La Asociación de Criadores de Ovino y Caprino de Galicia (Ovica) ha dado un paso significativo para acercar la carne de cordero y cabrito gallego a los consumidores. A través de la cooperativa Velaro, han implementado un sistema de venta directa que permite a los gallegos recibir en su hogar productos de calidad criados en explotaciones profesionales de la región.

El nacimiento de Velaro: Una solución a los desafíos del sector
El proyecto surge de la cooperativa Velaro, creada para abordar tres problemas fundamentales que enfrentan los ganaderos de ovino y caprino en Galicia:
- La compra en grupo de material.
- La tramitación de ayudas, como las del lobo o la PAC.
- La comercialización de sus productos.
María Jesús Crespo, ganadera y presidenta de Ovica, explica que, en colaboración con la Fundación Juana de Vega, la cooperativa diseñó un ambicioso programa de comercialización. Aunque inicialmente no contaban con los fondos necesarios, la puesta en marcha del matadero móvil por parte de la Consellería do Medio Rural hace más de un año ha sido de gran ayuda.

Funcionamiento del sistema de comercialización directa
El proceso es sencillo para el consumidor. Con una simple llamada telefónica, pueden realizar sus pedidos. Los animales pesan entre diez y doce kilos, y los ganaderos recomiendan unos u otros dependiendo de cómo se vayan a cocinar.
Una vez recibido el pedido, la cooperativa busca al socio con animales disponibles y que tenga cerca el matadero móvil. Este último, al ser itinerante, rota por las diversas comarcas gallegas para dar servicio a todos los productores. Los animales son sacrificados en el matadero móvil y enviados directamente al domicilio del cliente en un plazo mínimo de diez días, con todas las garantías sanitarias y de calidad.

Actualmente, la cooperativa ofrece la posibilidad de enviar los animales enteros, pero ya están explorando opciones para un servicio de despiece. Una posibilidad es que el matadero móvil incorpore una sala de despiece, lo que permitiría enviar animales ya despiezados. Otra opción es que el cliente pueda llevar el animal a su carnicería de confianza para que lo despiecen.
Esta iniciativa, que lleva más de un mes en funcionamiento, ha tenido una excelente acogida, no solo por parte de los consumidores, sino también de restaurantes y carnicerías. Se han realizado ventas en las provincias de Pontevedra, Ourense y Lugo.
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Ventajas de la venta directa
La principal ventaja de este sistema de comercialización directa es que permite al productor cobrar un precio razonable por su trabajo y esfuerzo, evitando así la pérdida de valor por la intervención de demasiados intermediarios. Esto es crucial para la sostenibilidad de las explotaciones ganaderas en Galicia.

Ovica y Velaro: Impulsores del sector ovino y caprino en Galicia
Ovica, fundada en 1994 por trece ganaderos, se ha consolidado como un agente dinamizador clave en el sector ovino y caprino gallego. Su labor se centra en la estructuración y desarrollo del sector a través de entidades asociativas que garantizan la sanidad y el apoyo técnico.
Un claro ejemplo de esta labor es la creación de ADSG ACIVO y de Velaro S. Coop. Gallega. ADSG ACIVO, que tiene su origen en el antiguo servicio veterinario de Ovica, ofrece programas de control de desparasitaciones, paratuberculosis, enterotoxemias, desinfección, desinsectación y desratización, así como control de reproducción y seguimiento de patologías.
Velaro S. Coop. Gallega, nacida en enero de 2012 tras varias reuniones promovidas por Ovica, busca ser una herramienta para los ganaderos del sector ovino y caprino de Galicia. Su objetivo es gestionar la solicitud de subvenciones para los ganaderos y la cooperativa, con el fin de mantener y mejorar la actividad ganadera.

Historias de éxito y desafíos en la ganadería gallega
El sector ovino y caprino en Galicia presenta tanto oportunidades como desafíos, como lo demuestra la experiencia de Miguel Rodríguez y Paula Garrido.
La ganadería de cabras de Miguel y Paula
Miguel Rodríguez y Paula Garrido iniciaron su ganadería de cabras hace poco más de 4 años en Mondariz (Pontevedra). Motivados por la búsqueda de una actividad más accesible que la cría de vacas, optaron por las cabras después de un curso de emprendimiento rural.
En este tiempo, enfrentaron el desafío de trasladar su explotación a Chantada (Lugo) para economizar los costes de los forrajes y disponer de base territorial para pastorear. También superaron un desajuste en la alimentación que redujo su rebaño casi a la mitad, llevando al abandono de otros dos socios iniciales.
Actualmente, en Chantada, su ganadería, socia de Ovica, cuenta con una nave de unos 1.000 metros cuadrados rodeada de 3 hectáreas, donde tienen unas 200 cabras, la mayoría de raza alpina, conocida por su alta producción de leche. A pesar de ello, la leche de cabra alpina requiere mayor cantidad para la elaboración de queso en comparación con la leche de cabra murciana (7 litros frente a 5 litros por kilo de queso).
En plena lactancia, el rebaño produce unos 400 litros de leche al día, que en su mayor parte se destina a la producción de quesos semicurados de pasta blanda y dura. Miguel se encarga de transportar la leche a la quesería en Castro Caldelas (Ourense), que comparte con otro productor de quesos de cabra. También elaboran quesos diferenciados, como uno envuelto en pimentón o de malta de cerveza, buscando siempre la máxima naturalidad.

La comercialización de los quesos se realiza principalmente en ferias, una labor que Paula gestiona directamente. Además, distribuyen a tiendas en Santiago, Pontevedra, Vigo y Lugo. En cuanto a los cabritos, este año contaron con entre 180 y 200, aunque el año pasado la cifra fue de 500 debido a una reducción del rebaño y un desajuste en los partos. Los venden con alrededor de mes y medio, cuando alcanzan un promedio de 7 kilos.
La época de nacimientos es un período de intenso trabajo, con partos de hasta 4 o 5 cabritos. Los más pequeños o aquellos rechazados por sus madres requieren atención especial, criándose con biberón bajo una lámpara de calor. Ante el gran volumen de cabritos en estas circunstancias, Miguel adaptó una amamantadora mecánica a un bajo costo.

Retos de alimentación y calidad
Uno de los desafíos más significativos que enfrentaron fue un desajuste en la alimentación, en concreto con el pienso. La dieta de sus cabras se basa en pienso y hierba seca, comprada a vecinos de la zona y complementada con paja de Castilla. Consumen alrededor de 300 kilos de hierba al día.
Miguel enfatiza la importancia de controlar al máximo la alimentación de las cabras, ya que cualquier cambio se nota en la leche cruda con la que elaboran sus quesos. Ante la escasez de hierba seca el año pasado, utilizaron pulpa de remolacha azucarera, lo que provocó un ataque de Clostridium en el rebaño. Aunque no afectó la salud de las cabras ni la leche, los quesos se vieron comprometidos al cabo de un mes, comenzando a explotar.
A pesar de los desafíos, Miguel está convencido de la importancia de elaborar quesos de calidad con leche cruda y de pastoreo. Actualmente, busca una nueva granja en la zona de Ponteareas para estar más cerca de su familia, tener tierra para pastorear sus cabras y centrarse en la producción de quesos.
Otros modelos de ganadería en Galicia
En el valle del río Cenza, a 1.400 metros de altura en el Macizo Central, un grupo de socios cuida 700 ovejas y cabras, la mayoría de ellos también trabajan como albañiles o en silvicultura. En 1996, con el técnico Eloi Villada, proyectaron explotar como pastos los montes comunales, que estaban abandonados y eran quemados periódicamente por incendios.
La idea inicial se centró en 250 cabras de Cachemira, las primeras y únicas criadas en Galicia, pero la falta de rentabilidad del pelo debido a la ausencia de transformadores en España llevó a que estas cabras se destinaran a la cría de cabritos como las demás. El rebaño creció con cabras y ovejas autóctonas, obteniendo el certificado de ganadería ecológica del Consejo Regulador de Agricultura y Ganadería Ecológica de Galicia (Craega).
Los cabritos se venden en dos carnicerías de Viana do Bolo y O Barco de Valdeorras, a un precio de entre 70 y 80 euros por cada animal de 8 kilogramos. Aunque se venden todos, el problema radica en que no se aprecia el valor añadido de la carne ecológica. Los cabritos de Cachemira, en particular, ofrecen un sabor más suave y una carne más jugosa debido a su mayor contenido de grasa.

Los ganaderos del valle del río Cenza crían sus ovejas y cabras de mayo a septiembre con pocos gastos, dejándolas en el monte con cuidados mínimos. Sin embargo, criar el resto del año implica costes mucho más elevados. Para acceder a nuevas formas de comercialización y lograr una producción suficiente, consideran la necesidad de contactar con otros productores ecológicos de Galicia, aunque reconocen la escasez de criadores con un modelo similar al suyo. No obstante, saben de otros productores de ovino para leche y quesos.
Este ejemplo demuestra la importancia de la colaboración y la búsqueda de nuevos canales de comercialización para el sector ovino y caprino, especialmente para aquellos que apuestan por la producción ecológica y de calidad.
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