El chorizo es un embutido picante muy apreciado por su sabor único, que se integra en muchas recetas sabrosas de arroz, pasta o lentejas. Sin embargo, cocinarlo correctamente puede ser un desafío. Aunque el chorizo frito es un aperitivo perfecto, existen otras técnicas para disfrutar de este manjar, como prepararlo en la olla.
Aprenderemos diferentes métodos de cocción en olla, desde los clásicos chorizos al vino blanco hasta una versión argentina a la pomarola, e incluso cómo incorporarlo en una auténtica fabada asturiana. También exploraremos los secretos para evitar el exceso de grasa y lograr un chorizo jugoso y lleno de sabor.

Chorizos al vino blanco: una tapa sencilla y deliciosa
Hacer estos chorizos al vino blanco es tan fácil que casi da vergüenza llamar a esto receta. Es un plato tan sencillo y primigenio que el resultado es una función directa de la calidad del chorizo. Ya sabemos: poner los chorizos en vino y cocerlos un rato, no hay más misterio.
Qué chorizo y qué vino elegir
- Chorizo: Es más una cuestión personal. A mí me gustan mucho los chorizos tiernos y ahumados tipo asturiano, como los que se usan en la fabada, o los gallegos.
- Vino: El que más te guste. En mi opinión los vinos afrutados, con un toque dulzón, hacen una buena combinación, pero, al igual que la elección del chorizo, es una cuestión personal.
No hay más que pasar un paño húmedo y listo. Los chorizos al vino blanco son una tapa o tentempié perfecto para el fresquete y para mojar buen pan. ¿Habéis dado un gran paseo por el campo o la montaña? Entonces tenéis la mejor razón para poneros como el Quico con estos chorizos.

Chorizo a la pomarola: un clásico argentino en cacerola
Bienvenidos a Paulina Cocina amigas y amigos! Hoy les traigo una receta riquísima: ¡aprendemos cómo hacer chorizo a la pomarola! Esta versión de cocción del chorizo a la pomarola sirve para variar un poco la típica cocción a la parrilla.
El chorizo a la pomarola es una receta típica de Argentina y si bien la receta que les traigo hoy es para hacer en una cacerola, también pueden hacerla al disco. A muchos les da miedo realizar este plato porque, si no se hace bien, puede caer pesado por la gran cantidad de grasa que tiene.
Consejos para una pomarola perfecta
- Reducir la grasa: Puedes pinchar ligeramente el chorizo con un palillo o con una puntilla para que por ahí escurra el exceso de grasa. También puedes sofreír ligeramente los chorizos en algo de aceite antes de cocerlos.
- Para todos los gustos: Si eres vegano, esta receta de chorizo a la pomarola funciona tranquilamente con chorizo vegano.
- Acompañamientos: El chorizo a la pomarola es un plato con una personalidad fuerte, es el protagonista de la mesa. Así que su acompañamiento debe ser liviano. Al final de la receta tienes un par de opciones para acompañarla y quedar como el rey o reina de la cocina. Es ideal para un sándwich.
Si tienes muchos invitados y no tanto dinero, el chorizo a la pomarola es ideal. Es económico y resulta una receta fácil y rápida de preparar. Como siempre les digo, la receta que les traigo es como me gusta hacerlo a mí. Ustedes pueden ir agregándoles su toque personal.
En una sartén o cacerola honda se vierte aceite y se pone a calentar, cuando esté bien caliente, se introducen los chorizos, no todos de una vez, poco a poco, se sofríen, que no estén demasiado fritos. Se van sacando e introduciendo en tarros de cristal o ollas de barro, cuando estén todos fritos. Se pueden guardar fuera del frigorífico o dentro de él, en el frigorífico durarán aún muchísimo más, pero fuera del frigorífico también duran meses y meses, nuestras abuelas los guardaban en las despensas o bodegas.

Grandiosa receta clásica, chorizo a la pomarola, imperdible!!!
Fabada asturiana en olla tradicional: el chorizo como protagonista
He tenido la fortuna de vivir varios años en Asturias, una experiencia que me permitió disfrutar de la fabada tanto en restaurantes como en casas de amigos y, por supuesto, en mi propia cocina. Hoy quiero compartir contigo mi receta de fabada asturiana en olla tradicional, una de las más queridas por mis lectores y, desde hace años, una de las más consultadas de esta página.
La fabada asturiana es un guiso icónico de la cocina del norte: contundente, lleno de sabor y con el carácter que le dan las fabes mantecosas, el chorizo, la morcilla, el lacón o la panceta, y ese delicado toque de azafrán que lo hace inconfundible. Cocida lentamente, consigue una textura cremosa y un sabor profundo que reconforta en cada bocado. Es un plato que no conoce de estaciones, siempre apetece. Ideal para esas ocasiones en las que quieres poner en la mesa un guiso de categoría, capaz de reunir tradición y disfrute a partes iguales.

Ingredientes para la fabada asturiana
Para preparar una auténtica fabada asturiana, necesitarás los siguientes ingredientes:
| Ingrediente | Cantidad |
|---|---|
| Alubias para fabada (fabes) | 1 kg |
| Chorizos (que no estén curados) | 2 unidades |
| Morcillas asturianas | 2 unidades |
| Lacón o panceta (o ambos) | 300 g |
| Cebolla | 1 unidad |
| Ajos | Una cabeza |
| Sal | Pizca |
| Hebras de azafrán | Al gusto |
| Pimentón dulce de La Vera | 1 cucharadita |
| Pimentón picante de La Vera | 1/2 cucharadita |
Pasos para una fabada perfecta
- Remojo de las alubias: Poner a remojo las alubias la noche anterior (aproximadamente 12 horas antes) en un recipiente con agua.
- Cocción inicial: Disponer en una olla todos los ingredientes (menos la sal y el aceite), cubrirlo con agua fría en cantidad suficiente para que cubra un dedo por encima de las fabes. La cebolla la pondremos entera y los ajos en una redecilla (yo pongo una cabeza).
- Ebullición y "asustar" las alubias: Lleva a ebullición, en este momento veremos que se ha formado en la superficie una fea espuma producto de las impurezas del propio guiso y la retiramos con una espumadera o cucharón. Añadimos 1/4 de vaso de agua helada para (asustar) las alubias con esto cortamos la cocción y evitamos que las alubias pierdan la piel durante la cocción. Repetimos este paso dos o tres veces más, tapamos la olla y dejamos cocinar a fuego lento.
- Cocción lenta: Continúa la cocción con la olla ligeramente destapada a fuego lento durante una hora y media aproximadamente, o menos tiempo si es a fuego más alto. De todas formas, el tiempo de cocción siempre es relativo y depende de la calidad de las fabes.
- Vigilancia y sal: Vigila de cuando en vez y a medida que el agua se vaya consumiendo, añade agua que ha de ser fría para cortar el hervor y evitar que se rompan las fabes. Evita revolver la fabada con ningún artilugio durante la cocción o romperás las fabes, es suficiente con remover la olla en movimientos de vaivén. Cuando las fabas estén suaves, blandas y enteras, deberás probar y si necesitan sal, añadir, casi siempre hay que poner algo de sal.
- Integración de sabores: En ese momento ya estará cocinada la cebolla, pásala al vaso de la batidora con algunas alubias, un poco de líquido de la cocción, los pimentones y las hebras de azafrán, triturar todo y añadirlo a la olla. Cocinar 4 o 5 minutos más.
- Reposo: Apaga el fuego, deja reposar durante unos minutos (mejor un mínimo de 30 minutos) para que el caldo adquiera cuerpo y un ligero espesor. Riega con un finísimo hilo de aceite de oliva virgen extra (opcional) y sirve con el compango en fuente aparte o emplatado un trozo de cada en el mismo plato.
Consejos adicionales
- Punto de las fabes: Debe ser el que más te guste. A mí me encanta cocerlas hasta que están “a punto de romper”, cuando la piel apenas aguanta y la textura es mantecosa y delicada.
- Chorizos y morcillas: Si quieres evitar sorpresas, puedes pincharlos ligeramente al inicio de la cocción. Hoy en día es raro que se rompan, pero este pequeño gesto asegura que se mantengan enteros durante todo el guiso.
- La calidad de las fabes: Es la clave absoluta de este plato. Las mejores son de la variedad “granja”, de color blanco, piel fina, textura suave y forma arriñonada.
- La sal, al final: Nunca la añadas al principio, porque endurece la piel de las fabes.
- Paciencia y mimo: La fabada no admite prisas. Cuanto más lenta sea la cocción, mejor se integran los sabores.
- El reposo, fundamental: Como todo buen guiso, la fabada está todavía más rica al día siguiente.