El domingo 28 de enero, dos activistas del grupo "Riposte Alimentaire" lanzaron botes de sopa sobre "La Gioconda", la obra maestra de Leonardo da Vinci expuesta en el Museo del Louvre. Este acto, que ha generado gran revuelo mediático, se enmarca dentro de las protestas por la alimentación sostenible y las preocupaciones sobre el sistema agrícola actual.
Las dos mujeres, identificadas como Sasha (24 años) y Marie-Juliette (63 años), formaron parte de un grupo denominado Riposte Alimentaire (Respuesta Alimentaria) a favor de la alimentación sostenible. Arrojaron la sopa de color naranja y pasaron por debajo de las barreras que rodean el cuadro mientras lanzaban en voz alta sus reivindicaciones: "¿Qué es lo más importante? ¿El arte o el derecho a una alimentación sana y sostenible? Nuestro sistema agrícola está enfermo".

Este incidente no es el primero que sufre la icónica obra de Leonardo da Vinci. La Mona Lisa ha sido objeto de varios atentados a lo largo de su historia, lo que ha llevado a implementar medidas de seguridad cada vez más estrictas. El lienzo original está protegido por un cristal desde 2005, y anteriormente, en 1956, sufrió daños a causa de una pedrada lanzada por un desequilibrado, lo que provocó el desprendimiento de la capa pictórica a la altura del codo izquierdo de la Mona Lisa. Tras este incidente, se instaló un cristal blindado a prueba de balas, el cual ha protegido la obra en posteriores ataques.
Un historial de ataques a la Mona Lisa
La historia de "La Gioconda" con sus admiradores y detractores es larga y turbulenta. Uno de los episodios más famosos fue su robo en 1911 por Vincenzo Peruggia, un extrabajador del Louvre. La obra estuvo desaparecida durante dos años hasta que Peruggia intentó venderla en Florencia. Afortunadamente, la pintura fue recuperada sin sufrir daños de consideración.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la Mona Lisa fue evacuada del museo y trasladada a diversos lugares secretos de Francia para protegerla de los nazis.
En 1974, mientras la obra se exhibía en el Museo Nacional de Tokio, una mujer arrojó pintura roja sobre la tabla para protestar contra la política del museo que dificultaba el acceso a personas discapacitadas. El cristal blindado evitó daños.
Ya en el siglo XXI, en 2009, una mujer rusa lanzó contra el cuadro la taza que acababa de comprar en la tienda del museo como acto de protesta por la denegación de la ciudadanía francesa. Nuevamente, el cristal blindado cumplió su cometido.
El ataque más reciente antes del incidente de la sopa ocurrió en mayo de 2022, cuando un individuo lanzó una tarta sobre la pintura. La obra no sufrió daños gracias a la protección del cristal blindado.

El contexto de las protestas
El acto de lanzar sopa a la Mona Lisa se produjo en un contexto de protestas de agricultores en París, quienes exigían el fin del aumento de los costos del combustible, la simplificación de las regulaciones y mejores condiciones laborales. El grupo ecologista "Riposte Alimentaire" se ha pronunciado en favor de estas protestas, argumentando que el sistema alimentario actual no es sostenible.
Según el movimiento, en Francia, "una de cada tres personas se salta las comidas por falta de medios", mientras que "se desecha el 20% de los alimentos producidos". Por ello, piden la integración de los alimentos en un sistema general de seguridad social que permita a cada residente beneficiarse de una tarjeta alimentaria mensual para adquirir productos homologados.
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Consecuencias y repercusiones
A pesar de la gravedad del acto, las dos activistas arrestadas podrían evitar el procesamiento y en su lugar serles ordenada una "contribución ciudadana", una alternativa al procesamiento en el sistema francés que implica realizar una donación a una asociación de víctimas. La fiscalía las acusó de entrar ilegalmente en la zona segura alrededor del cuadro, un delito que conlleva una multa máxima de 1.500 euros.
El Museo del Louvre, por su parte, ha declarado que la pintura no ha sufrido ningún daño. El museo ha reiterado que "La Gioconda, como nuestro patrimonio, pertenece a las futuras generaciones. Ninguna causa puede justificar que sea objeto de un ataque".
Este tipo de acciones, aunque no causen daños materiales a las obras, buscan generar atención pública y poner de relieve las causas que las motivan. La pregunta que surge es si estos métodos son efectivos para lograr un cambio real o si, por el contrario, desvirtúan el mensaje al atacar símbolos culturales de gran valor.
Otros ataques a obras de arte
El ataque a la Mona Lisa no es un hecho aislado. En los últimos años, se ha observado una tendencia de grupos ecologistas a realizar protestas dirigidas a obras de arte de gran valor, a menudo protegidas por cristales. Algunos ejemplos incluyen:
- En mayo de 2022, un activista arrojó pastel al cuadro de la Mona Lisa e instó a la gente a "pensar en la Tierra".
- En el Museo Barberini de Potsdam, Alemania, activistas de "Última Generación" untaron con puré de patatas el cuadro "Les Meules" de Claude Monet.
- En la National Gallery de Londres, militantes de "Just Stop Oil" lanzaron sopa de tomate sobre "Los Girasoles" de Vincent van Gogh.
- En el Museo del Prado de Madrid, miembros del colectivo "Futuro Vegetal" pegaron sus manos a los marcos de "La maja desnuda" y "La maja vestida" de Goya.
Estos actos, si bien llamativos, raramente resultan en daños materiales a las obras debido a las medidas de protección existentes. Sin embargo, plantean un debate sobre la efectividad de estas tácticas y su impacto en la percepción pública de las causas medioambientales.
