Despertarse en el paraíso se debe parecer mucho a lo que, como tantos, solemos hacer las mañanas de los fines de semana: remolonear entre las sábanas hasta que nos llega el olor del café y del pan tostado. No necesitaremos mojar magdalenas para recobrar el tiempo perdido, para sentirnos cobijados, a gusto y un poco melancólicos por la mañana. Es decir, un poco felices.
El encanto del café: más allá del sabor
Parte del misterio del café es que huele mucho mejor que sabe. Uno siempre se pone a buscar el olor en cada trago, y se le escurre a uno como el agua entre las manos. Más o menos como nos pasará luego con el día.
No hay nada mejor que el olor a café por la mañana. Es posible que no pocas de las personas que han leído esta frase hayan asentido, como quien está ante una verdad absoluta. A primera hora de la mañana, los rellanos de los edificios huelen al café recién hecho de los habitantes de los pisos.
El olor a café es muy popular y, además, se asocia con una serie de ideas positivas. Es decir, vemos el café con buenos ojos - quedamos para tomar un café, al fin y al cabo - y sabemos que nos salva la vida - un estudio de neurociencia señaló que solo el olor a café ‘revive’ a las personas cansadas.

El café como herramienta de marketing olfativo
¿Por qué huelen tantos sitios a café y por qué se vende esta bebida en tantos lugares? En segundo lugar, el café tiene un valor añadido. Huele bien y cambia la percepción que los consumidores tienen de las cosas. Es un poderoso activo de marketing olfativo.
Las propias marcas de la industria cafetera lo tienen muy presente: Nespresso huele especialmente a café y no es ni una casualidad ni algo completamente natural por lo que venden. En los puntos de venta, el aroma a café funciona de forma similar al olor a pan. Si huele a pan, como bien han descubierto los supermercados, nos sentiremos mucho más tentados no solo a comprar pan sino también a hacernos con productos vinculados, esto es, todo aquello que podemos comernos con el pan.
Estudios de caso sobre el impacto del aroma a café
- Un experimento en una tienda de una gasolinera descubrió que las ventas subían en un 300% cuando aromatizaban a café el espacio. Esto es, puede que no hubieses pensado en comprarte café en la gasolinera, pero si pasas y huele poderosamente sube la probabilidad de que lo hagas.
- Eso sí, si lo que se quiere es vender café, hay otros olores que funcionan muy bien. Un experimento en Estocolmo reveló que la intención de tomarse un café sube si huele a galletas de chocolate recién hechas. No solo eso: la percepción de la cadena de cafeterías analizada subía entre una parte de los sujetos de la muestra. Y aunque, curiosamente, el olor a galletas podría vender más café que el propio olor a esta bebida, esta combinación de aromas tiene un impacto positivo.

El poder del marketing sensorial: el caso Dunkin' Donuts
El poder del olor es tal que, cuando Dunkin' Donuts entró en el mercado surcoreano (donde no estaba asociado a ese producto), se lanzaron a por el marketing aromático. Lo hicieron en los espacios públicos en los que se lanzaban sus anuncios: cada vez que se emitía en la radio de los autobuses uno de sus anuncios, un dispersor echaba aroma a café. Así, el mensaje auditivo se reforzaba con el aromático, en un mix de marketing sensorial potente. Funcionar, funcionó: las ventas subieron en un 29% y el tráfico a tienda en un 16%.
☕️ ¿Qué es el MARKETING SENSORIAL? | Ejemplo de Cafeterías [VIDEO] #marketingsensorial
La experiencia personal del café y el desayuno
Entre semana me suelo levantar ateo y descreído, así que reservo para los fines de semana algún arábica de calidad que me perfume las mañanas, como el de Illy o el Colombia de Areces. Últimamente caigo alguna vez en la cómoda tentación del Nespresso, pero les aseguro que, aunque está bueno, es un mal sucedáneo: su olor no pasa de la cocina.
El pan y sus acompañamientos
Si tengo algún pan de hogaza suelo tostarlo para echarle un chorro de buen AOVE sin más compañía que un poquito de sal. Pero al aceite le falta ese no sé qué de ternura que se le hace tan grata a nuestro desvalido ánimo de primera hora, y que sí traen los cruasanes, los bizcochos o las tostadas con mantequilla. Como en Oviedo no encuentro nada que me recuerde a aquellos cruasanes del barrio judío de París, ni tengo la costumbre de hacer bizcochos, suelo conformarme con las tostadas.

Mieles y mantequillas: una elección con carácter
Esta mañana usé una mantequilla que compré a una paisanina en el mercado de la Pola de los martes. Más densa y basta que aquella de Grado, con un color dorado-amarillo intenso, sabrosa y fresca, sin ningún atisbo de enranciamiento, que era lo que temía. Manteca más que mantequilla, tal como me dijeron.
Pero lo mejor vino con el acompañamiento. Soy más de miel que de mermeladas, y entre las mieles, soy más de mieles turbias e intensas, como las de Brezo, que de las más claras y ligeras. Hoy abrí una Miel de Brezo de Boal y resultó fantástica: intensa, densa, pero a la vez muy fina y fresca. Pero lo que la hacía realmente especial era un nítido aroma floral.
