular más robusto. Otro paso previo a plantar tomate es la solarización del suelo, especialmente importante en regiones de cultivo con suelos fríos durante la temporada de plantación. Este método ayuda a mantener la zona radicular a una temperatura ideal de unos 21°C (70°F) y evita que crezca maleza. A la hora de cubrir las hileras, algunos agricultores prefieren el polietileno verde o negro transmisor de infrarrojos (IRT), mientras que otros utilizan el plástico negro estándar de 1-1,25 mm.
Preparación de los Plantones
Los agricultores pueden obtener ventaja comprando y plantando trasplantes de plantas de tomates ya cultivadas. Sin embargo, cultivar a partir de semillas requiere tener en cuenta ciertos aspectos. Un trasplante de alta calidad tarda entre 5 y 7 semanas en crecer. Las temperaturas nocturnas superiores a 15 °C (60 °F) favorecen un desarrollo rápido. La altura media de los trasplantes es de 20 cm (8 pulgadas) y cada uno tiene unas 3-5 hojas verdaderas. Recuerde que las plántulas no están listas para el trasplante hasta que les crecen unas cuantas hojas verdaderas.
Normalmente, es necesario “endurecer” (es decir, estresar artificialmente) las plántulas para que estén listas para el trasplante. Este proceso, que puede implicar el traslado de las plántulas al exterior durante un tiempo determinado u otras técnicas, tiene por objeto ayudar al plantío de tomate a aclimatarse a un entorno de cultivo al aire libre. Para simular estrés hídrico, la mayoría de los agricultores cortan progresivamente el riego de sus cultivos. Por lo general, cortan el suministro de agua entre 13 y 15 horas antes de que comience el procedimiento de trasplante y lo vuelven a encender al finalizar.
Plantación del Tomate
Una vez realizadas todas las operaciones preliminares necesarias, llega el momento de plantar los plantones de tomate. Los trabajadores hacen marcas en el plástico o en el suelo para indicar dónde irán los plantones. A continuación, realizan los agujeros y colocan los plantones en su interior.
- Distancia de siembra: La distancia de siembra del tomate debe ser de 45-61 cm (18-24 pulgadas) entre plantas y de 122-183 cm (48-72 pulgadas) entre hileras. Las variedades indeterminadas tienden a crecer más, así que hay que dejarles más espacio. No habrá tantas posibilidades de que se propaguen enfermedades si el espaciado y densidad de siembra del tomate permite que cada planta crezca con suficiente luz y aire. Si se planta en distintas filas, se debe dejar 1m entre estas.
- Profundidad: Lo mejor es plantar tomates a una profundidad de 8-10 cm. Las plantas crecen, maduran y dan fruto más rápidamente si se plantan a una profundidad al menos igual a la de sus cotiledones. Es recomendable enterrar la planta dejando parte del tallo por debajo del nivel del suelo, ya que las raíces se formarán a lo largo del tallo en los nódulos de la raíz creando un sistema de raíces y una planta fuertes.
Para preservar la salud de las plantas de tomate y para facilitar la cosecha, se pueden colocar enrejados alrededor de las plantas cuando se siembren. Estos enrejados de alambre sostienen las plantas durante su crecimiento y alejan las hojas y los frutos del suelo, lo que permite lograr mejores cosechas, menos plagas y menos probabilidades de contraer enfermedades. Riegue bien las plantas después de sembrar y luego riéguelas otra vez cuando la tierra de la superficie se seque.
Cuidados del Tomate
El tomate es un cultivo delicado y la cosecha depende de los cuidados del agricultor durante toda la temporada de crecimiento. Asegurarse de que las plantas dispongan de agua suficiente, enriquecer el suelo y combatir las plagas y enfermedades del cultivo de tomate son pasos cruciales para el éxito.
Riego
El riego del cultivo del tomate debe ser prudente para lograr un desarrollo sano y grandes cosechas cuando se cultiva a gran escala. Si no se riega lo suficiente, las hojas se curvan hacia arriba y se vuelven amarillas. Esto es típico en pleno verano, cuando el calor y la falta de precipitaciones provocan estrés térmico en las plantas.
Principios para un riego eficaz de las tomateras:
- Concentrar el riego en la base de la planta: Tenga cuidado de no humedecer las hojas y tallos. Las hojas húmedas son el caldo de cultivo ideal para las bacterias y los hongos en el cultivo de tomate. Suministrar agua a la zona radicular de la planta ayudará a evitar este problema.
- Utilizar el riego por goteo: Este método no desperdicia el agua, sino que se filtra lentamente en el suelo, manteniendo la humedad constante.
- Empapar la tierra en profundidad: Al menos 25 cm. Si se riega la tierra más profundamente, las raíces de la planta también crecerán más profundamente. Así, las plantas pueden establecerse mejor y crecer más robustas, incluso en caso de sequía.
Una vez que la planta se haya asentado y se observen brotes nuevos, manténgala saludable mediante el riego para que la tierra permanezca húmeda, pero no empapada. La tierra muy mojada puede conducir a la pudrición de las raíces causada por los hongos y puede producir frutos con demasiada agua. Por otra parte, la tierra muy seca puede traer como resultado frutos agrietados y la pudrición en el extremo inferior del fruto.
Gestión de la Maleza
La maleza supone una amenaza significativa para las plantas recién trasplantadas durante su primer mes de crecimiento en el campo. El cuidado del tomate requiere un enfoque polifacético, como la gestión integrada de la maleza, que incluya una rotación adecuada de cultivos (por ejemplo, con una leguminosa, como el cultivo del frijol), saneamiento, riego y la aplicación de herbicidas. Esta última requiere especial precaución, pues la exposición a los herbicidas puede deformar permanentemente las hojas de las plantas. Así que tenga cuidado de no rociar herbicidas accidentalmente sobre los cultivos. Deshierbe con frecuencia porque la maleza le roba el agua a las plantas de tomate. Para mantener la humedad y evitar que el suelo se compacte, se pueden usar mallas antihierbas.
Fertilización
Las necesidades de nutrientes durante el proceso de cultivo de tomate son bastante amplias. Para crecer con vigor, los tomates necesitan los macronutrientes nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K) y los micronutrientes zinc (Zn), cobre (Cu), hierro (Fe) y azufre (S). La deficiencia de nitrógeno puede ser la causa de que las plantas crezcan más despacio, mientras que la de fósforo puede manifestarse como un tono verde azulado en las hojas y un desarrollo deficiente de la planta. Sin embargo, un exceso de macronutrientes (sobre todo de nitrógeno) puede provocar quemaduras por fertilizante, que se manifiestan en forma de amarilleamiento u oscurecimiento de las hojas de la planta. Es importante aportar de manera continuada materia orgánica, que le proporcionará una dosis equilibrada de nutrientes durante todo su ciclo de vida. Si el suelo no es rico en nutrientes, se pueden utilizar mapas de prescripción de tasa variable para evaluar la productividad del campo y aplicar fertilizantes de manera precisa, enfocándose en las zonas de baja productividad.

Mantillo
Para mantener el suelo lo bastante húmedo como para que crezcan las plantas, el cuidado y cultivo de tomates sugiere que extienda una capa de 5 cm de mantillo orgánico sobre la zona radicular de la planta. Las opciones viables para el cultivo de tomate son el mantillo compuesto por corteza triturada o restos de césped. Al actuar como aislante, el mantillo evita que la temperatura del suelo fluctúe excesivamente. Además, evita la pérdida de agua por evaporación y ayuda a suprimir la maleza. Es conveniente hacerlo bien entrada la primavera para dar tiempo al suelo de que se caliente.
Poda
La poda es fundamental para el crecimiento de la planta y el fruto. Si se quiere que las plantas dediquen todos sus recursos a producir frutos en lugar de hojas, se deben podar. Cuando hablamos de podar tomates, hemos de contemplarlo desde dos puntos de vista distintos:
- Eliminación de chupones: Es fundamental eliminar los chupones de la planta, que son ramitas que empiezan a crecer entre el tallo y las ramas secundarias del tomate, en un ángulo de 45º. Esto permite a la planta tener energía suficiente para sacar adelante el resto de la planta. Sin embargo, no conviene eliminarlos todos; es interesante dejar algunos por si la planta principal tuviera algún percance en su crecimiento. Se aconseja dejar el primer chupón que aparezca en la base, de este modo, se tendrán dos tallos productivos de tomate.
- Deshojado: Cuando la planta comienza a tener madurez, también conviene eliminar las hojas inferiores, especialmente las senescentes (viejas) y las que estén enfermas. La eliminación de ramas bajas y hojas marchitas aumenta el tamaño del fruto.
La poda de formación es muy importante sobre todo en aquellas variedades de crecimiento indeterminado, es decir, que su desarrollo vegetativo es continuo, pudiendo llegar su tallo a alcanzar varios metros de longitud. Se realiza unos 15 días después del trasplante y se eliminan los primeros brotes laterales así como hojas viejas, dejando un tallo limpio para poder realizar el aporcado (taparemos un poco el tallo con sustrato o tierra para que eche un poco de raíces y se agarre mejor al suelo).
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Entutorado
El entutorado es fundamental para el crecimiento de la planta. Mientras en el caso de los tomates determinados no es necesario, en el de los indeterminados supondrá parte fundamental del crecimiento de la planta. El desarrollo vertical de la planta del tomate sumado al peso de la fruta puede provocar la rotura de la planta. Es imprescindible para mantener la planta erguida y evitar que tanto hojas como frutos toquen el suelo. Se aconseja clavar un palo o caña por cada planta para que le dé soporte.
Plagas y Enfermedades del Tomate
El tomate es una planta que suele ser objeto y objetivo de diversas plagas y enfermedades. Es el punto más delicado cuando se habla de cómo cultivar tomates. La mejor estrategia de defensa consiste en revisar las plantas en busca de señales de algún problema cada vez que se riegue y luego actuar inmediatamente.
Plagas Comunes
- Gusano cornudo del tomate: Son gusanos grandes, verdes y con marcas negras y blancas, que pueden llegar a medir 4 pulgadas de largo. Se comen las hojas y pueden defoliar rápidamente las plantas de tomate.
- Gusanos del fruto del tomate: Son las larvas de las polillas que se comen el interior del tomate.
- Alticinos: Pequeños escarabajos que saltan de planta en planta alimentándose del follaje.
- Pulgón: Se alimenta de la savia de las plantas, causando deformidades en los frutos, tallos y hojas. Suelen estar acompañados de hormigas, que los protegen a cambio de melaza.
- Araña roja (Tetranychus urticae): Se alimenta de la savia y se manifiesta con puntitos rojos en el envés de las hojas y manchas amarillas en el haz. Aparece en ambientes muy secos, por lo que la prevención consiste en mantener una humedad ambiental adecuada.
- Caracoles y babosas: Devoran las hojas tiernas y les encantan los tomates, dejando hoyos irregulares grandes en hojas y frutos.
Para el control de plagas, en huertos pequeños se pueden eliminar manualmente o con azada. Para infestaciones más grandes, insecticidas específicos pueden ser necesarios, siempre con precaución para no dañar los cultivos.
Enfermedades Fúngicas
El exceso de riego y la humedad elevada pueden provocar la aparición de hongos como el mildiu. La aparición de manchas amarillas en el haz que empiezan a necrosar por el centro, observándose un polvillo blanquecino por el envés, o manchas irregulares de aspecto aceitoso que acaban en necrosis, son síntomas comunes. Para prevenir estas enfermedades, es crucial un riego adecuado, evitando mojar las hojas, y mantener una buena circulación de aire entre las plantas.

Cosecha del Tomate
La recolección del tomate suele ser escalonada y se alarga en el tiempo. Disfrute del fruto de su trabajo tan pronto como se maduren los tomates y recójalos frecuentemente para promover la producción de más frutos. Para comprobar si los frutos están maduros, presiónelos con cuidado; si ceden ligeramente, significa que están maduros. Se pueden recolectar usando tijeras de podar o retorciendo los frutos hasta que se despeguen del tallo que los sostiene. No hale los frutos durante la recolección de la cosecha, ya que puede romper las delicadas ramas de la planta de tomate.
Al final de la temporada de recolección, en otoño, algunos frutos de la tomatera ya no alcanzan la plena madurez. Pero se puede recolectar el fruto inmaduro y envolverlo en papel de periódico o dejarlo madurar en una bolsa de papel en el interior. No se deben comer tomates cuando están verdes (excepto los tomates verdes, claro).