La trufa, conocida como el «diamante negro» de la gastronomía, es uno de los ingredientes más preciados y lujosos del mundo culinario. Adorada por muchos y detestada por otros tantos, es un alimento que se utiliza desde hace miles de años. Su sabor único y aroma terroso, a menudo descrito como un equilibrio entre la nuez, el ajo y un leve toque de dulzura, transforma los platos más sencillos en verdaderas obras maestras. Desde los platos más tradicionales hasta los más innovadores, la trufa siempre añade un toque de lujo y sofisticación.
Este hongo comestible, que tiene el precio más caro en relación con el resto de los hongos, no puede encontrarse a simple vista. Lo hallamos junto a las raíces de árboles de gran tamaño, a una determinada profundidad. El sabor de la trufa es una tarea complicada, ya que cuenta con una parte carnosa, con cierta textura terrosa, también un cierto aroma a frutos secos y con un determinado grado de matices picantes. Por norma general, se emplea en forma de pequeños dados, en láminas o incluso rallado.

Historia y Origen de la Trufa
Desde los tiempos de los egipcios, la trufa ha sido un ingrediente que ha arrojado placer y misterio a partes iguales. Los naturalistas ya se refirieron a ella hace tiempo. En la antigua Grecia, la cocina era un elemento esencial para el completo desarrollo del ser humano, diferenciándose así de los animales, y fue entonces cuando se determinó que la trufa era un ingrediente exquisito.
No fue hasta el siglo XVI que un herborista alemán, Hieronymus Bock, describió las trufas como una mezcla de raíces, semillas, flores y hierbas que la tierra había construido a partir de madera podrida de los árboles. Durante el Renacimiento, la visión que se tenía de la trufa cambió drásticamente, posicionándola al nivel de los ingredientes más especiales y destacados. En el siglo XIX, la trufa llega a la cumbre gracias a Jean Anthelme Brillat-Savarín, un gourmet francés que le otorgó el nombre de “joya de la cocina”.
Variedades de Trufa
Se cuentan por cientos los tipos de especies de trufas distintas que existen en el mundo. Veinte de estas especies se localizan en Europa y son dos las que destacan por sus cualidades gastronómicas: la trufa negra y la trufa blanca. Todas las variedades de trufa pertenecen al género Tuber, pero podemos encontrar tipologías distintas que nos ofrecen características y calidades determinadas.
Trufa Negra (Tuber melanosporum)
El nombre de Périgord le fue otorgado a esta trufa como consecuencia de que fue esta la región francesa que más producción de trufa negra tenía. En la actualidad, aún se está definiendo el primer puesto, ya que compite con Soria y Teruel. Esta variedad, también conocida como trufa de invierno, es muy común tanto en España como en Francia. Por norma general, puede encontrarse a unos 30 centímetros de profundidad y su tamaño se encuentra entre los 3 y los 6 centímetros. La cosecha de la trufa negra se produce entre diciembre y marzo, es decir, principalmente en invierno.
El sabor tan marcado a cuero, champiñones y tierra húmeda que tiene la trufa negra, además de la infinidad de matices de aroma que posee, hace de esta un ingrediente exquisito. Su aroma es levemente picante y un gusto de tonos amargos difícil de describir que recuerda al ajo, al queso muy curado o al gas metano. Desde luego, tiene umami. La trufa negra se desarrolla en zonas frías, secas y ventosas de clima mediterráneo. Es la de mayor categoría en cuanto a calidad y aroma, y es la reina indiscutible en el ámbito culinario.

Trufa Blanca (Tuber magnatum)
Tan penetrante como exclusiva, la trufa blanca es la que más se valora actualmente en el mercado gastronómico. Su precio refleja perfectamente la importancia que se le otorga, no ya solo por su sabor, sino también por su enorme calidad. Es la de mayor categoría en cuanto a calidad y aroma, pero también en cuanto a su demanda. La trufa blanca es endémica de Italia y silvestre. Tal y como ocurre con otros tipos de trufas, las condiciones perfectas para que esta trufa crezca deben ser abundantes lluvias, suelos calizos y veranos que aumenten su carnosidad y volumen gracias a su duración.
Lo que diferencia principalmente a la trufa blanca de la trufa negra es que la trufa blanca no se puede cultivar si no existe un cultivo controlado. Esto se debe principalmente a que, en la actualidad, la trufa blanca no puede cultivarse de manera planificada o controlada, lo que eleva su costo, llegando a alcanzar hasta 5000 euros el kilo.
Trufa de Verano (Tuber aestivum)
Los matices a avellanas y hongos que nos aporta la trufa de verano son espectaculares. Resulta mucho más asequible como consecuencia de que se cultiva en más países y tiene una complejidad aromática inferior. Su sabor es más suave, con notas avellanadas. Se utiliza habitualmente como acompañamiento de ingredientes principales.
Trufa de Otoño (Tuber uncinatum)
La trufa de otoño recibe este nombre ya que la tenemos disponible desde septiembre hasta febrero. Su aroma es similar a la trufa de verano, ya que es más suave que el de la trufa negra, motivo por el cual sus precios se encuentran entre los 200 y los 500 euros el kilo. Para diferenciar bien esta trufa, nos tenemos que fijar en que su carne es blanquecina pardina y su cáscara es más bien oscura. De igual manera, tal y como ocurre con la trufa de otoño, tiene una menor potencia en cuanto a lo que a aroma se refiere, por lo que se emplea habitualmente como acompañamiento de ingredientes principales.
Trufa China (variedades de Sichuan y Yunnan)
En tercer lugar, tenemos la variedad que proviene de Sichuan y Yunnan, ambas provincias chinas. Su crecimiento se produce entre los 2000 y los 2500 metros de altitud sobre el nivel del mar, bajo los pinos de montaña. Su tamaño se encuentra entre los 2 y los 5 cm y la calidad de la misma es inferior en comparación con el resto de los tipos de trufa, por lo que el precio también disminuye considerablemente, encontrándose en torno a unos 350 euros el kilo. Se trata de una trufa que se forma en otoño y cuyo interior tiene un bonito color canela.
Cultivo y Recolección de la Trufa
Las trufas son hongos subterráneos que crecen en las raíces de algunos árboles y arbustos, en simbiosis con ellos. Son un reservorio de agua y nutrientes para los árboles en las épocas de sequía, ya que absorben bastante agua de su entorno. Las trufas crecen al nivel de las raíces de las encinas y los robles, pero en ocasiones, también se pueden encontrar en la unión de las raíces de los castaños, los nogales o los avellanos. La climatología necesaria para que se produzca el crecimiento de las trufas es bastante particular. En función de la variedad de trufa, tendremos unas regiones y una altitud distintas.

LOS PERROS TRUFEROS DE TRUFBOX
Consumida desde la antigüedad, es necesario salir al monte, al bosque, a cazar las trufas con la ayuda de perros, cerdos e, incluso, jabalís domesticados. Su fino olfato atrapa los aromas que indican su presencia. Durante mucho tiempo se trató de domesticar tan silvestre y selecto producto. Fueron los franceses a lo largo del siglo XIX los que lograron los primeros avances en este campo replantando bellotas brotadas recogidas a los pies de árboles truferos.
En los últimos 30 años se ha extendido el cultivo de trufas con plantaciones de encinas, carrascas o avellanos de raíces micorrizadas en Navarra, Aragón, La Rioja, Soria, Valencia, Castellón, Cataluña, Guadalajara y Cuenca. El crecimiento de las trufas es increíblemente sensible y trabajoso, ya que es necesario contar con perros truferos que identifiquen la variedad silvestre de este ingrediente, motivo por el cual su costo asciende.
Una plantación de trufas puede tardar hasta siete años en dar sus primeros frutos desde la siembra de los plantones micorrizados y diez para considerarla productiva. La calidad de las trufas silvestres o cultivadas es igual. La diferencia suele ser su aspecto, que depende del suelo en el que crezcan, más apelmazado o más esponjoso. La recolección de las trufas, la caza, sigue haciéndose de la manera tradicional, con perros y cerdos. Aunque los cerdos cuentan con un olfato más fino, el uso de perro es mayoritario ya que por tamaño son más fáciles de manejar y transportar.
Usos Culinarios de la Trufa
El éxito de un plato con trufa no solo depende de cómo se prepare, sino también de los ingredientes que lo acompañen. La trufa, ya sea negra, blanca o en sus múltiples formas derivadas, es una joya culinaria que eleva cualquier plato al rango de exquisitez. Su versatilidad y su capacidad para transformar lo simple en extraordinario la convierten en un ingrediente indispensable para quienes buscan llevar sus habilidades culinarias al siguiente nivel.
Hay muchas elaboraciones en las que se emplea la trufa y que, en ocasiones, generan algo de controversia. Este es el caso de la pizza con trufa, el faisán con trufas griego y los huevos trufados. Desde luego, la mejor forma de consumir la trufa es cruda. Pocos productos pueden encontrarse tan aromáticos como la trufa, y pocos se emplean con menos criterio. Es cierto que con trufa todo está bueno, pero hay formas y formas de sacarle partido sin desperdiciarla.
Formas Populares de Utilización
- Rallada o laminada sobre platos calientes: La forma más popular y sencilla de utilizar trufas es rallarlas o laminarlas sobre platos calientes.
- Platos de pasta: La trufa rallada sobre un simple plato de pasta, como unos tagliatelle al huevo con mantequilla, es una combinación celestial. Los espaguetis con la trufa maridan maravillosamente, en realidad con todos los tipos de pasta.
- Risottos: Un risotto de queso parmesano coronado con láminas de trufa es otro clásico. Si te gusta el arroz socarrat, esta receta con trufa negra te va a encantar.
- Huevos: Los huevos, especialmente los preparados al estilo simple como pochados, fritos o en tortilla, son un lienzo ideal para la trufa rallada. Es posible trufar unos huevos simplemente metiéndolos un par de días con una trufa en un recipiente hermético.
- Papas fritas: Las papas fritas con aceite de trufa se han convertido en un elemento destacado en muchos restaurantes modernos.
- Mantequilla de trufa: Combina dos ingredientes indulgentes: la mantequilla cremosa y la trufa aromática.
- Salsas y cremas: Las trufas son un ingrediente excelente para preparar salsas y cremas que acompañen carnes, pastas o verduras. La salsa de trufa y champiñones es un clásico para acompañar carnes como solomillos o chuletas de cerdo.
- Embutidos: La trufa también se utiliza en embutidos como salchichones, jamones y patés, donde su sabor se integra perfectamente con las grasas y especias del producto. En una carne embutida, la trufa consigue, con el tiempo, ofrecer matices realmente inigualables. Lo más lógico y habitual es verla en embutidos tipo longaniza o salchichón, tanto frescos (cocidos) como secos, para comer tanto en frío como en caliente.
- Productos preparados: Las trufas también se encuentran en productos preparados, como pastas rellenas, quesos y cremas listas para usar.

Ingredientes con Trufa para Fabricación
Nuestras preparaciones con trufa están diseñadas para una amplia gama de aplicaciones, como pizzas, pastas rellenas, focaccias, panzerotti, saccottini, croissants salados, snacks horneados y productos con levadura, adaptándose con precisión a diferentes tipos de masa, procesos de producción y perfiles sensoriales deseados. Bernardini Tartufi basa su éxito en un compromiso inquebrantable con la calidad, confirmado por certificaciones internacionales como BRCGS e IFS, así como por las aprobaciones de la FDA para la exportación a Estados Unidos.
Listos para usar, son fáciles de dosificar e incorporar en los procesos de producción. Ofrecen un mayor valor percibido, fiabilidad y seguridad, y calidad sostenible. En el entorno industrial, la brisura de trufa en conserva es la solución más versátil, rentable y funcional.
La brisura de trufa es trufa troceada, cocida y conservada, lista para incorporar a elaboraciones alimentarias. Sin embargo, no todas las brisuras son iguales. Bernardini Tartufi te ayuda a seleccionar la brisura de trufa ideal para tu proceso.
Tipos de Brisuras de Trufa
- Tuber melanosporum (trufa negra): Sabor profundo e intenso, ideal para gamas premium o productos donde la trufa debe destacar.
- Tuber aestivum (trufa de verano): Sabor más suave, con notas avellanadas.
- Natural 100%: Para productos de alta gama. Las brisuras elaboradas con Tuber Melanosporum suelen emplearse sin adición de aroma artificial, ya que su perfil aromático natural es suficientemente potente y característico.
- Brisuras sin espesante: Recomendadas para masas firmes como quesos curados o embutidos, donde se busca una presencia más visible de la trufa.
- Brisuras con espesante: Ideales para mezclas líquidas o cremosas (salsas, untables, etc.), ya que evitan la decantación y mejoran la distribución del sabor.

Salsas de Trufa: Un Toque de Sabor Concentrado
La salsa de trufa es, básicamente, una preparación cremosa o semilíquida que concentra el aroma y el sabor de la trufa en un formato fácil de usar. Su éxito se debe a que encaja con algo que buscamos todos: resultados espectaculares con poco esfuerzo. La trufa es aroma. Y el aroma, si lo maltratas con demasiado calor o demasiada cantidad, se pierde o se vuelve pesado.
Salsa de trufa suele ser una preparación donde la trufa (o sus derivados) tiene un papel protagonista. Salsa trufada, normalmente, es una salsa base (de setas, queso, nata, mantequilla…) aromatizada con trufa. Salsa de trufas es un término que se usa muchas veces de forma genérica y puede referirse a cualquiera de las dos anteriores. Lo importante es siempre mirar qué porcentaje de trufa lleva, qué base utiliza y para qué está pensada.
Ingredientes Clave de una Salsa de Trufa
- Trufa o derivados de trufa: Fresca, en conserva o en forma de pasta.
- Una base grasa: Aceite de oliva suave, mantequilla, nata o queso.
A partir de ahí pueden aparecer otros ingredientes secundarios (ajo muy suave, pimienta blanca, queso curado…), pero siempre con cuidado. El equilibrio es la clave. Hacer salsa de trufa casera es más sencillo de lo que mucha gente imagina. Es crucial no hervir la salsa, ya que el aroma se pierde y el resultado queda plano. Esta salsa es perfecta para usar al momento o guardar en frío un par de días bien cerrada. La trufa siempre debe añadirse al final.
La salsa de trufa negra, en particular, tiene un perfil más profundo, terroso y persistente. No necesita grandes cantidades ni elaboraciones complejas para brillar. No está pensada para cubrir el plato, sino para elevarlo. La trufa no funciona por acumulación; la salsa de trufa se usa como un perfume culinario.
Recetas Destacadas con Trufa
Nandu Jubany nos demuestra que sabe cómo tratar este exclusivo producto en nuestro Curso de Alta Cocina con Trufa. Desde ensaladas hasta postres, la trufa eleva cualquier elaboración.
Entrantes y Aperitivos
- Ensalada de trufa: La mejor forma de consumir la trufa es cruda, y una ensalada es una gran forma de consumirla, por ejemplo rallada con tomate, nuez y queso fresco. La ensalada de canónigos, patata y trufa del maestro Robuchon es todo un clásico.
- Tostada de trufa: Cortar el pan en ruedas finas, de no más de 2 cm de ancho. Se pueden tostar. Añadir un chorrito de aceite por encima, cubrir con las láminas de trufa y unas gotas más de aceite. Salar levemente. Antes de sacarlas a la mesa se pueden hornear levemente para servirlas calientes.
- Pimientos de cristal con aceite trufado: Pimientos asados con un aliño de aceite trufado.
- Bloc de Foie Gras de Pato con Trufa: Un foie artesanal de sabor intenso y aromático, realzado con trufa para una experiencia gourmet excepcional.
- Ensaladilla trufada: Una variante de la ensaladilla rusa tradicional.
- Burrata con trufa negra: Una mezcla que nunca falla.
- Guacamole, salmón y trufa: Ideal para cenas frías, aperitivos o brunch.
- Camembert trufado: Un aperitivo muy francés, sencillo de realizar y con un resultado exquisito.
- Hummus trufado: Una forma diferente de elaborar el tradicional hummus.
- Brioche con trufa: Perfecto para una cena informal.
Platos Principales
- Huevos trufados: Los huevos son un alimento de un sabor relativamente neutro que se viene arriba al contacto con la trufa. Rallada o fileteada encima de unos huevos fritos.
- Huevos fritos con puré de patata trufado: Patatas cocidas, machacadas y mezcladas con aceite trufado y mantequilla.
- Pasta con salsa de trufa: Pasta + mantequilla + parmesano es un clásico infalible. Se añade la salsa al final, con el fuego apagado.
- Lasaña con setas y trufa negra: Un plato de temporada que combina dos ingredientes estrella.
- Espaguetis de calabacín con setas y trufa negra: Una receta de otoño/invierno.
- Pollo al horno con trufa negra: El pollo al horno de siempre que alcanza una categoría de auténtico gourmet.
- Salmón con salsa de trufa negra: Ideal para las navidades, sencilla de realizar y no lleva mucho tiempo de elaboración.
- Frittata trufada: Un plato típico italiano, muy parecido a nuestra tortilla de patata, pero con patatas cocidas.
- Empanada de queso de cabra, cebolla caramelizada y trufa negra: Una elaboración que da mucho juego en la cocina.
- Empanadas argentinas trufadas: Pueden tener rellenos muy variados.
- Arroz socarrat con trufa negra: Original, fácil de hacer y a gusto de toda la familia.
- Carbonara con huevo trufado y trufa rallada: Una auténtica explosión de sabor.
- Spaghetti negros con alioli de trufa: Riquísima y muy sencilla de realizar.
- Canelones de setas y trufa negra: Un plato sabroso, original y muy rico.
- Ñoquis con trufa: Una sencilla receta que nunca falla.
- Pollo con trufa: Una deliciosa receta para días especiales.
- Fideos con trufa: Una deliciosa receta con ingredientes de primera y una sencilla preparación.
- Cremas de calabaza o calabacín con trufa: Un toque especial que la trufa le da a estas cremas.
Otros Usos y Conservación del Aroma
- En bechamel: La trufa combina a la perfección con los lácteos, y se crece en entornos grasos. Por eso, la bechamel resulta ideal como elaboración a la que añadir, junto a la pimienta negra y la nuez moscada, un poco de trufa.
- Salsa Périgord: Un clásico entre los clásicos, es una demi-glace de carne o de ave a la que se añade trufa y setas salteadas finamente picadas, con un poco de mantequilla para darle brillo.
- Licor de trufa: Una forma alternativa de extraer y conservar el aroma de la trufa para emplearlo en numerosas preparaciones. Se puede introducir en brandy o jerez seco (20 gramos/litro), así como en un vinagre suave, como el de manzana. Eso sí, la trufa traspasará todo su aroma al líquido, quedando inservible.
- Jugo de trufa: Una variación del método de conservación anterior consiste en realizar el llamado jugo de trufa: mete la trufa cuarteada en un tarro de cristal, cubre con un alcohol (oporto, vino blanco o similares), colócalo en la olla exprés y cuécelo durante media hora.
- Aceite trufado: La trufa enaltece cualquier plato pero hay que usarla con mesura. Para aprovechar bien este hongo se aromatiza el aceite y con él se aliñan los platos. En 750 ml de un aceite de oliva suave se ponen 15 g de trufa. Puede ser una trufa entera, en láminas o rallada. Esta proporción es una base para que cada cual luego haga su receta. Este aceite debe guardarse siempre en la nevera y no más de 20 días.

Conservación de la Trufa
El principal problema de la delicada trufa es su conservación. Tiene un tiempo muy corto de vida fuera de la tierra, no más de dos semanas en el frigorífico. La forma en la que se conserva la trufa a nivel culinario pretende mantener todo el aroma de este producto, pero resulta prácticamente imposible.
Métodos de Conservación
- Consumo en fresco: Lo más recomendable para poder disfrutar de este producto en su máximo esplendor es consumir la trufa en fresco, ya que son 10 días el cómputo total de vida útil que tiene, teniendo en cuenta que se debe refrigerar. Lo ideal es guardarlo en un recipiente con tapa y hermético y envuelta en un trozo de papel de cocina. Una vez limpia y seca, se mete en una bolsa de plástico y listo.
- Conservas: Su origen es francés y se elaboran ejerciendo un proceso de temperatura y presión sobre la trufa, con sumo cuidado.
- Congelar la trufa: Se trata de un método idóneo en el que tan solo tendremos que guardar el producto en una bolsa con cierre hermético, de manera que no adquiera sabores y olores de otros productos. Para utilizarla, no debemos dejar que se descongele, ya que al estar compuesta por un 80% de agua, la textura variará adquiriendo algo de gomosidad. Cada vez que se quiera usar, basta con rallar lo necesario sin descongelarla. Se puede laminar antes de congelar.
- Alcohol: Utilizar alcohol para conservar la trufa es una buena opción. Pueden emplearse brandys u otros tipos de alcohol similar.
Mucha gente considera que otro de los métodos ideales para la conservación de la trufa es utilizar aceite de oliva. Por supuesto, no es así y esto se debe a la cantidad de agua que posee la trufa. La conservación de agua con aceite no es la mejor opción, puede ayudarnos a mantener su vida útil unos días más, pero no más tiempo.
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