Las verduras y la fructosa: un enfoque detallado para la dieta

La fructosa, también conocida como azúcar de fruta, es un tipo de azúcar simple que se encuentra de forma natural en muchos alimentos. Tradicionalmente asociada a las frutas, la fructosa también está presente en verduras, miel y en numerosos productos procesados.

En los últimos años, ha habido un aumento en el número de personas afectadas por intolerancia a la fructosa, lo que ha generado la necesidad de comprender mejor su presencia en los alimentos y cómo manejarla en la dieta.

Molécula de fructosa y su estructura química

¿Qué es la fructosa y dónde se encuentra?

La fructosa es un monosacárido, lo que significa que es un azúcar simple. Tiene un poder energético de 4 kilocalorías por gramo, igual que la glucosa y otros azúcares. La fructosa se absorbe en el intestino delgado y pasa directamente al hígado, donde se metaboliza rápidamente a glucosa o se almacena como glucógeno o grasa.

Además de su poder energético y los procesos metabólicos en los que participa, la fructosa también cumple con la función de endulzar los alimentos, siendo el azúcar más dulce de todos los que existen.

La fructosa se encuentra de forma natural en muchos alimentos de origen vegetal, especialmente en las frutas, pero también en las verduras y la miel. Otra fuente importante de fructosa es la sacarosa, conocida como azúcar común, que es una molécula formada por glucosa y fructosa. Al ser ingerida, la sacarosa se separa en el intestino en sus dos moléculas.

Es importante destacar que la fructosa también se añade como edulcorante en productos dietéticos o para diabéticos y se usa como excipiente en medicamentos. El HFCS (jarabe de maíz de alta fructosa) se obtiene por isomerización de la glucosa, que a su vez se produce por hidrólisis del almidón de maíz, y es ampliamente utilizado en la industria alimentaria.

El sorbitol: un poliol relacionado con la fructosa

Otra posible fuente de fructosa es el sorbitol, un poliol o alcohol de azúcar. El sorbitol se obtiene por reducción, mediante hidrogenación catalítica del monosacárido más común, la glucosa. Está presente en algas rojas y frutas, y legalmente está calificado como aditivo alimentario, con el código E-420 en los países de la Unión Europea.

Al ser metabolizado por nuestro organismo, el sorbitol puede generar fructosa, lo que lo convierte en un factor a considerar en dietas bajas en fructosa, especialmente para personas con intolerancia.

Intolerancia a la fructosa y malabsorción de fructosa

Cada vez se diagnostican más casos en los que los alimentos provocan reacciones adversas en el organismo humano, ya sean alergias o intolerancias alimentarias. Las personas que las padecen, como en el caso de la intolerancia a la fructosa, se encuentran ante la incertidumbre de cuál es la alimentación que deben seguir.

Es fundamental diferenciar entre dos condiciones principales relacionadas con la fructosa: la Intolerancia Hereditaria a la Fructosa (IHF) y el Síndrome de Malabsorción de Fructosa.

Sobre la intolerancia a la fructosa.

Intolerancia Hereditaria a la Fructosa (IHF)

La IHF es un error genético del metabolismo de la fructosa. Es una condición rara, que afecta a 1 de cada 200.000 personas. Debido a este error congénito, cuando las personas que padecen IHF ingieren fructosa, ésta es absorbida por las células intestinales, pero el organismo es incapaz de metabolizarla correctamente ya que carece de la enzima fructosa-1-fosfato-aldolasa (aldolasa B).

Esta deficiencia genera que se acumule un producto intermedio de la degradación de la fructosa que es tóxico para el organismo. Los síntomas que suelen presentar son fallo de medro (insuficiente ganancia de peso en niños pequeños), náuseas, vómitos, deshidratación, disfunción hepática, hipoglucemia e ictericia (coloración amarillenta de la piel y mucosas). Estos síntomas suelen iniciarse con la introducción de alimentos con fructosa (fruta, cereales preparados, etc.) en el lactante y pueden mejorar con un diagnóstico temprano y un buen tratamiento dietético.

Por tanto, la IHF es una situación que se mantiene de por vida y que se diagnostica, generalmente, a una edad temprana mediante test bioquímicos y test genéticos. Aun que, en algunas ocasiones, el diagnóstico puede ser más tardío porque los niños adquieren aversión a los productos dulces o que contienen fructosa y no presentan estos síntomas tan marcados.

Esquema del metabolismo de la fructosa en personas con IHF

Síndrome de Malabsorción de Fructosa

Por otro lado, la malabsorción de la fructosa es una situación mucho más común que puede afectar a más de un 30% de la población. En este caso, las células intestinales no son capaces de absorber de manera total o parcial la fructosa, generando síntomas gastrointestinales como diarreas, dolor abdominal, náuseas o gases.

Esta situación puede ser irreversible o reversible y se diagnostica mediante un test de hidrógeno espirado. Para diagnosticar la intolerancia a la fructosa o al sorbitol es necesario realizar la prueba del hidrógeno espirado. La prueba consiste en administrar al paciente una solución con fructosa y recoger una muestra de aire a través de la espiración dentro de un aparato que contiene un sensor de Hidrógeno.

Si aparece una elevación del hidrógeno aspirado mayor a 20 ppm, o bien una elevación del metano mayor a 10 ppm, se puede considerar que el resultado es positivo. Conjuntamente, se debe proceder con el tratamiento dietético, el cual nos permitirá mejorar la sintomatología presentada.

Tratamiento dietético para la Intolerancia y Malabsorción de Fructosa

El tratamiento dietético varía significativamente entre la IHF y la malabsorción de fructosa, debido a la distinta gravedad de sus consecuencias.

Dieta para la Intolerancia Hereditaria a la Fructosa (IHF)

El tratamiento a seguir ante la IHF es una dieta estricta sin fructosa en la que no se consuma más de 1-2 gramos de fructosa al día, ya sea en forma de fructosa, sacarosa o sorbitol. Para poder seguir esta dieta correctamente es necesario conocer qué alimentos contienen fructosa y que, por tanto, deben ser evitados. También se deben leer las etiquetas de todos los productos que consumamos, aunque muy pocos alimentos manufacturados pueden consumirse con seguridad teniendo IHF.

Tabla de alimentos permitidos y no permitidos para IHF

Es recomendable suplementar con Vitamina C y Ácido fólico, ya que esta dieta contiene fuentes insuficientes de Vitamina C y el Ácido fólico aumenta la actividad de las enzimas glicolíticas, y entre ellas, la fructosa-1-fosfato-aldolasa, lo que permitirá poder consumir una ligera cantidad extra de fructosa sin padecer las consecuencias que antes se comentaban.

Dieta para la Malabsorción de Fructosa

El tratamiento a seguir si padeces malabsorción de la fructosa es una dieta restringida en fructosa. Esta restricción variará en función de cada persona dependiendo de si la malabsorción es total o parcial y, dentro de esto, qué grado de intolerancia se padezca. La persona puede consumir ciertos alimentos con un contenido bajo en fructosa o incluso, una cantidad moderada de alimentos con un elevado contenido en fructosa.

Por tanto, si padecemos esta patología, lo más recomendable es contactar con un dietista que nos asesore para conseguir una dieta lo más variada y agradable posible, incluyendo todos los alimentos que puedan ser tolerados por el paciente. En este caso, se debe valorar en qué cantidad y qué alimentos son tolerados por la persona para decidir si es necesaria una suplementación.

Fructosa en frutas y verduras: ¿qué evitar y qué consumir?

La fructosa se encuentra de forma natural en muchos alimentos, especialmente en frutas, verduras y miel. Es importante recordar que la cantidad de fructosa varía según el tipo de fruta o verdura, su grado de maduración y la estación del año. En general, las frutas más dulces son las que tienen más fructosa.

Las verduras son una buena elección para seguir una dieta baja en fructosa. Algunas de las más recomendadas son las acelgas, el brécol, la lechuga, las espinacas y la escarola, todas ellas tienen un porcentaje menor a los 0,5 g de fructosa por cada 100 gramos.

Sustituiremos estos alimentos aumentando el consumo de las verduras mejor toleradas como brócoli, acelgas, espinacas, alcachofas, apio, berros, champiñones, lechuga, escarola y endibias. Calabacín, calabaza, coliflor, pepino, puerro son verduras y hortalizas de consumo intermedio. Mejor consumir las verduras cocidas porque pierden fructosa.

Verduras a evitar

Una persona que sea intolerante a la fructosa tiene que evitar verduras como cebollas y espárragos. Remolacha, zanahoria, coles de Bruselas, berenjena, pimiento, tomate y maíz son las verduras y hortalizas con mayor cantidad de fructosa que se deben evitar. Las patatas nuevas contienen mayor cantidad de fructosa que las viejas.

Frutas a evitar y alternativas

En cuanto a las frutas, la gran mayoría contienen fructosa de manera natural. No son aptos en una dieta para intolerantes a la fructosa la manzana, pera, ciruela, cereza, el melocotón, el albaricoque, nectarina y paraguayos. Por el contrario, una persona que sea intolerante a la fructosa tiene que evitar frutas como manzanas, albaricoques, peras y sandías, con niveles muchos altos de fructosa.

Aun así, hay algunas frutas que pueden ser más toleradas como el limón, el aguacate y los frutos secos. Como alternativa, podemos consumir naranja, mandarina, limón, lima, plátano, fresa, kiwi, aguacate, uva, mora, melón, que son frutas con bajo contenido en fructosa y que ayudan a mejorar la tolerancia a la fructosa y sorbitol.

Tabla de contenido de fructosa en alimentos (g de fructosa/100g de parte comestible)

Tabla comparativa de fructosa y glucosa en frutas
Categoría Muy bajo (<1g) Bajo (1-3g) Medio (3-5g) Alto (>5g)
Frutas Aguacate, lima, coco, chufas, papaya Ciruelas, grosella roja, mandarina, naranja, melocotón, melón, nectarina, pomelo, piña, sandía Arándanos, fresa, frambuesa, fresón, granada, guayaba, grosella, mango, kiwi, melocotón seco, membrillo, moras, plátano. Zumo de naranja, piña Albaricoque seco, caquis, cerezas, guindas, ciruela pasa, chirimoya, dátiles, higos secos, brevas, manzana, pera, ciruela, uva
Frutos secos Almendras, avellanas, castañas, piñones, cacahuetes
Verduras Alcachofas, acelga, ajo, batata, boniato, berenjena, berro, champiñón, espinacas, guisantes, habas, garbanzo, lechuga, lenteja, patata, pepino, setas, maíz, rábano, remolacha Apio, brócoli, calabaza, cebollas, coles, repollo, coliflor, escarola, zanahoria, espárragos, puerros, tomate
Farináceos Cereales y productos derivados del pan
Lácteos Leche, leche condensada, queso, requesón
Proteínas Huevos, carnes y pescados naturales
Otros Margarina, achicoria, natillas, flan Jalea real, miel, mermelada, bebidas azucaradas, cereales azucarados o con miel, fruta en almíbar, chocolate, dulce de membrillo, alcohol

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