Las hortalizas, legumbres y setas son pilares fundamentales de una dieta equilibrada, ofreciendo una riqueza nutricional excepcional y una versatilidad culinaria que a menudo subestimamos. Son reconocidas por ser excelentes fuentes de proteína vegetal, ricas en vitaminas y minerales esenciales, con un contenido mínimo de grasa y aportando carbohidratos de bajo índice glucémico. Esta combinación de atributos las convierte en aliadas indiscutibles para la salud.
El Centro para la Calidad de los Alimentos del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentación (INIA) en Soria ha puesto de relieve el potencial de estos alimentos, muy abundantes en Castilla y León, a través de diversas investigaciones. Una colaboración destacada con la chef Elena Lucas, del restaurante La Lobita, galardonado con una estrella Michelin, ha explorado nuevas aplicaciones culinarias para setas y legumbres, buscando un impacto positivo en la salud y un posible desarrollo comercial.
Elena Lucas destaca la oportunidad de trabajar con estos ingredientes en formatos menos convencionales: “Me han dado dos alimentos que tomamos de forma muy habitual, pero en vez de encontrármelos al natural, las legumbres estaban hechas harina y las setas liofilizadas”. Si bien estos alimentos son comunes en la cocina, el consumo general tiende a ser menor de lo recomendado. Las setas, por su estacionalidad y el desconocimiento sobre técnicas de conservación, y las legumbres, quizás por pereza, no alcanzan las tres raciones semanales sugeridas por la Organización Mundial de la Salud. El uso de setas en la cocina casera, incluso en temporada, es casi anecdótico.
En el restaurante La Lobita, se han creado platos innovadores que reinterpretan clásicos. Un ejemplo es un guiso de garbanzos con boletus, donde se aprovecha la capacidad de las setas para espesar caldos y salsas. Se preparó un caldo con verduras y la cabeza de los boletus, rica en gelatina, y una pasta elaborada con harina de garbanzos y rebozuelos liofilizados, resultando en una "pasta con muchísimo sabor a seta".
Otro plato experimental buscó emular el suelo del pinar circundante. Se creó una "tierra" a base de tubérculos (zanahoria, patata, remolacha), brezo, hojas de romero tostadas y piedras de cacao. A esto se añadió un musgo seco de harina de lentejas y un sándwich de setas con harina de boletus y crema de garbanzos, complementado con rebozuelos liofilizados.
Incluso los postres se reinventaron. Se elaboraron macarrones con harina de almendras y mermelada de boletus, reduciendo el contenido de azúcar y mejorando el perfil nutricional del postre francés tradicional.
La liofilización, una técnica que consiste en deshidratar alimentos mediante congelación rápida y posterior sublimación del hielo, se presenta como una herramienta con un gran potencial, aunque su coste aún limita su aplicación generalizada. El INIA está investigando su uso para concentrar las propiedades de las setas. Lura Mateo, experta en nutrición y tecnología de los alimentos del centro, señala que setas como el rebozuelo, ricas en betacaroteno (precursor de la vitamina A) y compuestos fenólicos con efecto antiinflamatorio, podrían beneficiarse enormemente de esta técnica. Los extractos acuosos de rebozuelo también muestran una importante función antimicrobiana con potencial industrial.

Legumbres: Historia y Nutrición
Las leguminosas figuran entre los primeros productos alimenticios cultivados por el ser humano. Restos arqueológicos en Anatolia sugieren que la producción de garbanzos y lentejas se remonta al 7000-8000 a.C. Estas plantas, pertenecientes a la Familia Fabaceae, se distinguen por sus frutos tipo vaina que contienen semillas. La FAO define "legumbres" como aquellas plantas cultivadas exclusivamente para obtener el grano seco, excluyendo las cosechadas verdes (verduras), las de extracción de aceite y las de siembra.
En 2020, la producción mundial de legumbres alcanzó casi 89,82 millones de toneladas, con India, Canadá y China como principales productores. El consumo aparente per cápita mundial de legumbres secas fue de 7,13 Kg/año/persona en 2019, significativamente mayor en países menos desarrollados que en la Unión Europea.
La estructura de las legumbres es similar, constando de germen, ojo o hilo, y dos cotiledones que actúan como reserva. Su importancia nutritiva y económica es innegable, contribuyendo significativamente a la ingesta diaria de proteínas y energía a nivel mundial.
Composición Nutricional de las Legumbres
- Proteínas: Destacan por su alto contenido proteico, siendo una fuente económica de proteínas vegetales, a menudo el doble o triple que los cereales. Sin embargo, su valor biológico es menor que el de las carnes debido a deficiencias en aminoácidos azufrados o triptófano, la estructura de sus proteínas y la presencia de inhibidores de proteasas.
- Hidratos de Carbono: El almidón es el carbohidrato predominante (75-80%), con una alta proporción de almidón que se digiere lentamente y almidón resistente, el cual forma parte de la fibra dietética.
- Fibra: Son ricas en fibra, tanto soluble como insoluble, que se encuentra especialmente en la piel. Contienen oligosacáridos como rafinosa, estaquiosa y verbascosa.
- Lípidos: Tienen un contenido bajo en grasa, con un alto porcentaje de ácidos grasos saludables.
- Vitaminas: Son buenas fuentes de vitaminas del complejo B (tiamina, riboflavina, niacina, ácido fólico, vitamina B6). Son pobres en vitaminas liposolubles y vitamina C, aunque la soja y el cacahuete aportan vitamina E.
- Minerales: Presentan un alto contenido en calcio, hierro, fósforo y zinc. La biodisponibilidad de estos minerales es inferior a la de los alimentos de origen animal, especialmente el hierro no hemo, cuya absorción mejora con vitamina C.
Las legumbres contienen compuestos beneficiosos para la salud, como saponinas, fitosteroles, compuestos fenólicos, isoflavonas (en la soja), y otros que pueden influir en la biodisponibilidad de nutrientes. Existe evidencia consistente de que su consumo puede prevenir enfermedades crónicas como las cardiovasculares, diabetes y sobrepeso, además de mejorar la salud intestinal y ser eficaces contra la anemia.
Desde el punto de vista ambiental, las legumbres son una opción sostenible. Requieren menos energía no renovable, tienen una baja huella de carbono e hídrica, y mejoran la sostenibilidad de los sistemas de cultivo al fijar nitrógeno atmosférico, reduciendo la necesidad de fertilizantes nitrogenados.
Legumbres: valor nutricional y beneficios para la salud - Grupo Esneca TV
Hortalizas: Diversidad y Propiedades
Las hortalizas son plantas herbáceas hortícolas, cuyo valor reside en sus partes comestibles. El término "verdura" se refiere específicamente a los órganos verdes (hojas, tallos, inflorescencias). El Código Alimentario Español las define como cualquier planta herbácea hortícola en sazón utilizable como alimento. Aunque las legumbres frescas y las setas (del reino Fungi) a menudo se incluyen en esta categoría, poseen características nutricionales distintas.
Las hortalizas se clasifican según la parte comestible de la planta:
- Raíces: zanahoria, remolacha, rábano.
- Bulbos: cebolla, puerro, ajo.
- Hojas: acelgas, lechuga, espinacas, escarola.
- Tallos: espárragos, apio.
- Flores: alcachofa, repollo, coliflor.
- Frutos: tomate, pepino, pimiento.
- Semillas: guisante, maíz.
Composición Nutricional de las Hortalizas
- Agua: Constituyen aproximadamente el 90% de su composición, lo que explica su bajo valor calórico.
- Proteínas: Principalmente enzimas, con un bajo valor biológico por ser de origen vegetal.
- Hidratos de Carbono: Incluyen azúcares libres (glucosa, fructosa, sacarosa) y fibra (celulosa, hemicelulosa, lignina, pectinas). El almidón se encuentra en raíces.
- Grasas: Su contenido es inferior al 1%.
- Vitaminas: Destacan las hidrosolubles, especialmente la vitamina C (en coles, perejil, pimiento), vitamina B1 (en alcachofas, pimientos, espárragos, coles), ácido fólico (en hojas verdes) y ácido nicotínico. Contienen también provitamina A (β-caroteno).
- Minerales: Alto contenido en potasio. También presentes sodio, calcio, magnesio y hierro (especialmente en espinacas, acelgas, perejil). La absorción del hierro se ve favorecida por la vitamina C.
- Ácidos Orgánicos: Como el ácido oxálico o málico.
- Pigmentos: Carotenos, clorofilas, xantofilas, antocianos y flavonas, responsables de su color y que pueden alterarse durante la cocción.
Las hortalizas pueden contener compuestos antinutritivos como el ácido oxálico (con efecto descalcificante), glucósidos (en habas, relacionados con el favismo), inhibidores de proteasas (destruidos por el calor) y nitritos/nitratos (cuya toxicidad se reduce con vitaminas C y E).
Los métodos de conservación incluyen tratamientos físicos (calor, frío) y químicos (azúcares, ácidos, aditivos). La desecación, esterilización, pasteurización, refrigeración y congelación son técnicas comunes, cada una con sus particularidades en cuanto a pérdidas de nutrientes, especialmente vitamina C.

Setas: Del Bosque a la Mesa
Las setas, fruto de hongos, son un alimento de temporada de otoño, aunque disponibles todo el año en conserva o congeladas. Nutricionalmente, se asemejan a las verduras por su bajo contenido calórico y riqueza en agua, pero también aportan proteínas, fibra, vitaminas y minerales.
Las setas comestibles se diferencian por su anatomía (copete y estipe) y suelen crecer en bosques húmedos y fríos. Algunas de las más populares incluyen:
- Champiñones: Los más consumidos por su cultivo estandarizado.
- Rebozuelos: Populares en bosques lluviosos, con un color anaranjado característico.
- Boletus: Reconocidos por su sombrero semiesférico y piel de color marrón caramelo.
Por norma general, las setas son ricas en agua y bajas en calorías, lo que se traduce en un bajo contenido de macronutrientes. Sin embargo, son una fuente variada de vitaminas y minerales, y su contenido en fibra y antioxidantes las convierte en un superalimento para reforzar las defensas.
La investigación sobre las setas, como la realizada con el rebozuelo, está revelando su potencial nutricional y medicinal. Su riqueza en betacaroteno y compuestos fenólicos, junto a sus propiedades antimicrobianas, abre puertas a nuevas aplicaciones en la industria alimentaria y farmacéutica.

La combinación de hortalizas, legumbres y setas en la dieta diaria no solo enriquece el paladar con sabores y texturas diversas, sino que también fortalece el organismo, previene enfermedades y contribuye a un estilo de vida más saludable y sostenible. La exploración culinaria de estos alimentos, como la realizada por Elena Lucas, demuestra que aún queda un vasto territorio por descubrir en sus aplicaciones y beneficios.
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