Seguro que has oído o probado incluso el viejo truco de las madres y abuelas para comprobar si un huevo fresco se hunde o flota con un vaso de agua. Si te preguntas por qué un huevo fresco se hunde mientras que los huevos en mal estado o podridos flotan, te lo explicamos. O más bien lo explica la ciencia.
Antes de nada, debemos aclarar que en los huevos se imprime casi siempre la fecha recomendada para su consumo, pero no la de caducidad del huevo. Esta confusión hace que los españoles tiremos más de 188 millones de huevos al año según un estudio de Too Good to Go, la start up que lucha contra el desperdicio de alimentos en España y en toda Europa.
Y todo porque existe la falsa creencia de que si un huevo flota está contaminado y no es apto para el consumo. Lo cierto es que el hecho de que si un huevo fresco se hunde o flota en la prueba del agua indica realmente que no está fresco, pero no que haya trazas de contaminación. Para esto habría que abrirlo y comprobar la coloración y sobre todo el olor.

La prueba de flotación del huevo: cómo funciona y qué significa
Aunque existen otras formas para comprobar si un huevo está podrido o es apto para el consumo, la más popular es la del bol con agua o prueba de flotación. Con esta se presume de saber si un huevo fresco se hunde o flota y por lo tanto si hay garantías para su consumo o mejor tirarlo porque se ha pasado. Para este experimento necesitaremos: un huevo fresco, un huevo de varias semanas, un vaso y agua.
Es tan sencillo como llenar un vaso u otro recipiente con agua suficiente para cubrir ampliamente el volumen del huevo sin desbordar. A continuación, introduciremos el huevo y de la posición que este adopte podremos extraer conclusiones sobre la frescura -o no- que preserve.
Escenarios de la prueba de flotación:
- El huevo se hunde completamente y sin lugar a dudas. Aquí tenemos la certeza de que el huevo se mantiene completamente fresco y por lo tanto no tendría por qué presentar ningún olor extraño o coloración diferente en la yema o en la clara. Si sumergimos un huevo fresco en un recipiente de agua, este enseguida caerá hasta el fondo por su peso, y se quedará ahí.
- El huevo se hunde pero tiende a flotar, levantando la parte superior y quedando como si se tratara del "menhir de Obélix". Esta situación indica que si bien el huevo aún se mantiene fresco, aunque comienza a 'envejecer', por lo que se puede y debe comer cuanto antes. Sin embargo, si realizamos la misma prueba con un huevo que hayamos comprado hace tiempo, se sumergirá al principio, pero para luego subir hasta la superficie y flotar.
- El huevo flota completamente. Indica que está pasado, pero no tiene por qué suponer que esté podrido. Para comprobarlo hay que abrirlo y observar su aspecto, además de olerlo. Y sí, en el caso de que se haya podrido, el olor lo delatará nada más abrirlo. Si el huevo no se hunde y se queda flotando en la superficie, está malo.
Huevos, agua y sal
¿Por qué los huevos flotan cuando están pasados? La explicación científica
¿A qué se debe estas resoluciones? ¿Por qué cuando está pasado un huevo fresco se hunde o flota en el agua? La explicación está en su propia naturaleza. La yema, la clara del huevo y los gases internos hacen que el huevo presente mayor densidad que el líquido que lo contiene, de modo que es más pesado que el agua 'que lo soporta'. En consecuencia, el huevo se hunde hasta el fondo.
Cuando el huevo comienza el proceso de descomposición, libera los gases contenidos sobre la clara y la yema, y los descompone. Esto les conduce a ser gases y por lo tanto, con menor densidad que el agua. Esto supone que el huevo flota cuando no está fresco. Ojo, que no significa que el huevo se hunda o flote porque tiene menos o más gases. La masa permanece siempre invariable.
La cáscara de un huevo es una superficie porosa, lo que significa que permite el intercambio de ciertas sustancias, como los gases, con el exterior. Con el paso del tiempo, el huevo pierde humedad, que se escapa a través de estos poros; la cáscara se vuelve rugosa y disminuye de tamaño. Al mismo tiempo, en el interior, la clara y la yema también encogen, y su tamaño lo pasa a ocupar una cámara de aire -que penetra debido a la porosidad-.
Esta actúa como si fuese un flotador, elevando el huevo hasta la superficie cuando lo sumergimos en agua. Así, no solo sabrás un poco más de ciencia, sino que además cuidarás tu salud. Se debe al progresivo aumento de la cámara de aire que existe en el interior del huevo, a medida que su contenido de agua se evapora a través de los poros de la cáscara a lo largo de los días.

Fiabilidad de la prueba y otras formas de comprobar la frescura
¿Hasta qué punto es fiable para determinar la frescura del huevo esta prueba cuyo origen se pierde atrás en el tiempo? Los especialistas coinciden en señalar que resulta considerablemente fidedigna.
Desde Granjas Redondo te recordamos, eso sí, que solo es aconsejable llevar a cabo esta prueba si vas a consumir el huevo justo a continuación, ya que al mojarlo se puede debilitar la cáscara y por lo tanto hacerlo más vulnerable a los agentes microbiológicos. Esta prueba de inmersión solo debe hacerse si lo vamos a consumir en ese momento.
Otras pistas para determinar la frescura de un huevo:
- El olor: Si abres un huevo podrido comprobarás que lo habitual es no necesitar tan siquiera ver cómo está con el fuerte olor que desprende. El olor que se desprende corresponde a sulfuro de hidrógeno, uno de los más pesados en el aire que inflamable y tóxico.
- Aspecto de la yema y la clara: Si al romper la cáscara, la yema está dura y bien definida y la clara también tiene los límites bien definidos, el huevo está fresco. Cuanto más acuosa sea la clara, menos fresco está el huevo, aunque todavía puede consumirse. La textura de la yema y la clara nos dan pistas del estado de un huevo.
- Sonido al agitar: Otra opción para comprobar si un huevo está malo es acercarlo a la oreja y agitarlo.
- Etiquetado: A priori, podemos consultar en un correcto etiquetado de los huevos toda la información que necesitemos para su consumo. Lo primero a la hora de comprar huevos es fijarse en la fecha de consumo preferente. Si tenemos en cuenta los estudios del Instituto de Estudios del Huevo, los huevos pueden consumirse hasta 28 días después de su puesta.

| Característica | Huevo Fresco | Huevo Menos Fresco | Huevo Pasado/Podrido |
|---|---|---|---|
| Prueba de Flotación | Se hunde completamente | Se hunde pero tiende a flotar | Flota completamente |
| Yema | Dura y bien definida | Algo menos definida | Decolorada, turbia |
| Clara | Límites bien definidos, consistente | Más acuosa | Turbia, sin consistencia |
| Olor | Neutro | Neutro | Fuerte olor a sulfuro de hidrógeno |
Manejo y conservación de los huevos para prolongar su vida útil
Los huevos de gallina son un alimento básico en la cocina, porque su precio no es muy elevado y es una buena fuente de proteínas, grasas saludables, vitaminas y minerales. Los huevos no tienen fecha de caducidad propiamente dicha, sino una fecha de consumo preferente de 28 días a partir de la puesta. "El consumidor puede optar por consumirlos una vez excedido ese plazo sin que suponga necesariamente un problema sanitario”, señala Laura Meschede, especialista en el departamento Food Safety and Quality Specialist en ALDI España.
No hay que lavar los huevos antes de guardarlos aunque la cáscara esté sucia. "La cáscara es de carbonato cálcico y tiene una cutícula que protege la parte comestible del huevo. Al lavarlos desaparece y podría favorecer la entrada de microorganismos o suciedad en su interior y afectar su seguridad alimentaria.
Para preservar de la mejor manera posible la vida útil de un huevo, debemos guardarlos en un lugar fresco y seco y evitar fluctuaciones de temperatura, que destruirían la cutícula natural protectora del huevo. En periodos de altas temperaturas estivales, y si no se va a consumir en un breve periodo de tiempo, se pueden guardar en la nevera, siempre que este almacenamiento sea en la fase previa a su consumo.
No es recomendable guardar los huevos en la puerta de la nevera, porque al abrir y cerrar los huevos se someten a muchos saltos de temperatura y podrían aparecer baterías nocivas. Para no tener un problema de seguridad alimentaria, AESAN precisa que los huevos deben mantenerse limpios, secos, alejados de olores intensos y de la luz solar directa y protegidos contra los golpes.

Importancia de la higiene y riesgos de la Salmonella
Todo el mundo conoce la peligrosidad de comer un huevo en mal estado, pero no se conocen muchos trucos para detectarlo de forma rápida. Consumir un huevo en mal estado puede producir intoxicaciones peligrosas, sobre todo en los meses de más calor, por lo que ante la duda, es mejor asegurarnos de que el huevo no está malo.
Ahora bien, que un huevo esté en fecha no siempre significa que cumpla todas las condiciones higiénico-sanitarias. Lamentablemente no hay una regla 100% fiable para saber si un huevo está bueno, es decir, es apto para su consumo, “ya que existen afectaciones microbiológicas que no son observables desde el exterior o a simple vista. Meschede reconoce que “existen contaminaciones que afectan a la seguridad alimentaria del huevo que no son visibles a nivel organoléptico.
En ocasiones, el riesgo higiénico-sanitario no está en el corral, sino en nuestra propia cocina, por ejemplo, si los utensilios no están bien lavados, si usamos los mismos instrumentos para manipular distintos alimentos crudos o si dejamos los huevos junto a carnes crudas. Otra de las claves principales de la higiene alimentaria es el lavado de las manos antes y después de manipular alimentos, o de ir al baño, pues hay personas sanas que pueden ser portadoras de salmonella.
“La Salmonella causa salmonelosis, una toxiinfección alimentaria que puede provocar diarrea, fiebre y cólicos estomacales. Es importante extremar la higiene en la cocina porque esta bacteria no provoca alteraciones perceptibles en las características de los alimentos. Es decir, una tortilla puede estar contaminada con Salmonella y presentar unas características de aspecto, olor y sabor completamente normales.
En las preparaciones con huevo crudo, añadir vinagre o un poco de limón, añade un sabor diferente y reduce su pH, disminuyendo el riesgo de infección por Salmonella. Si hemos manipulado el huevo dentro de unas condiciones de higiene correctas, lo siguiente es refrigerar. ¿Has preparado una mayonesa casera? Úsala inmediatamente. Si sobra, guárdala siempre en el refrigerador y no olvides consumirla en las 24 horas siguientes. Pasado ese tiempo, hay que tirarla. Esto aplica igualmente a la ensaladilla rusa u otras preparaciones con mayonesa casera.