La Arnia, un enclave privilegiado en la costa quebrada de Cantabria, es el escenario perfecto para una experiencia culinaria inolvidable. Este lugar, famoso durante mucho tiempo por la relación calidad-precio de sus productos, ha sabido reinventarse y ofrecer una cocina excepcional, con atención destacada en productos sin gluten y un servicio que invita a volver.
Un Entorno Insuperable y una Cocina que Enamora
El encanto de La Arnia reside en su combinación de mar, acantilados y puestas de sol, que se disfrutan desde sus terrazas. Una descubierta para tomar raciones al aire libre, al sol si el día lo permite, y una terraza cubierta para poder comer, hacen de este lugar un espacio versátil para cualquier ocasión. Las vistas geniales a la playa de La Arnia y un amplio aparcamiento complementan la experiencia.

La cocina de La Arnia se distingue por su calidad. Se puede comer menú del día, raciones variadas y pescado recién capturado, muchas veces proveniente de algún buceador o pescador que sube de faenar. El menú diario y de fin de semana, que consta de tres primeros (uno de cuchara), tres segundos, postre, pan y vino, ofrece una calidad y presentación exquisitas.
La Paella: Protagonista Indiscutible
Entre las delicias que se pueden degustar en La Arnia, la paella de marisco es una de las más recomendadas. En una ocasión, "tomamos paella de marisco y buenísima, con buena cantidad de marisco". La maestría con la que se preparan los arroces es evidente. En una comida familiar, se disfrutó de arroces de pollo de corral y de marisco, ambos servidos "con un detalle que nos encantó: cuatro paelleras repartidas en la mesa redonda, perfectas para compartir, para mirarnos, para disfrutar juntos. El arroz en su punto exacto, ese punto que solo consiguen las cocinas que trabajan con pasión".

Incluso en una comida con un grupo numeroso de 57 personas, el servicio fue impecable y la calidad de la comida, incluyendo varias paellas de diferentes tipos, fue magnífica.
Más Allá de la Paella: Entrantes, Pescados y Postres Caseros
La oferta gastronómica de La Arnia va mucho más allá de sus excelentes paellas. Los entrantes son un preludio perfecto para lo que está por venir. En una visita, se destacaron "rabas tiernas y doradas, croquetas caseras que sabían a hogar y a mimo, y un pudín de cabracho sublime, de esos que obligan a cerrar los ojos para saborearlo bien".
En otra ocasión, se compartieron "unos entrantes, una ensalada de bacalao confitado, producto del régimen de una de las acompañantes, al final resultó estar muy buena". Y para los amantes del pescado fresco, "dos comensales se decidieron por el jargo, con bastante buena pinta, con ajos fritos y patatas, recién pescado, en un muy buen punto".

Los postres caseros son el broche de oro de cualquier comida. "Caseros, recién hechos, irresistibles. Tiramisú, tarta de manzana, tarta de queso… Podríamos haber empezado por ellos y no habría sido ninguna locura". En una comida anterior, se pidieron "dos brownie, un arroz con leche casero y una tarta San Marcos".
Un Ejemplo de Menú del Día
El menú del día de 18 euros ha sorprendido con maravillas culinarias. Recientemente, se disfrutó de "cinco primeros y cinco segundos, con bebida pan y postre por 14€ cada uno". Las alubias blancas con almejas fueron "espectaculares", y otro comensal se decidió por los champiñones al ajillo. La comida casera y el servicio son elogiados, incluso el cocido montañés, que estaba exquisito.
Receta paella valenciana auténtica
Para aquellos con restricciones alimentarias, La Arnia pone "OJO A LAS RABAS SIN GLUTEN", demostrando su compromiso con la atención a los productos sin gluten.
Servicio y Ambiente
El trato en La Arnia es sencillamente exquisito. "Cercano sin invadir, profesional sin frialdad, amable desde el primer minuto". El personal no puede ser más simpático y amable, lo que contribuye a una experiencia muy agradable. La rapidez y amabilidad de la atención son constantes.
La Arnia es, en definitiva, "un sitio para volver, para repetir, para traer a la familia, a los amigos, o para regalarte un momento especial". La combinación de un "sol radiante que parecía abrazar cada rincón, unas vistas que detenían el tiempo… y una comida capaz de reconciliar a cualquiera con la vida" hacen de este lugar una joya en Cantabria.