Hervir el agua es una de las prácticas más comunes para hacerla «segura» para el consumo, especialmente en situaciones de emergencia y para eliminar microorganismos. Este método ha sido utilizado durante siglos para desinfectarla, eliminando bacterias, virus y parásitos como la Escherichia coli, la Salmonella y el Cryptosporidium, previniendo enfermedades gastrointestinales.
Sin embargo, la pregunta crucial es: ¿realmente es suficiente para eliminar los metales pesados y otros contaminantes peligrosos?
¿Qué elimina hervir el agua?
El proceso de hervir el agua mata o inactiva microorganismos patógenos, como bacterias, virus y parásitos. Cuando el agua alcanza su punto de ebullición y se mantiene hirviendo durante al menos 1 minuto (y preferiblemente durante 3-5 minutos), la mayoría de los patógenos son destruidos debido a las altas temperaturas. Es decir, hervir el agua la desinfecta y la hace potable y segura para beber en términos microbiológicos.

Limitaciones de la ebullición
Aunque hervir el agua es un recurso práctico para reducir el riesgo de enfermedades causadas por bacterias, no es un método infalible y tiene serias limitaciones cuando se trata de eliminar otros contaminantes peligrosos presentes en el agua.
- No elimina metales pesados ni óxido: La ebullición no elimina metales pesados tóxicos como el plomo, mercurio, arsénico o cadmio. De hecho, hervir el agua puede aumentar la concentración de contaminación por plomo y otros metales pesados en el agua a medida que el agua se evapora, lo que podría aumentar su toxicidad. La única forma de obtener agua realmente pura y libre de metales pesados es con un sistema de filtración eficaz.
- No remueve productos químicos ni microplásticos: Compuestos como el cloro, pesticidas, nitratos y residuos farmacéuticos pueden estar disueltos en el agua y hervirla no los desaparece; estos se quedan en tus comidas y bebidas. Asimismo, los microplásticos presentes en el agua del caño tampoco se eliminan con la ebullición y podrían representar riesgos para la salud.
- Puede alterar el sabor del agua: Cuando hervimos el agua, su composición química cambia, lo que a veces puede hacer que tenga un sabor desagradable o un olor distinto debido a la concentración de minerales y compuestos disueltos.

Metales pesados en el agua: una preocupación global
Los metales pesados son elementos con una alta densidad o concentración molecular que se pueden encontrar en las aguas de pozos, ríos y redes industriales de todo el mundo. Los más comunes son el cromo, níquel, cobre, aluminio, plomo y cadmio. Es importante señalar que no todos los metales pesados son tóxicos; algunos, como el hierro, el zinc o el cobalto, en bajas concentraciones, son esenciales para el buen funcionamiento del cuerpo humano.
El problema surge cuando la concentración es mucho más alta que la idónea para el cuerpo humano, ya que no son metabolizables. El organismo no los procesa, sino que los acumula en tejidos y órganos como el hígado o el riñón, causando diversos problemas de salud y siendo contaminantes para la naturaleza.
Efectos negativos en la salud
La presencia de metales pesados en el agua potable representa un riesgo invisible pero significativo para la salud humana.
- Plomo (Pb): Afecta al sistema nervioso y renal, relacionándose con disfunciones cognitivas, fatiga, cefalea e insuficiencias renales. Los síntomas más comunes de una intoxicación por plomo son los gastrointestinales, que comprenden náuseas, vómitos, diarrea, constipación y cólicos. Las tuberías antiguas de plomo son una fuente común de contaminación.
- Mercurio (Hg): Aunque casi indisoluble en agua, puede incorporarse a la cadena alimenticia tras procesos bioquímicos. Una intoxicación por mercurio altera la mucosa intestinal, inhibe ciertas enzimas vitales y puede provocar trastornos graves en mujeres embarazadas, así como alteraciones genéticas, renales y nerviosas. También se relaciona con efectos en el pulmón.
- Cobre (Cu): Es un oligoelemento esencial en bajas concentraciones, pero su exceso lo convierte en tóxico por su gran capacidad oxidativa. Se relaciona directamente con la enfermedad de Wilson, una alteración en el metabolismo del cobre que ocasiona su acúmulo en diferentes tejidos. Puede haber cobre en el agua por la corrosión de las cañerías de viviendas.
- Cadmio (Cd): Su presencia en el agua presenta posibles cuadros de bronquitis y enfisema pulmonar, infertilidad y cáncer de próstata en el sistema reproductor, y alteraciones y enfermedades vasculares como la hipertensión.
- Cromo (Cr): Afecta al riñón, al hígado y amplía las posibilidades de cáncer de pulmón.

Todo lo que sucede en el cuerpo humano sucede de forma similar en el cuerpo de los animales, acumulándose en sus vísceras a través de las plantas y el agua contaminada. Los vertidos de productos contaminantes de fábricas afectan directamente al agua, los campos de cultivo y los océanos, exponiendo a peces y moluscos.
Contaminación con metales pesados del agua de rio
¿Por qué se contamina el agua de metales pesados?
El agua puede estar contaminada por metales pesados por dos causas principales: la natural y la humana.
Origen natural
Los metales pesados forman parte del ciclo natural. El incremento de su concentración se debe a un proceso de enriquecimiento natural cuando el agua atraviesa sustratos que contienen metales pesados en su composición, arrastrando una parte de ellos.
Origen humano
En este caso, se debe a obras humanas que utilizan el plomo, como las cañerías antiguas, pinturas artesanales o, hasta hace relativamente poco, la gasolina. Lo mismo sucede con el mercurio, el cobre o el cadmio con los vertidos industriales o mineros, o de empresas de recubrimientos metálicos, que llegan mediante aguas residuales y lixiviados, por arrastre, hasta manantiales o aguas de los ríos. En las zonas con una gran actividad agrícola, donde se utilizan plaguicidas, puede existir también una contaminación de manantiales y aguas de ríos cercanos.
Cómo eliminar los metales pesados del agua
Aunque el agua de casa esté potabilizada y desinfectada, es necesario un tratamiento para quitar los metales pesados. Una forma de empezar es buscar indicios, como coloraciones azuladas o parduscas en las piletas de los baños. Sin embargo, no todas las aguas contaminadas con metales pesados presentan coloración.
Para medir la concentración de metales en el agua de forma casera, se puede usar un medidor TDS (medidor de partículas por millón). Para saber de forma más detallada la cantidad y tipos de metales que contiene el agua potable de tu ciudad, se recomienda llevarla a un laboratorio a analizar.
Reducir la exposición
Para reducir la exposición a los metales pesados contenidos en el agua, se pueden tomar las siguientes medidas:
- Deja correr el agua del grifo antes de beberla: Especialmente si no se ha utilizado en las últimas horas, ya que el estancamiento favorece el aumento de la concentración de metales pesados.
- No bebas el agua caliente procedente del grifo: Los metales pesados se presentan en mayor concentración en agua caliente, que tiene una mayor capacidad de disolución de metales pesados.
- Aísla bien las conducciones y manantiales: Evita que, por agua de lluvia libre, lleguen aguas contaminadas de vertederos, lixiviados o con plaguicidas.
- Sustituye tuberías antiguas: Si tus tuberías son de algún metal pesado, es recomendable sustituirlas por conducciones nuevas que no lo contengan.
- Asegúrate de que tu pozo esté alejado de vertederos o aguas residuales.
Si bien hervir el agua puede ser una solución rápida y accesible para eliminar microorganismos, no garantiza que esté completamente libre de metales pesados y otros contaminantes químicos, incluso puede concentrarlos. La mejor manera de prevenir la exposición al plomo es evitar el uso de productos que lo contengan. Si vive en una casa antigua, haga que analicen el agua para ver si contiene plomo y, si es necesario, reemplace las tuberías.
Eliminar completamente metales pesados
Para eliminar completamente los metales pesados del agua, se requieren sistemas de purificación más avanzados:
- Filtrar el agua del grifo: Los filtros de carbón activado, con un sistema de varias fases, son eficaces para filtrar metales pesados. Estos sistemas son una buena opción para quienes buscan invertir en el cuidado del agua de su hogar.
- Ósmosis inversa: La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la ósmosis inversa como el método más efectivo e indiscutible para eliminar cualquier riesgo asociado a la salubridad del agua. Los equipos de ósmosis inversa erradican entre el 96% y el 97,5% de las sales minerales y el 100% de las bacterias presentes en el agua, además de los microplásticos.
- Destilar el agua potable: La destilación es otro método que permite limpiar absolutamente el agua que se consume y con la que se preparan comidas, zumos y leches vegetales.
Dado que hervir agua no es suficiente para eliminar todas las impurezas, es fundamental optar por sistemas de purificación efectivos que cuenten con certificados de calidad internacionalmente reconocidos. Estos filtros no requieren electricidad ni procesos complicados, y su diseño compacto es ideal para hogares, oficinas y cualquier espacio donde se necesite agua pura sin complicaciones.