La historia de Bonilla a la Vista comenzó en 1932, cuando Salvador Bonilla decidió dejar la Marina para dedicarse a hacer churros y patatas fritas en Ferrol. Salvador, un hombre galante y jovial, montó una churrería antes del auge del sector, estableciendo las bases de un negocio que pronto se convertiría en un referente. El nombre, simpático, viene de una anécdota familiar: cuando el padre de César Bonilla volvía al barco, gritaba la proclama "Bonilla a la vista" para responder a la típica frase "¿quién anda ahí?".

En 1949, la familia llegó a La Coruña abriendo la primera churrería en la calle Orzán. Fue entonces cuando a César, hijo de Salvador, se le ocurrió repartirlas por toda la ciudad utilizando latas de 24 litros, originalmente destinadas a almacenar grasa de barcos. Nacía así el primer reparto de patatas fritas con aceite de oliva en latas de todo el mundo. Aunque el proyecto original sufrió un parón de 30 años, en 1988 César se sacó la espina montando una fábrica en el polígono de Sabón, en Arteixo, donde no ha parado de freírlas y sazonarlas con sal marina.
El secreto de una calidad artesanal
A sus 89 años, César Bonilla sigue siendo el jefe de la fábrica de patatas más famosa de Galicia. Cada lunes, miércoles y viernes aparece por la central donde se fríen miles de kilos al día para catar la producción. Si cree que no están lo suficientemente crujientes, las desechan; para César, sus patatas son las mejores del mundo y la calidad es lo más importante.
| Componente | Detalle |
|---|---|
| Ingredientes | Patata, aceite de oliva y sal |
| Valor energético | 544 kcal / 100 g |
| Grasas | 34,4 g (de las cuales saturadas 5,38 g) |
| Envase | Lata de acero inoxidable reutilizable |
El proceso se caracteriza por un corte fino al milímetro y el uso de aceite de oliva 100% nacional. El secreto de la conservación reside en sus icónicas latas, que permiten abrir y cerrar el producto múltiples veces sin que pierda su frescura característica.
Video corporativo Bonilla a la Vista
De Galicia al estrellato mundial
La fama de estas patatas ha traspasado fronteras, llegando a servirse en más de 20 países. Sin embargo, su salto a la cultura popular global ocurrió gracias al cine. La lata apareció en la oscarizada película coreana Parásitos, lo que disparó las ventas y convirtió a este snack en un objeto de deseo entre influencers coreanos y estrellas del K-Pop. Como señala Fernando Bonilla, hijo de César: "Corea representa el 80% de las exportaciones. Nos piden que mandemos más pero no podemos porque es un producto artesanal y atendemos lo que podemos".

El reconocimiento continuó recientemente cuando Oprah Winfrey incluyó las patatas Bonilla a la vista en su famosa lista Oprah’s Favorite Things. El impacto fue inmediato: en tan solo cuatro horas se agotaron las 4.000 unidades disponibles a través del programa de la ABC. Este éxito refuerza la filosofía de la empresa, que mantiene una producción anual de 500.000 kilos, elaborados siempre de forma artesanal y con el compromiso de ofrecer un bocado sublime que combina tradición, calidad y una imagen honesta.