La naturaleza nos sorprende con una diversidad de formas, colores y sabores, y a menudo, lo que percibimos como una verdura común, en realidad es una flor. Este fascinante mundo de la florifagia, o el consumo de flores, nos invita a explorar alimentos que son mucho más de lo que parecen.

La florifagia: un arte culinario ancestral
Las flores comestibles siempre han sido parte de la dieta del ser humano. Aunque por muchos años parece que pasaron a un segundo o tercer plano, algunos restaurantes han retomado estos alimentos, llenos de colores y sabores, para sus platos. Este uso de las flores para consumo humano se llama florifagia, pero no se debe practicar a la ligera. Es importante saber cuáles son las flores consumibles y conocer algunas cosas para hacerlo sin riesgos que puedan afectar nuestro organismo.
Recomendaciones antes de consumir flores
Aunque algunas flores sean tan atractivas y coloridas que pareciera que tienen un sabor espectacular, la respuesta es que no todas son comestibles. En primer lugar, algunas son venenosas, así que son totalmente perjudiciales para el organismo. Y, como segunda observación, aunque otras sí sean aptas para el consumo humano, es importante tener en cuenta algunos parámetros para evitar que nos hagan daño.
- Únicamente aliméntate con flores que tú mismo has cultivado o que sean cosechadas en un espacio exclusivo para ser consumidas.
- Nunca comas flores que compraste o que conseguiste en una floristería, ya que no son cultivadas para el consumo humano y pueden tener pesticidas, fertilizantes u otros productos que son dañinos para el organismo.
- Si eres alérgico al polen, evita a toda costa comer flores, así sean consumibles.
- No comas flores que estén marchitas, sucias o con insectos.
Consejos para el cultivo y preparación de flores comestibles
- Corta las flores un par de horas antes de consumirlas, así van a estar mucho más frescas y no perderán sus características, tanto de sabor como de color.
- Piensa con anticipación cuántas flores vas a necesitar, ya que no suelen conservarse por mucho tiempo y pierden fácilmente su sabor y su olor.
- No incluyas los tallos ni los pistillos de la flor.
- Déjate guiar por la intensidad del color y el olor, es una muestra de las flores en el mejor estado.
- Lávalas con agua, pero con mucho cuidado para no dañar los pétalos.
- Así mismo, seca las flores con papel, pero con mucha suavidad para que no se echen a perder.
Verduras que en realidad son flores
Hay algunas flores comestibles que son mucho más comunes de lo que crees, ya que las consideramos verduras y las usamos con frecuencias en ensaladas, cremas, arroces y otros platos. Puede que no sean las más coloridas o, incluso, que las asociemos con esos olores encantadores que vuelan en el Día de los Enamorados o en algunas fragancias, por eso, seguramente, te va a sorprender que los siguientes alimentos sean, en realidad, flores.

La coliflor: una flor inmadura
Apenas con su nombre ya podemos adivinar que tiene alguna relación con las flores, pero pocos podrían esperar que se trata de una de estas. Su cabeza, de color blanco y que de lejos parece espuma, son flores que no se desarrollaron. La coliflor es uno de los muchos vegetales de la familia Brassicaceae entre los que se encuentran la col, la kale, el brócoli, las coles de Bruselas y la col rizada. También se puede encontrar en color morado, verde o naranja. Entre sus características, está compuesta por una gran cantidad de agua y aporta vitamina C. Descendientes de la col silvestre, en tiempos antiguos la coliflor se parecía a la col rizada o al kale. Hoy en día, las coliflores forman una cabeza compactada de flores blancas sin desarrollar. Desde el punto de vista botánico, la diferencia principal entre el brócoli y la coliflor radica en su estructura floral. La coliflor solamente forma una inflorescencia central, mientras que el brócoli desarrolla una inflorescencia central rodeada por otras menores.
El brócoli: cabezas florales sin desarrollar
Un alimento que genera todo tipo de reacciones, pero que no podemos negar sus cualidades al aportar azufre, potasio y vitamina C. Es un caso similar al de la coliflor, pues en el brócoli que solemos consumir sus flores aún no se han desarrollado, por lo que todavía siguen cerradas. La parte comestible de ambos cultivos es una inflorescencia inmadura que se encuentra en la parte central del tallo; la cual se conoce como cabeza o pella. También, es probable que estas se produzcan y crezcan antes de que nazca la cabeza (esa parte que nos comemos). Por esto es muy importante el control de la temperatura mientras es cultivado. Lo que consumimos del brócoli son las cabezas florales que aún no han desarrollado completamente sus flores. Son estas numerosas cabezas flores las que son aptas para el consumo cuando aún se encuentran inmaduras. Si se dejara crecer sin cosechar, el brócoli desarrollaría pequeñas flores amarillas.
El bimi: un híbrido de brócoli y col china
El bimi, nace de la unión del brócoli y la col china para un resultado único de alto valor nutricional. Popular por su sabor y textura tierna, se codea entre las hortalizas como miembro de la familia de las crucíferas, junto a las coles de Bruselas, col rizada, coliflor y pak choi. El bimi vió la luz por primera vez en las tiendas y mercados en la década del 90, específicamente en 1993 luego de ser desarrollado por la Sakata Seed Company de Yokohama, Japón. Como producto, es el resultado del cultivo y cruza de dos plantas: el brócoli (Brassica oleracea var. botrytis) y la gai lan (Brassica oleracea var. alboglabra), más comúnmente conocido como brócoli chino, col rizada china o "kailaan". El fruto de la relación, fue una brassica nueva que nace comercialmente como "bimi" pero bien lleva otros nombres como Asparation, Baby Broccoli o Broccolini. En tanto sus características, comparte con el brócoli el color verde y vibrante. Ahora bien, el bimi tiene tallos largos y delgados de unos 15 cm aproximados que recuerdan más a un manojo de espárragos verdes. De textura tersa y crujiente, los tallos tienen una pequeña cabeza de coronas más sueltas en la parte superior, que parecen ser como hojas donde nacen unas diminutas flores amarillas. Toda la planta del bimi es comestible, desde su tallo tierno hasta las flores. Se caracteriza por su sabor suave y algo dulce. En crudo, tiene un resabio picante como si se tratara de una mostaza, pero este se disuelve y se vuelve aún más dulce cuando se cocina. En tanto su textura, se asemeja más a los espárragos que al brócoli tradicional. Hoy en día, esta hortaliza se cultiva y comercializa en muchos países.
Diferencias entre brócoli y bimi
| Característica | Brócoli | Bimi |
|---|---|---|
| Sabor | Particular e intenso, a veces amargo | Suave, dulce y delicado |
| Tamaño y forma | Más grueso, duro y corto | Más fino y alargado (tallos de unos 15 cm) |
| Olor | Aroma particular e intenso | Apenas tiene olor |
| Textura cocido | Más grueso | Tallos masticables, flósculos tiernos |
Al igual que el resto de las crucíferas, el bimi está lleno de nutrientes y puede tener varios beneficios para la salud cuando se incluye como parte de una dieta equilibrada. Rico en fibra y potasio, es alto en vitaminas del complejo B y una considerable proporción de vitamina C que alcanza los 60 mg por cada 100 gramos, una cantidad que supera la cantidad de la naranja por ejemplo. En sintonía con lo anterior, el bimi es una buena fuente de calcio y magnesio, los cuales pueden ayudar a regular la presión arterial y mantener los huesos sanos. En tanto su función antioxidante y antiinflamatoria, incluido el sulforafano y los flavonoides, ambos protegen contra el daño oxidativo celular y fortalecen el efecto antitumoral en nuestro organismo.
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La alcachofa: una flor inmadura de la familia del girasol
Si todavía no te ha sorprendido que estos alimentos sean flores, seguramente vas a quedar con la boca abierta cuando sepas que la alcachofa y el girasol hacen parte de la misma familia: las asteráceas (compuestas). Su característica principal es que están formadas por muchas otras florecitas muy pequeñas, las cuales son evidentes cuando la alcachofa se abre. La alcachofa (Cynara scolymus) es en realidad una flor que no ha llegado a abrirse. Lo que nos comemos es la yema floral de una planta herbácea que vive durante unos pocos años y que puede alcanzar el metro y medio de altura. La alcachofa es el un resultado de la domesticación y selección del cardo. Si no la cosechas a tiempo, la alcachofa se convierte en una flor violeta, preciosa pero no apta para comer. En cuanto a la parte alimenticia, te recomendamos comerla ya que te ayuda a elevar el consumo de fibra. Tiene hojas grandes y dentadas de hasta un metro de longitud, con un tono verde en el haz y cubiertas en el envés por unas fibrillas blanquecinas que le dan un aspecto blanquecina. Le hemos llamado flor, pero realmente es una inflorescencia, es decir una estructura que alberga muchas flores diminutas (como ocurre con la fresa y el higo por ejemplo). Habitualmente nos comemos la base de la que surgirán las flores - lo más tierno y sabroso- y las brácteas, esas “hojitas” gruesas y carnosas, que protegen el conjunto como una armadura.
Historia y curiosidades de la alcachofa
Se cree que el cultivo de algo parecido a la alcachofa comenzó en la región del Mediterráneo hace más de 2.000 años. Los griegos y romanos ya hablaban de ella. Su nombre actual viene del árabe “al-kharshûf” (palo de espinas), porque durante la Edad Media los árabes la cultivaron y difundieron por Europa, especialmente en España e Italia. También procede del árabe la palabra alcaucil, como también se la conoce. Los italianos le dieron su forma moderna: carciofo. Como curiosidad, cabe comentar que los colonos españoles y franceses la introdujeron en Norteamérica desde el siglo XVIII, con fines culinarios y medicinales.
Las alcaparras: capullos florales
Un ingrediente muy común en la cocina del Mediterráneo, aunque también es bastante normal añadirlo en el ajiaco bogotano. Se trata del capullo o botón floral de la alcaparra, una flor de pétalos blancos y estambres violetas. Las alcaparras se secan antes de que nazca la flor. Las pequeñas alcaparras se recogen del arbusto mucho antes de que los brotes florezcan, para luego secarse al sol y colocarse en salmuera.
Otras flores comunes en la cocina
Dejando a un lado las verduras de flor, también hay otras flores que son comunes en la cocina y que para nadie es una sorpresa que lo sean. Estas no suelen ser confundidas con verduras u otros tipos de alimentos, pero son también exquisitas.
- Flor de calabaza: una de las flores más usadas al momento de cocinar debido a la variedad de preparaciones que existen. En la cocina mexicana tienen un gran protagonismo. Se pueden consumir fritas o, incluso, rellenas con otros ingredientes.
- Flor de caléndula: esta flor brilla ante los ojos con un color naranja intenso, por lo que queda muy bien como decoración en postres o sopas. También se puede usar para hacer una infusión o entregarle aroma a una ensalada.
- Flor de saúco: de color blanco y un tamaño pequeñito, además de verse muy bien en las ensaladas y darles un toque dulce, debido a su sabor, también son excelentes para hacer infusiones.
- Flor de camomila o manzanilla: otra belleza que sobresale por sus pétalos blancos y centro amarillo, que puede entregarle una sensación dulce a una ensalada o combinar muy bien en un postre. Sin embargo, su uso más frecuente es en infusiones.
Flores conocidas por su belleza y su uso culinario
En esta sección queremos mostrarte algunas flores que son conocidas por su belleza, más que por su uso en la cocina. Sin embargo, también pueden tener un papel relevante al momento de experimentar con sabores y colores en tus platos preferidos.
- La amapola: una flor con la que es mejor tener un poco de cuidado, ya que debes consumirla antes de que nazca el pequeño capullo en la parte de adentro. Sin embargo, teniendo esto en cuenta, la puedes usar para preparar postres o decorar en ensaladas. Siempre sobresale por el color rojo que tiene.
- La begonia: si hablamos de flores ideales para decorar, esta es perfecta. La puedes encontrar en diferentes colores, todos muy intensos y atractivos, como el rojo, el amarillo, el blanco y el rosa.
- El clavel: una de las flores más románticas, que no puede faltar en una buena celebración. Sus colores son espectaculares, ya que se ven en un solo tono o con una mezcla hermosa, por ejemplo, rosas en el centro, con rojo en la base de los pétalos y blanco en las puntas. Perfectas para decorar.
- El diente de león: de un color amarillo muy fuerte y fácilmente reconocible, el diente de león tiene un sabor dulce.
- El girasol: si hablamos de flores que son fáciles de reconocer, el girasol seguramente está en uno de los primeros puestos. La recomendación, en este caso, es cocer sus pétalos al vapor para quitarle ese sabor amargo que contrasta con su belleza.
- El jazmín: una flor muy popular, que es todo un símbolo en lugares como Hawái, donde la usan para hacer los “lei”, esos collares y coronas de flores muy características de esta isla. En cuanto a la cocina, sobresalen por sus propiedades aromáticas.
- Lavanda: de color morado y un olor muy característico, esta flor, curiosamente, tiene un sabor un poco picante.
- La margarita: una flor que también sobresale por esa belleza inconfundible de pétalos blancos, que va muy bien para decorar ensaladas.
- Rosa: todo un símbolo del amor, sobre todo las más rojas, aunque también se encuentran de color blanco o rosa. Sus pétalos se usan para todo tipo de platos: cremas, ensaladas, postres, carnes o salsas.
La flor de algunos ingredientes cotidianos
Para terminar este repaso por las diferentes flores comestibles que puedes encontrar y sembrar, cerramos con algunos ingredientes que usamos con frecuencia en la comida, pero que sus flores no suelen entrar en nuestros planes.
- Flor de albahaca: no nos referimos a la planta que se usa con frecuencia para darle ese toque único y aromático a diferentes platos. Sin embargo, su flor, de color blanco o morado, tiene un sabor muy parecido.
- Flor de romero: se trata de un caso muy parecido al de la albahaca. La flor de romero tiene un sabor semejante al de la planta, pero más ligero y suave. Además, su color es muy atractivo, entre tonos de morado y azules, que contrastan muy bien en una ensalada de hojas verdes. También es excelente en carnes y pizzas, tanto para decorar, como para entregarle aroma.
- Flor de cebolla: la cebolla es, sin duda, una de las verduras que más usamos en todo tipo de preparaciones. Pero su flor no es igual de valorada en la cocina. La puedes encontrar de color morado o blanco y te puede servir para darle un juego de texturas a tus platos, ya que es una flor dura y crujiente.
- Flor de la yuca: de color totalmente blanco y, al igual que la anterior, tiene una textura crujiente. Su sabor es dulce.
- Flor de cilantro: cerramos esta gran lista de flores comestibles con la del cilantro. Agrega pétalos a ensaladas y platillos salados en pequeñas porciones para realzar los sabores sin dominar.