La festividad de la Epifanía, o de los Reyes Magos, el 6 de enero, ha sido desde hace siglos una noche mágica y repleta de ilusiones para los niños. En este marco festivo, Navarra alberga una curiosa costumbre, cargada de humanidad, que se remonta al siglo XIII: la coronación del Rey de la Faba. Esta antigua institución de la Corte Real de Navarra, instituida por nuestros reyes, coronaba un niño pobre y lo obsequiaba y agasajaba como si de un monarca se tratase.
El origen de esta fiesta cortesana y popular se remonta al reinado de la Casa de Champaña, que trajo, por medio de Teobaldo I (1234-1253), las costumbres y refinamientos de la Corte de Francia. Parece ser que esta tradición es una versión cristiana de una institución parecida que se celebraba en la antigua Roma durante las fiestas en honor del dios Saturno, y la misma que, durante la Revolución Francesa, fue declarada "antirrevolucionaria".
Orígenes y Ceremonial Antiguo
Teobaldo I reunía en su palacio, en Olite, a aquellos niños que carecían de recursos y les agasajaba con una suculenta y generosa merienda. Al final de la misma, se sacaba un rosco grande que en su interior llevaba oculta un haba, origen este del nombre de la fiesta. El niño que encontraba el haba en su porción de pastel era el afortunado. Era riquísimamente vestido y solemnemente coronado, en ceremonia parecida a la verdadera entronización de los soberanos navarros, como "Rey de la Faba".
El día de Reyes, allí donde se encontraran el rey y la Corte, corrientemente en el Alcázar de Olite, se reunía a un grupo de niños pobres, generalmente hijos de servidores de Palacio, y se les daba a comer una tarta que contenía en su interior un haba. El niño que encontraba el haba en su porción de pastel era el afortunado, recibiendo en la corte, aquel día 6 de enero, los honores de rey, además de ser premiado con dinero y con no pocas cargas de trigo que aliviaban sus necesidades y las de toda su familia.

Transcurría la jornada del mozo entre un banquete y gran número de festejos de Corte, en la que convivía el muchacho con los notables del reino y los propios reyes durante todo el día, al final del cual recibía regalos y dinero de manos de los monarcas. Esta fiesta, a la que hay constancia asistía la Corte en pleno e incluso representantes extranjeros a la sazón en Navarra, era una institución entre caritativa y pagana diversión de los caballeros y magnates cortesanos.
El "Rey de la Faba" se celebró, además de en Olite, en las más importantes ciudades del Reino, como Pamplona (1439), Sangüesa (1413), Tafalla (1424), Estella (1381) y Tudela (1423), cambiando asimismo de nombre a través de las épocas. En un documento de 1381 es denominado "el petit Rey". Entre 1381 y 1439 se coronaron Reyes de la Faba en localidades como Pamplona, Sangüesa, Puente la Reina, Tafalla, Estella, Olite o Tudela.
Al margen de esta curiosa tradición, en Navarra existe otra costumbre todavía más añeja que la del haba, de la que se han conservado en los archivos el ceremonial completo de la coronación en la Catedral de Pamplona del rey Carlos III el Noble, el mismo monarca que hizo construir, entre 1399 y 1414, el Palacio Real de Olite (actual castillo), y el mismo que en 1407 creó la merindad de Olite.
Los que comenzaron a representar la coronación del Rey de la Faba como se hacía con los reyes de Navarra fueron el Archivo Real y General de Navarra. La coronación del Rey de la Faba se desarrollaba antiguamente en el real Alcázar de Olite. En esta ceremonia, se le decía al rey: "jurará a vos lo que a los dictos vuestros predecesores juró", y "mantener los Fueros de Navarra con todo su poder", y "franquezas e libertades que cada uno de nos habemos". En la Unción, como elegido del Señor, se le decía: "ha dado para que lo rijáis y gobernéis, y así lleguéis al reino Eterno. Amén". Y también: "el cetro de oro, se ceñirá la espada de tal manera que merezcáis reinar sin fin en el reino celestial. Amén". Nuestros antecesores fueron coronados. El tocado volvía al interior del templo para ser coronado.
El Rey de la Faba celebra cien años con poderes reales
La Celebración Moderna: Resurgimiento y Carácter Itinerante
La historia moderna del Rey de la Faba comienza en 1920. Aquel año, la fiesta tuvo lugar en el Círculo Carlista de la plaza del Castillo de Pamplona, y fue nombrado rey el hijo de un socio necesitado. La sede de aquella primera ceremonia fue el Círculo Carlista, en el primer piso del número 2 de la plaza del Castillo (en la esquina de La Perla). Aquella amplia sala quedó reconvertida en improvisado Salón del Trono, donde un niño, hijo de algún socio carlista, fue alzado sobre el pavés. Aquella ceremonia se repitió año tras año en aquel local, hasta que en 1931 Baleztena fundó la peña Muthiko Alaiak, delegando a partir de entonces en esta peña la organización de este acto, como así se viene haciendo desde entonces.
Se observa alguna excepción, como es el caso del año 1954, en el que la organización de esta fiesta recayó en la Real Cofradía del Gallico de San Cernin, que ese 6 de enero nombró y coronó Rey de la Faba a un asilado de la Misericordia. El 6 de enero de 1955, también de la mano de la Real Cofradía del Gallico de San Cernin, la coronación del Rey de la Faba se celebró en el pamplonés Hotel Maisonnave, a las seis y media de la tarde. La nueva etapa trajo consigo un pequeño cambio: los niños que optarían a ser elegidos Rey de la Faba habrían de ser de la Santa Casa de la Misericordia.
En 1964, se produjo un cambio especialmente importante: los Muthikos decidieron sacar la ceremonia de sus locales y hacerla, mucho más vistosa, en el castillo de Olite; era obligado, por pura fidelidad a la historia, empezar en esta localidad. Sin embargo, el fuerte viento que se levantó aquel día de Reyes dio al traste con buena parte del esfuerzo del Muthiko Alaiak, que, no obstante, recibió los elogios del director de Diario de Navarra. Acudieron diputados y consejeros forales a aquella primera edición de la fiesta itinerante del Rey de la Faba, y según recuerdan quienes asistieron, fue una gélida celebración. Al final del acto el presidente del Muthiko, Manolo García, pidió un donativo para abrir una cartilla al Rey de la Faba, José Luis Crespo Pérez, y a su paje real José Armando Los Arcos Vidaurre, ambos de la Casa de Misericordia. La recaudación comenzó por los diputados forales que estaban allí presentes.
Han pasado cincuenta años del inicio de esta fiesta con su carácter itinerante. De norte a sur, de este a oeste, siempre de la mano del Muthiko Alaiak, esta ceremonia histórica ha recorrido toda Navarra, todas sus merindades. Se busca que la fiesta del Rey de la Faba, fiel a su creación por Baleztena, siga siendo una lección escenificada de historia, siga despertando el orgullo de ser navarros, siga siendo un acto popular de lealtad a quienes leales han sido al viejo reino y a sus Fueros; y el próximo sábado, se busca también que sea un homenaje a los vecinos de Olite, actuales y pasados, a todas las generaciones que durante siglos han dado vida a esta ciudad, a esta corte del reino. Olite rezuma historia por los cuatro costados, y esa historia hay que conocerla, hay que transmitirla, y además con sano orgullo. Son cincuenta años, cincuenta reyes, cincuenta emotivas tardes, y una única causa: la historia del viejo reino de Navarra vivida en la ilusión de los niños.
El Rey de la Faba en la Actualidad
En la actualidad, esta bella tradición, que ha quedado en pie, se sigue recogiendo. El día de La Epifanía, el rey invitaba a los niños más necesitados a comer un rosco y aquel que encontraba un haba en su porción era proclamado soberano por un día. Al grito de «real, real, real», una niña de Tafalla de 11 años, de origen boliviano, será alzada sobre el pavés o escudo de la iglesia de Santa María y proclamada Reina de la Faba. Seguidamente, la soberana llegará acompañada de doña Blanca de Navarra y del Príncipe de Viana.
La elección del niño rey o de la niña reina tiene lugar unas semanas antes de la fiesta, normalmente en el salón de plenos del ayuntamiento anfitrión. En 2017, los participantes en el sorteo fueron alumnos de las escuelas de Lodosa. Fiel a la tradición, los chavales eligieron su porción del rosco y al poco tiempo ya habían encontrado el haba, una pequeña figura oculta bajo la guinda de su ración.

Con la intención de dar mayor realce a la fiesta, en 1964 la sociedad Muthiko Alaiak decidió llevar la fiesta por distintos pueblos de Navarra, tal y como se hacía 600 años atrás. Desde entonces, el Rey de la Faba se ha convertido en una tradición itinerante muy apreciada por los niños y niñas de la Comunidad.
Navarra es rica en fiestas, tradiciones y mucho más. Más allá del Rey de la Faba, la región ofrece diversas experiencias culturales y naturales.
Otros Lugares y Tradiciones de Interés en Navarra
- La Selva de Irati: Es el segundo hayedo-abetal más extenso y mejor conservado de Europa, después de la Selva Negra de Alemania. Una inmensa mancha verde de unas 17.000 hectáreas que se mantiene en estado casi virgen. Se encuentra situada en el Pirineo oriental navarro, en una cuenca rodeada por montañas, en la cabecera de los pirenaicos valles de Aezkoa y Salazar.
- La iglesia de San Miguel de Estella: En el barrio de San Miguel de Estella, en la margen izquierda del río Ega, se levanta la iglesia de San Miguel, un templo tan sencillo como bello, que alberga en su interior valiosos tesoros artísticos. Su portada septentrional, uno de los conjuntos escultóricos más representativos del románico tardío, y el retablo gótico de Santa Elena que guarda el templo en su interior, merecen especial atención.
- Museo de la Encarnación de Corella - Fundación Arrese: En el centro histórico de Corella, se encuentra este Museo de Arte Sacro. Atesora una rica colección de piezas artísticas como lienzos, esculturas y objetos que abarcan una amplia cronología.
- Ermita de Santa María de Arce: Este hermoso templo románico del siglo XII se encuentra en el Valle de Arce, al noreste de la Comunidad Foral. Es un armonioso ejemplo de arquitectura románica rural.
- Centro de Interpretación de las Fortificaciones de Pamplona: Ubicado en el Fortín de San Bartolomé, este novedoso espacio interpretativo ocupa las cinco casernas o bóvedas a prueba de bombas del fortín, un lugar estratégico dentro del recinto amurallado de la ciudad.
- La Plaza del Castillo de Pamplona: Es el centro neurálgico de la vida social pamplonesa y uno de los iconos más reconocibles de la ciudad. Se trata de un cuadrilátero imperfecto de 14.000 metros cuadrados que ha sido y sigue siendo escenario de los principales acontecimientos de Pamplona.
- Laguna de Lor, Cascante: Situada entre Cascante y Ablitas, la laguna de Lor es hoy un lugar de pesca, de paseo y de observación de aves. Es uno de los 10 humedales más importantes de Navarra.
- Los Jardines de la Taconera, Pamplona: Constituyen el parque más antiguo, hermoso y emblemático de Pamplona. Con sus 90.000 metros cuadrados de superficie, se asienta en torno a las murallas, muy cerca del Casco Antiguo, dentro de un marcado estilo romántico y versallesco.
- El Parque Natural de las Bardenas Reales: Un paisaje surrealista, casi extraterrestre, dominado por formas de areniscas, yesos y arcillas que se han ido moldeando tras la erosión del viento y el agua. Declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO.
- El parque de Yamaguchi en Pamplona: Un parque singular de 85.000 metros cuadrados.