El consumo de galletas es muy elevado en la población infantil española, siendo un pilar fundamental en los desayunos y meriendas. Aunque históricamente las galletas han sido parte de la dieta desde hace 10.000 años, los cambios sociales y culturales de las últimas décadas han modificado los hábitos alimentarios, llevando a lo que se conoce como transición nutricional. Este fenómeno ha convertido a la obesidad infantil en un grave problema de salud pública en Europa, con España presentando algunas de las tasas más altas.
Las galletas, clasificadas como alimentos ultraprocesados según la clasificación NOVA (categoría 4), son productos muy rentables debido a su bajo coste, larga vida útil, facilidad de consumo y transporte, y su gran palatabilidad. Sin embargo, su principal desventaja es que desplazan el consumo de alimentos más saludables.

Análisis nutricional de las galletas en el mercado español
Un estudio exhaustivo analizó 350 productos de galletas disponibles en cuatro grandes cadenas de supermercados en España (Carrefour, Mercadona, Día y El Corte Inglés), abarcando 61 marcas diferentes. Se excluyeron las galletas saladas y aquellas sin información nutricional disponible. De la muestra total, 53 galletas (15,1%) estaban dirigidas específicamente a la población infantil.
Composición general de las galletas
Los resultados revelaron una composición nutricional que, en general, no es saludable. La lista de ingredientes suele ser larga, predominando las harinas refinadas, azúcares, grasas saturadas y aditivos. Aunque algunas galletas añaden pequeñas dosis de vitaminas y minerales para dar una connotación más saludable, esto no mejora sustancialmente su perfil.
- Contenido energético: El valor energético medio fue de 471,86 ± 35,83 kcal/100 g para la muestra total. Para las galletas infantiles, el valor energético medio fue de 466,47 ± 19,31 kcal/100 g.
- Grasas: Las grasas saturadas fueron la principal grasa en el 53,1% de las galletas, y el aceite de palma estuvo presente en el 47,1%. La mediana de grasas totales fue de 19 g/100 g (RI: 15,67-24), con una mediana de grasas saturadas de 6 g/100 g (RI: 2,1-12). En las galletas infantiles, el aceite de oliva o girasol alto oleico (GAO) fue la grasa principal en el 67,9%, mientras que las grasas saturadas estuvieron en el 32,1% y el aceite de palma en el 37,7%.
- Hidratos de carbono y azúcares: La mediana de hidratos de carbono fue de 67 g/100 g (RI: 62-71) y la mediana de azúcares de 25 g/100 g (RI: 20-33). El azúcar añadido se encontró en el 90% de las galletas de la muestra total y en el 98,1% de las galletas dirigidas a niños.
- Fibra alimentaria: La mediana de fibra alimentaria fue de 3,2 g/100 g (RI: 2,4-5,2). Para las galletas infantiles, la mediana fue de 2,9 g/100 g (RI: 2,27-3,42).
- Proteínas y sal: La mediana de proteínas fue de 6,3 g/100 g (RI: 5,5-7) y la de sal de 0,7 g/100 g (RI: 0,5-0,9).
Comparativa entre galletas generales y galletas infantiles
El análisis comparativo mostró algunas diferencias significativas entre las galletas dirigidas a la población general y las comercializadas para niños:
- Un mayor porcentaje de galletas infantiles contenían azúcares añadidos (98,1% vs 88,6%).
- Las galletas infantiles presentaron un menor contenido de fibra (mediana de 2,9 g/100 g vs. 3,2 g/100 g).
- El aceite de oliva o GAO fue la grasa principal en un porcentaje significativamente mayor en las galletas infantiles (67,9% vs 36,7%, p < 0,001).
- Las grasas saturadas fueron más frecuentes en el grupo no dirigido a niños (56,9% vs 32,1%, p = 0,001).
- La publicidad de reclamo fue más frecuente en los productos comercializados para niños (75,5% vs 45,5%, p < 0,001).

El experimento de la BBC sobre los efectos de los alimentos ultraprocesados | BBC Mundo
Estrategias de la industria y la percepción de "saludable"
La industria alimentaria utiliza diversas estrategias para hacer que las galletas parezcan más saludables. Una de ellas es la presencia de dibujos de personajes infantiles en los envases para atraer a los más pequeños. Otra son las "declaraciones nutricionales", que son legales y se encuentran en una de cada tres galletas, destacando a menudo la fibra, las vitaminas y minerales añadidos, o la reducción/ausencia de azúcar.
- Galletas "integrales": Aunque se anuncia la presencia de harina integral, la legislación no exige una proporción específica, lo que permite que galletas con harinas refinadas y pequeñas cantidades de integral se vendan bajo este reclamo.
- Galletas "sin azúcares": Se sustituye el azúcar por edulcorantes, aunque estos también pueden tener un impacto en la flora intestinal. Las galletas "sin azúcares" mostraron un menor valor energético medio y densidad calórica, y un mayor porcentaje de aceite de oliva/GAO y menos aceite de palma.
- Galletas "bio": El estudio encontró que, de 161 galletas "bio" analizadas, solo cuatro se consideraron recomendables desde el punto de vista nutricional.
La palabra "Digestive" en las galletas no tiene base legal y es un nombre de fantasía, no implicando beneficios digestivos. Algunas galletas lo aclaran con letra diminuta en el envase.
El engaño de las propiedades saludables
Para que un alimento pueda llevar declaraciones de propiedades saludables, basta con que contenga una cierta cantidad de algún ingrediente o nutriente, incluso si se encuentran fácilmente en alimentos normales. Por ejemplo, una galleta puede presumir de "bajar el colesterol" si contiene betaglucanos de avena. Sin embargo, el beneficio se obtendría consumiendo una cantidad significativa de galletas (ej. 150 gramos diarios, lo que representa unas 700 kilocalorías y 30 gramos de azúcares), lo cual es contradictorio con una dieta saludable.
Como indica el dicho "aunque la mona se vista de seda, mona se queda", las galletas, por muchas vueltas que se les dé y por muy bonitas que se presenten, no forman parte de una alimentación saludable. Solo cuatro de las 640 galletas recopiladas en el proyecto BADALI (Universidad Miguel Hernández) se pueden considerar recomendables.
Recomendaciones para un consumo consciente
Es fundamental desarrollar un sentido crítico al elegir galletas. La información nutricional en la etiqueta es importante, pero no suficiente. Se deben considerar los ingredientes: los que aparecen primero en la lista son los que se encuentran en mayor cantidad.
Criterios para identificar galletas menos perjudiciales:
Aunque la mayoría de las galletas son ultraprocesados, algunas opciones pueden ser menos perjudiciales si cumplen con ciertos criterios:
- El primer ingrediente no debe ser azúcar.
- Contenido de azúcar añadido: Lo ideal es menos de 20g por cada 100g de galletas. Un contenido superior a 50g/100g se considera excesivo.
- Grasas: Preferir galletas con aceite de oliva virgen extra o girasol alto oleico en lugar de grasas vegetales refinadas o aceite de palma.
- Harinas: Optar por harinas 100% integrales.
- Sin edulcorantes artificiales si es posible.
Las galletas caseras, elaboradas con ingredientes controlados y menor cantidad de azúcar, son la opción más saludable. Sin embargo, hay que ser conscientes de que "repostería" y "saludable" es un oxímoron: una galleta, incluso casera, seguirá siendo una galleta con un alto valor energético si no se controlan los ingredientes.
La clave está en la moderación y en el contexto de la dieta. Un consumo ocasional y en pequeñas cantidades, acompañadas de alimentos saludables como fruta, frutos secos o lácteos, es preferible a un consumo diario y excesivo.

| Tipo de galleta | Grasa principal | Azúcar añadido (% productos) | Fibra (mediana g/100g) | Publicidad de reclamo (% productos) |
|---|---|---|---|---|
| Galletas generales | Grasas saturadas (53,1%) | 90% | 3,2 | 50% |
| Galletas infantiles | Aceite de oliva/GAO (67,9%) | 98,1% | 2,9 | 75,5% |
El impacto de la publicidad
La publicidad de alimentos y bebidas con alto contenido energético y bajo valor nutricional dirigida a la población infantil ha sido identificada como un factor de riesgo significativo para el desarrollo de la obesidad. La OMS, a través de su Estrategia Mundial sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud, insta a los gobiernos a regular y modificar la publicidad de estos productos. Sin embargo, estas medidas pueden no ser suficientes, y se requiere una regulación más estricta que prohíba la publicidad dirigida a niños y el uso de juguetes en campañas promocionales.

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