Las tartas de queso han ganado protagonismo en los últimos años, y en Las Palmas de Gran Canaria, un nuevo obrador promete conquistar a los fanáticos de este postre. Ubicado en la zona de Triana, este pequeño pero acogedor local, llamado Aristeo, apuesta por un concepto minimalista pero cuidadosamente estudiado que hará que quieras probar cada uno de sus sabores.

El sueño de Patri y Charlie
Detrás de este proyecto gastronómico se encuentran las ideas innovadoras de dos dueños apasionados por el mundo culinario, Patri y Charlie (Carlos Hernández y Patricia Reyes), ingenieros de profesión. Ellos han luchado por su sueño aprendiendo de los mejores: desde Luna & Wanda hasta Álex Cordobés, conocido por tener una de las mejores tartas de queso en Madrid. Ahora, su experiencia se traduce en creaciones irresistibles, con ingredientes locales y texturas que enamoran a cada bocado.
Todo comenzó cuando Charlie, tras una operación de rodilla, se encontró con tiempo libre para perseguir un sueño que llevaba años rondando su mente. «Siempre habíamos tenido ganas de emprender o de tener algo nuestro», señalan, «salíamos a comer mucho, viajábamos para comer, dedicábamos tiempo a la gastronomía sin ser nosotros nada de eso, sin saber de hostelería». Una idea que fueron madurando durante el tiempo libre obligado que tuvo tras la operación de rodilla.
CynCensura Con Aristeo Cázares
Un periplo del héroe en busca de la tarta perfecta
Las primeras semanas las dedicaron a experimentar en la cocina, convirtiendo las noches en maratones interminables con el horno siempre encendido. Su objetivo estaba claro, buscaban dar con la tarta de queso perfecta, esa que despertara las papilas gustativas y dejara a cualquiera con la boca hecha agua desde el primer bocado.
Comenzó entonces un proceso de ensayo y error en su propia cocina. El horno de casa se convirtió en un obrador improvisado, con todo patas arriba. «Las primeras parecían tortillas francesas», apunta Carlos. «La receta es fácil, pero hay que jugar mucho con lo que tienes, lo que te dura cada tipo de queso, la temperatura», precisa Patricia. Tuvieron que hacer múltiples pruebas hasta conseguir el punto que ellos querían.
En un reciente post del local, los dueños relatan que el camino no fue fácil. Estuvo lleno de pruebas fallidas, risas, y un invaluable apoyo de amigos y familiares. Fue un auténtico periplo del héroe, decidieron arriesgarse, viajar en busca de sabores únicos y explorar texturas diferentes. Finalmente, toda esa ilusión y esfuerzo culminaron en un horneado que no solo se convirtió en su seña de identidad, sino en una pasión compartida.
«El cumpleaños de mi cuñado, el hermano de Patricia, fue la prueba de fuego», indica él, «la llevamos, a la gente le gustó y preguntaron qué dónde la habíamos sacado y así nos tiramos a la piscina ya del todo». Pensaban que las habían comprado, pero «tuvieron muy buena aceptación». Y tanto que gustó el experimento, «los amigos de mi cuñado siguen viniendo aquí, son clientes fijos».

La elección del nombre y la ubicación
Tras mucho ensayo y error, probar ingredientes y darle vueltas a la cabeza nació Aristeo, un local especializado en tartas de queso en Las Palmas de Gran Canaria. La mitología griega cuenta que el dios Aristeo, hijo de Apolo y la cazadora Cirene, enseñó a los hombres a hacer queso. Hoy el nombre de esta deidad de la Antigüedad cuelga en la fachada de un pequeño local de la calle Arena, una de las transversales de la calle Triana. El local apenas tiene un par de mesas y la carta se reduce a una serie de tartas de queso y unas pocas bebidas. Nada más.
«Decidimos lanzarnos con las tartas de queso porque vimos que en Madrid se llevaba mucho, en Barcelona, en Sevilla, en Tenerife tienen la Varguita», apunta Carlos, «así que vimos la oportunidad». Por el camino descartaron otras ideas, aunque siempre tuvieron claro que querían enfocarse en los desayunos y las meriendas, que es lo que realmente les apasiona, «nos gusta mucho, más que ir a comer».
La idea cuajó. Nunca mejor dicho. Tocó entonces buscar un local. Encontraron un local pequeño a unos pocos pasos de Triana. Hicieron una pequeña reforma en la que también implicaron a su familia y el negocio quedó materializado el 3 de enero, día en el que abrieron las puertas.
La propuesta gastronómica de Aristeo
Aristeo destaca no solo por su cálida atención, sino también por su creatividad a la hora de elaborar tartas de queso. Aunque el obrador es pequeño, su ambiente y la cercanía de sus dueños hacen que te sientas como si estuvieras en tu casa. «Para nosotros, no se trata solo de tartas», explican. «Es mucho más que eso. Es compartir momentos, crear algo especial juntos y transmitir nuestra dedicación en cada bocado», concluyen.
A diario, en la carta son ya fijas:
- La clásica, con queso de flor de Guía
- La canaria, con queso de Pajonales
- La de galleta belga de caramelo
- La de pistacho
- La de gorgonzola
- La de chocolate al 70%
«Todas tienen una base de queso crema y luego ya vamos innovando con otros sabores», apunta Patri. De hecho, ya de cara al verano están valorando «algo más afrutado».

Además, el obrador planea innovar continuamente con nuevos sabores que prometen no dejar a nadie indiferente. Para el Día de Canarias idearon una de ambrosías Tirma y otra de merienda canaria con gofio y plátano. Y es que también han hecho algún evento, como la fiesta que montaron en abril sacando «una tarta distinta cada hora». Tarta de Petit Suisse incluida. Estuvieron en Gran Canaria Me Gusta y la experiencia fue muy buena, cuentan. En plena zona comercial de Triana, hay un pequeño local que está revolucionando el universo repostero. El motivo ha sido una tarta con Donut en su interior, coronada con Filipinos y bañada en chocolate blanco. Otras de sus «locuras más virales» incluyen la de licor de crema, cubanitos o tiramisú que ya tiene a toda Gran Canaria hablando de ella.
Aristeo se hace viral
Todo esto, compaginándolo con su trabajo como ingenieros, él aeronáutico y ella civil. «Para cuando llegó final de mes el local se hizo viral después de venir un influencer», relata Patricia. Por ese entonces tenían poca producción de tartas, «unas diez al día», por lo que ese primer boom provocó que «algunos días cerráramos antes porque no teníamos más».
Ahora ya han contratado a una pastelera y han aumentado la producción, aunque siguen al pie del negocio «echando una mano, ayudando y cuando ella no está», además de idear nuevas recetas. La textura cremosa, los sabores inesperados y ese toque casero que te hace volver una y otra vez.