Coronel Guisado Trenado: Un legado de lealtad y servicio en la historia militar española

La historia militar española está salpicada de figuras notables que, con su valor y dedicación, han forjado el carácter de la nación. Entre ellas, emerge la figura de Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen, conocido también como el Coronel Guisado Trenado, un militar que, aunque hoy en día es poco conocido, dejó una huella imborrable en el siglo XIX español.

Orígenes y Primeros Pasos en la Carrera Militar

Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen nació en 1808 en Córdoba, Argentina. Su padre, el Brigadier Juan de la Concha, era entonces Gobernador de la provincia del Tucumán y un eminente marino, cartógrafo y topógrafo que había acompañado a Alejandro Malaspina en su famosa expedición. Tras la ejecución de su padre en 1810, su viuda se trasladó a España con sus hijos.

Manuel Gutiérrez de la Concha inició su carrera militar en la Guardia Real de Infantería, donde obtuvo los empleos de Alférez en 1825 y Teniente en 1832. En esta unidad fue destinado a combatir en la Primera Guerra Carlista, también conocida como la “guerra dinástica”, un conflicto civil entre carlistas y cristinos (partidarios de Isabel II).

Manuel Gutiérrez de la Concha de joven

Ascenso y Reconocimientos por Méritos de Guerra

Durante la Primera Guerra Carlista, Manuel Gutiérrez de la Concha demostró un valor excepcional, lo que le permitió ascender rápidamente en su carrera militar. Por méritos de guerra, alcanzó el empleo de Mariscal de Campo y, posteriormente, Teniente General.

Sus primeras acciones destacadas tuvieron lugar en la zona de operaciones del Norte, donde recibió una felicitación por escrito por su valor y su primera Cruz de San Fernando de 1ª clase por su actuación en la campaña de Vizcaya.

Entre sus numerosas condecoraciones, se destacan:

  • Cruces de 1ª clase por el valor demostrado el 22 de abril en Alsasua (Real Orden de 18 de julio de 1834).
  • Otra Cruz por los méritos contraídos entre el 21 y el 26 de mayo en los campos atrincherados de Arlabán y Villarreal (Real Orden de 31 de diciembre de 1836).
  • Cruz por la defensa del fuerte de Salvatierra el 6 de diciembre de 1834 (Real Orden de 24 de febrero de 1837).
  • Cruz de 3ª clase concedida por la acción de Arroniz el 11 de mayo de 1839 (Real Orden de 27 de junio de 1839).
  • Una nueva Cruz Laureada, de 4ª clase, por la acción de Olmedilla (Real Orden de 10 de agosto de 1841).
  • La Cruz de 5ª Clase o Gran Cruz y Banda por la misma acción (Real Orden de 25 de julio de 1840).
Cruz de San Fernando

En total, el Coronel Guisado Trenado recibió diez Cruces de San Fernando, además de otras condecoraciones como la Encomienda de Isabel la Católica por sus méritos en Cirauqui, donde fue gravemente herido.

Un líder en el campo de batalla y en la vida política

Manuel Gutiérrez de la Concha no solo destacó en el campo de batalla, sino que también ocupó importantes puestos en el Gobierno y en las principales instituciones españolas. Como otros muchos militares del siglo XIX, su influencia se extendió más allá del ámbito castrense.

Fue Capitán General de las dos Castillas, de Andalucía, tres veces de Cataluña y también de Canarias. Además, ocupó la Inspección General de Infantería y participó en el proyecto de reorganización del ejército. Se le consideró siempre como el responsable militar de la restauración de Alfonso XII.

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Un incidente notable: el intento de golpe de 1841

En 1841, el General don Diego de León y el propio Manuel Gutiérrez de la Concha decidieron ocupar el Palacio Real para "salvar a la Reina-niña del Regente". Sin embargo, la descoordinación entre los principales actores del golpe contra Espartero llevó al fracaso de la ocupación. Aunque fue represaliado e incluso desterrado por su lealtad a la Reina, posteriormente fue repuesto en su empleo y honores.

El ocaso en Montemuro

La vida del Coronel Guisado Trenado culminó en el amanecer de Montemuro, durante la Tercera Guerra Carlista. Como General en Jefe del Ejército del Norte, asumió el mando por encargo del Gobierno de Serrano. Su éxito más destacado durante la campaña fue el levantamiento del sitio de Bilbao y la liberación de la villa.

En la madrugada del aguacero, la niebla ocultaba el terreno, impidiendo la observación del enemigo. A pesar de la difícil situación, el General ordenó cargar nuevamente contra los carlistas, pero sin éxito. Montó su caballo y se puso al frente de sus hombres, liderando otra carga. Ante las dificultades, echó pie a tierra y avanzó bajo el fuego enemigo.

Batalla de Montemuro

Cuando la situación parecía estabilizarse, el General decidió volver a su puesto de mando. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de quienes le rodeaban, murió en una casa cercana, el caserío de Munárriz, a los pocos minutos de su traslado. Su muerte fue un duro golpe para el gobierno y para el líder de la oposición, Antonio Cánovas del Castillo, quien lamentó profundamente la pérdida de quien consideraba el artífice de la restauración monárquica.

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