El horno microondas, uno de los electrodomésticos más presentes en la vida cotidiana del siglo XXI, nació de un descubrimiento accidental que transformó radicalmente la forma en que los seres humanos preparan y consumen alimentos.
Su origen se remonta a la década de los cuarenta, cuando Percy Spencer, un ingeniero que trabajaba en el desarrollo de radares, notó que una barra de chocolate que llevaba en el bolsillo se había derretido al encontrarse cerca de un magnetrón, un dispositivo capaz de generar ondas electromagnéticas de alta frecuencia. Intrigado por el fenómeno, decidió realizar pruebas con otros alimentos, como granos de maíz y huevos, observando que el calor producido por estas ondas podía cocinarlos rápidamente desde el interior.
Pura serendipia, como pasó con la penicilina. Pero eso fue lo que ocurrió, y repitió el experimento con granos de maíz. Las palomitas saltaban por el laboratorio. Al día siguiente, calentó tanto un huevo de gallina que salpicó a un compañero. Ilusionado por su hallazgo, le puso una caja metálica que atrapaba las ondas.
El hallazgo, aunque inicialmente no buscado, despertó el interés por desarrollar un aparato que aprovechara este principio para la preparación de alimentos. Los ingenieros de Raytheon estudiaron y perfeccionaron los primeros bocetos de Spencer, se patentó en 1946 y al año siguiente vio la luz el primer microondas: pesaba 80 kg, medía 1,60 y costaba la friolera de 5000 dólares; además necesitaban de una instalación de agua para refrigerarlos. El primer prototipo de horno microondas fue de grandes dimensiones, pesaba más de 300 kilogramos y estaba destinado principalmente a entornos industriales o a cocinas de restaurantes.
A finales de 1946, la compañía Raytheon solicitó una patente para cocinar alimentos con microondas. En 1947, se lanzó el primer horno microondas comercial. Estas primeras unidades eran aparatosas, de 1.60 m de altura y 80 kg de peso. El magnetrón se refrigeraba con agua, de modo que era necesario instalar un circuito especial.
Al principio solo fue usado en restaurantes, industrias y lugares especiales dónde fuese difícil mantener la comida caliente, pero en los años 70, con la llegada de la miniaturización y tras numerosas mejoras, el microondas era ya un horno doméstico presente en numerosos hogares de todo el mundo. El elevado costo y el consumo energético, junto con su tamaño poco práctico, retrasaron su llegada al mercado doméstico.
Los comerciantes tenían el problema de cómo podrían mantener calientes los alimentos hasta que se los comprasen, ya que si se descomponían sería una pérdida obviamente cuantiosa. Al aparecer el empleo del horno de microondas, pudieron mantener los productos congelados en el lugar donde se servían y luego los podían calentar rápidamente en el horno de microondas. Esto proporcionaba alimentos más frescos, con menos desperdicio y más ahorro. De inmediato los negocios de alimentos rápidos y restaurantes se dieron cuenta que el horno de microondas resolvía más problemas de los que creaba.

Cuando la industria alimenticia descubrió el potencial y la versatilidad del nuevo invento, este se aplicó a usos variados, como deshidratar verduras, tostar café o frutos secos, descongelar y cocinar las carnes, abrir ostras, pasteurizar leche, etc. Otras industrias lo emplearon para el secado de corcho, cerámica, papel, cuero, tabaco, fibras textiles, lápices, flores, libros húmedos y cerillas. También se emplearon las microondas en el proceso de curado de materiales sintéticos como nailon, hule y uretano.
Sin embargo, a causa de la desconfianza hacia los nuevos "hornos electrónicos de radar", no fue hasta los años setenta cuando se empezó a usar en las cocinas domésticas. Nadie moría de "envenenamiento" por las radiaciones, ni quedaba ciego, estéril o impotente debido al uso de hornos de microondas. En 1971 menos del 1 % de los hogares estadounidenses tenían microondas, en 1978 la cifra ascendió al 13 %, llegando al 25 % en 1986.
Llegaron los años 70 y el microondas se popularizó. La gente empezó a perderle el miedo (era tecnología demasiado nueva) y, hacia 1976, el 60% de los hogares americanos tenía uno. En 1975 las ventas de hornos de microondas rebasaron el número de cocinas de gas por primera vez. Al año siguiente se informó de que el 17 % de los hogares japoneses cocinaban con microondas, en comparación con el 4 % de los hogares estadounidenses.
En 1986, los derechos de patente de los hornos microondas superaron a los lavavajillas y llegaron al 60% de los hogares estadounidenses (alrededor de 52 millones). La comodidad del tiempo y el ahorro de energía de los hornos microondas han cambiado enormemente los hábitos culinarios estadounidenses.
Evolución y miniaturización
Entre 1948 y 1966 pasó de ocupar lo que un armario a tener el tamaño de un lavavajillas actual. Eran tecnología punta a punto de mejorar más aún. Este tenía el tamaño de un arcón para helados y era muy difícil de operar. Aun así, supuso todo un récord. La fabricación no daba a basto y los restaurantes invirtieron en la idea.
Al desarrollarse un nuevo magnetrón enfriado por aire, se eliminó la necesidad de colocar tuberías de refrigeración, lo que permitió fabricar hornos más baratos y manejables. Así, la potencia de las microondas se distribuyan de manera homogénea por el interior del aparato. En él, no hace falta un motor adicional que gire los platos y, como consecuencia, encarezca tanto la compra como el mantenimiento.

Principios de funcionamiento
Un horno de microondas funciona haciendo pasar la radiación no ionizante de microondas, generalmente a una frecuencia de 2,45 gigahercios (GHz) (con una longitud de onda de 122 milímetros) a través de la comida. La radiación de microondas está entre las frecuencias de radio común y de infrarrojos.
Las microondas que salen del magnetrón rebotan en la jaula metálica del horno microondas y calientan las moléculas de agua de los alimentos. Como buena parte de la comida es agua (la carne es un 75% agua y la fruta ronda el 90%) el proceso es muy efectivo.
El agua, las grasas y otras sustancias presentes en los alimentos absorben la energía producida por los microondas en un proceso llamado calentamiento dieléctrico. Hay moléculas, como las del agua, cuya estructura forma dipolos eléctricos, lo que significa que tienen una carga positiva parcial en un extremo y una carga negativa parcial en el otro, y por tanto oscilan en su intento de alinearse con el campo electromagnético alterno de los microondas. Al rotar, se producen rozamientos y choques, que son los que elevan la temperatura.
El calentamiento por microondas es más eficiente en el agua líquida que en el agua congelada, ya que en el estado sólido del agua el movimiento de las moléculas está más limitado. Los azúcares y triglicéridos (grasas y aceites) absorben las microondas debido a los momentos dipolares de sus grupos hidroxilo o éster. Sin embargo, debido a la capacidad calorífica específica más baja de las grasas y aceites y a su temperatura más alta de vaporización, a menudo alcanzan temperaturas mucho más altas dentro de hornos de microondas.
Los hornos de microondas funcionan de la siguiente manera: un aparato llamado magnetrón convierte la energía eléctrica en energía de microondas, que en esta forma alcanza el alimento. Las ondas electromagnéticas agitan las moléculas bipolares presentes en los alimentos, especialmente las del agua, y estas son las que elevan la temperatura.
Cómo Funciona un Horno Microondas | explicado con Animación 3D
Innovaciones y usos modernos
Hace tiempo, calentar leche o agua en el microondas resultaba caro e incluso aparatoso. Ahora, regulamos la potencia, elegimos el tiempo y pulsamos el botón sabiendo que la leche quedará perfecta para el café o el té. Las posibilidades culinarias tardaron tiempo en salir de aquel restaurante de Boston donde fue instalado el primer microondas. No era así en los años 80 o 90, en los que la función grill del horno microondas consumía tanto que resultaba prohibitivo.
Gracias a estas innovaciones, el horno microondas ha pasado de ser un buen lugar donde asar carne y verduras a un electrodoméstico multiusos todo en uno. No hay plato que se resista al abanico de funciones con el que ahora cuentan estos electrodomésticos, que gracias a la programación inteligente guardan hasta memorias programables.
Sucede lo mismo en el ejemplo del Producto del Año 2018 que veíamos antes, el Whirlpool Extra Space Crisp MWF 427 SL, con capacidad de 25 litros que se convierten en 30 litros al carecer de plato giratorio. Además, cuenta con el sistema de limpieza Auto Clean y varios programas bajo el nombre de Auto Cook. Ambas prestaciones, probablemente, son la siguiente gran innovación en el horno microondas. Elegimos cocinado y peso para que el electrodoméstico se encargue de dar con el programa que mejor se ajuste a nuestras necesidades y luego se limpie solito.
Actualmente no falta en los hogares, empresas o restaurantes, y aparte de calentarnos nuestras infusiones, ya podemos cocinar con él desde huevos cocidos, tortilla de patatas, bizcochos, magdalenas, incluso las tradicionales pastas de té. Lo último, horno con microondas, función doble de la firma Bosch.
La eficiencia energética es otro punto a favor, pues consume menos electricidad que un horno convencional para tareas similares, al no requerir un precalentamiento prolongado ni generar calor en el ambiente de forma significativa. Además, al reducir el tiempo de cocción, el microondas puede preservar una mayor cantidad de nutrientes en comparación con algunos métodos tradicionales que implican una exposición más prolongada al calor.
En contextos industriales y de servicios, su utilidad se refleja en la preparación ágil de platos en restaurantes, hospitales o comedores escolares, donde el tiempo de servicio es un factor determinante. El microondas también ha favorecido la expansión de productos alimenticios diseñados específicamente para su uso, como comidas precocinadas y envases adaptados, lo que ha estimulado nuevas dinámicas en la industria alimentaria.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que, si se siguen correctamente las instrucciones del fabricante, el horno de microondas es seguro y conveniente para cocinar una gran variedad de alimentos. Se recomienda comprobar que la puerta del microondas cierra adecuadamente y que las juntas no estén dañadas. Normalmente, las microondas están contenidas dentro del horno y no se generan sin que la puerta esté cerrada y el horno encendido. Utilizar solamente contenedores y platos específicos para microondas. Se recomienda reposar los alimentos por varios minutos después de la cocción a fin de que el calor se distribuya de manera uniforme.
El microondas es un invento destinado a hacernos la vida más fácil y rápida, esto no quita a su uso con sentido común, usando los recipientes correspondientes para cada situación y usándolo de manera apropiada.

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