Rahab y Salmón: Fe, Redención y el Linaje de Jesús en la Biblia

La historia de Rahab, una mujer cananea de la ciudad de Jericó, es una de las más fascinantes y sorprendentes del Antiguo Testamento. Ella no solo destaca por su extraordinaria fe, sino también por su inesperado lugar en el linaje de Jesucristo. Su relato, encontrado en Josué 2-6, describe la conquista de la ciudad fortificada de Jericó por parte de los israelitas.

Jericó: Una Ciudad Condenada y su Gente

En su época, Jericó era la ciudad fortificada cananea más importante del valle del Jordán, una fortaleza que se encontraba directamente en el camino de los israelitas después de cruzar el río Jordán (Josué 3:1-17). Era una de las principales sedes de la adoración de ídolos, especialmente dedicada a Astarot, la diosa de la luna. Aquí se encontraba todo lo más vil y degradante de la religión de los cananeos.

Los excesos del país se debían en gran parte a la religión. Jehová conocía muy bien la barbarie que tenía lugar en Canaán. Tanto es así que dijo: “La tierra está inmunda, y traeré sobre ella castigo por su error, y la tierra vomitará a sus habitantes” (Levítico 18:25). Siendo el justo “Juez de toda la tierra”, él había leído sus corazones y podía ver lo arraigadas que estaban su maldad y su depravación (Génesis 18:25; 1 Crónicas 28:9). Ese era el caso de Jericó.

Rahab: La Prostituta de Jericó

Rahab era una joven prostituta cananea. Esta idea ha escandalizado tanto a algunos comentaristas bíblicos que prefieren pensar que se trataba de una simple encargada de posada. Pero la Biblia es clara y no disfraza la verdad (Josué 2:1; Hebreos 11:31; Santiago 2:25). Es probable que en la sociedad cananea la profesión de Rahab fuera, hasta cierto grado, respetable. Aun así, la cultura no siempre puede acallar la conciencia, ese sentido interno de lo bueno y lo malo que nos ha dado Jehová (Romanos 2:14, 15).

Quizás Rahab estuviera consciente de que su oficio era degradante. De seguro anhelaba una vida mejor. En su tierra abundaban la violencia y los actos degenerados, como el incesto y el bestialismo (Levítico 18:3, 6, 21-24). Rahab no era valorada por su pueblo y no veía una vida mejor, una vida con esperanza. Llevaba el estigma y la vergüenza de la prostitución. No había recibido misericordia de su sociedad.

Rahab la prostituta en Jericó

La Fe de Rahab: Un Camino Hacia la Esperanza

A lo largo de los años, Rahab había escuchado los informes que llegaban sobre Israel y su Dios. ¡Qué diferente era de los dioses cananeos! Este Dios luchaba por sus adoradores, no los oprimía; elevaba sus normas morales, no las rebajaba. Este Dios valoraba a las mujeres, no las veía como objetos sexuales que se podían comprar, vender y humillar en ritos pervertidos. En Jericó, su ciudad natal, Rahab oyó hablar del Señor, el Dios de Israel. Ella oyó las historias sobre su huida de Egipto, el cruce del Mar Rojo, las andanzas por el desierto y su reciente victoria sobre los amorreos.

Rahab aprendió lo suficiente para llegar a la conclusión correcta y salvadora: "El Señor vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra" (Josué 2:11). No hay dudas en la mente de Rahab: Jehová le dará la victoria a su pueblo. La fe de Rahab la movió a actuar. Tal como dice la Biblia, “fue declarada justa por [sus] obras” (Santiago 2:25).

Los Espías y el Pacto

Unos cuantos días antes de que los israelitas marchen alrededor de Jericó, Josué, su comandante, envió secretamente desde Sitim a dos espías a reconocer la tierra, especialmente Jericó. Estos espías no llegan a casa de Rahab por casualidad. En un lugar así, un forastero de seguro pasaría inadvertido. Rahab los recibe hospitalariamente (Santiago 2:25). Les permite la entrada en su hogar, y si tiene sospechas sobre quiénes son o qué hacen allí, eso no la detiene.

El rey de Jericó se enteró de que dos espías israelitas estaban dentro de su ciudad y ordenó que se los llevaran. De pronto llegan unos mensajeros del rey de Jericó. Corre el rumor de que hay unos espías israelitas en casa de Rahab. Rahab, la mujer con la que se alojaban los espías, los protegió y los escondió en su tejado entre los tallos de lino que tenía secándose en la azotea.

Rahab es ingeniosa y actúa enseguida. Entonces les dice a los mensajeros del rey: “Sí, es cierto que los hombres vinieron a mí, y yo no sabía de dónde eran. Y aconteció que, al tiempo de cerrar la puerta, al oscurecer, los hombres salieron. Simplemente no sé adónde se habrán ido los hombres. Corran tras ellos rápidamente, porque los alcanzarán” (Josué 2:4, 5). Los hombres del rey salen corriendo hacia los vados del Jordán (Josué 2:7). ¡El engaño funciona!

Rahab sube corriendo a la azotea y les cuenta a los espías lo que ha hecho. Pero además les revela un dato crucial: Jericó está desmoralizada y tiembla de miedo a causa de los invasores. Ella les ruega que les perdonen la vida a ella y a su familia. Ellos aceptan, pero con una condición: tiene que guardar su secreto y debe colgar un cordón rojo escarlata de su ventana, sobre la muralla de la ciudad. Rahab prepara el escape de los espías: cuelga una soga de su ventana para que puedan bajar por el muro y escabullirse hacia las montañas.

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La Caída de Jericó y la Salvación de Rahab

Poco después, Jehová detiene el curso del río Jordán e Israel cruza sobre suelo seco (Josué 3:14-17). De seguro, Jericó se sacude de terror al enterarse de lo ocurrido. Llegan entonces los largos días de las marchas de Israel alrededor de Jericó: seis días, seis marchas. Pero el séptimo día es diferente. La marcha comienza al amanecer, y tras rodear la ciudad una vez, el ejército continúa caminando (Josué 6:15). Los soldados rodean la ciudad siete veces y se detienen en seco. Los cuernos dejan de sonar. Se hace un silencio sepulcral. Dentro de las murallas, la tensión es casi insoportable. De pronto, a la señal de Josué, el ejército alza sus voces por primera vez. ¡Qué grito tan poderoso! La gran estructura de piedra comienza a temblar bajo sus pies. Se sacude, se resquebraja y se derrumba por completo.

La caída de las murallas de Jericó

Pero ocurre algo curioso: al asentarse la nube de humo, se observa una sección de la muralla que ha quedado en pie. Es la casa de Rahab, un monumento solitario a la fe de una mujer sobresaliente. ¡Su familia está sana y salva! Rahab y su familia sobrevivieron a la ejecución de aquella impía ciudad. Al ver que su hogar sobresalía entre las ruinas de la muralla como una palmera en el desierto, los israelitas reconocieron que Jehová estaba con ella. Tras la batalla, se le permitió a Rahab acomodarse cerca del campamento de Israel, y con el tiempo se integró a la nación. Rahab se salvó gracias a su fe en "Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra." (Hebreos 11:31).

Salmón y el Linaje de Jesús

Finalmente, Rahab se casó con Salmón, un israelita de la tribu de Judá. Su hijo fue Booz, el marido de Rut. Esta unión es significativa porque Rahab, la prostituta cananea, se convierte en parte del linaje de Jesucristo. La Biblia de las Américas, Nueva Biblia Latinoamericana, Reina Valera Gómez, Reina Valera 1909, Biblia Jubileo 2000 y Sagradas Escrituras 1569 coinciden en este hecho:

Versículo Descripción del linaje
Mateo 1:4-5 Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón; y Salmón engendró de Rahab a Booz, y Booz engendró de Rut a Obed, y Obed engendró a Isaí.
1 Crónicas 2:11-12 Naasón engendró a Salmón, y Salmón engendró a Booz; Booz engendró a Obed, y Obed engendró a Isaí.
Rut 4:21 Salmón engendró a Booz, Booz engendró a Obed, y Obed engendró a Isaí.

Árbol genealógico de Jesús mostrando a Rahab y Salmón

Algunos han imaginado una historia romántica entre Rahab y Salmón, donde Salmón era uno de los espías y se enamoraron. Sin embargo, no fue el amor romántico lo que movió el corazón de Rahab a mostrar piedad con los espías; en realidad fue el miedo y su fe en el poder del Dios de Israel.

El Legado de Rahab: Un Símbolo para los Creyentes

La historia de Rahab demuestra que nadie es insignificante a la vista de Jehová. Él nos ve a todos y lee nuestros corazones. Y cuando descubre una chispa de fe, como la que había en el corazón de Rahab, se llena de alegría. Rahab no pereció con los desobedientes por lo que hizo por fe (Hebreos 11:31).

Con frecuencia se dice que Rahab, además de ser una persona histórica real, también representa una prefiguración o "tipo" simbólico de la iglesia y de los creyentes gentiles. De hecho, fue la primera conversa gentil que se conoce. Hay muchas formas en las que Rahab representa a la iglesia:

  • En primer lugar, ella era parte de un sistema mundial pagano, una prostituta, que por su conversión fue capaz de convertirse en una novia legítima. Del mismo modo, Israel fue el primer pueblo elegido por Dios, pero fue apartado temporalmente para que los gentiles pudieran entrar en el reino de Dios, y ahora la iglesia es considerada la esposa de Cristo (Romanos 11; Efesios 5:25-27).
  • En segundo lugar, Rahab, por haber albergado a los espías, se salvó gracias a su fe en "Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra." (Hebreos 11:31). Del mismo modo, los cristianos se salvan por la fe en Jesucristo.
  • En tercer lugar, aunque Rahab y los cristianos se salvan por un acto de gracia mediante la fe, la verdadera fe requiere y se ejemplifica con la acción (Santiago 2). Rahab tuvo que poner el cordón escarlata por la ventana. Los cristianos deben aceptar a Jesucristo como su Salvador y Señor y luego pasar a vivir de una manera que demuestre que nuestra fe es real.
  • Cuarto, Rahab podría haber indicado la ubicación de su casa de cualquier manera. Pero la única manera en que pudo salvarse fue siguiendo las indicaciones que le dieron los espías israelitas. El mundo nos dice que hay muchos caminos hacia Dios y la salvación, y que todos son igualmente válidos. Pero la Biblia nos dice, con respecto a Jesucristo, que "en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12).
  • En quinto lugar, la fe de Rahab le permitió apartarse de su cultura, de su pueblo y de su religión y acercarse al Señor.
  • Por último, cuando venimos a Cristo, nuestro pasado ya no importa. Se hace borrón y cuenta nueva para todos los que creen y aceptan el sacrificio de Jesús en la cruz por nosotros. A Rahab ya no se la consideraba una prostituta impura, sino una digna por gracia de formar parte del linaje de nuestro Señor Jesucristo. Así como ella fue injertada en el linaje de Cristo, nosotros nos convertimos en hijos de Dios y en partícipes de Su herencia (Romanos 11).

En la vida de Rahab encontramos la historia inspiradora de todos los pecadores que han sido salvos por la gracia. Dios elige a los más bajos para humillar a los más altos, para que todos puedan ver que la verdadera fuente del amor sólo se encuentra en el Señor. Rahab era débil; pertenecía a lo más bajo de la sociedad de Jericó. Si te sientes perdido en tu vida, debes saber que Dios ama a los perdidos y encuentra placer en transformar sus vidas y cambiar el curso de sus historias.

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