El significado profundo de "Te conocimos, Señor, al partir el pan"

La experiencia de sentirnos acompañados por Jesús, de sentarnos a su mesa y compartir su pan, es la más bella vivencia de Resurrección. Esta profunda verdad se revela de manera conmovedora en el relato de los discípulos de Emaús, una historia que nos ofrece una clave esencial para reconocer al Señor en medio de nuestras propias dudas y frustraciones.

El camino a Emaús: del desconcierto al reconocimiento

El Domingo 3º de Pascua nos sitúa en un momento de desilusión. Ese mismo día, dos de los discípulos se dirigían a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén sesenta estadios. Iban conversando entre sí de todo lo que había acontecido. Y mientras comentaban y discutían, el propio Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos, aunque sus ojos eran incapaces de reconocerle.

Los discípulos estaban profundamente decepcionados. Tenían una crisis de fe por el escándalo de la cruz, una crisis porque no se habían cumplido sus expectativas, su proyecto. El relato de los caminantes de Emaús, tan sumergidos en la tristeza y en el fracaso, pudiera ser el de cualquiera de nosotros que hemos sabido de frustraciones y de tropiezos. Aquellos discípulos estaban entristecidos y sin esperanza, porque esperaban un triunfo que había fallado.

Al ser cuestionados por Jesús sobre su conversación, se detuvieron entristecidos y le contaron lo que había acontecido: "Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y ante todo el pueblo: cómo los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Sin embargo nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel. Pero con todo, es ya el tercer día desde que han pasado estas cosas. Bien es verdad que algunas mujeres de las que están con nosotros nos han sobresaltado, porque fueron al sepulcro de madrugada y, como no encontraron su cuerpo, vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles, que les dijeron que está vivo."

Jesús, entonces, les reprendió con dulzura: "¡Necios y torpes de corazón para creer todo lo que anunciaron los Profetas! Y comenzando por Moisés y por todos los Profetas les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?" Jesús camina junto a aquellos dos hombres, que han perdido casi toda esperanza, de modo que la vida comienza a parecerles sin sentido. Comprende su dolor, penetra en su corazón, les comunica algo de la vida que habita en Él.

Jesús explica las Escrituras a los discípulos de Emaús

Llegaron cerca de la aldea adonde iban, y él hizo ademán de continuar adelante. Pero la culminación llega al manifestar su necesidad, al reconocer la oscuridad que se avecina y pedir que se quede con ellos: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer”.

Y la respuesta del Señor superó toda expectativa. Y cuando estaban juntos a la mesa tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su presencia. Lo habían reconocido al partir el pan. En la fracción del pan, cuando estaban sentados con Él a la mesa, se abrieron también sus ojos, con lo cual tuvieron la dicha inmensa de poder contemplar su naturaleza glorificada. El partir el pan, el acoger la Palabra, el sentarse a la mesa, ha transformado el corazón de aquellos dos hombres que se sentían desahuciados.

Discípulos de Emaus - Padre Ángel Espinosa de los Monteros

Los múltiples significados de "Partir el Pan"

La Biblia utiliza la expresión "partir el pan" de diferentes maneras, cada una enriqueciendo nuestra comprensión de la presencia de Cristo.

En primer lugar, los Hechos de los Apóstoles (2:42-46) describen a la iglesia primitiva partiendo el pan como parte de su comunión: "Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración" (NBLA). Los primeros cristianos se reunían con frecuencia para compartir comidas comunes, que incluían el partimiento del pan. Hechos 2:44 menciona que tenían "todas las cosas en común", lo cual incluía compartir los alimentos, de modo que cada uno recibía de los otros lo que necesitaba.

Comunidad cristiana primitiva compartiendo el pan

Otro tipo de partimiento del pan es el que se observa en la Cena del Señor o comunión cristiana. Durante la Última Cena, descrita en 1 Corintios 11:23-39, Jesús tomó un pan, lo partió y se lo dio a Sus discípulos diciendo: "Esto es Mi cuerpo que es para ustedes; hagan esto en memoria de Mí" (NBLA). El partimiento del pan en esa primera mesa de comunión ha sido repetido a lo largo de los siglos como una forma de recordar tanto ese primer acto como Su sacrificio en la cruz y el establecimiento del Nuevo Pacto en Su sangre (v. 25).

Un significado aún más profundo del pan partido es el simbolismo de Cristo, el Pan de Vida, siendo partido en la cruz por nuestro pecado. En esa primera comunión en el aposento alto, Jesús describe el partimiento del pan con estas palabras: "Esto es Mi cuerpo que es para ustedes" (1 Corintios 11:24). Aunque ningún hueso de Su cuerpo fue quebrado en la cruz (Juan 19:31-33, 36; Salmo 34:20), Su piel y carne fueron desgarradas por los golpes con varas y puños, por azotes y latigazos, por espinas, clavos y lanzas. Su cuerpo y alma fueron separados por la muerte, y por esa quebradura, nosotros somos sanados (Isaías 53:5). Como Su pueblo, participamos de Sus sufrimientos y Su quebranto, siendo quebrantados por el pecado, así como Él fue quebrantado por el castigo que voluntariamente recibió para redimirnos.

Contextos del "Partir el Pan" en las Escrituras

La expresión "partir el pan" tiene diversas connotaciones según el contexto bíblico en el que se utilice:

Contexto Bíblico Significado Referencia
Comunión primitiva Compartir comidas y bienes comunes entre creyentes, reflejando unidad y apoyo mutuo. Hechos 2:42-46
Cena del Señor / Eucaristía Acto litúrgico que conmemora el cuerpo de Cristo sacrificado y el establecimiento del Nuevo Pacto en su sangre. 1 Corintios 11:23-29
Simbolismo de Cristo Jesús, el Pan de Vida, ofreciendo su cuerpo y vida en la cruz por la redención de la humanidad. 1 Corintios 11:24, Isaías 53:5
Reconocimiento de Jesús La revelación de la presencia de Cristo resucitado, especialmente como en el episodio de Emaús. Lucas 24:30-31, 35

En la escucha confiada de la Palabra de Dios y en la Eucaristía se alimenta la Iglesia en su peregrinar hacia el cielo. El relato de Emaús refleja de ese modo la importancia que tienen en la Iglesia la Sagrada Escritura y la Eucaristía para alimentar la fe en Cristo.

La Iglesia: el hogar donde se parte el pan

No te puedes alejar de Jerusalén, es decir, de la Iglesia, de la comunidad cristiana. Y menos en los momentos de crisis. Es especialmente en la dificultad cuando más necesitas la cercanía de los hermanos. Dios no te ha creado para la soledad, sino para la relación, la comunión y la donación. Como afirmó San Cipriano: "No podemos tener a Dios por Padre si no tenemos a la Iglesia por Madre".

La Iglesia nos explica las Escrituras, en las que encontramos "la ciencia suprema de Cristo" (Fil. 3,8). En la mesa familiar que es la Iglesia, ella parte y comparte con nosotros el Pan de la Eucaristía, en la que se forja y modela nuestra existencia cristiana y nuestra fraternidad. Sin ella no podemos vivir, como proclamaban los mártires de Cartago en el año 304.

A vosotros, cristianos anónimos, sin vínculos visibles con la Iglesia, el evangelio de este domingo os hace esta propuesta que yo os presento con humildad y con amor: volved a la comunidad, volved a la Escritura, volved a la Eucaristía. Rezo por vosotros y os invito a volver como los de Emaús a la comunidad, al hogar cálido de la Iglesia, que os recibirá siempre con los brazos abiertos y os acompañará en vuestro camino de fe. Si no, ya sabes: ¡vuelve a Jerusalén!, ¡escucha la Palabra!, ¡invoca al Señor!, ¡vive la Eucaristía!

La Iglesia acogiendo a los fieles

"Hagan esto en memoria mía": El llamado a partirnos por los demás

«Hagan esto en memoria mía» (1Co 11,24.25). El apóstol Pablo, escribiendo a la comunidad de Corinto, refiere por dos veces este mandato de Cristo en el relato de la institución de la Eucaristía. «Hagan esto». Es decir, tomen el pan, den gracias y pártanlo; tomen el cáliz, den gracias y distribúyanlo. Jesús manda repetir el gesto con el que instituyó el memorial de su Pascua, por el que nos dio su Cuerpo y su Sangre.

«Partir» es la otra palabra que explica el significado del «hagan esto en memoria mía». Jesús se ha dejado «partir», se parte por nosotros. Y pide que nos demos, que nos dejemos partir por los demás. Precisamente este «partir el pan» se ha convertido en el icono, en el signo de identidad de Cristo y de los cristianos. Recordemos Emaús: lo reconocieron «al partir el pan».

Cuántas madres, cuántos papás, junto con el pan de cada día, cortado en la mesa de casa, se parten el pecho para criar a sus hijos, y criarlos bien. Cuántos cristianos, en cuanto ciudadanos responsables, se han desvivido para defender la dignidad de todos, especialmente de los más pobres, marginados y discriminados. ¿Dónde encuentran la fuerza para hacer todo esto? El Papa Francisco ha reivindicado la labor de los santos -famosos o anónimos- que precisamente «encontraron en la Eucaristía la fuerza para hacer todo esto». Que el gesto de la procesión eucarística, que dentro de poco vamos a hacer, responda también a este mandato de Jesús.

Discípulos de Emaus - Padre Ángel Espinosa de los Monteros

La presencia de Jesús en nuestra vida cotidiana

No estás solo. El Señor camina contigo. Está en medio de tu vida, de tu cruz, de tus sufrimientos. Si no lo ves, ¡llámalo! ¡Invócalo! Dile: Señor, ¡quiero verte! ¿Por qué no hacer nosotros la misma petición? Jesús también para nosotros tiene su compañía, tiene su palabra que ilumina, tiene puesta la mesa y el pan que compartirá.

Jesús caminando con personas en la vida cotidiana

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