Granada, con su historia compleja y la mezcla de culturas, ha sido escenario de manifestaciones que desafían la razón. El Albaicín, un barrio de Granada cargado de historia y leyendas, ha sido testigo de siglos de encuentros entre culturas. En este caso trataremos una de las múltiples calles paralelas que van desde la terrible calle del Carnero y el antiguo Maristán, el avanzado hospital de enajenados del reino nazarí que hasta 1492 existió en Granada, hasta la paseada Acera del Darro donde rumoroso avanza el río hacia su encuentro con el Genil. Esta callejuela, la calle Horno de Oro, ha sido varias veces el escenario de eventos inexplicables. La casa Horno de Oro, un palacete morisco rehabilitado, cuya historia trasciende lo arquitectónico para envolvernos en un enigma ancestral.

Un Tesoro Arquitectónico Moriscos
La casa morisca del Horno de Oro debió de ser construida, al poco tiempo de la Reconquista, por alguna de las ricas familias moriscas que levantaron sus viviendas en estos barrios para alejarse del contacto con los cristianos y conservar un poco de independencia. Las casas moriscas fueron edificadas tras la conversión de los musulmanes al cristianismo. Estas viviendas se caracterizan por estar desarrolladas en torno a un patio, con presencia de agua o vegetación. Son varias las casas moriscas enclavadas a lo largo de la calle Horno de Oro, cuya trama urbana formaba parte del antiguo barrio residencial musulmán de Ajsaris (castellanizado como barrio de Axares), siendo la nº 14 una de las mejor conservadas del Albaicín. En verdad, se trata de una casa nazarí de la segunda mitad del siglo XV, que fue ampliada en el primer cuarto del siglo XVI mediante la construcción de un piso superior. Por Real Orden de 6 de julio de 1922, la casa fue declarada monumento histórico artístico.
Estructura y Diseño del Interior
Para acceder a la morada, hay que atravesar dos puertas. La primera, la más antigua, es adintelada. La segunda se encuentra al pasar un zaguán en recodo. La fachada de muro ciego preserva, conforme a la tradición musulmana, la intimidad del espacio interior. Originariamente no debió abrir más hueco que el de su pequeña y adintelada puerta de acceso, situada en el extremo meridional de la fachada. Posteriormente, con la construcción del piso superior en el siglo XVI, se abrieron dos pequeñas ventanas, dispuestas encima de una segunda puerta de ingreso al edificio, también abierta en este período, justo en el centro de la fachada. La decisión de abrir esta nueva puerta se debió sin duda a la incomodidad del acceso primitivo, ya que para salvar el desnivel existente entre la puerta originaria -abierta en la cota más baja de la fachada en pendiente- y el patio de la casa debió emplazarse unos peldaños en el zaguán, dispuesto en recodo.
Todo el edificio gira en torno a un patio cuadrilongo centrado por una pequeña alberca y enmarcado en sus laterales norte y sur por dos pórticos con columnas nazaríes tras los que se abren las habitaciones principales. Como en la mayor parte de casas musulmanas, todas sus habitaciones y ventanas están orientadas hacia el patio, elemento que centra la vida familiar e ilumina las estancias. El interior de la casa se estructura en torno a un patio rectangular porticado, orientado en sentido norte-sur. Sus dimensiones son de 9,90 por 6,61 m., mientras que las de su alberca central son de 4,78 por 1,39 m. En concreto, cada uno de los pórticos menores se compone de dos columnas nazaríes de capiteles cúbicos y tres arcos angrelados hechos en yeso, siendo de medio punto y bastante más ancho el central y peraltados los laterales. La decoración de estas arquerías se reduce a estrellas y rosetones en las albanegas y en la clave de los arcos laterales. Estas habitaciones, que actualmente hacen la función de salas de exposición son rectangulares, y están cubiertas con techos horizontales de madera o alfarjes.

En el cenador del pórtico norte destaca su alfarje, decorado con chillas y alfardones y en el que aún se conservan restos de pinturas en su tablazón, y el vano de ingreso a la sala, encima del cual, al igual que ocurre en el cenador meridional, se sitúan dos pequeñas ventanas de ventilación. Del cenador meridional resalta la conservación en su extremo oriental de un arco gallonado con decoración de atauriques en sus albanegas. Si bien en la actualidad este arco da paso a la escalera que asciende al piso superior, a finales del siglo XIX todavía enmarcaba una alacena con estantes, tal y como tuvo oportunidad de observar Gómez-Moreno Martínez.
El Piso Superior y su Evolución
Recorriendo las escaleras, llegamos al piso superior, que debió ser construido en el siglo XVI. Para construir y sostener ese segundo piso se adintelaron los laterales largos del patio con pilastras de ladrillo. Desde el siglo XVI, el piso alto pasó a convertirse en la zona familiar principal donde se encontraban las estancias de las mujeres y de los niños. Esta planta se abre al patio por medio de galerías adinteladas con balaustrada. La escalera, de cuatro tramos, da acceso al piso superior, cuyos elementos arquitectónicos pertenecen a la reforma que hizo de esta casa, originariamente nazarí, un bello ejemplo de la arquitectura doméstica morisca: galería de madera formada en todos sus frentes por balaustres rectos de sección estrellada, pies derechos con adornos góticos y zapatas y canecillos de tres lóbulos, excepto en el oeste, que se compone de seis arcos rebajados de ladrillo sobre pilares octogonales. Como comenta asimismo Antonio Orihuela, resulta sorprendente la presencia de este tipo de galería. Los alfarjes de las galerías norte y sur son antiguos, no así la armadura a cuatro aguas de la galería este. Tres de los lados tienen balaustrada de madera cubiertos de alfarje. Al igual que en el piso inferior, se abren dos estancias en los lados menores. El mismo esquema de salas transversales en los lados menores de la planta baja se repite en el piso superior. La sala norte se cubre con armadura de par y nudillo, con limas moamares y dos parejas de tirantes. Por su parte, la sala sur conserva excepcionalmente el arco de ingreso a la sala, con decoración de atauriques en las albanegas y tacas con arquillos gallonados.

Restauración y Uso Actual
Durante algún tiempo la casa del Horno de Oro fue utilizada como casa de vecinos, lo que supuso la ejecución de obras que, con el objeto de aumentar el número de viviendas, alteraron notablemente su disposición interior, caso de la mencionada construcción de entreplantas en las crujías norte, sur y parte de la oeste, la subdivisión de las salas principales o el cierre de algunas galerías. Cuando el edificio fue adquirido por el Estado se encontraba prácticamente en ruina, iniciándose rápidamente las labores de restauración por Francisco Prieto-Moreno en 1968. Tras su restauración, se le ha dado un acertado uso público y cultural. El horario es de 10:00 a 17:00, de martes a domingo. Estos horarios pueden sufrir modificaciones o no ser exactos. Antes de visitar este centro por favor póngase en contacto con la página oficial del lugar.
Misterios y Fenómenos Inexplicables en la Casa del Horno de Oro
La casa Horno de Oro, está ligada al taumaturgo y alquimista Al Shamsi, sabio sufí del siglo XV y ha sido testigo de eventos inexplicables que aún resuenan en los antiguos habitantes del barrio. Entre sus enseñanzas, el maestro se dedicó a la transmutación, no solo de metales sino del propio espíritu humano. Siglos después, su linaje parecía seguir vivo a través de figuras contemporáneas como Yabir Omar Al Garnati, un alquimista moderno que llevó en una visita guiada a sus estudiantes a la Casa Horno de Oro, vinculándola con el pasado de su maestro Al Shamsi. Yabir, quien impartía cursos de espagiria, talismánica y teúrgia, buscaba transmitir el conocimiento arcano heredado gracias a sus maestros y la amplia biblioteca que poseía, hoy desaparecida.
El Incidente de la Fotografía Desvanecida
Lo que debía ser una simple imagen del grupo se transformó en un misterio. Al revisar la fotografía, los estudiantes, así como Yabir, habían desaparecido de la imagen. En su lugar, una figura alta y negra, sin rostro visible, emergía de la cuesta de la calle, procedente del Paseo de los tristes. El incidente desató diversas teorías. ¿Era un fallo de la cámara? ¿una alteración electromagnética producida por las corrientes subterráneas y túneles que recorren Granada? Granada, con su mezcla de culturas, religiones, conocimientos alternativos procedentes quizá de restos que quedaron de las quemas de diversas bibliotecas, como la de Alejandría y su singular historia, ha sido siempre un lugar donde lo visible y lo invisible se entrelazan.
La Presencia de lo Desconocido
Los residentes cuentan historias de puertas que se abren por sí solas y extraños olores a incienso o a inmundicia en habitaciones donde nadie ha encendido fuego, ni hay desperdicios. Los pocos que entraron en su hogar con la disposición anímica adecuada hablaban de una sensación indescriptible, de vacíos y geometrías que no correspondían a lo visible. Otros que suelen concurrir en la casa morisca han referido que es posible a veces oír susurros, ver rápidas sombras que se deslizaban por las esquinas y puertas que se cerraban con estrépito por sí solas sin explicación aparente. La casa Horno de Oro se asienta con bastante certeza sobre una red de líneas ley, líneas geodésicas mundiales, rutas energéticas que según los diversos estudiosos pueden amplificar la actividad del cerebro y también la paranormal. En muchos testimonios, la gente describe sensaciones de presencias que parece observar desde las sombras. Las explicaciones científicas, como las relacionadas con las fallas, no alcanzan a justificar los fenómenos parapsicológicos que persisten en la casa tutelada y administrada por la Diputación de Granada.
El Testimonio de Paula y Luis
Paula, una joven brillante y encantadora, siempre fue conocida por su perspicacia, esa habilidad innata para detectar cuando algo no cuadraba, aunque no pudiera explicarlo del todo. A la atractiva chica le incomodaba y asombraba que su novio Luis rehuyera con insistencia invitarla a conocer su vetusta casa en la que vivía completamente solo, quedando siempre para verse fuera de ella, en otros lugares. Todo comenzó cuando Luis, su novio, se mudó a esa vivienda atraído por el bajo precio del alquiler. Un lugar antiguo y sombrío que Luis evitaba mostrarle, siempre esquivando sus invitaciones a que lo visitara allí. Paula, intrigada por esa actitud inusual, insistió una y otra vez hasta que finalmente él cedió. Por fin, un día del año 1999, tras su perseverancia y argucias, consiguió que la invitara a verse en el piso. Paula ufana se dirigió a esta calle, las luces macilentas de los faroles instalados en las fachadas apenas alumbraban lo suficiente como para distinguir las sombras que parecían deslizarse en los rincones. Aceleró el paso, convencida de que era su imaginación. Pero sintió que algo no estaba bien. Aunque no quería parecer paranoica, las sensaciones que aquel lugar le provocaba eran innegables. La casa situada en la calle Horno de Oro, tenía tres plantas. Según Paula --la casa era tan oscura y vieja que simplemente daba miedo mirarla--
Una vez dentro, su novio admitió con cierta tirantez y nerviosismo, los problemas inesperados que empezaron casi de inmediato. Las primeras señales fueron sutiles, pero imposibles de ignorar. Al poco tiempo, tras conectar la televisión, observaron que fallaba sin razón aparente, emitía imágenes de color verde en todos los canales. Más adelante el dispositivo comenzó a emitir solo estática, los servicios de reparación no encontraron después ningún fallo técnico, en los cables, ni en la antena. Lo mismo ocurrió con el teléfono, que sonaba con interferencias y, al descolgar, nadie respondía. Todo parecía fuera de lugar. A pesar de las explicaciones técnicas de varios equipos de reparación siempre fueron vagas, insuficientes, además nunca pudieron ser reparados.
Una tarde, mientras colgaban la ropa en la terraza, la encontraron más tarde cuidadosamente estirada en el suelo, como si alguien, o algo, la hubiera colocado. No había viento, ni rastro de intrusos. --Debe haber sido el perro-- bromeó Luis muy tenso, quien tenía una mascota, una mezcla de cocker y callejero albaicinero. Feo, con mal genio, y según le contaba, en demasiadas ocasiones saltaba, ladraba y correteaba sin sentido como huyendo de algo, tal vez era un tanto loco, pero Paula no estaba tan convencida. La lógica no encajaba: el perro no podía haber saltado un muro de dos metros para llegar a la ropa. Otra noche, mientras se encontraban con unos amigos íntimos de Luis en la casa, de visita; tenían mucha confianza y andaban siempre con bromas puesto que se conocían desde la infancia, hacía más de veinte años. Por supuesto no había nadie en el cuarto de baño o al menos no había nadie visible, dijeron que el ambiente se enfrió como si una presencia anormal absorbiera el calor de sus cuerpos y los estuviera observando desde las sombras. Era una constante que, a pesar de los sucesos y testimonios escuchados, Luis no admitía de ningún modo; hecho habitual en muchos testigos; que sucediera nada raro ni a Paula, ni a sus amigos, ni siquiera a sus padres. Era muy testarudo.
Llegado el tiempo de las confesiones Luis añadió que en una ocasión vio algo de modo claro y nítido que lo llenó de un pavoroso horror. Le refirió a Paula con todo detalle lo que más le aterraba mientras estaba solo en la casa. Ella supo sonsacarle como en el momento más inesperado mientras hacía tareas habituales en el hogar vio claramente a una mujer joven acurrucada en una esquina de la sala, pidiéndole ayuda con voz quebrada. Su aspecto era tan real que por un momento pensó que alguien había entrado en su casa. Tuvo una sensación electrizante en la espina dorsal que le produjo frío. Intentaba racionalizar que la mujer no pudo haber entrado sin que él abriera la puerta de la calle. Para Luis era obvio que, por su insólita apariencia, su extraña postura, sus raídas vestimentas y la quebrada voz en el silencio de la noche, aquella joven mujer morena, no parecía ser de este mundo. Luis quedó paralizado por el terror, no pudo abrir la boca ni moverse para correr, pero al no ser respondida a sus requerimientos, la mujer, sin mediar más palabras, se desvaneció en el aire, dejando solo el eco del miedo.
Esa revelación fue la gota que colmó el vaso. Aunque Paula intentó mantenerse fuerte, supo que aquella casa era más de lo que podía manejar. Cuando Paula finalmente se separó del edificio, jamás volvió a poner un pie en esa casa. Sabía que lo que lo visto y oído no era fruto de su imaginación. Los recuerdos de esos días oscuros quedaron grabados en su mente, un misterio que la ciencia ni la razón podían resolver, sobre todo la aparición de la figura de la mujer que le relató su novio. Paula buscó consuelo en su familia, pero ellos no la creyeron. Al día siguiente, Paula decidió investigar algo sobre la historia de la casa cercana, la de Horno de Oro, y descubrió que una familia llevó siglos arrastrando una leyenda oscura. No volvió a hablar del tema con nadie, salvo para con un gesto serio contarme la historia. Expuso que, por muy económico que fuera el lugar, el “mal rollo” que se vivía era demasiado. Paula nunca volvió a caminar de la misma manera por las calles aledañas a la del Horno del Oro. Al final, Paula comprendió que algunas cosas escapan a toda explicación racional. El temor psicológico a lo desconocido, a lo invisible, la seguía, se mantuvo presente.
Las Enseñanzas de Al Shamsi y las Moradas de la Luna
Más allá de las energías de la tierra, Al Shamsi también era conocido por sus prácticas relacionadas con las Moradas de la Luna, un sistema esotérico que comprende las 28 divisiones del ciclo lunar. Cada morada representa una puerta hacia otros planos de existencia, y según Yabir, su maestro utilizaba este conocimiento para invocar a los yinns, entidades descritas en textos preislámicos. Yinn: Seres espirituales preislámicos, asociados con el fuego y los desiertos. Los genios. Los Jinni son espíritus o demonios más pequeños que un ángel. El incidente más notable ocurrió cuando Yabir, estando de viaje, dejó su casa en Granada vacía. Unos intrusos se quedaron en ella, pero no contaban que en el patio morisco podría tener sus propias defensas, algo inexplicable los hizo huir en tropel, aterrorizados. El enigma de la Casa Horno de Oro y la figura de Al Shamsi nos invitan a reflexionar sobre los conocimientos que se han perdido en el tiempo. La alquimia de Al Shamsi no era solo una práctica de laboratorio; era una transmutación del ser, una búsqueda de la luz interna a través de la teúrgia, la espagíria, y el contacto con entidades que podrían cruzar el umbral entre lo humano y lo divino. Una Nueva Perspectiva de la Alquimia Andalusí: Fuentes Antiguas y Medievales en la Obra Criterium Naturae de Abu Omar Yabir al Garnati. Tesis de Padial, Eduardo Luis Ortega Y Eduardo M. Ortega Martín.