Los foodies, esos peregrinos del buen comer, peinan la geografía española hasta probar las delicias de los restaurantes y hotelitos increíbles y hasta descubrir, si es preciso, un sabor desconocido al final de un sendero sin asfaltar. Caminante, no hay camino… ¡pero cuánto nos gusta caminar si se trata de comer! Porque dar vueltas sin rumbo es marear la perdiz y, cuando el estómago aprieta, donde mejor está la perdiz es estofada, encebollada, asada o en escabeche. ¿Pero qué cocina elegir cuando hay hambre de bocados exquisitos?
La Guía Repsol, que primero se llamó Campsa, ha evolucionado de ser un cuadernillo de papel grueso y lomo de espirales a un archivo digital que se consulta desde el móvil. Por fin, los mapas de carreteras que tanto nos acompañaron, arrugados y dispuestos, ya son el testigo mudo de cómo era el mundo sin Google. Todo ha cambiado mucho y, si los filtros de calidad de la guía nos parecían duros, ahora lo son todavía más gracias a la colaboración de la Real Academia de Gastronomía y a la creación de un Comité de Asesores. Rastrear la calidad excelente es una apuesta de futuro y por eso, el equipo de la Guía Repsol colabora con el Basque Culinary Centre para seguir refinando los criterios de selección. Hay que encontrar a los mejores, se escondan donde se escondan.
Mucho ha cambiado, sí, pero el espíritu de descubrimiento y excelencia sigue siendo el mismo. En 1984, la guía celebró a Ferran Adrià, entonces un recién llegado a las cocinas de El Bulli, como un futuro maestro al que había que seguir de cerca. Pasarían más de diez años hasta que el New York Times lo convirtiera en leyenda con las críticas y los reportajes que hacía tanto que se merecía. A finales de los ochenta, la guía convirtió a Camilo José Cela (¡Don Camilo!) en su padrino e influencer de la buena mesa. España se abría a Europa con una cocina que, en el SXXI, se coronaría como una de las mejores del mundo. La guía iba anticipándoles sus tesoros, poco a poco y al oído, a glotones y sibaritas.

Este año, la biblia de los foodies nos vuelve a sorprender premiando con 10 Soles propuestas fuera de ruta. Un ejemplo es el restaurante El Retiro, que se lleva dos y se encuentra en Pancar, un pequeño pueblo asturiano de apenas 300 habitantes. Otro ejemplo es Kaia Kaipe, un restaurante guipuzcoano que también se ha llevado dos Soles. Igor Arregi, chef de Kaia Kaipe, ha reconvertido este viejo asador, abierto hace más de cien años en Guetaria, en un templo gastronómico frente al puerto y las aguas del Cantábrico. Se ha transformado para abrazar la excelencia en el SXXI.

Con estas palabras aparecidas bajo el epígrafe de "El color de la mañana" en su habitual columna del diario ABC, el Premio Nobel de Literatura 1989, Camilo José Cela, despedía en 1997 sus diez últimos años vividos en la villa alcarreña. Allí escribió la mayoría de las sesenta y cuatro fábulas eróticas que se harían sólidas en el libro La sima de las penúltimas inocencias, de 1993, a lápiz y al alimón con el escultor Josep Mª Subirachs, quien dibujaba desde su estudio en la Sagrada Familia de Barcelona las imágenes alegóricas al texto en simbiosis con el escritor.
La idea de este libro conjunto, La Sima de las Penúltimas Inocencias, publicado en Gaudí y Más, partió de una velada en la finca El Espinar en Guadalajara, donde Cela residía el 27 de junio de 1991, al mostrarle al escultor Subirachs los sesenta y tres textos eróticos con los que el autor pensaba editar un libro. Tras acercar sus puntos de vista acordaron realizar la obra a dúo creando el artista las imágenes que le sugerían los escritos originales. Se pusieron a ello. La primera fábula transcrita al papel, manuscrita, llevaba por título "La última razón" y quedó firmada por el Nobel el 8 de febrero de 1992. El punto final llegaría el día 9 de enero de 1993, anotando al pie de la última línea de la titulada "Índice, Martirologio y Calendario", la frase LAVS DEO y bajo esta invocación de Gloria a Dios, su firma y la fecha.

Si Cela abordó la temática erótica sin cortapisas, el cerebral Subirachs tampoco se autocensuró, llevando en sus ilustraciones a lápiz una sensualidad, moderada unas veces y otras no, bailoteando aquí y allá de límites. En preciosismo positivo-negativo reaparece algún motivo tratado por él con anterioridad. El laberinto, el éxtasis de Santa Teresa, la muerte de Marat, se acompañan de elementos gaudinianos que él traspasa a las páginas del libro. Esa atrevida licencia de mezclar a Gaudí con textos y dibujos de tal cariz no fue del agrado de los responsables de las obras del templo, que no obstante tener conocimiento del contenido del libro por cauces ajenos optaron por no dar publicidad al hecho, confiando en que todo el episodio quedara oculto entre los estrechos muros de los interesados en el tema.
En la madurez de sus carreras, Cela (77 años) y Subirachs (66 años) se sintieron libres y dispuestos a sumergirse en un ludismo no exento de humor que nos asegura que sí, que los dos se lo pasaron en grande componiendo una obra de tal rareza, a medio camino entre la joya editorial y la extravagancia. La edición constó de 999 ejemplares, acordándose con los editores Rosa Carmen Macià y Jordi Nubiola de Les Edicions de l'Estol d'Ocells de Pas, que los 64 originales serían reproducidos en hojas de papel en rama con barbas por un maestro litógrafo para el primer formato, numerados en caracteres romanos y estuchadas sus hojas en una caja/libro encuadernado en piel y decorado con oro fino, en la que se incluiría una de las 64 láminas originales a lápiz autentificada ante notario por los dos creadores. Los restantes 935 ejemplares llevarían las páginas sólo desbarbadas en dos de sus bordes, la numeración pasaría a escribirse en signos arábigos e irían guardadas en una caja forrada en tela color burdeos.
| Formato | Tirada | Numeración | Presentación |
|---|---|---|---|
| Primer formato (papel en rama con barbas) | 64 ejemplares | Caracteres romanos | Caja/libro encuadernado en piel, decorado con oro fino, incluye lámina original autentificada |
| Restantes ejemplares | 935 ejemplares | Signos arábigos | Caja forrada en tela color burdeos |
El lenguaje naturalista de Cela, salpicado con líneas trovadorescas redundantes como un mantra, aún tratándose del siempre poliédrico Don Camilo, aquí suena a verdad, algo que en esa etapa de su obra no es un dato menor. En el libro, Cela descendió -o ascendió- de la obsesionante crudeza sexual alcanzada en Cristo versus Arizona. Por mi parte conocí este proyecto en 1993 cuando aún no había sido publicado, sin tener constancia exacta de lo que había dentro hasta pasado un tiempo cuando lo tuve en mis manos. En lo concerniente a Subirachs yo siempre había contestado con claridad a los temas por los que se interesaba al margen de que le gustara o no mi respuesta -creo que esa fue la base de una relación amigable durante 20 años a pesar de ser un hombre de acusado narcisismo- y así lo hice en esa ocasión cuando me preguntó mi opinión sobre el libro. Su expresión dio a entender que ya tenía noticia de alguna crítica que no le gustaba, siempre fue un hombre perspicaz y seguramente de ahí su interés por saber mi parecer como alguien ajeno a su círculo de loas. No fui más allá ni le transmití los comentarios desfavorables que me habían llegado acerca de lo inadecuado de su decisión. -Lo hecho, hecho está,-concluyó molesto al despedirnos.
Maite Sarró, amiga y compañera de largo recorrido del escultor a lo largo de treinta años, aseguraba, como también Marina Castaño viuda de Cela y ambas entrevistadas para mi libro sobre Subirachs, que entre escritor y escultor existía un nexo de admiración y respeto. Maite recuerda cómo era la relación entre las dos parejas: - Con Camilo José Cela y su mujer Marina estuvimos juntos varias veces; en su casa de Guadalajara, en los restaurantes Recó de Can Fabes en Sant Celoni, en El Dorado Petit de Sant Feliu de Guixols... Una vez que fuimos a verlos al hotel Ritz, Camilo nos abrió la puerta y… Durante años, La Sima de las Penúltimas inocencias parecía haber desaparecido de la circulación incluidas las librerías de lance y anticuarios. Pero un depósito que permanecía paralizado en determinadas manos cambió de dueño y ahora sí (2012) será posible hacerse con uno de estos ejemplares de precio forbesiano. Si es usted de los que se han salvado de la crisis y no sabe qué hacer con sus ahorros, ya está enterado, puede invertir en un bien de peso.