Emilio Quesada, nacido en A Coruña en 1930, es un ejemplo de una vida plena y multifacética. Abogado, periodista, concejal, funcionario público, administrador de fincas, profesor, deportista y escritor, ha transitado por diversas profesiones, cosechando éxitos en muchas de ellas. Sin embargo, es su vocación periodística la que evoca con mayor calidez.
“El periodismo para mí fue una terapia magnífica -confiesa-, le estoy muy agradecido y por eso quise fundar el premio que lleva mi nombre, para exaltar sobre todo valores coruñeses”.
Su nacimiento tuvo lugar en un lugar singular: el segundo piso de la vivienda del Banco de España, donde su abuelo ejercía como cajero. En esa época, era costumbre que las mujeres dieran a luz en casa de sus padres, y así fue como su madre, al residir con su padre en el Banco de España, se convirtió en el escenario del nacimiento de Emilio el 26 de agosto de 1930.
Primeros Recuerdos y la Guerra Civil
Los primeros recuerdos de Emilio Quesada de su ciudad natal lo transportan a las bulliciosas calles del Cantón Grande y la calle Real, llenas de paseantes. También rememora momentos de tensión, como el asalto a la patronal, contigua al cine París en la calle Real, y la intervención de la Guardia Civil.
La Guerra Civil dejó una huella imborrable en su memoria infantil. Recuerda vívidamente cómo se perdió a los seis años durante la toma de Santander. Siguiendo a la multitud hacia Capitanía, se desorientó y tuvo que pedir ayuda para regresar a casa.
Su hogar familiar se encontraba en la calle Real, sobre la tienda Calzados Segarra y junto a Foto Blanco. Vivía en un tercer piso con sus padres, mientras que en el cuarto piso, los conocidos coruñeses Mili Porta y Fernando Navarrete ensayaban zarzuelas como ‘Molinos de viento’ y ‘La alegría de la huerta’. El joven Emilio se aprendió de memoria la letra y la música de ambas obras.

Educación y Tradición Familiar
Su educación comenzó en la Compañía de María, para luego continuar en los Maristas. Una interrupción en su escolarización se produjo cuando su padre, también cajero del Banco de España, fue trasladado a Alicante, donde residieron durante dos años.
A pesar de que la tradición familiar apuntaba a una carrera en el Banco de España, con abuelo, padre y varios tíos vinculados a la institución, Emilio rompió el molde. Su madre, deseosa de que cursara estudios superiores, se opuso a que siguiera la senda bancaria. Decidió estudiar Derecho, carrera que completó con éxito en cinco años, graduándose a los 21 años.
Inicios en el Periodismo Deportivo
Tras finalizar sus estudios, Emilio comenzó a trabajar en el despacho de su tío, Jiménez de Llano, quien además era redactor deportivo en "El Ideal Gallego". Su tío le ofreció la oportunidad de encargarse de las crónicas de deportes minoritarios, abarcando disciplinas como el baloncesto, hockey, frontón y tenis. Como colaborador, cubría aquellos deportes que el redactor jefe no podía cubrir.
Su pasión por el deporte era innata. Participó activamente en seis federaciones deportivas distintas: fútbol, tenis, tenis de mesa, baloncesto, hockey hierba y frontón. Aunque nadaba con destreza, no competía. En tenis, se alzó campeón gallego durante cinco años consecutivos y también ganó el campeonato del norte de España. En una ocasión, fue campeón de A Coruña de tenis, de hockey hierba y casi de tenis de mesa.
En fútbol, formó parte del equipo Imperator, jugando de delantero centro, y ganó la Copa de A Coruña. En hockey hierba, su posición era la de portero.

Simultaneidad de Carreras y la Dedicación al Periodismo
Emilio Quesada demostró una notable capacidad para la simultaneidad de actividades. Tras aprobar las oposiciones a la Diputación, puesto que le atraía especialmente, compaginó su labor como funcionario público con la abogacía y el periodismo. Sin embargo, la exigencia de tiempo y energía de todas estas responsabilidades, sumada a la necesidad de descanso y vida familiar, le llevó a dejar el periódico, aunque continuó colaborando como cronista de espectáculos, incluyendo reseñas de teatro y zarzuela.
En la década de los setenta, encontró su lugar en "La Hoja del Lunes", bajo la dirección de Emilio Merino. Allí se reencontró con colegas de "El Ideal Gallego", como Manuel Hernández Sánchez, Guimaraens, Rodríguez Maneiro, Bugallal y Rubén San Julián, formando un grupo cohesionado.
Las redacciones de la época diferían radicalmente de las actuales. En "El Ideal Gallego", la redacción era una sala amplia con mesas contiguas, un ambiente de constante actividad donde se mezclaban llamadas telefónicas, mecanografía y conversaciones. Quesada destaca la asombrosa capacidad del periodista para escribir a máquina mientras capta detalles de una conversación ajena.

La información se basaba en gran medida en el teletipo, que proporcionaba noticias nacionales, internacionales, deportivas y taurinas. Quesada observa que, en comparación con la actualidad, la información local de "El Ideal Gallego" de entonces era escasa, mientras que hoy en día es muy completa, mereciendo para él un "Sobresaliente con matrícula de honor".
Orgullo por A Coruña y su Evolución
Entre los elementos que llenan de orgullo a Emilio Quesada por su ciudad, destaca la Torre de Hércules, a la que considera "única e irrepetible". Atribuye el reconocimiento de Patrimonio Mundial a los esfuerzos de Molina, cuando fue ministro.
Como defecto de la ciudad, señala "la gente que grita mucho en los bares y restaurantes".
La evolución de A Coruña a lo largo de los años es vista por Quesada como positiva. A pesar de la nostalgia por lo perdido, como la playa del Parrote, reconoce las mejoras sustanciales de la ciudad. La prueba de ello es el incremento de la población, que ha pasado de 60.000 habitantes en los años treinta a cerca de 250.000 en la actualidad, lo que demuestra su atractivo.

Viajes en el Tiempo y "Memorias del Obelisco"
Si tuviera la oportunidad de viajar en el tiempo, Emilio Quesada elegiría el presente. Se siente bien, a pesar de los achaques propios de la edad, y valora las obras de mejora que se están llevando a cabo en la ciudad, aunque dificulten su movilidad.
Su agudeza mental permanece intacta, lo que le permite seguir escribiendo libros. Actualmente, se encuentra inmerso en la preparación de "Memorias del Obelisco". Este proyecto evoca sus recuerdos de los paseos en los que la gente, al no caber en las aceras, invadía la calzada. Describe aquel ambiente como un "hervidero de gente increíble", especialmente a la salida del cine, un bullicio que echa de menos en la actualidad, donde la gente, a su juicio, "no pasea, se pasa".
En su libro, Quesada rememora la época en que las aceras estaban repletas de gente, llegando a invadir la calzada, especialmente a la salida del cine. Aquel bullicio y la vitalidad de la ciudad son aspectos que añora y que plasma en sus escritos, contrastando con el ritmo más apresurado de la vida actual.
Anécdotas y Preferencias Personales
En un divertido cuestionario de preguntas rápidas, Emilio Quesada comparte sus preferencias:
- Churros: Los de Bonilla, que considera muy buenos.
- Calles: Prefiere la calle Estrella por ser "bastante tasquero" y disfrutar del Ribeiro.
- Agua: Opta por la embotellada, aunque admite rellenarla con agua del grifo.
- Playas: Se inclina por Riazor, por costumbre y ambiente, guardando un recuerdo menos grato del Orzán en su infancia.
- Desplazamientos: Es un "peatón empedernido" y prefiere caminar para observar la ciudad.
- Helados: Recuerda con agrado los helados de mantecado y chocolate o turrón y limón de la Coló n, en cucurucho.
- Ocio: Acudía a conciertos de la Filarmónica y a verbenas y bailes en el Casino, recordando bailes de asalto y verbenas de etiqueta.
- Celebraciones: Elige San Juan por la sardiñada y el ambiente en la playa de Riazor.
- Expresiones: No utiliza "chorbo" ni "neno".
También relata una anécdota sobre los "catorce locos" de A Coruña, una figura popular de la época, mencionando a varios de ellos y la curiosidad que despertaban.
