La Leyenda del Salmón de Alagón: Un Relato Histórico y Gastronómico

Alagón, situado entre las aguas del Ebro y del Jalón, es la capital de la Comarca Ribera Alta del Ebro. Su nombre, Alaun, es de origen íbero y tenemos noticias de su existencia por las monedas acuñadas, en las que puede verse en el anverso una cabeza imberbe rodeada por tres delfines mientras que en el reverso un jinete con palma y la leyenda con el nombre de la localidad en caracteres ibéricos. Pronto se incorporó al proceso de romanización, denominándose Allavona. Este nombre aparece en uno de los documentos epigráficos más importantes de la Antigüedad en España, que se encuentra en el Museo de Zaragoza: la Tabula Contrebiensis (Bronce II de Botorrita).

Se trata de una placa de bronce con un texto jurídico fechado el 15 de mayo del año 87 a. C., en el que se recoge la disputa entre los habitantes de Salduie (la actual Zaragoza) y los de Alaún por la canalización de un curso de agua que les causaba daños. La llegada de los musulmanes supuso una importante transformación de las infraestructuras urbana y agrícola. El rey Alfonso I el Batallador conquistó la localidad en 1119 y el resto del valle del Ebro. La toma del castillo musulmán se recoge en el actual escudo de la localidad, que remite a su vez a la tradición de la milagrosa aparición de la Virgen, recordada en la ermita de la Virgen del Castillo del siglo XVI, en lo alto de la localidad.

Este período supone el inicio de un periodo fundamental de colonización cristiana para intentar repoblar el territorio conquistado a los musulmanes, y las órdenes militares desempeñarán un papel fundamental en este proceso. A pesar de la conquista cristiana, la presencia de la población musulmana era importante y su huella en el urbanismo es evidente. A lo largo de la Edad Media van a convivir o coexistir dentro de su recinto murado las tres culturas, las comunidades judía, musulmana y cristiana; cada una con sus especiales características, formas de vida e idiosincrasia propia. Durante la época medieval, en el municipio se van a suceder distintos acontecimientos importantes y notables como son el enlace matrimonial o las bodas del rey Pedro IV el Ceremonioso con su primera esposa doña María de Navarra y la celebración de Cortes del Reino de Aragón en la época de los reyes Alfonso III y Jaime II.

A partir del siglo XVI, el casco urbano se extiende en torno a la calle Mayor y Plaza de España englobando barrios pre-existentes como el de San Juan. En el siglo XVIII los jesuitas edifican un colegio y una magnífica iglesia. De gran importancia, sobre todo, para la agricultura fue la construcción del Canal Imperial de Aragón a finales del siglo XVIII. La guerra de la Independencia también dejó huella en Alagón y aquí estuvo el general Palafox combatiendo a las tropas napoleónicas. La instalación en 1900 de la Fábrica Azucarera dará un enorme impulso económico y social a la población, construyéndose la Plaza de Toros en el año 1912.

Escudo de Alagón con referencias a su historia

El Salmón de Alagón: Una Leyenda que Perdura

En 1842 aparecía en el «Semanario Pintoresco Español» un artículo de costumbres escrito por Vicente de la Fuente con el título «El Salmón de Alagón». Ambas buscan deliberadamente la conexión con la figura real. Así, una nos habla como los alagoneros asaltan carros llenos de salmón que iban destinados a la cena del Rey que estaba afincado en las afueras de Zaragoza. Otra, no menos conocida, cuenta al Rey presente en Alagón y dispuesto a comerse las bandejas de salmón que le van preparando; salmón que no llegará a probar pues el ingenio alagonés salva al salmón del delicado estómago real y lo lleva al hambriento estómago alagonero. Otras menos conocidas, nos hablan del barco que cargado de salmón embarranca en el Ebro y es asaltado por el pueblo de Alagón. En relación a la tradición gastronómica de Aragón, cuenta la curiosa anécdota de «El salmón de Alagón».

Mapa de la Comarca Ribera Alta del Ebro

Versiones de la Leyenda

Existen dos versiones muy difundidas de la leyenda del Salmón de Alagón, además de otras menos conocidas. La tradición oral nos cuenta que un día pasó por Alagón un arriero con una carga de salmón para Zaragoza. Con amenazas consiguieron que les vendiera una arroba de la preciada carga que la pagarían al mismo precio que se cotizase en la capital. El regidor zaragozano lo tasó a onza de oro por onza de peso. Con lo que la arroba les salió a muy alto precio. Pocos pudieron pagarlo y otros se comprometieron a pagarla a plazos. Una de las versiones más detalladas relata: «Dícese, pues por tradición no interrumpida, que en una tarde del mes de marzo llegó a la villa de Alagón un arriero en dirección a Zargoza; pero siendo ya algo tarde, tuvo que detenerse en el mesón del pueblo.

Añaden personas bien informadas, que el tal arriero era un hombrón de Calanda, de lo más bien plantado que había salido de la tierra baja. Había sido miñón, y como tal había perseguido el contrabando y los ladrones, hasta que tomó su baja. Entonces volvió la oración por pasiva, y se puso a contrabandista, con lo que había pescado arío revuelto, hasta que para su desgracia vino a caer en manos de sus sucesores. Habiendo logrado indultarse, recogió velas, trato de mudar de rumbo, y con los residuos de su pesada fortuna que había logrado salvar del naufragio, se puso a probar fortuna en el oficio de arriero. A pesar de eso, jamás olvidó los resabios de su primer servicio: gustaba de llevar el sombrero a lo curro, fumaba brasil, bebía puro y de largo, hablaba a lo matón, poco y detenidamente; echaba un taco entre cada dos palabras y por menos de un soplo era capaz de armar una quimera, hasta con su sombra. Tal era el arrierito que se echaron a la cara el alcalde y otras notabilidades de Alagón, que estaban paseando a las afueras del pueblo un martes de Semana Santa. Como en aquel tiempo no había periódicos, y el ramo de correos no estaba muy atendido, no se conocía aún la plaga designada con el título Político-Manía, la aparición de un viajero, ora fuese arriero, ora peregrino, era más interesante que una gaceta extraordinaria. Rodeábanle los curiosos, se afanaban sobre sus preguntas.

Otra versión cuenta: Una tarde de marzo en una época imprecisa después del diluvio, llega a la villa de Alagón un arriero de Calanda de camino a Zaragoza. Al enterarse de que el arriero ha traído dos cargas de salmón, algunos vecinos junto con el alcalde le proponen comprarle parte de su carga. El arriero rechaza dicho negocio y se pone furioso y violento. El alcalde, inducido por las ganas de los vecinos por castigar al arriero, decide comprarle una arroba aragonesa (36 libras) de dicha mercancía, prometiendo pagarle por un precio más alto del que le puedan pagar en Zaragoza. El arriero, sin más remedio, se marcha con la cantidad restante de salmón, dejando a los habitantes del pueblo de Alagón festejando el trato obtenido. Más tarde, en Zaragoza, acude a un regidor, quien después de oír lo ocurrido, decide comprarle una onza de salmón por una onza de oro, diciendo en tono de burla que «en Zaragoza se paga el salmón a onza la onza». El calandino vuelve a Alagón reclamando la diferencia del pago. A pesar de los intentos del alcalde para evitar el pago, parece ser que «el pueblo tuvo que pagar» desde entonces la cantidad extraordinaria, proceso que ha durado hasta los últimos años.

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En un siglo y un año desconocido, puede que en la decimocuarta centuria, se presentó en Alagón un mercader con un voluminoso cargamento de salmón. Por aquel entonces era un alimento muy preciado, más en estas tierras del interior. Los infelices alagoneses quisieron degustar por primera vez aquel pescado y se decidieron a comprarle a aquel marchante todo el suministro que llevaba en su carro. La venganza del mercante no tardaría en llegar. Consiguió vender en Zaragoza el poco pescado que habían dejado y que un notario declarara que había vendido cada onza de salmón a un precio de una onza de oro. Cuando volvió a Alagón acreditado por el documento notarial, la cantidad exigida era tan alta que ni siquiera el concejo podía pagarla. Cuentan que la cantidad exigida era tan desorbitada, que este impuesto se pagó hasta tiempos de la II República.

Ilustración antigua de un arriero con su carga

El Carnaval de Alagón y el Salmón

Este año vuelve al Carnaval de Alagón la referencia a esta leyenda. El Salmón de Alagón, y no porque se pesque allí, sino por una tradición, que es harto vulgar en todo Aragón, pero fuera de aquel país apenas es conocida. Este evento, que rememora la famosa leyenda, resalta la importancia cultural y folclórica de la historia del salmón para la localidad.

Personalidades Ilustres de Alagón

Santiago Pelegrín Martínez

Santiago Pelegrín Martínez nació en Alagón el día 23 de mayo de 1885. Estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza y en 1908 opuso, junto con otros pintores aragoneses, a la plaza que convocaba la Diputación Provincial de Zaragoza para el pensionado de Italia. En 1910 marchó a Madrid y allí se casó con María Sansebastián Zuloaga. Pelegrín realizó diferentes exposiciones individuales y colectivas y concurrió singularmente a las nacionales, donde se presentó por primera vez en 1915. Como ejemplo de lagunas exposiciones podemos citar de 1926 en Zaragoza junto a Berdejo, la de 1936 en la exposición organizada por el grupo de artistas aragoneses en Madrid, o la de ese mismo año en París. Fue fundador del «Salón de Independientes» y formó parte de «Artistas Ibéricos» y de todos los grupos vanguardistas.

Retrato de Santiago Pelegrín Martínez

Miguel Arnaudas Larrodé

Miguel Arnaudas Larrodé nació en Alagón el 29 de noviembre de 1869. Era hijo de un guardia civil allí destinado. A los ocho años ingresó en el colegio de Infantes del Pilar y en él comenzó su riquísima carrera musical. En 1896 ganó la plaza de maestro de capilla de la catedral de la Seo de Zaragoza. De este acontecimiento recogemos el acto que se celebró en las fiestas de septiembre en Alagón ese mismo año ya que el día 9 don Miguel Arnaudas celebró una misa en la ermita del Castillo que había ofrecido por su nombramiento. En otras fiestas de 1916, el Ayuntamiento de Alagón hizo entrega a don Miguel Arnaudas Larrodé del título de hijo predilecto de la villa y se descubrió una placa en la calle que lleva su nombre.

La labor docente de don Miguel Arnaudas fue amplísima y compuso desde libros para la enseñanza del solfeo y la música hasta manuales para la educación musical de maestros y niños, así como gran número de motetes, villancicos, himnos… Pero quizás lo que más destaque del maestro Arnaudas fue la recolección de motivos folklóricos y populares de Teruel y su provincia, todo ello recogido en el célebre Cancionero popular de la provincia de Teruel. El maestro Arnaudas murió en Zaragoza el 5 de febrero de 1936.

Partitura del Cancionero popular de la provincia de Teruel de Miguel Arnaudas

Patrimonio Arquitectónico y Cultural

Iglesia de San Pedro Apóstol

En el primer tercio del siglo XIV, se comenzó a construir la iglesia de San Pedro Apóstol, declarada Bien de Interés Cultural en el año 2002. En su interior destacan varios elementos: el Retablo mayor, de mediados del siglo XVI, de madera dorada y policromada, de factura renacentista con ángeles, centauros, tritones con medallones y mascarones de proa. Exteriormente, la decoración se concentra en el ábside, donde se superponen varias bandas decorativas con motivos mudéjares (esquinillas, zig-zag, cruces en hueco…), y la torre, de planta octogonal, estructura de alminar almohade y que consta de tres cuerpos, entre los que destaca el segundo por sus originales motivos mudéjares. Detalle de la decoración mudéjar de la Capilla de la Virgen del Carmen.

Iglesia de San Antonio de Padua y Colegio de Jesuitas

La iglesia de San Antonio de Padua fue construida por los jesuitas en el siglo XVIII, lo mismo que el colegio, actual Casa de Cultura. Los jesuitas llegaron a Alagón gracias al impulso de familias nobles y de la élite local, que buscaban educación de calidad para sus hijos. Conformaron un conjunto arquitectónico de estilo barroco, situado en la zona de la antigua judería medieval. Sirvió como cuartel durante la Guerra Civil y como almacén de cereal en la posguerra. El interior de la iglesia sobresale por la numerosa decoración de estilo rococó como el friso de rocalla, ornamentación vegetal que recorre los muros laterales. El retablo mayor es una fiel reproducción moderna del original, apoyada en antiguas fotografías, que quedó destruido en el incendio sucedido durante la Guerra Civil.

Vista exterior de la Iglesia de San Pedro Apóstol

Acueducto y Canal Imperial de Aragón

En 1780 se finaliza el gran acueducto situado junto al paraje natural de ‘El Caracol’, que permite al Canal Imperial de Aragón salvar el cauce del río Jalón. El nombre se debe a las escaleras que hay dentro de una torre que comunica el paraje con lo alto de la muralla. Estas escaleras eran utilizadas por los viajeros que anteriormente circulaban en las embarcaciones que navegaban por el canal. El conjunto se compone de distintas construcciones: las murallas de Grisén, la torre que tiene en su interior las escaleras de caracol, la almenara de San Martín y la Casa de las Paradas.

Acueducto del Canal Imperial de Aragón en Alagón

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