Los refrescos sin azúcar se han considerado durante mucho tiempo como una alternativa saludable a sus contrapartes azucaradas. Sin embargo, estudios recientes y debates en la comunidad médica están arrojando una nueva luz sobre estas bebidas, sugiriendo que sus riesgos podrían ser mayores de lo que se pensaba.
Historia y percepción de Coca-Cola
Patentada en el siglo XIX como un jarabe medicinal, ya desde entonces con su inconfundible logo, la Coca-Cola ha llegado a convertirse, a lo largo de más de un siglo de historia, en un símbolo. No solo es una de las bebidas sin alcohol más consumidas en todo el mundo, por detrás del té y el café. Es, en el imaginario popular, sinónimo de felicidad, de la mesa familiar, de risas con nuestros seres queridos, e incluso de alegría navideña.
Pero la Coca-Cola es, también, sinónimo de azúcar. A remolque de esta tendencia, los edulcorantes artificiales se han convertido en la solución que permite a muchas personas evitar las consecuencias del azúcar sin tener que renunciar por ello al sabor dulce. Sin embargo, pese a su éxito comercial, estos refrescos «light» o «zero» no están exentos de riesgos y, por eso, nunca han llegado a conquistar a la comunidad médica.

Composición de los refrescos sin azúcar
Los refrescos «light» están compuestos por una mezcla de agua carbonatada, edulcorantes artificiales o naturales, colorantes, saborizantes y otros aditivos, como la esencia de vainilla. El gas es la primera bandera roja.
En la fórmula de estas bebidas podemos encontrar compuestos endulzantes sintéticos como el aspartamo, la sacarina, la sucralosa, u otros naturales extraídos de plantas, como la stevia. Como explica Carolina Mosquera, "la parte buena es que tienen cero calorías. Hay algunos edulcorantes, como la sacarina o el aspartamo, que no tienen calorías. Otros, como los polialcoholes, tienen un poco más."
También están presentes en estas fórmulas ingredientes como el ácido cítrico o el ácido fosfórico, que aportan, precisamente, acidez al sabor de la mezcla y que se han asociado al daño del esmalte dental.
Edulcorantes específicos en Coca-Cola Light y Zero
En cuanto a los tipos de edulcorante, tanto la Coca-Cola Light como la Zero contienen aspartamo, una sustancia que la OMS calificó como posible carcinógeno en el 2023. De todos modos, su uso como endulzante y aditivo alimentario en Europa está permitido y, en general, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) lo considera seguro en las dosis presentes en estas bebidas. La recomendación establecida es no exceder los 40 miligramos de aspartamo por kilogramo de peso.
La Coca-Cola Zero incluye también acesulfamo potásico, un edulcorante que se usa en alimentos, bebidas y productos de higiene bucal y farmacéuticos en gran parte del mundo. Es un compuesto químico aproximadamente 200 veces más dulce que el azúcar. Según los análisis de la OMS, se trata de un edulcorante sin perjuicios para la salud y fue clasificado como sustancia no cancerígena.

¿Ayudan los refrescos sin azúcar a la pérdida de peso?
Si el objetivo es la pérdida de peso, recurrir a las bebidas sin azúcar podría parecer una opción acertada. De hecho, así lo afirma el doctor Spencer Nadolsky, especialista en obesidad y lípidos y director del programa de adelgazamiento Weight Watchers, en Estados Unidos. “Decirle a la gente que siga bebiendo refrescos normales en lugar de refrescos dietéticos es como decirles que sigan fumando en lugar de pasarse a los parches o chicles de nicotina. Telling people to keep drinking regular soda instead of diet soda is like telling people to keep smoking instead of using nicotine patches or gum.It’s dumb.- Dr. Spencer Nadolsky (@DrNadolsky) February 28, 2024”.
Tanto se debatió a raíz de este comentario, que Nadolsky se vio obligado a aclarar que no recibe dinero ni está patrocinado por la industria de los refrescos. Sin embargo, las investigaciones científicas respecto al tema pintan un panorama distinto.
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Dado que muchas de estas bebidas no aportan calorías, el sentido común indicaría que no contribuyen al aumento de peso. ¿Ayudan a no engordar? Puede: te ahorran una media de 140 calorías en comparación con un refresco azucarado, aunque también hay estudios que lo asocian a un aumento de la grasa abdominal.
Estudios contradictorios sobre el peso y la salud metabólica
- Una investigación publicada en American Society for Nutrition halló que el consumo de bebidas endulzadas con edulcorantes aumentaba el riesgo de desarrollar síndrome metabólico cuando el consumo era superior a cinco veces por semana.
- Otro estudio, que se publicó en Nutrients, concluyó que los refrescos sin azúcar tienen «una relación adversa con la salud cardiometabólica», sin importar la edad y la cultura del consumidor, lo que indica que estas bebidas podrían ser perjudiciales por sí solas, más allá del contexto en el que se consuman.
- Más recientemente, un estudio publicado en JAMA analizó los datos de casi medio millón de participantes de diez países europeos con una media de edad de 50 años.
Una de las pegas que se plantean a menudo con esta clase de estudios es que, por lo general, aquellos que toman productos edulcorados lo suelen hacer porque ya tienen peores hábitos alimenticios o sufren obesidad. Por esa razón, nos encontramos con un dilema propio del huevo o la gallina: no está claro si estas bebidas contribuyen a la enfermedad o si los enfermos son más propensos a tomar bebidas con edulcorantes. Esta misma lógica se aplica a los riesgos de desarrollar problemas vasculares en el cerebro o una demencia. En este sentido, expertos y organizaciones de salud advierten de que no se deben tomar conclusiones precipitadas.
Impacto en el cerebro y la salud general
Cómo engañan al cerebro los refrescos sin azúcar
Nuestro organismo asocia de manera biológica el sabor dulce con la ingesta de calorías. Esto hace que se libere insulina para metabolizar la glucosa en sangre. Pero si el sabor es artificial, puede dar lugar a una confusión. Así lo explica Carolina Mosquera: «Cuando la boca percibe un sabor dulce, el cuerpo le dice al cerebro que se prepare para el azúcar. Los efectos de esta 'confusión' todavía no están claros.
Por otro lado, los edulcorantes podrían alterar nuestra respuesta a los estímulos de sabor de manera general. «Como son bebidas con un sabor dulce tan intenso y artificial, el paladar puede acostumbrarse y puede ocurrir que después un alimento como la fruta no te sepa a nada. Esto empeora la calidad de la alimentación.
En un estudio publicado en Physiology & Behavior, se vio que los refrescos endulzados con sacarina activaban los receptores dopaminérgicos del cerebro en mayor medida que las bebidas con azúcar. «Estos hallazgos sugieren que existen alteraciones en el circuito de recompensas encargado de procesar los sabores dulces en los individuos que consumen refrescos «light» de manera regular, y esto se asocia a un mayor grado de consumo.

Riesgos neurológicos
La investigación ha descubierto que aquellos que beben este tipo de refrescos tienen tres veces más de posibilidades de desarrollar una demencia o un derrame cerebral (en concreto de tipo isquémico), en comparación con los que solo toman este tipo de bebidas una vez a la semana. Asimismo, eran casi tres veces más propensos a ser diagnosticados con alzheimer. Lo curioso es que no se ha encontrado ningún vínculo entre estas patologías tan nocivas y las bebidas azucaradas. Para llegar a esta conclusión se analizaron los factores de riesgo de alrededor de 4.300 participantes a lo largo de 10 años.
¿La razón? Los científicos apuntan a un importante mecanismo fisiológico: el consumo de edulcorantes está relacionado con la intolerancia a la glucosa (la incapacidad de las células para absorber azúcar en la sangre, lo que permite su acumulación), que puede allanar el camino para la diabetes.
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La Coca-Cola normal: Un problema de azúcar
En el sitio web de la marca, Coca-Cola especifica que una lata de 330 mililitros de su producto estrella contiene 35 gramos de sacarosa, lo que equivale a 139 calorías (kcal). El gran problema, desde un punto de vista nutricional, es la forma en la que se encuentra este azúcar en la bebida. Así, el organismo la absorbe con mayor facilidad y se producen los temidos picos de glucosa en sangre, que llevan al cuerpo a liberar grandes cantidades de insulina para procesarla. Su objetivo es reducir rápidamente esta glucosa en sangre, ya que si su concentración es muy elevada puede resultar tóxica para los vasos sanguíneos. Para lograrlo, el cuerpo almacena la glucosa en el músculo y, cuando este ya está lleno, en el tejido adiposo, es decir, la grasa.
Los estudios demuestran que esto es así: en una investigación se pidió a un grupo de participantes que bebieran refrescos con azúcar junto con su dieta habitual y se vio que, al hacerlo, acababan consumiendo un 17 % más de calorías que antes. En otro estudio realizado en niños y publicado en la revista Lancet, se halló que beber un vaso de bebida azucarada al día aumentaba en un 60 % el riesgo de obesidad.
La adicción a los refrescos dietéticos
“Fue más fácil que dejar la Coca-Cola Light”, afirmó Walsh, de 38 años, un transportista de muebles desempleado de Kilkenny, Irlanda. Este verano dejó de fumar de un día para otro y sufrió dolores de cabeza terribles, además de sentirse irascible y cansado. “Fue muy duro”, dijo. La aspirina le ayudó a combatir el dolor y, para tener la mente ocupada, dio largos paseos y leyó libros.
Estos son los síntomas clásicos de la adicción, comentó Ashley Gearhardt, profesora asociada del Departamento de Psicología de la Universidad de Míchigan y directora del Laboratorio de Ciencia y Tratamiento de la Alimentación y la Adicción de la facultad. “Las personas pierden el control sobre la sustancia; la consumen, aunque saben que deberían dejarla. Tienen conductas compulsivas. Presentan el síndrome de abstinencia cuando se las retiras”. No es ninguna sorpresa. Las grandes empresas alimentarias han invertido miles de millones para asegurarse de que ansiemos más comida chatarra, señaló Pamela Peeke, profesora adjunta de la Universidad de Maryland y autora de “The Hunger Fix”.
¿Por qué es tan difícil dejarla?
Gearhardt señala dos culpables: el aspartamo y la cafeína. O, para ser más precisos: la adicción al azúcar y a la cafeína. Por separado, son dañinos; juntos, son la pesadilla de un adicto.
Una lata de 355 mililitros de Coca-Cola normal tiene 34 miligramos de cafeína, mientras que la Coca-Cola Light tiene 11 miligramos más, según la empresa. (Una taza de café de 230 mililitros tiene unos 95 miligramos). Los edulcorantes artificiales activan el sistema de recompensa del cerebro, pero solo la mitad que el azúcar normal, según Peeke. El sustituto de azúcar no tiene el mismo efecto que el real, por lo que te hace querer cada vez más. Esto no solo está relacionado con el aumento de peso, sobre todo en el vientre, sino que también provoca antojos. El aspartamo es 200 veces más dulce que el azúcar de mesa.
En septiembre de 2020, a Mindy Beller, de 58 años, editora técnica de una empresa de consultoría medioambiental en Asheville, Carolina del Norte, le diagnosticaron cáncer de mama. Tenía un hábito que incluía ocho latas de Coca-Cola Zero al día y no lo dejó sino hasta después de la cirugía, cuando los médicos detectaron más presencia de cáncer y se dio cuenta de que tendría que someterse a quimioterapia. (Aunque los refrescos dietéticos no se han relacionado de forma concluyente con el cáncer, ella decidió evitar los alimentos poco saludables). Beller utilizó la aplicación Quitzilla, un contador de sobriedad y eliminador de hábitos, que registró su progreso. La dejé de repente, pero no me consideraría un éxito de la noche a la mañana; los primeros días fueron duros. La cabeza me palpitaba por la abstinencia de cafeína y vivía a base de Tylenol. Cuando trabajaba, solía tener siempre una lata de refresco y no podía concentrarme sin ella. Aun así, pienso seguir. El estómago me duele menos, mi gusto por lo dulce no es tan persistente y estoy bastante satisfecha conmigo misma: modifiqué un hábito de toda la vida.
Alternativas saludables
Lo cierto es que los refrescos sin azúcar no aportan ningún beneficio a la salud. Ni siquiera se los puede considerar como alimentos, dado que no contienen nutrientes. En este sentido, la alternativa más eficaz para hidratarse en el día a día no es ni más ni menos que el agua. Si se desea añadir sabor al agua, se puede optar por infusionarla con limón o hierbas. “Incluso un batido de fruta, aunque siempre es mejor la pieza entera, si lo hacemos con la misma cantidad de fruta que comeríamos masticando, no estaría tan mal. Hay que tener en cuenta que en un batido te puedes comer una pera, un plátano y una manzana.”
En todo caso, cuando una persona está dejando de consumir azúcar, los refrescos pueden llegar a funcionar como un paso intermedio en el camino hacia una alimentación saludable. Tam Fry, portavoz del Foro Nacional de la Obesidad, advierte a los consumidores que no se les pase por la cabeza que este tipo de bebidas son sanas: “No te dejes engañar por el uso de la palabra ‘light’.”
