El Chocolate Más Caro del Mundo: Un Lujo Exquisito y Exclusivo

El mundo del chocolate, ese delicioso manjar amado en todo el planeta, no solo satisface nuestros antojos, sino que también puede convertirse en un lujo exquisito y costoso. Desde trufas infusionadas con aceite de trufa hasta barras cubiertas con oro comestible, el universo del chocolate de alta gama ofrece experiencias sensoriales únicas.

En Fabelle, estamos extremadamente orgullosos de haber logrado un nuevo desempeño no solo en el mercado indio de chocolate de lujo sino también a nivel mundial. Costando 5,500 € el kilo, las trufas de chocolate de la marca india Fabelle han sido reconocidas en el Libro Guinness de los Récords. Si eres amante del chocolate y no puedes resistirte a comerte alguna que otra onza al día, puede que te lo pensaras dos veces si tuvieras entre tus manos una caja de trufas de chocolate elaborada por una empresa India, que se ha convertido en el chocolate más caro del mundo.

Descubre el chocolate más caro del mundo. Imaginadas por el chef francés con estrellas Michelin, Philippe Conticini, en colaboración con los maestros fabricantes de chocolate de la compañía India Fabelle, las trufas Fabelle Trinity Extraordinaire se venden al precio exorbitante de 4,3 lakhs de rupias o ¡5.500 euros por 1 kilo! La compañía ITC, propietaria de la marca de chocolate Fabelle, ha sido la encargada de lanzar la producción limitada de trufas, Fabelle Trinity Extraordinaire, y nada más hacerlo, se han incluido en el Libro Guinness de los Récords como los chocolates más caros del mundo.

Para aquellos que puedan darse el lujo de poder comprar una de las cajas de trufas que se han puesto a la venta, tienen que saber además que no solo las trufas en sí están deliciosas y son caras, sino que se presentan además en una caja de madera hecha a mano. Cada caja, realizada en edición limitada, contiene 15 trufas que pesan aproximadamente 15 gramos cada una. El precio de una caja es de 1 lakh de rupias en la India, o unos 1.270 euros.

La gama Trinity Truffles Extraordinaire se ha elaborado en tres variantes distintas: The Creator, The Nurturer y The Destroyer. Cada una de ellas ha sido elaborada por el Chef Philippe Conticini y los Maestros Chocolateros de Fabelle utilizando algunos de los ingredientes más raros y los mejores cacaos de origen único en el mundo. Los consumidores y amantes del chocolate podrán tener una experiencia multisensorial y multi-textural a través de este trío de trufas, cada una de las cuales es una expresión de un ingrediente héroe que representa el ciclo de la vida. En este sentido, nos encontramos con el coco que simboliza el comienzo en The Creator, el raro café jamaicano Blue Mountain que se ha utilizado para la trufa Nurturer o el chocolate negro Grand Cru que es el ingrediente estrella en la trufa Destroyer.

El precio del cacao se ha desbocado tras años de malas cosechas en África Occidental, principal zona de cultivo. Productores de esta semilla y consumidores de chocolate afrontamos un horizonte sombrío. De continuar esta tendencia, dice Nikita Harwich, uno de los máximos estudiosos de este producto, solo sobrevivirán algunas marcas de lujo, y los grandes fabricantes se verán abocados a reducir la cantidad de cacao o, incluso, a sustituirlo por aroma artificial.

Está comprobado que en etapas de crisis aumenta el consumo de chocolate, el más dulce de los antidepresivos. Ya ocurrió en 2008 y a Harwich, historiador y economista francovenezolano, no le sorprendió. De hecho, las barritas de Mars o KitKat nacieron durante la Depresión del 29 para saciar el hambre y la pena de los estadounidenses por un módico precio. Todo apunta, sin embargo, a que en la próxima convulsión tendremos que buscar otro consuelo, porque estamos ante el chocolate más caro de la historia. La tonelada de cacao ha pasado de 1.800 euros en 2022 a 11.000 el pasado diciembre. Ahora ronda unos inestables 7.000 euros. La modesta haba de cacao se codea con las materias primas más cotizadas. La cadena mundial de suministro ha enloquecido. En España, según el INE, el precio del chocolate ha subido casi un 25% en solo un año.

"Las sequías y el fenómeno de El Niño han afectado a Costa de Marfil, Ghana, Camerún y Nigeria, que producen casi el 80% del cacao mundial. Hay menos oferta y una demanda creciente", explica Harwich. Y más allá del calentamiento global, el modelo intensivo de explotación africano es insostenible. "A la deforestación provocada por la siembra de cacaoteros se une el trabajo infantil. Se calcula que hay un millón de menores trabajando en las plantaciones de Costa de Marfil y Ghana, a pesar de las denuncias".

Pero ni siquiera así el cultivo del cacao, que se realiza en pequeñas explotaciones familiares, resulta rentable. Las autoridades fijan los precios y controlan la comercialización. El resultado: corrupción rampante, falta de innovación y agricultores mal pagados. De ahí que estén abandonando el cacao para dedicarse al caucho, al coco o, incluso, a la minería ilegal de oro, que los intermediarios chinos promueven en Ghana.

Al otro lado del Atlántico, América Latina, cuna del cacao, se despereza. "Están ganando parte del terreno que perdieron a favor de la producción africana a principios del siglo XX", afirma Harwich. "Ecuador hoy es el segundo exportador mundial. Brasil, que perdió el 80% de los cacaoteros en los años 80 por una enfermedad, está recuperándose. En los últimos 30 años ha habido un repunte en América Central, México, Colombia y nuevos países productores como Perú".

Mapa de las regiones productoras de cacao en el mundo

Los agricultores evitan la deforestación con el resiembra, tal y como se hacía en el periodo colonial. Aunque la planta es originaria del Orinoco y el Amazonas, fueron los olmecas quienes iniciaron el cultivo sistemático del cacaotero hace unos 3.500 años, en la zona que hoy es el sur de México y Guatemala. Muchos siglos después, los aztecas recibían el valioso cacao como tributo de los mayas y otros pueblos sometidos.

Con la conquista llegó a la península. "El primer envío de cacao, anotado como tal, llega a Sevilla en 1585. Pero hubo conventos que recibieron muestras desde mucho antes, porque las órdenes religiosas hacían investigación botánica", cuenta el historiador. Fray Bartolomé de Olmedo, que acompañaba a Cortés, envió en 1530 al Monasterio de Piedra, en Zaragoza, unas muestras de almendras de cacao y la receta de cómo prepararlo. "Según la leyenda fue ahí donde se probó por primera vez el chocolate en Europa. Otros dicen que fue más tarde, hacia 1540, cuando Bartolomé de las Casas, desde Chiapas, organizó la visita de un cacique maya a la Corte de los Austrias. Vaya usted a saber".

El chocolate que tomaban los pueblos precolombinos era amargo, mezclado con especias, sobre todo con ají. "A veces lo endulzaban con vainilla, pero para el paladar europeo aquello no era nada atractivo. Al parecer unas monjas carmelitas de un convento de Oaxaca tuvieron la feliz idea de agregarle azúcar, y ahí sí se volvió una bebida muy consumida por la población criolla de Nueva España". Todavía hoy se vende en la zona un chocolate áspero y rotundo, en el que se perciben los granos de azúcar, que después se prepara con agua, no con leche, como en Europa.

Españoles y portugueses se apresuraron a llevar el cacao centroamericano a Filipinas, Indonesia (Java y Sumatra) y Ceilán. A África llegó tarde, en el siglo XIX, de la mano de unos traficantes de esclavos brasileños que temían que, después de la independencia, Brasil prohibiera la trata negrera. El cacao que llevaron es de la variedad forastero, más resistente a las enfermedades, de mayor rendimiento, pero de calidad inferior. El cacao americano es el criollo, el más fino, pero apenas representa el 5% de la producción mundial. "Desde el siglo XVIII, los chocolates industriales se fabrican con forastero, y para mejorar el aroma se mezcla con criollo o trinitario, un híbrido de los dos", explica Harwich.

Planta de cacao con frutos

La escalada de precios del cacao no afecta por igual a los productores de chocolate, un sector donde coexisten las multinacionales con el fabricante artesanal y con las exclusivas marcas de lujo. "La industria chocolatera mundial está en manos de cinco grandes fabricantes: la suiza Nestlé, la italiana Ferrero y tres gringas: Mars, Mondelez Internacional (antigua Kraft) y Hershey. Ellas compran la pasta de cacao a empresas intermediarias, como Barry Callebout, Olam o Cargill, que tienen sus plantas de procesamiento en los países africanos. Allí se encargan de la fermentación, que es fundamental para obtener un cacao de calidad, el secado, la torrefacción y la molienda", explica Harwich.

Esas grandes multinacionales se enfrentan a una alternativa: "O incrementan el precio, pero hasta cierto límite, o reducen la cantidad de manteca de cacao y meten otras cosas, como hizo Ferrero con Nutella, o como hace Mars con sus barritas". De momento, marcas importantes, como Nestlé y Lindt, siguen usando pura manteca de cacao. "Hay que reconocerlo, pero no sabemos por cuánto tiempo".

Tampoco los chocolateros de lujo, esos cuyas tiendas se confunden con joyerías, corren peligro. "Ellos tienen su mercado y francamente, el que compra unos bombones en casa Marcolini por 40 o 50 euros no tiene problemas. Claro, los pruebas y puedes levitar, pero son costosísimos".

Los más castigados por el alza de los precios son el productor mediano y el fabricante artesanal. Aquellos que en las últimas décadas han desarrollado un chocolate con denominación de origen, por país, región e incluso hacienda. "No es el chocolate que encuentras en el supermercado, es más caro y el volumen de producción es pequeño, pero significativo". Harwich menciona también el movimiento "bean to bar", es decir, del haba a la tableta, que implica la compra directa del fabricante al productor y el control de todo el proceso.

Tristemente, quienes se esmeran en el cultivo y en la fabricación artesanal se enfrentan a una mayor incertidumbre. "Por ejemplo, algunos productores de cacao fino y de aroma en América Latina recibían un premio que reconocía su valor añadido; la calidad del grano, el tiempo de fermentación, las horas de trabajo, o la producción orgánica. Ahora, con los precios tan altos, ese bonus ya no se está pagando".

"Es imposible tener una tarta de chocolate con sabor aceptable con cacao de más del 75%. Más allá de ese porcentaje es esnobismo", Nikita Harwich.

Además de experto teórico, Harwich es también un catador consumado. Y desvela dónde están los mejores chocolateros: "Inicialmente fueron los italianos, pero eso decayó. Después vinieron los belgas, pero, a mi modo de ver, le ponen demasiada azúcar. Después los franceses, que iniciaron escuelas de formación a las que acudieron japoneses y taiwaneses. Y hoy día hay chocolateros japoneses excelentes, algunos se han instalado en Francia y tienen un éxito rotundo. Y yo diría que el estilo japonés influye mucho en el arte de la chocolatería en el uso de los colores, la presentación".

Llama la atención la paradoja española. Pese a ser el introductor del cacao en Europa, España no destaca ni como fabricante de chocolate, ni como cliente: junto a portugueses y griegos, los españoles estamos a la cola en el consumo en la Unión Europea, donde cada persona se zampa una media de dos kilos de chocolate al año. Los más aficionados son suizos, austriacos y alemanes. "España dominó el consumo de chocolate en la Europa del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial. Después ya decayó, pese a que Cataluña desarrolló desde fines del siglo XVIII una industria de bombonería importante. Aquí la gran especialidad es el chocolate de taza".

En este punto Nikita Harwich se anima a desvelar sus chocolates favoritos. "Uno extraordinario es el chocolate de Piura, en Perú. Es un cacao que se llama porcelana, blanco por dentro, que originalmente viene de Venezuela. Hay ciertas cosas que hace Pierre Marcolini que son fantásticas. Y los chocolates más increíbles que he probado recientemente los hace un chino de Taiwán, que se llama Yu. Utiliza en sus bombones nueces y especias locales. Si los chinos invaden Taiwán espero que lo dejen tranquilo".

¿Y qué porcentaje de cacao recomienda? "En general el chocolate de repostería no debe pasar del 70%, es decir, 70% de manteca de cacao y 30% de azúcar. Ahora hay puristas que dicen que hay que usar 90%... Mire, es imposible tener una tarta de chocolate con sabor aceptable con cacao de más del 75%. Más allá de ese porcentaje es esnobismo".

Volviendo a la amarga realidad de las cifras económicas y del descabalado mercado global del cacao, Harwich tiene la esperanza puesta en Asia como relevo eventual de África occidental. "Uganda, Tanzania y Madagascar están produciendo buen cacao, pero yo tengo mucha fe en Asia, por las condiciones climatológicas y la mano de obra cualificada. Indonesia, por ejemplo, se ha convertido en uno de los cinco grandes productores mundiales de cacao trinitario y criollo, sobre todo en la isla de Sulawei (Célebes). Hay una población allí, los bugis, que se ha especializado en el cacao y mantiene una alta producción dentro de unos límites de deforestación tolerables. Y también Java y en Sumatra. Vietnam ha iniciado con cierto éxito una producción de cacao como cultivo anexo a otras siembras y además fabrica un chocolate de muy buena calidad".

Con todo, Harwich se declara preocupado. "Si hay otra cosecha desastrosa en Costa de Marfil, las cosas van a ir a peor. Nadie lo puede predecir, pero tal y como está el calentamiento global, soy pesimista sobre el futuro. El consumidor común y corriente no se da cuenta, pero es perfectamente factible que si siguen así los precios y las dificultades de producción, simplemente se elimine el cacao y se utilice aroma artificial, que ya existe. Se venderán productos con 'sabor a chocolate' y ya está. Ahí se acabó".

La historia del chocolate - Deanna Pucciarelli

El chocolate más caro del mundo no es solo un capricho; es el To’ak. Hay chocolates buenos, chocolates excelentes y luego está esta marca: una categoría propia que convierte una tableta de 50 gramos en un objeto de lujo comparable a un vino de colección o un perfume de alta gama. ¿Qué tiene este chocolate que no tenga ningún otro? El precio del To’ak varía según la edición y el año de cosecha, pero para dar una referencia: una tableta de 50 gramos puede oscilar entre los 260 y los 500 euros en sus ediciones más exclusivas, las envejecidas en barricas de whisky, coñac o vino. Para ponerlo en perspectiva: el chocolate de calidad premium habitual ronda los 5-15 euros por 100 gramos.

La marca To’ak fue fundada en 2007 por dos investigadores estadounidenses que llevaban años estudiando las propiedades del cacao ecuatoriano. El cacao que crece en esta zona no es cualquier variedad: es el cacao Nacional, también conocido como cacao Arriba o cacao Fino de Aroma, considerado por los expertos como uno de los cacaos más complejos y apreciados del mundo. Cultivo 100% ecológico: los agricultores locales no utilizan fertilizantes ni pesticidas químicos. Una vez cosechadas las habas de cacao, los agricultores las venden a To’ak, que aplica el primer gran filtro de calidad: solo el 30% de las habas recibidas supera el proceso de selección. El transporte desde Piedra de Plata hasta Quito -donde se realiza el procesado final- se efectúa en furgones frigoríficos con control de temperatura y condiciones atmosféricas. En Quito, el cacao pasa por el proceso de tueste, descascarillado y molienda. En esta fase se eliminan los sabores ácidos residuales sin sacrificar los compuestos aromáticos que hacen único al grano. El chocolate se deja reposar durante meses en barricas que han contenido previamente whisky escocés, coñac, ron añejo o vinos de Oporto. La experiencia del To’ak comienza mucho antes de probar el chocolate. El conjunto está diseñado para que la experiencia de recibir y abrir un To’ak sea tan memorable como el propio sabor del chocolate. Lo que une a estos chocolates no es solo el precio: es el origen trazable del cacao, el proceso artesanal y la limitación de la producción.

¿Pagarías 350 euros por un kilo del chocolate más caro del mundo? Que el chocolate es todo un lujo para el paladar es algo en lo que todos estamos de acuerdo, ¿pero verdaderamente se trata de un lujo que vale los 350 euros el kilo que cuestan algunos de estos chocolates? Está claro que si tienen este precio es porque hay personas dispuestas a pagar por ello, pero probablemente, para la mayoría de los mortales será un precio que se nos escape de nuestro bolsillo. Cuando hablamos de 350 euros por un kilo de chocolate nos estamos refiriendo a esta marca en concreto. Noka chocolate es probablemente el chocolate más caro del mundo. Si buscas algo más ‘barato’, te recomendamos Richart Chocolate por el módico precio de 280 euros el kilo. Probablemente sea uno de los mejores chocolates del mundo.

Godiva lanzó una colección de chocolates con el sobrenombre de Godiva G Collection, una selección de chocolates que contaba con ingredientes tan exclusivos como la miel de Tasmania o el chocolate picante de Mexico. Otro de los maestros chocolateros más importantes con uno de los chocolates más caros del mundo. Pierre Marcolini se caracteriza por la mezcla de sabores, texturas y formas en todas sus creaciones.

Caja de bombones de lujo

El suizo Alain Mettler figura, desde 2019, en el Libro Guinness de los récords como el autor del chocolate más caro del mundo. Una tableta de 80 gramos de esta obra maestra de la repostería bautizada como ‘La Chuorsa’, supera la friolera de los 600 euros. Pero ¿de qué rayos está elaborado este chocolate? Está más que demostrado que el chocolate marida muy bien con el lujo. Qué duda cabe de que se trata de un producto que, tanto por su composición como por su textura y sabor, se asocia inevitablemente con el placer. Hasta la fecha, el chocolate que ostenta el título oficial de ‘más caro del mundo’ (con su récord Guinness como credencial), nació de la mente creativa de uno de los socios gerentes de la firma suiza Attimo Chocolate, especializada en regalos corporativos excepcionales y totalmente personalizados. Alain Mettler, joven ejecutivo de la empresa con ganas de triunfar, se propuso crear un chocolate sublime… sin escatimar en gastos.

‘La Chuorsa’ se elabora en el pequeño pueblo suizo de Mund (cantón Valais) de tan solo 500 habitantes. En esta pequeña localidad se cultiva un azafrán de lo más exclusivo. Debido al clima de gran altitud, los hilos rojos secos de las flores de azafrán de Mund son hasta cuatro veces más sabrosos que los procedentes de otros lugares del planeta. Según el año, su producción oscila entre uno y cuatro kilos. Pero, no se vayan todavía… porque hay más. En Chuao, pueblo considerado como ‘el bendecido valle’ de las costas aragüeñas y que debe su nombre al vocablo indígena que referencia al ‘agua’, se cultiva el grano de cacao de una manera totalmente ancestral. Esto hace que su cosecha sea muy limitada. Se calcula que al año solo se produce un total aproximado de 25 toneladas de cacao, convirtiéndolo en un fruto excepcional y escaso para el mercado chocolatero. Parece ser que, el cacao que se produce en las tierras húmedas del valle de Chuao, se ha mantenido como uno de los preferidos por los chocolateros de todo el planeta. Tanto sus características organolépticas, como su aroma y sabor, son resultado de la condición agroclimática de esta zona, muy cercana a la costa. En cuanto a su aroma, estas habas de cacao tienen un alto nivel de fragancia con esencias florales como naranjo, mandarinas y notas afrutadas. Y en cuanto a su textura, ofrecen una sensación cremosa, suave y aterciopelada.

Aunque el récord Guinness haya coronado a Attimo Chocolate, otras creaciones aún más ostentosas y lujosas han emergido en el mundo de los chocolates de élite. Le Chocolate Box o Frozen Haute Chocolate son dos ejemplos de este lujo sin límites. El primero, con sus zafiros, esmeraldas y joyas incrustadas en cada bocado, alcanza la increíble cifra de 1.4 millones de euros. Mientras tanto, el segundo, una obra maestra creada por el propietario de Serendipity 3, Stephen Bruce, ha sido reconocido por el Libro Guinness como el postre más caro del mundo, con un valor de 23.244 euros. Pero la lista no termina ahí. El chocolatero libanés Patchi, en colaboración con la mítica firma Harrods, ha creado una caja de 49 piezas de chocolate adornada con seda india, oro y brillantes tachuelas Swarovski. Y para los amantes de los huevos de Pascua, existe una opción que quita el aliento: el ‘Golden Speckled Chocolate’. Este huevo de chocolate de más de un metro de altura, elaborado por siete maestros chocolateros, está decorado con motas de oro de 24 quilates. Además, cuenta con 12 huevos de chocolate de menor tamaño, 20 barras de chocolate y cinco flores de chocolate blanco. Desde luego, el chocolate siempre ha sido considerado un placer culinario, pero estas creaciones extraordinarias llevan ese placer a otro nivel.

Ni Willy Wonka lo imaginó, pero el chocolate más caro del mundo no surge entre ríos de caramelo ni viene con un boleto dorado. Se llama To’ak, proviene de Ecuador y su precio es de cientos de dólares por una sola barra de 50 gramos. El lujoso producto es una creación de To’ak, una compañía surgida de un proyecto de conservación forestal. Para producir cada chocolate es necesario el uso de Cacao Arriba, Nacional o Fino de Aroma, una variedad de cacao codiciada por la calidad de su aroma y sabor. Cada producto nace de un meticuloso proceso artesanal, que incluye un sofisticado empaque de madera, lo que justifica sus elevados costos. Por ejemplo, una barra de 50 gramos de su línea Masters Series, elaborada únicamente con cacao y azúcar de caña, se presenta en una caja de madera de olmo y cuesta US$490.

La calidad es tal, que el sitio de la empresa permite descargar una guía para realizar maridajes del chocolate con vinos, champaña y quesos. La empresa, que ofrece otros productos como tés y chocolate en polvo, ha catalogado su creación maestra como “el primer chocolate de lujo del mundo”. “Queríamos romper con la percepción del siglo XX del chocolate como un simple dulce”, escribió Jerry Toth, uno de los fundadores, en el sitio de la compañía. La ecuatoriana Denisse Valencia y el austriaco Carl Schweizer completan el trío fundador. “Nos gusta decir que nuestra misión es elevar el chocolate al nivel del vino”, agregó Toth, quien se convirtió en agricultor de cacao luego de desempeñarse como conservacionista de bosques tropicales.

El lujo de To’ak no reside solo en sus ingredientes, sino en un riguroso proceso que se desarrolla “desde el árbol hasta la barra” en Ecuador. Su origen está en la región montañosa del valle de Piedra de Plata, al oeste del país, reconocida mundialmente por la calidad del cacao. Allí, experimentados agricultores locales participan en todo el proceso, desde el cultivo hasta la cosecha, cuidando cada detalle que influye en el sabor como las condiciones del terreno y el clima. Por ello, ninguna barra es igual, ya que las cosechas varían temporada tras temporada, explica la compañía. Otro de los elementos más distintivos de este lujoso chocolate, es el uso de una clase de Cacao Arriba o Nacional, “la variedad más antigua y rara de cacao del mundo”. Esta especie se creía extinta hasta 2013, cuando Toth y un equipo encontraron arboledas de este cacao. Solo algunos ejemplares fueron identificados como “100% puro Nacional”, de acuerdo con un estudio realizado en colaboración con el Heirloom Cacao Preservation Fund (HCP), organismo dedicado a conservar el cacao tradicional y fortalecer la cadena de suministro. Cada barra del lujoso chocolate se elabora exclusivamente con ese cacao, que se tuesta, se descascara y se muele hasta obtener trocitos pequeños conocidos como nibs, que luego se mezclan con azúcar de caña. El proceso continúa con el batido o “conchado”, que puede durar varios días para obtener una fusión equilibrada de los ingredientes a temperatura controlada. La creación de los chocolates culmina con el añejamiento del chocolate, pues con el paso del tiempo el perfil del sabor cambia.

Tableta de chocolate To'ak

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