La figura de César Román, conocido como el «Rey del Cachopo», ha pasado a la historia criminal de España por el brutal asesinato y descuartizamiento de su novia, Heidi Paz, en 2018. Su caso, envuelto en un halo de misterio y giros inesperados, ha sido objeto de numerosos análisis, documentales y debates. Desde su autoproclamado título gastronómico hasta su constante negación del crimen, Román ha demostrado ser un personaje complejo, un «animal social» con una habilidad innata para la fabulación y la manipulación.
El crimen que conmocionó a España
A finales del verano de 2018, un pequeño conato de incendio en una nave del barrio de Usera, en Madrid, reveló un hallazgo macabro: el torso de una mujer dentro de una maleta, con los pechos amputados y las prótesis destruidas por el fuego.

Mentiroso, vendehúmos y estafador, César Román, con su metro y medio de altura y sus innumerables aventuras, desde la lucha sindical a la guerra contra ETA y su aparición en la guerra de Bosnia como legionario, se presentaba como un personaje de novela. Sin embargo, su faceta de «Rey del Cachopo» era la que le había dado cierta notoriedad. Él mismo se puso ese apodo porque regentaba una cadena de restaurantes especializados en el plato típico asturiano y aparecía en distintos medios para hablar de las excelencias de su cocina. Pero el negocio no le fue bien y Román tuvo que cerrar los cinco restaurantes que regentó por todo Madrid.
Antes del crimen, Román ya era un mentiroso de primera: se inventaba premios y títulos que no tenía, como el de ganador al "Mejor cachopo de España" y el de "Mejor pulpo a feira". Pero fue el hallazgo del cuerpo de Heidi Paz lo que lo convirtió en un criminal. Román fue detenido meses después en Zaragoza, donde se había fugado bajo una falsa identidad y había cambiado su aspecto. Sin embargo, la dueña del restaurante donde trabajaba como cocinero lo reconoció y avisó a la Policía.
El juicio y la negación constante
El juicio a César Román se celebró en 2021. Durante el proceso, Román mantuvo una postura de negación absoluta, atribuyendo el crimen a una mafia policial y poniendo en cuestión que el cuerpo hallado en la nave fuese el de Heidi, a pesar de las pruebas de ADN. En su último turno de palabra, que duró setenta y cinco minutos, Román recordó a su abuela y contó que Heidi había llegado a España huyendo de la mara Salvatrucha y que se dedicaba al tráfico de drogas. También alegó que huyó a Zaragoza porque pensaba que la mafia policial que había matado a Heidi iba a perseguirle a él también y que le habían amenazado en la cárcel para que no desvelase el nombre de un supuesto comisario que le preguntó por el paradero de la droga.
Todas estas historias no le sirvieron de nada, porque el jurado lo declaró culpable por homicidio y lo sentenció a quince años de cárcel, con la concurrencia de las agravantes de parentesco y género. La Audiencia Provincial de Madrid condenó a César Román Viruete a 15 años de cárcel por el homicidio y por descuartizar el cadáver. El condenado, que durante años negó el crimen, recurrió la sentencia, pero el Tribunal Superior de Justicia de Madrid la confirmó, al igual que hizo después el Tribunal Supremo.

¿Un psicópata o un "animal social"?
Una de las preguntas centrales en el caso de César Román ha sido si se trata de un psicópata. La psicóloga forense Ana Villarrubia lo definió en el documental como un individuo con un comportamiento típico de un psicópata, añadiendo que "si además le divierte desgarrar las vidas de los demás, penetrar en sus grietas, arrancarles las vísceras y verles sufrir, entonces también sería un sádico". Sin embargo, esta visión contrasta con las evaluaciones presentadas por la defensa.
Dos médicos forenses que declararon en el juicio certificaron que César Román no presenta ningún rasgo o síntoma de trastorno psíquico y concluyeron que su comportamiento es “el de una persona normal”. En el test de personalidad que le realizaron, que constó de 240 preguntas, se llegó a la conclusión de que es una persona normal. La defensa de César Román también presentó la opinión de otras dos psicólogas que aseguraron que no presenta rasgos que le puedan llevar a matar a alguien. Una de ellas, responsable del gabinete de psicología que le realizó las evaluaciones, lo definió como un "animal social", una persona "tremendamente sociable" que "quiere caer bien y gustar".
Esta psicóloga explicó que Román tiene "rasgos narcisistas, en una medida casi sana que tiene que ver cómo se desenvuelve en la vida, rasgos dependientes y paranoicos, estos últimos mínimamente exacerbados". Consideró "normal" la exacerbación de estos rasgos en prisión, donde se siente hostil y amenazado. También destacó que Román es rápido en sus respuestas en aquellos ámbitos que conoce y prudente en los que no, y que "puede llegar a ser embaucador".
A pesar de que ya pesaba sobre él una condena por maltrato a su exmujer, la psicóloga explicó ante el tribunal que, según Román, solo se trató de una acalorada discusión que acabó en insultos, sin agresión física. También mencionó que Román tiene una historia familiar de desafecto y desapego, con "carencias" afectivas desde edad muy temprana y sin la presencia de sus padres, lo que le llevó a asumir responsabilidades que no le correspondían por su edad. Sus abuelos le inculcaron valores "muy fuertes" como el "sentido de la honorabilidad", de la "lealtad" y la "cultura del esfuerzo y del trabajo". Los cuestionarios, precisó la perito, dieron una puntuación negativa a la pregunta de si el acusado es agresivo, pero sí cierta "hostilidad" que proviene de su "impulsividad", aunque no la volcaría sobre un tercero. Con unos "niveles de actividad frenéticos" y un "nivel de actividad cognitiva y física altísimo", la psicóloga concluyó que no presenta rasgos que le puedan llevar a matar a alguien.
El giro inesperado: la confesión
Mientras se emitía la serie documental de Netflix sobre su caso, "El Rey del Cachopo", César Román sorprendió con un giro inesperado. En marzo de 2024, envió una carta desde la cárcel a la Audiencia Provincial, reconociendo por primera vez el crimen de Heidi Paz, después de años negándolo.
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Una semana después, envió una segunda carta en la que volvía a reconocer el crimen y se arrepentía, y anunciaba que no recurriría su condena ante instancias internacionales, además de comunicar que renunciaba a su letrada por tener criterios dispares. Finalmente, en un escrito remitido a la Sección 26 de la Audiencia de Madrid, aseguró que los restos están en un paraje cercano al parque arqueológico de Carranque, en Toledo, junto a un río.
La nueva versión de los hechos
Según la nueva versión de Román, todo ocurrió en el transcurso de una "absurda discusión" por temas económicos en una nave de una de sus empresas. Detalló que, al verle en una actitud agresiva, Heidi se asustó y le cogió una pistola que él portaba entonces para su "seguridad personal" y le apuntó con ella, "seguramente con el único ánimo de aplacarme o de que cesara en mi actitud". Él intentó arrebatársela y en el forcejeo, prosiguió, "el arma se disparó fatalmente" y ella falleció al instante por ese único disparo que impactó en su cabeza. Román aseguró que se quedó paralizado por lo que había hecho, intentó reanimarla sin éxito y recuerda verse lleno de sangre intentando que no se fuera. "Aquel maldito disparo fue fatal y ya no se podía hacer nada", lamentó.
Al ver que la había matado, Román recordó que entró en pánico y pidió ayuda a su tío, que había cursado medicina, y ambos tomaron la "tremendamente equivocada y errónea decisión" de deshacerse del arma y del cadáver, decidiendo hacerlo en Carranque, de donde era natural su tío, y en un paraje que ambos conocían desde su niñez. Lo que aseguró desconocer es que su tío fuese a desmembrar el cadáver, y dice lamentar que se produjese. Añadió que no explicó hasta ahora estos detalles porque durante el juicio su tío estaba gravemente enfermo, hasta que falleció meses después, y consideraba que tenía una deuda de gratitud por su ayuda y debía proteger su identidad.
Ahora, se ha decidido a dar este paso y pide disculpas "por no haber ofrecido estas explicaciones antes y por el dolor adicional" que con ello ha causado. Pide también perdón, especialmente a la madre de Heidi Paz, por las "lamentables formas" que mostró durante el juicio que solo "aumentaron su dolor". Respecto a la reparación económica, aseguró que está pagando el 50% por ciento de la "magra nómina" que percibe por su trabajo en prisión y ha pedido un puesto que le permita mayores ingresos para que ese pago aumente.

La reacción de la familia y la policía
El letrado de la familia de Heidi Paz, Alexis Socías, ha explicado que no cree esta nueva versión y la atribuye a que Román busca obtener beneficios penitenciarios, y critica que "una vez más revuelva el dolor de la familia" con "invenciones dantescas". Ha afirmado que, si de verdad quiere ayudar a terminar con el dolor de la familia, que diga el modo, la firma y el lugar exacto, y se compromete a hablar con la familia para no oponerse a los beneficios penitenciarios que busca. En caso contrario, advierte de que instará "a que cumpla el máximo posible" de la pena en prisión.
La policía, por su parte, buscará el cuerpo cuando el suelo se seque, ya que el georradar que utilizarán para ver si ha habido alteraciones en el terreno no funciona correctamente con barro.
El documental de Netflix: un análisis
Netflix ha estrenado "El rey del cachopo", un documental "true-crime" dedicado a la figura de César Román que ha logrado escalar hasta lo más visto de la plataforma. La serie vuelve a reavivar el debate entre el efectismo de recuperar casos como el del rey del cachopo y someterlos a criterios de puro entretenimiento. Los fundadores de la productora Dadá Films & Entertainment, Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, enviaron su primera propuesta a César Román el mismo día que entró en prisión, en el albor del verano de 2021. No recibieron respuesta hasta la Navidad de 2023, en forma de christmas, donde les comunicaba que le encantaría protagonizar ese documental.
Román Parrado, director del documental, abordó con "El Rey del Cachopo" su segundo true crime. Si bien el asesino en serie de principios de siglo le resultó poco glamuroso y su final un poco «bajón», esta vez la historia tenía mucha más enjundia, pero también un peligro: «Lo que hace César es enterrarte en datos y teorías. Necesitas una labor ingente y muy rápida de fact checking o es fácil perderte», dice.
El equipo de "El Rey del Cachopo" manejó alrededor de 40 horas de entrevistas con César Román, en videollamadas de máximo ocho minutos al día. Su estrategia para optimizarlos fue ir quemando cartuchos. Los guionistas se iban rotando para hacer las preguntas, sin establecer ningún vínculo emocional con el asesino ni dejarse llevar por su afán embaucador. «En las primeras sesiones solo vomitaba todo lo que te quería contar, no podías encarrilarlo», recuerda Parrado. «Además, era muy machista y escapaba a las preguntas de las mujeres del equipo». Así que las preguntas incómodas quedaron para el final y las hizo él personalmente. Una de ellas sería el último giro de guion de la historia, pero eso no lo sabrían hasta más tarde.

«Lo perverso es que para él, por muy mal que quede, tener su propio documental es un sueño cumplido», reconoce el director. Parrado parte de la premisa de que se trata de un caso de violencia machista «puro y duro»: «Un señor posesivo con un punto maltratador que no acepta que una chica que, además, tiene un estatus social inferior a él, lo abandone, y un día tiene un estallido de rabia y la mata». Y sin embargo, le permite una reflexión más allá del propio crimen. «Hay un momento en que él empieza a difamarla de una manera alucinante: dice que era narcotraficante, drogadicta, prostituta. No solo la mata sino que la humilla. Y todo el mundo, de repente, jugamos a su mismo juego. Me parece una buena oportunidad para hacer una reflexión sobre cómo la violencia de género está tan arraigada en nuestra sociedad».
El equipo del documental sabía que se enfrentaba a un fabulador y «encantador de serpientes» que hace que toda la atención se centre en él. Así hicieron “mucho 'fact checking' y le fueron rebatiendo afirmaciones con datos policiales, algo que en ocasiones él a su vez rebatía.