La degradación del suelo es un problema global que amenaza la fertilidad de la tierra y el suministro de alimentos. Este fenómeno, que implica la pérdida de las cualidades físicas, químicas, biológicas y ecológicas del suelo, es resultado de perturbaciones naturales y, en gran medida, de la acción humana. Proteger este valioso recurso requiere comprender sus causas, efectos y remedios viables.
Un suelo sano permite cultivar alimentos más saludables y nutritivos. Es la base de nuestra producción alimentaria y alberga más del 50 % de la biodiversidad de nuestro planeta. Sin embargo, el 33% de los suelos del mundo se encuentran degradados, incluyendo el 20% de las tierras de cultivo y el 43% de los pastizales, afectados por fenómenos como la erosión, la salinización o la urbanización.

¿Qué es la degradación del suelo?
La degradación del suelo se refiere a la pérdida de sus cualidades físicas, químicas, biológicas y ecológicas debido a perturbaciones naturales o a causa del hombre. Algunos ejemplos de este proceso son el agotamiento de nutrientes y materia orgánica, la erosión, la acidificación, la desertificación y la contaminación. Diversos factores influyen en el grado de deterioro de la tierra, como su estado inicial, la naturaleza y gravedad de las presiones a las que se ve sometida, y las reacciones de la tierra a esas presiones. Evitar la degradación es esencial para preservar la seguridad alimentaria mundial, ya que reduce el potencial del ecosistema para producir bienes y servicios para el ser humano.
La degradación del suelo es una amenaza global, especialmente grave en regiones como Europa, Eurasia, Asia y África del Norte, según la FAO. Fenómenos como la erosión, la pérdida de carbono orgánico, la salinización, la compactación, la acidificación y la contaminación química son los principales responsables del deterioro actual del suelo. Este mal invisible aparece cuando la concentración de contaminantes en la superficie es tan alta que daña la biodiversidad del suelo y pone en riesgo nuestra salud, principalmente a través de la alimentación.
Tipos de degradación del suelo
Existe una amplia gama de factores que pueden desencadenar la degradación del suelo. Sin embargo, todas las causas encajan perfectamente en uno de estos cuatro grupos:

| Tipo de degradación | Razones y consecuencias |
|---|---|
| Biológico | Implica la disminución de la actividad microbiana, debido a reacciones bioquímicas destructivas, especialmente en tierras desnudas y/o desprotegidas, lo que reduce el rendimiento y hace que la tierra sea menos apta para el cultivo. |
| Químico | Causada, principalmente, por los fertilizantes sintéticos y los pesticidas, disminuye la nutrición de las plantas, afecta a la cantidad de microbios beneficiosos y al contenido de humus, y cambia el pH del suelo. |
| Ecológico | Relacionado con el medioambiente, principalmente el cambio climático (alteración del régimen de precipitaciones, aumento de las temperaturas, fenómenos meteorológicos extremos). La deforestación y la pérdida de la cubierta vegetal contribuyen a la degradación ecológica del suelo al exponerlo a la erosión y causar alteraciones en los ecosistemas. |
| Físico | Provoca la pérdida y agotamiento de la capa fértil del suelo debido a eventos como inundaciones, escorrentías superficiales, corrimientos de tierras, viento, tormentas, labranza intensiva o el uso de maquinaria pesada. A largo plazo, perjudica la fertilidad, composición y estructura del suelo. |
Causas de la degradación del suelo
Aunque existen causas de carácter natural, como precipitaciones de agua o erupciones de volcanes, la mayoría de las causas de la contaminación del suelo son producidas por el ser humano. La degradación del suelo se produce de forma natural, pero las actividades humanas la han acelerado en las últimas décadas. Entre los principales factores impulsados por el hombre que ponen en peligro los suelos están:
- La deforestación: La tala contribuye a la eliminación de la cubierta vegetal que previene la erosión del suelo, y el crecimiento demográfico, la sobreexplotación y el aumento en la demanda de alimentos llevan a la creación de más industrias, lo que nos lleva nuevamente a la deforestación.
- La contaminación: El uso de fertilizantes, fármacos y plaguicidas empleados en la industria ganadera y agrícola es uno de los motivos que provoca la contaminación del suelo. La contaminación del suelo, causada por el vertido de contaminantes tóxicos y sustancias químicas a través de vertidos industriales, eliminación incorrecta de residuos o escorrentías agrícolas, es una amenaza para la salud humana y el medioambiente.
- Malas prácticas agrícolas:
- El monocultivo, que agota ciertos nutrientes del campo.
- El riego ineficaz, que afecta negativamente a la estructura de la tierra y a la disponibilidad de nutrientes.
- La dependencia excesiva de fertilizantes y pesticidas químicos, que conduce a una degradación de la salud del suelo.
- Prácticas de cultivo agresivas, como el arado profundo y la labranza pesada, que debilitan los agregados del suelo y alteran su estructura.
- El uso de plaguicidas de forma preventiva en la agricultura, de los cuales tan solo el uno por ciento llega a las plantas.
- Los suelos sobreexplotados que reducen la fertilidad de la capa del suelo a nivel superior.
- Pastoreo excesivo: Provoca la degradación de los suelos al agotar la cubierta vegetal y aumentar la compactación del suelo.
- Expansión urbana: Implica la conversión del suelo, el sellado del terreno y la construcción de infraestructuras, todo lo cual conduce a la pérdida de suelo fértil y a la degradación de la tierra.
- Actividades industriales y mineras: Pueden liberar o verter contaminantes tóxicos y metales pesados en la tierra, haciéndola inadecuada para fines agrícolas o ecológicos.
- Desechos nucleares y vertidos incontrolados: Los vertidos incontrolados de aguas residuales no tratadas y procedentes de instalaciones ganaderas, municipios o industrias, que pueden contener sustancias químicas contaminantes, son otra causa de contaminación del suelo, además de contaminar aguas superficiales y subterráneas.

Consecuencias de la degradación del suelo
La contaminación del suelo tiene una serie de consecuencias nocivas tanto para las personas como para los animales y vegetación, llegando al empobrecimiento global del ecosistema. Muchas de estas consecuencias se producen de forma silenciosa y lenta. La degradación del suelo tiene consecuencias negativas de gran alcance, como corrimientos de tierra, inundaciones, desertificación, contaminación del agua y descenso de la producción de alimentos en todo el mundo.
- Salud humana: La exposición continuada a suelos contaminados genera daños congénitos y enfermedades crónicas. Los contaminantes de la tierra pasan a nuestro organismo a través de la cadena trófica, propiciando la aparición de enfermedades.
- Impacto en las plantas: La presencia de metales contaminantes y productos químicos en el suelo puede producir ciertos efectos adversos en las plantas, como inhibición en el crecimiento, fotosíntesis o alteración de la permeabilidad de la membrana celular.
- Salinización del suelo: El contenido de sal en la tierra alcanza niveles peligrosos, lo que ralentiza el crecimiento de los cultivos e incluso puede hacer que la tierra no sea apta para el cultivo.
- Acidificación del suelo: La disminución del pH del suelo afecta a la población de microorganismos, lo que a su vez impacta en la productividad del ecosistema terrestre y el ritmo del ciclo de nutrientes, debilitando su integridad estructural.
- Pérdida de materia orgánica: La materia orgánica, que actúa como pegamento uniendo las partículas del suelo, se pierde, lo que aumenta la probabilidad de erosión y pérdida de fertilidad.
- Compactación del suelo: Las repetidas pasadas de maquinaria agrícola pesada provocan densidades elevadas en el suelo, lo que tiene un efecto devastador en el crecimiento y desarrollo de los cultivos agrícolas, ya que las raíces no pueden brotar a través de una masa tan espesa.
- Pérdida de calidad y productividad de la tierra: La capa superficial del suelo, que contiene la mitad del fósforo y potasio disponible, se pierde, lo que reduce el rendimiento de los cultivos. La erosión y la degradación graves del suelo provocan un enraizamiento poco profundo, una estructura subsuperficial débil y una compactación excesiva, lo que se traduce en una pérdida de productividad que no puede compensarse con fertilización suplementaria.
- Pérdida de tierra cultivable: Afecta a las regiones agrícolas de todo el mundo y supone una amenaza para la seguridad alimentaria mundial. La aridez, la disminución de la cubierta vegetal, la erosión y la salinización, así como el agotamiento del carbono orgánico, desempeñan un papel importante.
- Contaminación y obstrucción de los cursos de agua: La tierra pierde su capacidad de filtro natural, y los sedimentos y contaminantes (fertilizantes, pesticidas, metales pesados) son arrastrados, aumentando la sedimentación y obstruyendo los cursos de agua.
- Pérdida de biodiversidad: La degradación del suelo tiene un efecto adverso sobre los microorganismos que viven en él, y la disminución de la biodiversidad acelera los procesos de pérdida de suelo.
- Aumento de las inundaciones: El suelo pierde parte de su capacidad para absorber agua, lo que aumenta el riesgo de inundaciones al fluir más agua de lluvia por la superficie hacia los cuerpos de agua.
- Desertificación: Se produce cuando se reducen los nutrientes en tierras anteriormente fértiles, haciendo que la zona sea menos apta para el crecimiento vegetal. El cambio climático, exacerbado por la explotación humana de la tierra, está acelerando su propagación.
La degradación del suelo es, a la vez, consecuencia y causa de procesos globales perjudiciales. El deterioro de la calidad de la tierra reduce el rendimiento de los cultivos, lo que lleva a los agricultores a prácticas agrícolas intensas y agresivas en un esfuerzo por aumentar el rendimiento, provocando aún más degradación de la tierra.
LA DEGRADACIÓN DEL SUELO: Un Problema Más Serio De Lo Que Creemos | El Planeta Z
Las legumbres como solución
Las legumbres, que son las semillas que se cosechan de las leguminosas, han acompañado al ser humano desde la prehistoria, no solo como alimentos emblemáticos, sino como aliadas en la sostenibilidad de los sistemas productivos. Cada 10 de febrero el mundo celebra el Día Mundial de las Legumbres, recordándonos su importancia en la nutrición y la agricultura sostenible. En México, donde el frijol es un símbolo de identidad y tradición, es fundamental fortalecer la producción de esta y otras leguminosas a través de prácticas agronómicas más sustentables.
La diversificación con leguminosas tiene el potencial de lograr suelos más sanos, reduciendo costos y fortaleciendo la seguridad alimentaria de las comunidades. La inclusión de leguminosas en los sistemas de producción representa una estrategia clave para fortalecer la seguridad alimentaria y mejorar la salud del suelo.
Las leguminosas tienen una característica agronómica excepcional: en simbiosis con bacterias del género Rhizobium, pueden fijar nitrógeno atmosférico y convertirlo en una forma utilizable por las plantas. Este proceso reduce la dependencia de fertilizantes nitrogenados, cuyo uso excesivo puede degradar los suelos y generar impactos ambientales negativos. Obteniendo más del 60 % del nitrógeno que necesitan del aire, este nitrógeno pasa luego al suelo, donde también es accesible para los cultivos aledaños, de modo que se reduce la necesidad de aplicar fertilizantes químicos.

El fósforo es otro elemento nutritivo muy necesario, fundamental para convertir la energía solar y permitir que la planta crezca. Las leguminosas tienen la capacidad natural de movilizar el fósforo y otros nutrientes y micronutrientes esenciales hacia los suelos, lo cual contribuye a que el cultivo rinda más y las plantas crezcan más sanas. Todo esto hace que, cultivando legumbres, haya menos necesidad de utilizar fertilizantes sintéticos (hasta 100 kilos de fertilizante de nitrógeno menos por hectárea).
La FAO y todo el sistema de las Naciones Unidas llaman a convertir a lentejas, frijoles, guisantes y compañía en un aliado para el cuidado de las tierras. Las legumbres, además de colaborar en la lucha contra el hambre por su gran valor nutricional y su rendimiento -y por ser una fuente de proteínas alternativa a los alimentos de origen animal-, ayudan a mejorar la productividad al tiempo que permiten regular el clima y proteger los ecosistemas.
Los suelos albergan más del 50 % de la biodiversidad de nuestro planeta. La biodiversidad de un suelo sano no solo le confiere mayor resistencia a las adversidades y alteraciones, sino que también mejora la capacidad del ecosistema de suprimir enfermedades. Y es aquí donde intervienen las legumbres, porque incrementan la cantidad y la diversidad de la microfauna. Además, el cultivo de leguminosas mejora la estructura del suelo, ensanchando sus poros y cohesionando sus componentes, con lo cual el suelo se airea mejor y retiene más agua.
Gracias a su capacidad de movilizar nutrientes esenciales hacia el suelo, las legumbres reducen el uso de fertilizantes químicos y la emisión de gases de efecto invernadero, que son importantes factores causales del cambio climático. Por otro lado, las legumbres poseen una enorme diversidad genética, por lo que es posible seleccionar y cultivar las variedades más resistentes al clima. Al intercalar al menos una leguminosa con un cereal, los campos se adaptan mejor a las adversidades climáticas, como las sequías.
El estudio calcula que los cereales que se cultivan en un terreno en el que antes se plantaron legumbres producen de media 1,5 toneladas más por hectárea. Como decía el romano Marco Terencio Varrón, las legumbres son una buena opción para aquellos suelos más “pobres” o “magros”. Pero también para rotar cultivos y mantener así la salud de los más fértiles y ricos. En Chiapas, por ejemplo, la diversificación de cultivos con leguminosas ha reportado beneficios consistentes, mejorando significativamente la biomasa y la producción de grano de maíz en las asociaciones maíz-canavalia y maíz-dólicos.
Soluciones para acabar con la degradación del suelo
Reducir la degradación del suelo exige el uso constante de técnicas de gestión sostenible de la tierra a lo largo del tiempo. Aunque preservar la salud y la fertilidad de la tierra es una maratón, se pueden prevenir o detener la degradación del suelo con diversas soluciones:
- Técnicas de labranza de conservación: Reducir o eliminar las prácticas de labranza intensiva que perturban la estructura de la tierra y contribuyen a la degradación del suelo. Los métodos de labranza de conservación, como la siembra directa o la labranza reducida, ayudan a retener la humedad, mejoran el contenido de materia orgánica y minimizan la degradación de la tierra.
- Rotación de cultivos: Alternar cada temporada distintos tipos de cultivos en los campos ayuda a romper los ciclos de plagas y enfermedades, mejorar la fertilidad del suelo y reducir el riesgo de agotamiento de los nutrientes. Esta estrategia, que a menudo consiste en rotar anualmente los cultivos de una franja a otra, mejora la gestión de la degradación de la tierra, sustituyendo las gramíneas y leguminosas anuales por cereales y cultivos en hileras.
- Evitar el riego excesivo: Utilizar métodos de riego eficaces, como el riego por goteo, para prevenir resultados no deseados como la salinización secundaria y la sodificación de los campos.
- Aplicar la cantidad adecuada de fertilizante: La aplicación de tasa variable (VRA) basada en el diagnóstico del suelo y el análisis de imágenes de satélite puede ayudar a determinar cuánto fertilizante se necesita en cada zona para lograr el rendimiento deseado sin causar daños a la tierra ni al medioambiente circundante.
- Agricultura ecológica: Reducir el uso de fertilizantes químicos y buscar opciones ecológicas. Para combatir las plagas, optar por prácticas de manejo integrado de plagas (MIP) sin productos químicos, para evitar la dispersión de los pesticidas. Optar por consumir productos locales de producción orgánica, vegetal o ecológica e incluso reducir el consumo de carne son otras soluciones para evitar la contaminación del suelo.
- Cultivos de cobertura: Sembrar cultivos de cobertura, como leguminosas o gramíneas, cuando el cultivo comercial no esté en temporada. Los cultivos de cobertura protegen la tierra de la degradación, reducen el crecimiento de la maleza, mejoran la estructura de la tierra y aumentan el contenido de materia orgánica.
- Agricultura en curvas de nivel: Al cultivar en contorno, se mitiga la degradación de la tierra y la escorrentía del agua, aprovechando mejor el agua de la lluvia.
- Agricultura en terrazas en las laderas: Las terrazas agrícolas pueden utilizarse para reducir la pendiente del terreno, minimizando el poder erosivo del flujo del agua superficial y potenciando los procesos pedogenéticos.
- Biofertilizantes y bioestimulantes: Los biofertilizantes y otras soluciones biológicas, como los bioestimulantes, son productos que se basan en microorganismos o componentes de estos, cultivados y extraídos en laboratorio para poder utilizarse en el campo. Estos productos aprovechan el conocimiento adquirido en las últimas décadas sobre los funcionamientos del suelo y de la nutrición vegetal, nutriendo a la planta en la medida de sus necesidades, sin producir exceso de sales que puedan contaminar y degradar el suelo. Con el tiempo, incluso, pueden ayudar a restablecer un suelo contaminado por nitratos y otras sales.
Los enfoques de gestión sostenible de la tierra, como la agricultura de conservación, los métodos de fertilización de precisión, la forestación y las medidas de control de la contaminación son esenciales para hacer frente a los efectos perjudiciales de todos los tipos de degradación del suelo antes de que sean irreversibles.