De entre los numerosos mitos que existen alrededor de la lactancia materna, varios tienen que ver con el sabor de la leche. ¿Hay alimentos que hacen que la leche sepa peor y le guste menos al bebé? O, por el contrario, si la madre aumenta el consumo de determinados alimentos, ¿estará su leche más rica y el niño beberá más? Si la mujer toma una gran variedad de alimentos, ¿su hijo aceptará mejor los nuevos sabores cuando empiece a comer otros alimentos? En este artículo, abordamos qué compuestos modifican el sabor de la leche y cómo influye la leche materna en la alimentación posterior del niño.
La leche materna: un fluido en constante evolución
La leche humana no es un fluido que sea siempre idéntico ni homogéneo. La composición de la leche materna varía constantemente, adaptándose a las necesidades del bebé. Pero ¿su sabor es siempre el mismo? No, el sabor de la leche materna tiene fluctuaciones atribuibles a esos cambios de composición (con más o menos grasa, más o menos concentrada…) y también a los compuestos responsables del sabor presentes en la dieta de la madre.
La leche materna no tiene un sabor estándar; es cambiante y sorprendente. Todos los alimentos que la madre consume suelen tener compuestos volátiles que llegan a la leche y la “saborizan”.

Compuestos que modifican el sabor de la leche
Los terpenos contenidos en muchas frutas y hortalizas, así como las especias, son algunos de los compuestos que pueden pasar a la leche materna. También la cantidad de lactosa está muy vinculada al sabor más o menos dulce de la leche, y la presencia de compuestos amargos como la urea pueden influir.
Por tanto, los compuestos volátiles que aportan sabor y aroma a los alimentos pueden pasar a la leche materna, pero de manera selectiva y en cantidades muy bajas y, además, con una importante variación de una mujer a otra.
Alimentos que pueden alterar el sabor de la leche materna
Tradicionalmente, se ha creído que ciertos alimentos deben evitarse para no "estropear" el sabor de la leche. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que a los bebés les gusta la variedad y maman con más interés si la leche sabe a algo diferente.
- Ajo: Estudios demuestran que el ajo, en cantidades suficientes, altera tanto el olor como el sabor de la leche. Curiosamente, la mayoría de bebés se sentían más atraídos por lactar cuando la intensidad del ajo era mayor.
- Cebolla y puerro: Tienen un efecto muy similar al del ajo debido a la presencia de sulfuro alílico. El olor y el sabor, en caso de no gustar al bebé, desaparecen en unas horas.
- Espárragos: Contienen asparagina, responsable del cambio de olor y sabor.
- Crucíferas (coles, brócoli, coliflores, etc.): Pueden saborizar la leche, pero no hay constancia de que ello influya en su aceptación por parte del pequeño. En cambio, sí pueden afectar a algunos niños con la aparición de cólicos.
- Chocolate: También puede saborizar la leche.
- Pimiento: De cualquier color.
- Especias picantes y condimentos fuertes: También pueden alterar el sabor de la leche.
No hay necesidad de evitar ningún alimento solo porque cambie el sabor de la leche o produzca gases a la madre, ya que esto no tiene por qué tener ningún efecto negativo ni sobre el bebé ni sobre la continuidad de la lactancia.

Variaciones naturales en el sabor de la leche materna
Independientemente de la dieta de la madre, la leche materna experimenta variaciones de sabor y olor sin que esto se considere un inconveniente para que el bebé la tome. De hecho, el bebé agradece la variedad de sabores y esto le invita a lactar con más ganas.
- Calostro: La primera leche que toma el bebé, producida a lo largo del embarazo, es algo salada porque aún contiene poca lactosa.
- Mastitis: Si la madre padece mastitis, la leche puede seguir salada, y en algunos casos provoca rechazo, pero solo de manera temporal.
- Leche extraída: Cuando la leche se extrae del pecho y se da posteriormente en biberón, también cambia de sabor. La lipasa, una enzima propia de la leche humana, se encarga de fragmentar la grasa de la leche para que sea más digerible para el bebé.
- Embarazo: Si la madre está nuevamente embarazada, el sabor de la leche puede volverse más salado, lo que a menudo es detectado por los bebés antes de que la madre lo sepa. Esto puede hacer que el bebé rechace el pecho.
- Inicio y destete de la lactancia: El sabor de la leche también puede ser más salado durante el inicio de la lactancia y en el destete.
En el caso de que el sabor salado esté causado por una mastitis, a medida que esta se resuelva, la leche volverá a tener el sabor habitual.
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La influencia de la leche materna en la alimentación posterior
La leche humana contiene partículas que producen efectos químico-sensoriales en los bebés y que, además, se relacionan con su aceptación posterior de nuevos alimentos. Lo interesante es que esto no solo sucede con sabores habituales en la dieta de la madre, sino que los bebés alimentados con lactancia materna aceptan mejor incluso sabores de alimentos que la madre no consumía.
Los pequeños alimentados con leche de fórmula, en cambio, no experimentan esas variaciones de sabor, textura y composición durante el periodo de lactancia exclusiva; su alimento es siempre igual y no tienen, en consecuencia, esa ventaja adaptativa.
Esa variedad de sabores que va experimentando el bebé durante sus primeros 6 meses de lactancia materna exclusiva va preparando su paladar y, como consecuencia, tendrá una mayor aceptación de la diversidad de sólidos que recibirá cuando inicie su alimentación complementaria.
Recomendaciones dietéticas para la madre lactante
Según el Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría (AEP), la lactancia no exige ningún tipo de dieta especial para la madre, más allá del sentido común. Una dieta sana y variada, sin contaminantes ni exceso de aditivos, es todo lo que una mujer necesita para llevar adelante una lactancia beneficiosa para ella y el bebé.
Aunque la dieta de la madre varía el sabor de la leche, no es posible establecer un patrón claro dieta-sabor. Además de las variaciones individuales de cada mujer, esto depende de más factores, como la cantidad de alimento consumido, el resto de la dieta, la composición nutricional de la leche en ese momento, etc. Por esta razón, no hay motivo para dar consejo dietético a las mujeres lactantes en función de que su ingesta afectará o no al sabor de la leche y a su aceptación por parte del bebé.
Evidentemente, si hay algún tipo de enfermedad o déficit nutricional será necesario que el médico haga recomendaciones concretas, como podrían ser los suplementos alimenticios. Pero esto no implica que haya alimentos obligatorios durante la lactancia. Comer de manera equilibrada, evitar la sensación de hambre y no caer en los alimentos que no se recomiendan en ninguna otra etapa de la vida, como los dulces en exceso o los alimentos ultraprocesados, es más que suficiente.

Cuando un alimento causa molestias al bebé
Solo cuando percibimos molestias en el bebé, como vómitos, diarreas, erupciones o rechazo de la leche tras comer un alimento de manera repetida, es cuando debemos eliminarlo de la dieta. Si observas alguna de estas reacciones, recuerda y toma nota de lo que has consumido en las últimas horas. Si vuelves a consumirlo y se repite la reacción, disminuye o evita su consumo cuando estés próxima a amamantar.
Es importante recordar que la lactancia materna es siempre la mejor opción y debería ser exclusiva hasta los seis meses. Llevar a cabo la lactancia materna no es imprescindible, ya que en ocasiones no es posible o la madre decide libremente no llevarla a cabo. Pero si estás dando el pecho a tu bebé, una alimentación variada y saludable repercute de manera positiva en ella y en su bebé, ya que se nutre de ella.