El hígado es un órgano esencial para el correcto funcionamiento del organismo, ya que una de sus funciones es la eliminación de sustancias que pueden resultar nocivas.
"Es un órgano grande, complejo y multifuncional, que interviene en la digestión, segrega la bilis, almacena nutrientes, elimina tóxicos y sintetiza enzimas, proteínas y glucosa", explica Eva Rodríguez, dietista-nutricionista del Hospital HM Delfos.
Para un buen estado de salud del hígado, es importante, continúa León, "realizar ejercicio físico moderado de forma regular, así como llevar una dieta equilibrada rica en frutas, verduras y hortalizas".
En este sentido, Rodríguez recuerda que el consumo de alimentos coleréticos (que aumentan la secreción de bilis y fluidifican) y colagogos (que provocan un vaciado suave de la vesícula biliar), pueden favorecer la función hepática y mejorar la digestión, aunque "los estudios in vivo no muestran de momento evidencia suficiente al respecto".
Rodríguez remarca que "cuando el hígado no funciona bien puede causar ictericia, es decir un color amarillento en los ojos y la piel, fatiga, pérdida de apetito, hinchazón en piernas y tobillos, dolor abdominal, cambio de color en las heces y la orina, náuseas, vómitos... Aunque también puede no haber signos ni síntomas".
Para garantizar un buen estado de salud del hígado, la nutricionista recomienda realizar revisiones periódicamente y acudir al médico en el caso de apreciar cualquier síntoma.
El impacto del alcohol y las grasas en la salud hepática
Numerosos estudios científicos relacionan el consumo de alcohol con un mayor riesgo de padecer diversas patologías del hígado.
Una investigación realizada por científicos del Hospital Universitario Henri-Mondor en Créteil (Francia) señala que los pacientes con cáncer de hígado causado por el alcohol presentan una menor tasa de supervivencia que los afectados por otro tipo de tumores.
De hecho, según otro estudio publicado en JAMA Oncology, el alcohol provoca 250.000 muertes anuales por cáncer de hígado, el cuarto tipo de tumor que más fallecimientos provoca anualmente, aunque, según la investigación, son "altamente prevenibles o tratables".
Otro estudio, en esta ocasión realizada por científicos de la Universidad de Antioquia, en Medellín, apunta que existe una relación directa entre el consumo de alcohol y los cambios en la estructura del hígado, ya que el etanol es un tóxico celular que puede ocasionar una fibrosis que puede evolucionar en cirrosis.
A la pregunta de cuánto alcohol se puede consumir de forma segura para mantener la buena salud general y la del hígado en particular la respuesta es solo una: cero.
"No se puede afirmar que exista una tasa de alcohol que comporte un riesgo cero, de manera que lo mejor es no consumirlo", explica León, quien recuerda que el alcohol está relacionado con muchísimas enfermedades y que cada vez son más los estudios científicos que confirman que incluso un consumo moderado entraña riesgos para la salud.
Rodríguez recuerda que las grasas saturadas "contribuyen a la acumulación de grasa visceral alrededor del hígado, cosa que se correlaciona con la obesidad y el sobrepeso".
Entre los alimentos con más grasas saturadas del mercado encontramos los embutidos, la bollería industrial y buena parte de ultraprocesados.
También los lácteos enteros son fuentes de grasas saturadas, aunque su impacto en el organismo dista mucho del de las que presentan chorizo, salchichón, bollería y otros alimentos con alto contenido en este tipo de grasas.
Lo explica la dietista-nutricionista y tecnóloga de los alimentos Ángela Moreno, quien recuerda que el tipo de ácidos grasos saturados presentes en la leche y derivados es de cadena corta, a diferencia de los ácidos grasos de cadena larga presentes en otros alimentos.
Una revisión de investigaciones publicada en la revista Nutrición Clínica en Medicina indica que la enfermedad metabólica hepática grasa (EMHG) está causada, principalmente, "por una alimentación poco saludable que se ha convertido en la principal causa de las enfermedades hepáticas".
La investigación recuerda que la mayoría de pacientes con esta afección es obeso, de manera que conviene realizar una restricción calórica personalizada en función de cada caso.
Para ello, es fundamental "restringir el aporte de hidratos de carbono con alto índice glucémico, en especial el de fructosa a través de bebidas azucaradas", señala el estudio.
En este sentido, León recomienda evitar también el consumo de las bebidas energéticas azucaradas, un tipo de tentempié que se está poniendo de moda entre los jóvenes, que consumen grandes cantidades, según ha alertado en un reciente informe la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).
Una investigación realizada por científicos de la Universidad de Jinan, en Guangzhou (China), indica que el consumo elevado de sodio podría dar lugar a una serie de cambios en el hígado, como células deformes, mayores tasas de muerte celular y menores tasas de división celular, cosa que podría conducir a la fibrosis hepática.
El papel de la fructosa y los alimentos fermentados
Un rasgo común de las células tumorales es afán por la glucosa, pues les sirve de combustible para crecer.
La fructosa participa en ese fenómeno, sin embargo una nueva investigación muestra que en lugar de ser captada directamente por los tumores, llega a ellos una vez se ha metabolizado en el hígado.
Así lo indica un nuevo estudio publicado en 'Nature' llevado a cabo por investigadores de la Universidad Washington en Saint Louis, Estados Unidos.
La dieta es el principal factor modificable para reducir el riesgo de padecer cáncer.
Este nuevo estudio indica que la fructosa podría "dar de comer" al cáncer y engordar los tumores.
Según indican, un alto consumo podría fomentarlo.
La fructosa es un azúcar natural que se encuentra en frutas, verduras y miel.
Cuando se consume en fruta o dátiles no representa un riesgo para la salud, aunque sí cuando se ingiere como parte del jarabe de maíz con alto contenido en fructosa, común en productos de bollería, bebidas carbonatadas, cereales procesados, fiambres o yogures.
Los científicos partían de la idea de que las células tumorales metabolizan la fructosa al igual que hacen con la glucosa, pero esta idea cambió con el papel del hígado, que transforma la fructosa en nutrientes que pueden utilizar las células del tumor para crecer.
Para comprobarlo alimentaron con altas dosis de azúcar a peces cebra y a ratones que tenían tumores y a células humanas tumorales cultivadas con células hepáticas.
De este modo descubrieron que la fructosa favorecía el crecimiento tumoral sin modificar el peso corporal de los ratones, ni sus niveles de glucosa o insulina en ayunas.
"Nos sorprendió ver que tenía un impacto bastante drástico. En algunos casos, la tasa de crecimiento de los tumores se multiplicó por dos o incluso más", detalla Gary Patti, profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad Washington y director de la investigación.
Los investigadores descubrieron que el hígado convierte la fructosa en lisofosfatidilcolinas (LPC), un tipo de lípido relacionado con la inflamación que favorece la replicación de las células cancerosas.
Asimismo constataron que las células tumorales metabolizan la glucosa con facilidad, pero no la fructosa debido a que no expresan de forma adecuada las enzimas necesarias para ello.
El cáncer de hígado es una de las principales causas de muerte a nivel mundial, y la alimentación juega un papel en la prevención de esta enfermedad.
Desde WebMD, una empresa estadounidense que ofrece información sobre salud, aseguraron que hay un alimento que usted debería evitar para cuidar su salud hepática.
Uno de los principales alimentos que los expertos médicos sugieren evitar para prevenir el cáncer de hígado es el alcohol.
Aunque muchas personas consumen bebidas alcohólicas de manera ocasional, el consumo excesivo y regular de alcohol puede tener efectos negativos en el hígado.
Las bebidas alcohólicas son dañinas para el hígado.

El abuso de alcohol aumenta el riesgo de sufrir enfermedad hepática alcohólica, cirrosis y, en última instancia, cáncer de hígado.
¿El motivo? Tiene un efecto tóxico directo sobre las células hepáticas, provocando inflamación, daño celular y acumulación de grasa en el hígado, lo que favorece el desarrollo de enfermedades crónicas y cáncer.
Según varios estudios científicos, el consumo excesivo de alcohol está relacionado con un aumento de las probabilidades de desarrollar cáncer hepático, especialmente en personas que ya padecen cirrosis.
El impacto de una dieta alta en grasas saturadas.
Otro factor relacionado con el riesgo de cáncer de hígado es una dieta alta en grasas saturadas.
Alimentos como la comida rápida, fritos y productos procesados, que contienen grandes cantidades de grasas saturadas, pueden afectar negativamente la función hepática.
Estas grasas son difíciles de metabolizar y pueden provocar una acumulación de grasa en el hígado, una condición conocida como hígado graso no alcohólico.
El hígado graso es una de las primeras señales de advertencia de que la salud hepática está comprometida.
Si no se trata adecuadamente, puede evolucionar hacia una cirrosis o incluso cáncer hepático.
Por lo tanto, reducir el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas es esencial para mantener el hígado saludable y prevenir el cáncer.
Alimentos fermentados como complemento anticancerígeno
Poco a poco, los científicos han empezado a enfocarse en la influencia que tiene la alimentación en el cáncer.
Asimismo, los alimentos fermentados han sido reconocidos como un importante complemento anticancerígeno.
El kimchi (un platillo coreano a base de col fermentada) contiene probióticos que demuestran que podrían ayudar en el proceso de desintoxicación de plaguicidas organofosforados.

Una investigación realizada por el Dr. Ogino apoya esta relación, después de encontrar que las personas que llevaron una alimentación con niveles elevados de fibra tuvieron un menor riesgo de desarrollar tumores de cáncer colorrectal que contenían la bacteria F. nucleatum.
La F. nucleatum ha demostrado estar frecuentemente presente en las heces de las personas que consumen una alimentación estilo occidental con bajos niveles de fibra.
"Especulamos que el vínculo entre llevar una alimentación prudente y tener un menor riesgo de cáncer colorrectal podría ser más evidente en el caso de los tumores que contienen una gran cantidad de F. nucleatum", indica el estudio.
Posteriormente, analizaron muestras tumorales obtenidas de participantes que desarrollaron cáncer colorrectal durante el estudio, para determinar si estaba presente el F. nucleatum.
Los participantes que consumían un tipo de alimentación "prudente", definida como una alimentación con grandes cantidades de vegetales, frutas, granos enteros y legumbres, tuvieron un riesgo significativamente menor de cáncer colorrectal con presencia de F. nucleatum.
Dicho lo anterior, llevar una alimentación prudente no afectó en el riesgo de desarrollar un cáncer colorrectal libre de F. nucleatum.
Los voluntarios fueron divididos en tres grupos, los cuales recibieron una bebida probiótica comercial, el kéfir tradicionalmente fermentado o alimentos con niveles elevados de inulina, tales como las alcachofas de Jerusalén, raíces de achicoria, cebollas, ajo y poro.
"Lo que descubrimos al final de nuestro estudio fue fascinante. Sin embargo, nuestro cambio más significativo fue observado en el grupo del kéfir.
Una de las principales razones de esta diferencia estaba relacionada con el hecho de que los productos comerciales se pasteurizan para prolongar su vida útil y garantizar la seguridad.
Esta es precisamente la razón por la que recomiendo encarecidamente asegurarse de comprar productos tradicionalmente fermentados, sin pasteurizar; o mejor aún, elaborarlos en casa.
Por lo tanto, nutrir sus bacterias intestinales beneficiosas con una alimentación saludable, que tenga niveles elevados de fibra y alimentos fermentados, al igual que evitar los alimentos procesados y que provengan de animales criados en operaciones concentradas de alimentación animal (CAFOs, por sus siglas en inglés), podrían ser estrategias esenciales para tener una salud óptima y prevenir enfermedades, incluyendo el cáncer.
Además, influye en la inflamación y función inmunológica, los cuales desempeñan un importante rol en el cáncer.
Por el lado positivo, algunos de estos compuestos actúan como fuentes de energía y/o ayudan a regular su metabolismo y reducir la inflamación.
Disminuir la inflamación es una importante característica anticancerígena de los alimentos fermentados.
Al parecer, el grupo clostridial de microbios es un grupo de microbios importantes para mantener saludable la función inmunológica.
La causa que ocasiona la diabetes tipo 1 ha sido un misterio médico, pero una investigación más reciente sugiere que la enfermedad podría ser ocasionada por tener una disfunción intestinal.
"El siguiente paso será entender si los cambios intestinales fueron causados por la diabetes tipo 1 o viceversa.
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Consumir alimentos vegetales orgánicos, al igual que alimentos tradicionalmente fermentados y cultivados.
Balancear la proporción entre sus ácidos grasos omega-3 y omega-6.
Para la mayoría de las personas, esto significa aumentar el consumo de ácidos grasos omega-3 de origen animal, que provienen del pescado graso con bajos niveles de mercurio y de otros contaminantes.
Entre estos podemos encontrar al salmón silvestre de Alaska, las anchoas y sardinas.
Limitar el consumo de carne roja y evitar consumir carnes procesadas (tales como carnes frías, tocino, embutidos, salchichas para perros calientes y pepperoni).
Consumir un tipo de alimentación que tenga niveles elevados de fibra de origen vegetal, es fundamental para prevenir el cáncer de colon, y la razón de esto está directamente relacionada con la forma en que la fibra afecta a su microbioma intestinal.
