¿Quién no ha olvidado un tetrabrik de leche abierto? ¿O ha dejado el zumo sin tapar? Un despiste lo tiene cualquiera. Sobre todo cuando las consecuencias parecen ser insignificantes. Sin embargo, en cuanto a líquidos, esa indiferencia puede traer graves consecuencias. Lo más probable es que cuando adviertas ese pequeño desliz pienses que no pasa nada y vuelvas a refrigerar el producto. Pero, ¿es esto siempre seguro?
La seguridad de un líquido fuera de la nevera dependerá de sus características fisicoquímicas y microbiológicas, y del tratamiento térmico al que sea sometido. Porque aunque hay algunas bebidas que pueden permanecer días sin estar en frío y no perder sus propiedades, otras pueden llegar incluso a suponer un riesgo para la salud.

El riesgo de los microorganismos
El ejemplo más evidente del peligro de dejar bebidas fuera de la nevera es el de la leche. Lluis Riera, director de la consultora de seguridad alimentaria SAIA, explica que los microorganismos encuentran en un alimento como la leche -líquido y con proteína- el medio ideal para su crecimiento. Si se consume, puede suponer un riesgo. Es crucial conservarla en el refrigerador, porque las bajas temperaturas ralentizan el desarrollo de los microorganismos. En el caso de la leche cruda, que no ha sido sometida a un tratamiento térmico y que puede contener bacterias patógenas incluso aunque el envase esté cerrado, la vida útil puede reducirse aún más.
Con las bebidas vegetales, como las bebidas de soja, de almendras, de arroz o de coco, sucede lo mismo: su alto contenido proteico las convierte en un escenario ideal para el crecimiento bacteriano. Por ello, deben ir en la nevera una vez abiertas.
Bebidas fermentadas y probióticas: atención a la conservación
Las bebidas fermentadas ricas en probióticos, como el kéfir o la kombucha, contienen cultivos y bacterias vivas que se obtienen a partir de diferentes procesos de fermentación y que ayudan a regenerar la flora intestinal. Es precisamente por su composición microbiana por lo que se recomienda siempre conservar estas bebidas probióticas en el refrigerador y ralentizar así su fermentación. Y aunque no hacerlo provoca que, a corto plazo, el producto vaya tornándose cada vez más ácido, con el tiempo sus consecuencias pueden ir más allá del sabor.

Cerveza, vino y sidra: ¿se echan a perder?
Aunque la cerveza, el vino o la sidra son también productos fermentados, las consecuencias de olvidarse una lata o una botella a medias en la mesa del comedor no son iguales que si lo hacemos con las bebidas probióticas. "Este tipo de productos tienen un componente alcohólico importante que hace de conservante y protege de los microorganismos, por lo que se echará a perder muy lentamente", señala un experto. Así, consumir o no estos productos que no se han guardado correctamente es una cuestión de gustos y no tanto de seguridad alimentaria. Donde más se notará el deterioro es en el sabor, sobre todo en el vino, que se volverá agrio.
Zumos y agua: no tan inofensivos
Por norma general, todos los zumos deben ir en la nevera una vez abiertos. "Se evita así el riesgo de que crezcan levaduras", sugiere un especialista. ¿Y qué pasa con el agua? Es probablemente el líquido que más dejamos al descubierto y a temperatura ambiente. Sin embargo, esta sustancia no es inmune a los microorganismos. Si dejamos un vaso o una botella de agua abierta al aire libre durante un fin de semana, lo más probable es que no suceda nada. Pero con el tiempo, "el agua irá cogiendo un color verdoso como consecuencia del crecimiento de algas".
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La Coca-Cola y el misterio del gas
Uno de los principales atractivos de los refrescos es su composición gaseosa. Más que el sabor, los amantes de este tipo de bebidas buscan, sobre todo, la sensación que producen las burbujas en la boca. El gas que llevan las sodas es dióxido de carbono (CO2), que se incorpora disuelto en agua cuando se diluye el producto base. Además, cualquier gaseosa se envasa a una presión mayor que la presión atmosférica, lo que explica que la botella se "desinfla" cuando abrimos la tapa. Una parte del gas disuelto a mayor presión se libera.
Consejos para conservar el gas en la Coca-Cola abierta
Para poder conservar el gas en tu Coca-Cola una vez abierta, presta atención a estos sencillos trucos:
- Siempre guarda la botella en la nevera: Las bajas temperaturas del frigorífico hacen que la energía de las moléculas de CO2 disminuya, dificultando que se libere al exterior. El frío mantendrá el gas dentro de la botella.
- Enrosca la tapa con fuerza: Un truco para asegurarte de que la bebida está bien cerrada es colocarla en la puerta de la nevera boca abajo. Además de garantizar que está sellada correctamente, el gas no tendrá manera de escapar porque en el cuello de la botella de plástico estará el refresco.
- Elimina la mayor parte del aire del interior de la botella: Cuanto menos lugar tiene el aire para expandirse, mejor. A pesar de que no resulta uno de los trucos más estéticos, la efectividad es sorprendente.

Innovaciones en el enfriamiento de bebidas
Fluye por la red la noticia de una nueva apuesta de Coca-Cola para el próximo año: se trata de una botella que al ser abierta, enfría la bebida que contiene. Esto sería la bomba, por un lado tendrías en cualquier momento un refresco fresquito sin necesidad de tenerlo en el frigorífico, y por el otro, evitas la necesidad de ponerle hielo y como consecuencia, una bebida más aguada. Parece ser que el lanzamiento será en el Reino Unido con una nueva bebida llamada Sprite Super Chilled, vaya con el Sprite Super Frío.