Casi todo el mundo tiene claro que las hamburguesas no son recomendables para un consumo frecuente. Este alimento, aunque popular, presenta una serie de características y componentes que lo hacen cuestionable desde el punto de vista nutricional y de la experiencia culinaria.
Tropecientos ingredientes
Las hamburguesas, en muchos casos, se utilizan con otros elementos que son menos recomendables, como beicon, queso y salsas. Es común encontrar una mezcla de 55 productos en una superficie de unos 10 centímetros de diámetro. Por separado, muchos de estos ingredientes son magníficos, pero todos juntos, es un error. Es imposible distinguirlos y es muy poco probable que combinen entre ellos.

Carne regular (mal) disfrazada
La carne roja no es recomendable para un consumo frecuente, sobre todo si contiene cantidades elevadas de sal y otros ingredientes de poco interés, como agua o almidones. No es lo mismo la carne picada que la "burguer meat", que contiene más elementos además de la carne. La calidad de la carne a menudo se ve comprometida, y la mezcla de numerosos mejunjes y acompañamientos sirve para disimular una ternera de baja calidad.
Es muy fácil que el exterior de la carne se contamine con microorganismos patógenos procedentes de la piel y el intestino del animal debido a los procesos realizados en el matadero. Por ello, no se deben comer hamburguesas poco hechas.
¿Qué suma el pan a una hamburguesa?
El pan de hamburguesa, en muchos casos, contiene proporciones considerables de grasas, sal y azúcares, y aporta una alta cantidad de calorías. Además, generalmente está elaborado con harinas refinadas. Los panes para cubrir la hamburguesa que se comercializan en la actualidad son muy variados y las características nutricionales también cambian.
De media, los valores nutricionales por cada 75 g de pan (el tamaño más habitual) son los siguientes:
| Nutriente | Cantidad por 75g de pan |
|---|---|
| Energía | 218 kcal |
| Grasa | 3,4 g |
| Grasas saturadas | 1,1 g |
| Hidratos de carbono | 38 g |
| Azúcares | 4 g |
| Proteínas | 7,4 g |
| Fibra | 2,3 g |
| Sal | 0,9 g |

¿Es mejor si el pan es «rústico»?
Mensajes como «rústico» o «receta gourmet» que podemos ver en productos como Dulcesol Rustic no están definidos en la legislación. Son puro marketing y no garantizan una mejor calidad nutricional.
Calorías densas como un agujero negro
La hamburguesa es un alimento con un elevado aporte de energía, pero de escaso valor nutricional, debido al exceso de sal y grasas en su composición. Tiene una densidad en ingredientes y calorías que se acerca peligrosamente a la de un agujero negro. El consumo habitual de carnes rojas incrementa el riesgo de padecer cáncer de colon, mientras que demasiado pan blanco favorece la aparición de la diabetes y la obesidad.
¿Cuánta grasa tiene la comida rápida como las hamburguesas?
Hay que ducharse después de comerlas
Una de las quejas recurrentes es el desmoronamiento de la hamburguesa al comerla. El pan, a menudo blandengue, desaparece y provoca que el comensal termine con las manos, la nariz, la barbilla, los codos y la ropa manchada de jugos y salsas. Las hamburgueserías se convierten en un lugar donde se libra una sutil batalla campal con comida.

Salsas sin ton ni son
Las hamburguesas suelen ir acompañadas de una gran variedad de salsas, que a menudo son de baja calidad o contienen ingredientes poco saludables. Desde la mayonesa de lemongrass ahumado con miso y extracto de Santo Sudario, hasta la "salsa secreta" que sale de un bote de 5 kilos, o el coulis de tomate con Pedro Ximénez y chalotas (mermelada).
El kétchup, esa salsa horripilante, la peor de todas, si no es casera, sabe como el vómito de gaviota. Y la mostaza, en biberones amarillos, es un insulto a la planta de donde salen sus granos. Incluso las salsas dulces como la teriyaki, cuentan como postre.
La glamurización de la inanidad
La industria de la hamburguesa a menudo contrata a cocineros reputados para glamurizar la comida basura. Incluso la aparición de hamburguesas vegetarianas y veganas, que si bien no son tan malas, tampoco se entienden del todo, ya que son conglomerados de cereales y/o legumbres especiados entre dos panes migosos. El sentido original de la hamburguesa hace varias décadas, radicaba en ofrecer un "bocadillo" que permitiese al trabajador o ciudadano apurado poder mordisquear y alimentarse con rapidez, sin manchar platos.
Para aquellos que consumen hamburguesas, es preferible hacerlas en casa, eligiendo buenos ingredientes: evitar o reducir en la medida de lo posible las salsas, no añadir ingredientes como queso o beicon e incorporar otros como tomate, cebolla, lechuga y una pieza compuesta por carne al 100 %.
En definitiva, almorzar o merendar debe ser un momento tranquilo, de disfrute y conversación. Y aunque en los restaurantes también se puede sentir uno engañado, unas sencillas reglas garantizarán el éxito. En último caso, siempre será mejor la tapa o tentempié castizo. No obstante, no todas las hamburguesas son iguales -no es lo mismo una simple que una completa- y no todo el mundo las come en los mismos contextos ni con la misma frecuencia. Como apunta Lurueña, las personas con hábitos saludables como hacer ejercicio, llevar una dieta saludable, no fumar y no beber con regularidad, pueden comer una hamburguesa de forma ocasional sin poner en peligro su salud.
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