No dejes que la falta de tiempo te aleje del placer de disfrutar unas croquetas de jamón caseras. Al hacerlas, te aseguras de utilizar ingredientes frescos y de calidad, lo que se traduce en un sabor inigualable. El proceso de elaboración, aunque laborioso, puede convertirse en una actividad gratificante, ya sea que las prepares para una comida especial, una reunión con amigos o simplemente para darte un capricho. No hay nada como disfrutar del crujiente exterior y el cremoso interior de unas croquetas de jamón recién hechas, con todo el sabor y la textura que solo las croquetas caseras pueden ofrecer.
Aunque es cierto que la preparación de la bechamel requiere paciencia y dedicación, el resultado final merece cada minuto invertido. Estas croquetas son una auténtica delicia que te transportará a los sabores tradicionales de la cocina casera.

La Base Perfecta: Preparando la Bechamel
Para comenzar la preparación de nuestras croquetas, coloca una cacerola a fuego medio y añade la mantequilla. Deja que se derrita por completo, asegurándote de que cubra toda la base de la cacerola. Esto garantizará que los ingredientes se cocinen de manera uniforme. Una vez derretida la mantequilla, agrega las dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, lo que aportará un sabor extra y ayudará a que la cebolla se poche mejor. Añade la cebolla finamente picada y un toque de sal al gusto. Cocina la cebolla a fuego medio-bajo, removiendo ocasionalmente, hasta que se vuelva transparente y comience a adquirir un ligero tono dorado.
Cuando la cebolla esté dorada y tierna, incorpora el jamón serrano cortado en taquitos muy finos. Cocina el jamón hasta que comience a dorarse, removiendo con frecuencia para que se mezcle bien con la cebolla y libere todo su sabor. Una vez que el jamón tenga un color marrón y esté bien cocinado, es el momento de añadir la harina. Hazlo poco a poco y sin dejar de remover para evitar que se formen grumos. Baja el fuego al mínimo y continúa removiendo la mezcla de harina, jamón y cebolla hasta que la harina se integre completamente y adquiera un tono ligeramente tostado.
Con la harina bien integrada en la mezcla, comienza a añadir la leche, vertiéndola poco a poco. Es importante hacerlo en varias tandas y a medida que la añades, mezcla enérgicamente con una batidora eléctrica o una espátula de madera. Este paso asegura que la bechamel quede libre de grumos y con una consistencia cremosa. Sigue añadiendo la leche gradualmente, sin dejar de batir, hasta que toda la leche esté incorporada y la masa haya alcanzado una textura homogénea. Si es necesario, rectifica el punto de sal en este momento. Cocina la bechamel a fuego lento, removiendo constantemente, hasta que espese y tenga una consistencia sólida pero manejable.
Consejo clave: Para conseguir croquetas cremosas, ten en cuenta que la masa se espesa más al enfriarse. Por ello, debemos dejarla algo líquida al principio, ya que al enfriarse ganará consistencia.

El Arte de Dar Forma y Freír
Una vez que la masa esté completamente fría y haya adquirido una textura más firme, es momento de formar las croquetas. Toma pequeñas porciones de la masa y amásalas con las manos, dándoles la forma clásica de las croquetas, ya sea cilíndrica o ligeramente ovalada, según tu preferencia. Este paso es fundamental para que las croquetas tengan una forma uniforme y se cocinen de manera pareja.
Una vez que hayas dado forma a todas las croquetas, pásalas por pan rallado, asegurándote de que queden bien cubiertas por todos los lados.
El paso final es freír las croquetas para que queden doradas y crujientes por fuera, y cremosas por dentro. Calienta abundante aceite de oliva virgen extra en una sartén profunda a fuego medio-alto. Es importante que el aceite esté bien caliente antes de añadir las croquetas, para que se sellen rápidamente y no absorban demasiado aceite. Fríe las croquetas en pequeñas tandas, evitando sobrecargar la sartén para que se cocinen de manera uniforme. Gíralas con cuidado para que se doren por todos los lados. Una vez que estén doradas y crujientes, retíralas con una espumadera y colócalas sobre un plato cubierto con papel absorbente.

Variedad y Trucos para unas Croquetas Perfectas
El mundo de las croquetas es vasto y diverso. Podemos encontrar croquetas de pollo, de jamón, de queso, de bacalao, de cocido, de setas, y un sinfín de combinaciones. Incluso existen versiones vegetarianas y veganas, adaptadas a todos los gustos y necesidades.
Las croquetas son una excelente forma de aprovechar sobras de otros guisos. Los restos de un cocido, un asado o un puchero pueden transformarse en deliciosas croquetas caseras.
Consejos para unas croquetas perfectas:
- Nunca añadas la leche fría: Utiliza leche templada o caliente para evitar grumos.
- Fríe en aceite bien caliente: Esto asegura que las croquetas se sellen rápidamente y no absorban demasiado aceite. Fríe en tandas para mantener la temperatura del aceite.
- La masa debe reposar: Dejar enfriar la masa en la nevera durante al menos unas horas, o idealmente de un día para otro, facilita su manipulación y evita que se abran al freír.
- Tamiza la harina: Esto ayuda a prevenir la formación de grumos en la bechamel.
- Cocina la harina: Es importante cocinar la harina en la grasa (mantequilla y aceite) durante unos minutos para que pierda el sabor a crudo.
Incluso con la mejor receta, a veces se necesita más maña que fuerza para que salgan perfectas. Por eso, hemos recopilado estos tips para que puedas cocinar las croquetas en casa y que te queden tan perfectas como las de las abuelas.
Croquetas cubanas a mi manera
Un Vistazo a la Historia y Tradición
Aunque la croqueta es hoy un plato típicamente español, parece ser que su origen viene de Francia. A lo largo del tiempo, ha evolucionado y se ha adaptado a las cocinas de todo el mundo, dando lugar a variaciones como el frikandel o las korokke japonesas.
En España, las croquetas son un aperitivo o tapa muy popular, presente en celebraciones familiares y reuniones de amigos. Cada maestrillo tiene su librillo, y cada familia guarda su receta secreta, transmitida de generación en generación.
Conservación y Congelación
Si te pones a hacer croquetas, es recomendable hacer una buena cantidad, ya que puedes consumir una parte en el momento y congelar el resto para disfrutar en días posteriores. Con los consejos adecuados para conservarlas y congelarlas, estarán igual que si estuvieran recién hechas.
Para congelarlas, una vez formadas y empanadas, colócalas en una bandeja sin que se toquen y mételas en el congelador. Una vez congeladas, pásalas a una bolsa de congelación. Al freírlas, hazlo directamente desde el congelador en aceite bien caliente.

Aprender a hacer las croquetas caseras de toda la vida es una experiencia gratificante. Es una oportunidad para conectar con la tradición culinaria y disfrutar de un plato reconfortante y lleno de sabor.