El título «Cordero de Dios» (en griego antiguo: Ἀμνὸς τοῦ Θεοῦ, Amnos tou Theou; en latín: Agnus Dei) es una denominación fundamental para Jesús dentro del cristianismo. Su profunda relevancia se extiende desde los Evangelios hasta las prácticas litúrgicas contemporáneas, simbolizando el sacrificio redentor de Jesucristo por los pecados de la humanidad.

Origen y Fundamentación Bíblica
El título «Cordero de Dios» para Jesús aparece prominentemente en el Evangelio de Juan. La proclamación inicial de Juan el Bautista: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» en Juan 1,29, es reafirmada al día siguiente en Juan 1,36. Estas dos proclamaciones se conectan estrechamente con la declaración del Bautista en Juan 1,34: «Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios».
Desde una perspectiva cristológica, estas proclamaciones, junto con el descenso del Espíritu Santo en forma de paloma en Juan 1,32, refuerzan el elemento divino de la Persona de Cristo.
El concepto cristiano de un Cordero de Dios se basa en el judío Korbán Pésaj, aunque algunos consideran la relación "muy libremente". El apóstol Pablo también alude a este simbolismo en 1 Corintios 5:7, sugiriendo que la muerte de Jesús es la del Cordero Pascual, tema que resuena con los escritos joánicos.
El Cordero en el Libro del Apocalipsis
El libro del Apocalipsis incluye más de veintinueve referencias a un cordero descrito como un león («inmolado pero en pie») que entrega la victoria, una imagen que evoca al Cristo resucitado. En su primera aparición en Apocalipsis (Apocalipsis 5,1-7), solo el cordero (que es de la tribu de Judá y la raíz de David) es considerado digno de tomar el libro del juicio de Dios y romper sus sellos.
En Apocalipsis 21,14 se señala que el Cordero tiene doce apóstoles. La entrega del rollo (que contiene los nombres de los que serán salvados) al cordero resucitado simboliza un cambio en el papel del cordero.
Entonces vi, de pie, en medio del trono y de los cuatro Vivientes y de los Ancianos, un Cordero, como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios, enviados a toda la tierra. Y se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono. Cuando lo tomó, los cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. Y cantan un cántico nuevo diciendo: «Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de Sacerdotes, y reinan sobre la tierra.» Y en la visión oí la voz de una multitud de Ángeles alrededor del trono, de los Vivientes y de los Ancianos.

El Cordero de Dios en la Liturgia Cristiana
El título «Cordero de Dios» se utiliza ampliamente en las oraciones cristianas. «Agnus Dei» es una parte estándar de la misa católica desde el siglo VII, así como en las liturgias occidentales clásicas de las Iglesias anglicana y luterana.
El Agnus Dei en la Misa de Rito Romano
En la misa de rito romano, el Agnus Dei es una oración que se reza poco antes de la Comunión, tras la oración Ad pacem, y forma parte del rito de la fracción del pan. El sacerdote muestra la hostia consagrada sobre el cáliz a los fieles mientras recita: «Ecce Agnus Dei, ecce qui tolit pecatum mundo» (He aquí el Cordero de Dios, he aquí el que quita el pecado del mundo). A lo que el acólito responde: «Domine non sum dignus...».

La invocación «Cordero de Dios» acompaña la fracción del pan, un rito que se remonta a la última Cena de Jesús y que era crucial en las asambleas eucarísticas de los primeros cristianos.
Para que la materia de la celebración eucarística aparezca verdaderamente como alimento, conviene que el pan eucarístico, aunque sea ácimo, se haga de tal forma que el sacerdote pueda realmente partir la Hostia en varias partes y distribuirlas, al menos a algunos fieles. Sin embargo, no se excluyen las hostias pequeñas cuando el número de comulgantes u otras razones pastorales lo exijan.
nº 284 La fracción del pan, ¿divide a Cristo?
La naturaleza sacrificial de este cordero es reforzada por el texto del Apocalipsis, en el pasaje del Capítulo 5: «El Cordero que ha sido inmolado es digno de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza» (5, 11-12).
Significado Teológico del Agnus Dei
La oración litúrgica «Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo» es una cita directa de Juan 1,29. Esta letanía breve, donde el cantor entona la invocación y el pueblo responde «Ten piedad de nosotros», es una remembranza de las enseñanzas de Jesús sobre el Pan de Vida.
La frase «Cordero de Dios» aparece también en otras partes de la liturgia, como en el Gloria a Dios (Gloria in Excelsis) y en el Pregón Pascual (Exsultet), donde Jesús es aclamado como el Cordero inmolado por nuestra Pascua. La imagen del Cordero se repite más de 35 veces en el Misal Romano, destacando su importancia en la Antífona de Entrada de la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.
Orígenes Históricos en el Rito Romano
Históricamente, la inclusión del Cordero de Dios en todas las celebraciones, excepto en la Vigilia Pascual, se atribuye a Sergio I, papa del siglo VII, según el Liber Pontificalis. El Papa Sergio I, de origen oriental, llevó consigo una fuerte devoción a la imagen de Cristo como el Cordero de Dios, influenciado por el influjo de cristianos griegos y sirios en Roma en ese período.
La preparación del pan para la Eucaristía en muchas familias litúrgicas de Oriente, donde se fracciona una hogaza grande y la porción central se llama «el Cordero», simboliza el sacrificio de Cristo. Esta práctica incluye cortar un trozo y traspasarlo con un instrumento litúrgico similar a una lanza, una clara alusión a la crucifixión. Las oraciones recitadas durante esta preparación también evocan el nacimiento de Cristo en Belén.
Además, se cortan otras pequeñas fracciones en honor a la Virgen María, en oración a santos y como intercesión por personas específicas, lo que refuerza la dimensión intercesora de la Eucaristía, que busca «traer la paz y salvación de todo el mundo».
Representación Artística del Agnus Dei
La representación del Agnus Dei en el arte cristiano ha seguido características fijas desde los primeros tiempos: un cordero con la cabeza aureada, a menudo herido por una lanza en el pecho o degollado, que agarra con su pata delantera derecha un estandarte coronado por una cruz. De este cuelga un pendón con el Crismón, una hostia o una cruz latina.

Este signo cristiano procede de las primitivas comunidades que sufrieron persecución en época romana, y es un símbolo del martirio como imagen del sacrificio de Jesucristo en la Cruz. En los siglos posteriores predomina el uso del símbolo en referencia al Apocalipsis.
La conexión con San Juan Bautista, quien aplicó a Jesucristo la prefiguración del cordero pascual, es la causa de que en muchas de sus representaciones iconográficas aparezca este santo portando un estandarte con un pendón que reza: «Ecce Agnus Dei, ecce qui tollis pecata mundi» (Jn 1, 27).