La Guerra Civil Española y el Suicidio: Una Perspectiva Histórica y Psicológica

El análisis del suicidio dentro del contexto de la Guerra Civil Española, aunque no explícitamente detallado en el material proporcionado, puede inferirse a través de la discusión general sobre los factores de riesgo y las condiciones de vida que pueden llevar a un individuo a tomar una decisión tan drástica. La guerra, como evento traumático a gran escala, exacerba muchas de las causas subyacentes del suicidio, como la desesperación, la pérdida, el trauma y la desintegración social.

La Historia ha demostrado que la locura es una cuestión llena de matices, pues a menudo viene determinada por la cultura y los preceptos morales de un territorio. El concepto de salud mental no ha existido a lo largo de la Historia. Se inventó después de la II Guerra Mundial para dar una acepción más suave a la Psiquiatría. Los países vencedores ofrecieron un enfoque absolutamente distinto de la Psiquiatría que el que venían imponiendo los alemanes, que, teniendo algunos de los psiquiatras más reputados del mundo, avalaron una matanza bestial de cerca de 300.000 enfermos mentales. Fue entonces cuando comenzaron a abrirse las puertas de los manicomios, a ofrecer una mejor asistencia y un trato más racional. La Psiquiatría clásica de los alemanes comenzó a desaparecer, aunque no lo ha hecho del todo. Hay que tener en cuenta que la Psiquiatría como tal no existió hasta el siglo XIX, coincidiendo con la Revolución Francesa, aunque ya por entonces había personas de las que se decía que estaban “locas”. Era la respuesta de una sociedad asustada de la gente que tenía una conducta anómala, imprevisible. Que estaban, digamos, al margen de la propia sociedad, aunque no eran delincuentes. Pasaba igual en España, que por cierto, fue donde se alzó el primer centro para enfermos mentales, en Valencia en el siglo XV.

El psiquiatra Enrique González Duro señala que los manicomios españoles no escaparon de los bombardeos durante la II Guerra Mundial, y además muchos enfermos morían de hambre porque había poca comida y estaban en una situación muy lamentable. Pero el manicomio lo que hacía era empeorar a los enfermos, porque estaba hecho para domesticarlos. Aquello era caótico, y además se seguía aplicando la misma doctrina de la Psiquiatría alemana. Los pocos psiquiatras que había, porque muchos murieron, huyeron de España o incluso los metieron en la cárcel, seguían el patrón de la Psicología nazi. Eso cambió cuando Alemania perdió la guerra. Hubo un intento que salió mal en el siglo XIX, cuando los psiquiatras españoles seguían los dictados del llamado alienismo francés. Este propiciaba el aislamiento, el encierro, y los centros se llenaban. Los manicomios eran poco más que correccionales, una figura de internamiento definitivo. Los pacientes eran calificados de locos, sancionados por un juez como enfermos mentales definitivos y morían en el manicomio. Es decir, estos centros no podían ser un lugar de cura, porque allí no se curaba a nadie. Eso mejoró ya en el siglo XX, en la época de la República, cuando ya sí había psiquiatras formados y hasta se hizo una Ley de internamiento psiquiátrico. Luego vino la guerra y todo se vino abajo. Los manicomios volvieron a ser sitios donde se metía a todo lo que “sobraba”, y los médicos que quedaban ganaban muy poco y dedicaban poca atención a los pacientes. Había que cuidarlos y ya está, porque se suponía que no tenían cura.

En los últimos meses se ha reabierto el debate sobre la necesidad de visibilizar el suicidio. El suicidio es cosa de los seres humanos. Los animales no se suicidan nunca, sobreviven como pueden, pero es raro encontrar a una persona que alguna vez no haya pensado en esa posibilidad. ¿A qué responde eso? A las condiciones de vida de la gente. En occidente se veía el suicidio más como un delito. Por ejemplo, en Inglaterra la tentativa de suicidio era delito hasta principios del siglo XX. Es decir, que si no morías, te llevaban a la cárcel. Y en los países católicos el suicidio era un pecado, porque tu vida no te pertenece a ti, sino a Dios, y tú no tienes derecho a quitártela. Te marginaban de la sociedad, hasta el punto de que una persona que se suicidaba no era enterrada en el cementerio católico sino en una fosa común. Hasta ahora, las cifras de suicidio en España eran muy bajas, pero eso no era cierto. El suicidio sucede no como consecuencia de una enfermedad, sino de una situación vital muy desagradable. Pero de pensar en suicidarse hasta hacerlo de verdad hay una gran diferencia, porque muchos los hacen como una llamada de socorro.

La Guerra Civil Española, con su inherente violencia, desplazamiento y trauma, sin duda creó un caldo de cultivo para el aumento de la angustia y la desesperación. La desintegración del orden social, la pérdida de seres queridos, la escasez de recursos y la constante amenaza de muerte son factores que, en conjunto, incrementan la vulnerabilidad de la población. El texto menciona que el suicidio sucede no como consecuencia de una enfermedad, sino de una situación vital muy desagradable. Durante un conflicto bélico, las situaciones vitales desagradables se magnifican exponencialmente.

Los métodos de suicidio varían por país y están parcialmente relacionados con su disponibilidad. Los más comunes son el ahorcamiento, el envenenamiento con plaguicidas y la manipulación de armas de fuego. Esta fue la causa de muerte de 817 000 personas globalmente en 2016, un aumento en comparación con las 712 000 muertes por esta razón en 1990. Por lo anterior, el suicidio es la novena causa de muerte a nivel mundial, elevándose a la segunda entre jóvenes de 10 a 29 años. Es más común en hombres que en mujeres; los primeros tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades de suicidarse que las últimas. Se estima que cada año hay de diez a veinte millones de intentos de suicidio, que cuando no son mortales pueden acarrear lesiones e incapacidades a largo plazo.

La relación entre servicio militar y suicidio es compleja. Por un lado, está el combate, el despliegue y sus implicaciones. Por otro lado, la cohesión de una unidad militar y la identificación como parte de ella pueden proteger frente al suicidio. La separación de esta (veteranos/reserva) puede incrementar el sentimiento de aislamiento y el riesgo de suicidio. Se citan también la importancia de la existencia de distintas comorbilidades psiquiátricas y el riesgo de suicidio.

Durante los 30 días previos a la muerte, la proporción de pacientes que consultaron a una institución sanitaria fue mayor respecto al mismo grupo en la población civil (77% vs 45%). La Atención Primaria fue la institución sanitaria que se consultó con mayor frecuencia, y el diagnóstico "desórdenes musculo esqueléticos" el más referenciado. La cohorte de suicidas consultó más veces en el mes previo al evento que otras cohortes de pacientes.

Gráfico de barras mostrando la tasa de suicidios en militares y población civil.

Los factores de riesgo clave abarcan desde los sistemas sanitarios y la sociedad hasta los niveles comunitario, relacional e individual. Entre ellos se encuentran las barreras de acceso a la atención de salud, las catástrofes, las guerras y los conflictos, los intentos de suicidio anteriores, etc. Estos factores suelen actuar de forma acumulativa para aumentar la vulnerabilidad a la conducta suicida.

Si bien la relación entre el suicidio y los trastornos mentales está bien establecida, muchos suicidios también pueden producirse de forma impulsiva en momentos de crisis, como una pérdida económica. La visión del suicidio está influenciada por temas como la religión, el honor y el sentido de la vida. Tradicionalmente las religiones abrahámicas lo consideran un pecado, debido a su creencia en la santidad de la vida. Durante la era de los samuráis en Japón, el harakiri era respetado como una manera de resarcir un fracaso o como una forma de protesta. Aunque en diversos países el suicidio o su intento son considerados un delito, en la mayoría de las naciones occidentales no son punibles.

El campo interdisciplinar que estudia los diversos aspectos relacionados con los comportamientos suicidas entiende que el comportamiento suicida tiene origen multicausal y que requiere de intervenciones interdisciplinarias e intersectoriales. El suicidio consumado suele ser la consecuencia de la suma de diversos factores determinantes, precipitantes o predisponentes, de índole social, cultural y biológico.

Padecer algún trastorno mental de base (como trastorno depresivo, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastornos del espectro autista, trastorno límite de la personalidad, trastornos de la conducta alimentaria entre otros), haber sufrido traumatismos craneoencefálicos, o ser portador de diversos factores genéticos son elementos asociados a un mayor riesgo suicida. Las condiciones estructurales y problemas socioeconómicos como pobreza, violencia, desempleo, migración, abuso de sustancias, sinhogarismo, discriminación, estigma social, etc., facilitan la sinergia de los distintos factores que influyen en el suicidio.

De esta forma, es frecuente que coexistan trastornos mentales y abuso de sustancias (patología dual) que inclinan al suicidio. Estos trastornos y adicciones aparecen a su vez asociados a historiales de maltrato infantil o situaciones familiares económicamente difíciles. En la actualidad, según diversas investigaciones realizadas en la atención clínica de pacientes con trastorno por comportamiento suicida, se acuña el término proceso suicida. Éste consiste en una sucesión de fases que se van encadenando, teniendo diferentes tiempos de tránsito y niveles de gravedad. Dicho proceso se construye en la trama de la historia vital del sujeto, donde tres preguntas guían su pensamiento: cómo, cuándo y dónde. Las fases nombradas tienen su raíz en dificultades para resolver problemas de la vida cotidiana.

Se ha estimado que, al momento del suicidio -incluidos los intentos del mismo-, en más del 90 % de los casos existía la presencia de alguna enfermedad mental; de entre estos, en un 27 % concurrían problemas importantes con el alcohol o las drogas. En aquellos pacientes ingresados en unidades psiquiátricas el riesgo vitalicio de concretar el suicidio es de aproximadamente 8.6 %. De acuerdo con Chehil y Kutcher (2012), la mitad de las personas fallecidas por esta razón podrían haber padecido de trastorno depresivo mayor. Sin embargo, Bostwick y colaboradores (2016) señalan que los intentos previos son considerados el indicador más «robusto» de un suicidio ulterior. Alrededor de un 20 % de los suicidas intentaron matarse previamente; de ellos, el 1 % concretó el suicidio al cabo de un año y el 5 % luego de diez.

Por otra parte, es común que las prácticas autolesivas carezcan de motivos suicidas y, en su mayoría, no representan un riesgo de suicidio. Por otra parte, trastornos del sueño como el insomnio o la apnea del sueño son también factores de riesgo para depresión y suicidio. En situaciones extenuantes, el suicidio puede ser empleado como un método de escape. Rasgos de personalidad de tipo impulsiva se encuentran ampliamente asociados al suicidio, la hiperreactividad al estrés que generan situaciones emocionales negativas o adversas en la vida de las personas, como por ejemplo: el duelo o la pérdida de un familiar o amigo, de un trabajo o el aislamiento social (como el vivir solo), incrementan el riesgo de suicidio. Asimismo, las personas que nunca se han casado tienen un riesgo mayor. Al contrario, el ser religioso puede reducirlo. Algunas personas optan por el suicidio para escapar de situaciones como el acoso escolar o el prejuicio. Un historial de abuso sexual infantil y de acogidas temporales son también factores de riesgo. Se cree que el abuso sexual contribuye con alrededor del 20 % del riesgo total.

Ilustración de un soldado en un entorno de guerra, con expresión de angustia.

Desde un punto de vista evolutivo, una explicación del suicidio es que este ayuda a la eficacia biológica inclusiva, lo que ocurre si el suicida es una persona que no puede tener más hijos, por lo que, al suicidarse, evita robar recursos necesarios a sus parientes. La pobreza también está relacionada. El incremento de la pobreza relativa, en comparación con las personas que rodean al individuo, incrementa el riesgo. Cerca de 200 000 granjeros en la India se han suicidado desde 1997 debido, en parte, a problemas financieros. En China, el suicidio es tres veces mayor en las regiones rurales. Se cree es debido, parcialmente, a las dificultades económicas en estas áreas del país. La reducción de la pobreza parece confirmar la importancia de este factor y su relación con el número de suicidios.

Algunos estudios correlacionan las crisis económicas con el aumento de muertes por suicidio. Un estudio encontró que cada punto de aumento en el desempleo está asociado con un aumento del 0.79 % en las tasas de suicidio en personas menores a 65 años de edad. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, los problemas mentales, la ingesta excesiva de alcohol y el suicidio se incrementan durante las recesiones económicas. El suicidio es más común en zonas de alta carencia socioeconómica, fragmentación social y desempleo, por lo que la protección social es fundamental para paliar la aparición de problemas mentales durante las crisis económicas.

Otro factor psicosocial que aumenta el riesgo de suicidio es la soledad, un problema muy extendido en las sociedades modernas. Esta circunstancia se da con frecuencia en personas mayores así como en personas separadas o divorciadas. Estas últimas presentan de hecho un riesgo de suicidio mayor que las que están casadas, particularmente en el caso de los hombres. Pero no solo estos son los únicos factores. El empleo puede llevar a las personas a acabar con su vida. Según un estudio revela que las profesiones con mayor riesgo de suicidio en España son Agentes de Policía y Médico. De hecho, solo en 2021, 34 agentes se quitaron la vida, de los cuales 17 pertenecían a Policía Nacional y 17 a Guardia Civil.

El efecto contrario, el propuesto efecto Papageno, en el que la cobertura de estrategias de afrontamiento efectivas pueden tener efectos preventivos, se basa en el nombre del personaje de La flauta mágica de Wolfgang Amadeus Mozart, que, temiendo la pérdida de una persona querida, planea suicidarse hasta que es auxiliado por sus amigos. Cuando los medios de comunicación siguen las directrices recomendadas, el riesgo de suicidio puede disminuir. En algunos casos, los usuarios de las plataformas de redes sociales pueden experimentar presión social para suicidarse, idealizar a quienes lo hayan hecho y acordar pactos suicidas. Por ejemplo, en 2008, un foro japonés se compartió información sobre la posibilidad de suicidarse con ácido sulfhídrico. Poco después, 220 personas intentaron suicidarse de esa forma, de ellas, en 2008 fue un intento exitoso.

La Guerra Civil Española: Impacto y Legado . #curiosidades #historia

Por su parte, Biddle et al. (2008) llevaron a cabo la búsqueda sistemática de doce términos relacionados con el suicidio, como «suicidio», «métodos de suicidio», «¿cómo suicidarse?» y «los mejores métodos de suicidio», para analizar los resultados. El suicidio racional es el suicidio «fríamente decidido por una persona que recibe los adecuados cuidados paliativos y apoyo moral para su enfermedad». El acto de, deliberadamente, provocarse la muerte en beneficio de otras personas es denominado «suicidio altruista».

Los métodos de suicidio más comunes varían por país. A nivel mundial, 30% de los suicidios son realizados por medio de pesticidas. Otro método de suicidio es practicar cortes en los antebrazos. A veces se efectúan con el objetivo de autolesionarse, aunque si la hemorragia es intensa, puede generar la muerte. En el caso de un intento de suicidio no mortal, la persona puede lesionarse los tendones o en los nervios ulnar y mediano que inervan los músculos de la mano, lo cual puede resultar en una reducción temporal o permanente de la capacidad sensorial y motora de la persona, o en un dolor crónico al verse afectadas las fibras nerviosas nociceptivas. En los intentos de suicidio por ahogamiento, la muerte suele ocurrir debido a hipoxia cerebral ocasionada por obstrucción de la arteria carótida común, rotura de cuello, o bloqueo de las vías aéreas. A medida que el nivel de dióxido de carbono en la sangre de la persona se eleva, el sistema nervioso central envía a los músculos respiratorios una señal involuntaria para que se contraigan, y la persona respira agua. La muerte generalmente ocurre cuando el nivel de oxígeno se vuelve demasiado bajo para sustentar las células cerebrales.

La prevención del suicidio abarca los esfuerzos colectivos encaminados a reducir la incidencia del suicidio por medio de medidas preventivas. Las líneas de crisis suicida existen en muchos países. Estas líneas pueden acomodar al público general o especializarse con demográficas específicas. Una de las primeras líneas de crisis suicida fue dirigida por Samaritans ("Samaritanos" en inglés), una asociación caritativa fundada en el Reino Unido en 1953 por Chad Varah. Decidió establecer un "servicio de escucha" después de leer un sermón en la tumba de una niña de 14 años que había muerto por suicidio.

Diversos tratamientos pueden reducir el riesgo en personas con problemas mentales. Los pacientes con un mayor riesgo de suicidio pueden ser ingresados, voluntaria o involuntariamente, en una unidad psiquiátrica. Comúnmente les son removidas las pertenencias que puedan utilizar para autolesionarse. Algunos médicos hacen que los pacientes firmen un «contrato de no suicidio», por medio del que se comprometen a no autolesionarse si son dados de alta.

En Argentina, desde la Presidencia de la Nación, el Ministerio de Salud y el Ministerio de Desarrollo Social, han generado un instrumento de Prevención del suicidio en los Medios de Comunicación. El impulsor de la Ley fue en ese entonces el diputado nacional por la Provincia de Jujuy, Dr. Muchos centros sanitarios, públicos o privados, disponen de unidades de atención psicológica o psiquiátrica preparadas para dar apoyo y tratamiento a las personas con ideas suicidas u otros trastornos psicoemocionales. Para una atención de urgencia, existen también en diversos países líneas de teléfono, ya sean de titularidad pública o sostenidos por organizaciones no gubernamentales, dirigidas a ayudar a la gente en situación de crisis o con pensamientos suicidas.

Imagen histórica de un hospital militar o un refugio durante la Guerra Civil Española.

En la mayoría de las ciudades-estado de la antigua Grecia el suicidio estaba penalizado. En la antigua Atenas, las personas que se suicidaban sin la aprobación del Estado no podían recibir los honores de un entierro normal. En la antigua Roma, fue permitido y considerado durante siglos como una salida honorable a situaciones vergonzosas o infortunadas. Sin embargo, su práctica estaba prohibida para los esclavos, ya que siendo éstos propiedad de otra persona perjudicaba el interés del amo y estaba considerado legalmente como un crimen contra el Estado debido a sus costos económicos. Igualmente, los soldados eran considerados traidores o desertores, y se les confiscaban sus bienes, si acababan con su vida antes de terminar la misión encomendada.

En el compendio interpretativo del derecho consuetudinario anglosajón Comentarios sobre las leyes de Inglaterra (1765-1769) de William Blackstone se explica que el suicidio era un crimen equivalente al asesinato, considerado uno de los delitos más graves. Durante el Renacimiento, la actitud contra el suicidio comenzó a cambiar. Biathanatos de John Donne contenía las primeras defensas modernas del suicidio. En su obra, Donne sugiere que el suicidio «no es contrario a las leyes de la naturaleza, la razón o Dios». La secularización de la sociedad comenzó durante la Ilustración, que cuestionó las actitudes religiosas tradicionales contra el suicidio y se presentó una perspectiva más moderna del asunto. David Hume negó que el suicidio fuera un crimen ya que no afecta a ninguna persona y era, potencialmente, para beneficio del individuo. En sus Ensayos sobre el Suicidio y la Inmortalidad del Alma de 1777, Hume asegura que «Un hombre que se retira de la vida no hace daño alguno a la sociedad...

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