Intolerancia al Gluten: Microbiota Intestinal y Reacciones Adversas

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La intolerancia al gluten se ha convertido en un tema de gran relevancia, no solo entre profesionales de la salud, sino también en la creciente comunidad de bienestar. Cada vez más personas experimentan reacciones adversas al consumir alimentos que contienen gluten, como pan, pasta y cereales. Si bien algunos casos se diagnostican claramente como enfermedad celíaca, un trastorno autoinmune bien definido, muchas personas presentan síntomas relacionados con el gluten sin dar positivo en las pruebas de celiaquía o alergia al trigo. Aquí es donde entra el campo en rápida evolución de la ciencia del microbioma.

La enfermedad celíaca es una afección autoinmune en la que el sistema inmunitario reacciona al gluten, dañando el intestino delgado. Si tienes enfermedad celíaca, comer gluten desencadena una respuesta inmunitaria a esta proteína en el intestino delgado. Con el tiempo, esta reacción puede dañar el revestimiento del intestino delgado y evitar que absorba nutrientes. El daño intestinal a menudo causa diarrea, fatiga, pérdida de peso, distensión abdominal y anemia. Si no se controla de inmediato, puede llevar a complicaciones graves. No existe una cura definitiva para la enfermedad celíaca.

La prevalencia de la enfermedad celíaca en la población general varía del 0,5 % al 2 %, con una media de alrededor del 1 %. Como en otras enfermedades autoinmunitarias, la enfermedad celíaca es más frecuente en las mujeres, que se ven de 2 a 3 veces más afectadas que los hombres. Antes de empezar la dieta sin gluten, las personas que padecen celiaquía ya presentan diferencias notables: moral decaída, síntomas digestivos, heces menos hidratadas aunque el contenido de agua en el intestino delgado sea, al contrario, excesivo y, sobre todo, un tránsito intestinal mucho más lento.

La enfermedad celíaca es una enteropatía crónica mediada por el sistema inmunitario que sigue a la presencia de gluten en la dieta en individuos genéticamente predispuestos. El diagnóstico actual se basa en demostrar la enteropatía en biopsias de intestino delgado en las que el examen histológico muestra atrofia vellosa, hiperplasia de las criptas y linfocitosis intraepitelial, y la presencia de anticuerpos circulantes específicos para la transglutaminasa tisular (tTG), péptidos de gliadina deamidada (DGP) y endomisio (EMA). En los niños que tienen síntomas indicativos de enfermedad celíaca, un título de anticuerpo tTG (tTGA) fuertemente positivo y un genotipo HLA asociado a enfermedad celíaca, sirven para el diagnóstico sin la necesidad de una biopsia de intestino delgado. Desde la década de 1950, cuando se identificó al gluten como el desencadenante causante de la enfermedad celíaca, una dieta estricta y sin gluten (GFD) durante toda la vida ha sido el pilar del tratamiento.

Si bien la enfermedad celíaca es común en todo el mundo y está aumentando en prevalencia en muchas poblaciones, con frecuencia no se detecta en la práctica clínica. La enfermedad sintomática y no tratada se asocia con una morbilidad y mortalidad elevadas y con una calidad de vida deficiente. La presentación clínica es amplia e incluye trastornos gastrointestinales, fatiga crónica, deficiencias de nutrientes, crecimiento deficiente y retraso en el desarrollo. Las manifestaciones extraintestinales son comunes.

La enfermedad celíaca también se asocia con un mayor riesgo de enfermedades autoinmunes, como la tiroiditis de Hashimoto, la enfermedad de Graves y la diabetes tipo 1 (T1D). La co-ocurrencia de enfermedades autoinmunes apoya el concepto de vías genéticas e inmunitarias compartidas que contribuyen a la desregulación inmune y la pérdida de auto tolerancia.

El consumo de alimentos que contienen gluten es necesario para que la enfermedad celíaca se desarrolle. El gluten es la proteína viscoelástica que permanece después de lavar la masa y está compuesta por gliadinas solubles en alcohol y gluteninas insolubles en alcohol. Proteínas similares ricas en glutamina y prolina se encuentran en cebada y centeno y también son tóxicas en la enfermedad celíaca. La avena es considerada segura para el consumo por la mayoría de las personas con enfermedad celíaca.

Por qué la enfermedad celíaca se desarrolla en algunas personas sigue sin respuesta. Los estudios genéticos e inmunológicos han revelado la importancia de los genes clave de susceptibilidad HLA y no HLA en el desarrollo de la enfermedad y una población patógena de larga duración de células T específicas del gluten que se dirigen a ciertos péptidos de gluten. La historia emergente del desarrollo de la enfermedad celíaca es una en la que los factores ambientales aumentan el riesgo en individuos genéticamente predispuestos al configurar el contexto inmunológico en el que se presenta el gluten y cambiar el equilibrio de la tolerancia al gluten a la reactividad, lo que puede ser en parte mediado a través de las interacciones microbioma-huésped.

Reacción al Gluten y Deterioro Intestinal

Es frecuente que desde que aparecen los primeros síntomas de la enfermedad hasta que se tiene un diagnóstico preciso pase un tiempo más o menos prolongado. Durante ese tiempo y hasta que surten efecto las medidas tomadas, se produce en ocasiones un desequilibrio en la microbiota y una atrofia intestinal que puede tardar hasta dos años en regenerarse.

La primera y más importante indicación es tomar una dieta exenta de gluten pero además conviene aumentar la ingesta de alimentos ricos en fibra como vegetales, frutas y verduras que van a favorecer el crecimiento de la microbiota intestinal a la vez que proporcionan una acción de arrastre de elementos tóxicos y microorganismos no beneficiosos. Se recomienda disminuir los azúcares refinados que no contienen las vitaminas necesarias para su digestión y metabolización.

Introducir alimentos fermentados de manera natural como yogur, kéfir, miso, chucrut, etc., van a fomentar el desarrollo de bacterias beneficiosas de la flora. Cambiar las grasas alimentarias por aceites de pescado azul, aceite de oliva virgen, frutos secos como las nueces, etc., van a ejercer una acción antioxidante protectora frente a elementos irritantes. También conviene, en la medida de lo posible, tomar alimentos genéricos, que son aquellos alimentos sin procesar que por su origen no tienen gluten en su composición como leche, huevos, carne, verdura, fruta, etc.

Después de un año de dieta sin gluten, los pacientes se sienten mejor en general, están menos ansiosos y su tránsito se ha acelerado un poco. Y es que esta dieta pesa sobre la microbiota, es decir, sobre el conjunto de las bacterias que pueblan nuestro intestino. La eliminación del trigo -y de todos sus productos derivados, del pan a las galletas, pasando por la pasta- suprime el gluten, sí, pero también la fibra procedente de este cereal, incluida la que es beneficiosa para las bifidobacterias, a las que les gusta mucho la fibra. En cambio, la dieta parece favorecer a unas bacterias relacionadas con la degradación de las proteínas sin las que todo iría mejor.

Un estudio británico reciente se ha centrado en esta cuestión. ¿Pero qué pasa realmente en el intestino de los pacientes, después de un año de esta dieta? ¿Qué impacto tiene sobre la microbiota intestinal? ¿Los síntomas siguen presentes?

Degradación del Gluten y Microbiota Intestinal

Además de profundizar en el conocimiento de los alimentos adecuados, se están realizando estudios sobre la diferencia que hay en el metabolismo del gluten entre personas celíacas y no celíacas. Según se publica en la prestigiosa revista Gastroenterology, la microbiota de las personas celíacas metaboliza el gluten en péptidos de menor tamaño que son capaces de atravesar la pared intestinal y así presentar mayor capacidad para activar el sistema inmune y, por tanto, mayor intolerancia.

Micrografía de bacterias intestinales

Avanzar en estas investigaciones puede dar origen en un futuro a nuevas maneras de abordar esta patología. A día de hoy, para las personas celíacas, evitar la ingesta de gluten y mantener un sistema inmune en buen estado es la forma más segura de tratar la enfermedad. En este aspecto, la microinmunoterapia puede ser una buena aliada del sistema inmunitario.

Una nueva línea de investigación se ha centrado en la relación entre la microbiota intestinal humana y la aparición y desarrollo de la enfermedad celíaca. Las bacterias presentes en el intestino delgado humano participan en el metabolismo del gluten, y los científicos ya saben que los individuos celíacos suelen tener un conjunto diferente de bacterias intestinales que aquellos que no lo son. Para este estudio, los investigadores aislaron especies de bacterias degradadoras de gluten del intestino delgado de individuos con y sin celiaquía: la bacteria patógena Pseudomonas aeruginosa fue aislada en individuos celíacos (solo se encontró en sus intestinos), mientras que se obtuvieron especies de Lactobacillus en los intestinos delgados de aquellos no celíacos. Al contacto del gluten, las bacterias estudiadas producían péptidos. Observaron que los péptidos producidos por la Pseudomonas aeruginosa de los individuos celíacos eran más inmunógenos (activaban unas células inmunitarias específicas del gluten). Por el contrario, los Lactobacillus extraídos de las personas sanas conseguían degradar estos péptidos y reducir así la respuesta inmunitaria. Con estos nuevos datos, se podría dar con la manera de evitar que las bacterias produzcan péptidos nocivos.

Un equipo dirigido por la investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Yolanda Sanz ha demostrado por primera vez la relación entre la microflora intestinal y la enfermedad celíaca, una dolencia de carácter autoinmune que provoca intolerancia al gluten. Los análisis microbiológicos han demostrado que la microflora del intestino de los celíacos presenta una mayor concentración de bacterias potencialmente perjudiciales, bacteroides y enterobacterias, y una reducción de bacterias beneficiosas, como las bifidobacterias. “El restablecimiento de la composición de la microflora intestinal tras la dieta sin gluten tan sólo es parcial, lo que demuestra que las alteraciones microbiológicas no son sólo una consecuencia secundaria del proceso inflamatorio asociado a la fase activa de la enfermedad”, señala la investigadora del CSIC.

Asimismo, se han identificado factores de virulencia en enterobacterias que colonizan el intestino de los pacientes celíacos, que sugieren su participación en el proceso de patogénesis (origen y desarrollo) de la enfermedad celíaca, que se puede sumar a los efectos tóxicos del gluten. En esta línea, los investigadores han evaluado la capacidad del intestino delgado de los pacientes celíacos para degradar el gluten. Como explica Sanz: “Contrariamente a lo esperado, las muestras de duodeno de los celíacos mostraron mayor capacidad para degradar la gliadina, una de las proteínas que componen el gluten, que la de los individuos sin intolerancia al gluten, consecuencia de la actividad de la flora bacteriana de estos pacientes”. Esta degradación parcial de la gliadina podría dar lugar a la generación de fragmentos peptídicos nocivos para el celíaco.

Investigaciones previas realizadas por el grupo de Sanz también han demostrado que, antes y tras seguir una dieta exenta de gluten, la microflora de pacientes celíacos estimula la síntesis de moléculas pro-inflamatorias en células del sistema inmune en mayor grado que la de individuos sanos. Por tanto, el desequilibrio en el ecosistema intestinal podría favorecer el proceso inflamatorio asociado a la enfermedad en la mucosa intestinal del celíaco. “Hemos comprobado in vitro que determinadas bifidobacterias inducen la síntesis de la citoquina anti-inflamatoria IL-10, lo que hace que se atenúe la respuesta pro-inflamatoria provocada por la microflora intestinal en las células del sistema inmune. Por lo tanto, el uso de bacterias probióticas podría contribuir a mejorar el tratamiento y estado de salud de la población celíaca”, apunta Sanz.

Diagrama de la interacción entre gluten, microbiota y sistema inmunitario

Sensibilidad al Gluten No Celíaca

No son pocas las personas que sin ser celíacas sienten malestar y síntomas digestivos cuando comen gluten. Lejos de ser una moda, la sensibilidad a esta proteína es una realidad, que cada vez afecta a un mayor número de personas. Antes de nada, es importante diferenciar entre la alergia al gluten, la enfermedad celíaca y la sensibilidad al gluten no celíaca.

La sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC) es un término que se utiliza para describir reacciones a la ingesta de gluten en personas que no dan positivo en las pruebas de enfermedad celíaca ni de alergia al trigo. Los síntomas más comúnmente reportados incluyen hinchazón, gases, molestias abdominales, diarrea o estreñimiento, fatiga, niebla mental, dolor articular y dolores de cabeza. Muchas personas con SGNC también informan cambios de ánimo como ansiedad o depresión, lo que indica que el impacto del gluten en estos individuos puede extenderse más allá del sistema digestivo.

Según el equipo investigador de Pavia, la sensibilidad al gluten no celíaca tiene como causa principal un perfil disbiótico (de desequilibrio) particular, caracterizado por la disminución de Firmicutes y/o Bifidobacterias productoras de butirato, “lo que conduce a niveles bajos de butirato intestinal”. Sin embargo, son optimistas con respecto a esta dolencia y creen que es “transitoria y evitable”, dado que está relacionada directamente con la calidad y el equilibrio de la dieta y de la microbiota intestinal “y no con la presencia de gluten en sí misma”.

La disbiosis, uno de los factores antes mencionados como posibles desencadenantes de esta sensibilidad alimenticia, es la alteración de las bacterias intestinales que conforman nuestra microbiota, puede ser la causa y el efecto de problemas y daños en la membrana intestinal. Estas agresiones que se producen en la membrana tienen como consecuencia una alteración de la permeabilidad, lo que desemboca en la hiperpermeabilidad intestinal.

El diagnóstico es clave a la hora de poder tratar a los pacientes con sensibilidad al gluten, ya que ciñéndose exclusivamente a los síntomas es muy difícil de diferenciar de la enfermedad celíaca o la alergia al gluten a pesar de que hay un mayor número de manifestaciones que no son digestivas (dolores de las extremidades, adormecimiento de brazos o pies, fatiga).

Una advertencia que realiza el equipo investigador en su estudio es la de los peligros de la auto-prescripción de una dieta libre de gluten que se está generando entre la población debido, entre otras cosas, a ese difícil diagnóstico. “Una autoadministración de una dieta libre de gluten significa exponerse a una serie de riesgos nutricionales y a la posibilidad de desarrollar obesidad u otras comorbilidades. No está claro que seguir una dieta sin gluten sea el tratamiento adecuado para esta enfermedad. Ni siquiera se sabe, en el caso de tener que aplicarla, cuál debería ser su duración ni cuán estricta debería ser”, recogen en el documento.

Los investigadores consideran en su estudio que una ingesta probiótica dirigida en los pacientes con sensibilidad no celíaca al gluten sí podría ser un aspecto fundamental de su tratamiento, ya que todos parten de esa disbiosis antes comentada, con escasa representación de Firmicutes y Bifidobacterias.

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Diferencias Clave: Alergia al Gluten, Enfermedad Celíaca y Sensibilidad al Gluten No Celíaca

Es fundamental diferenciar entre estas tres condiciones:

  • Alergia al gluten: Condición poco común que ocurre cuando el sistema inmune de una persona acumula una respuesta alérgica a la proteína del trigo, lo que lleva a problemas leves y, en algunos casos, a una potencial reacción peligrosa, llamada anafilaxia.
  • Enfermedad celíaca: Enfermedad autoinmune con predisposición genética, que aparece por determinados factores ambientales en la que ingerir alimentos con gluten conlleva que se produzca una inflamación y daños en el revestimiento del intestino delgado. Esto desequilibra la función intestinal, generando dolor estomacal, hinchazón, gas y diarrea, pérdida de peso, erupciones en la piel, problemas óseos, fatiga o depresión, entre otros.
  • Sensibilidad al gluten no celíaca: Los pacientes con esta condición no pueden ser calificados como intolerantes o alérgicos, sin embargo, esta proteína les hace enfermar. Sus síntomas son muy parecidos a los de la enfermedad celíaca y comparte algunos con la alergia al trigo, por lo que la precisión en el diagnóstico es fundamental. El mayor problema de esta nueva patología es el infradiagnóstico de los pacientes que la padecen.

Diagnóstico y Tratamiento

El diagnóstico de la enfermedad celíaca se basa en:

  1. Estudio genético: A través de un análisis de sangre o muestra de saliva se puede conocer si el sujeto es portador de los genes que se asocian con la enfermedad celíaca.
  2. Estudio inmunológico: Es una prueba fundamental que sirve para saber si el paciente genera anticuerpos que reaccionan contra el gluten.
  3. Endoscopia intestinal y biopsia intestinal: Se realiza para observar el intestino delgado superior y tomar muestras de tejido lesionado para su análisis.

En el caso concreto de la sensibilidad al gluten, dado que no se ha identificado un marcador biológico específico de este trastorno, el tratamiento ayuda a confirmar este diagnóstico y consiste en dietas de eliminación con posterior reintroducción, observándose los cambios clínicos ocurridos en ambos períodos.

La dieta, particularmente el consumo de alimentos que contienen gluten, se ha asociado frecuentemente con el desarrollo y la persistencia de estas enfermedades, aunque este vínculo aún no se ha definido adecuadamente.

Alimentos que aportan nutrientes esenciales, fibra, antioxidantes y son bajas en calorías:

  • Vegetales, frutas y verduras.
  • Aceites de pescado azul, aceite de oliva virgen, frutos secos como las nueces.
  • Alimentos genéricos (sin procesar): leche, huevos, carne, verdura, fruta, etc.

Alimentos que aportan proteínas de alta calidad, hierro, vitaminas B, zinc, omega-3 y creatina:

  • Carnes, pescados, huevos, legumbres.

Opciones seguras de granos:

  • Arroz, maíz, quinoa, mijo, amaranto, y otros granos similares.

Tabla comparativa de intolerancias al gluten

El gluten es una glucoproteína que se encuentra en cereales de consumo tan habitual como el trigo, la cebada, el centeno o la avena. A su vez, el gluten está compuesto por otras dos glucoproteínas: la gliadina y la glutenina. El gluten es una proteína muy nutritiva y beneficiosa para todas las personas, pero también es algo indigesta. El motivo no es otro que nuestro cuerpo no dispone de las enzimas necesarias para digerirlo completamente y son precisamente esos pequeños pedazos no digeridos los que pueden provocar problemas intestinales.

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