Durante décadas, ha circulado una idea muy extendida: “Coca-Cola inventó a Papá Noel tal y como lo conocemos hoy”. La imagen del hombre de barba blanca, traje rojo y sonrisa amable parece encajar tan bien con la estética de la marca, que muchos dan por hecho que fue una creación publicitaria. La verdad es que la conexión entre Papá Noel y Coca-Cola es mucho más sencilla de lo que parece: un simple truco de marketing. En este artículo te mostraremos todos los secretos de la relación entre el hombre rojo y el famoso refresco, así como el verdadero origen de Papá Noel.

El origen de Papá Noel: Más allá de la publicidad
No. Coca-Cola no inventó a Papá Noel. Sin embargo, eso no significa que Coca-Cola y Papá Noel no estén relacionados de alguna manera, de ahí la leyenda. El personaje de Papá Noel desciende del obispo Nicolás de Myra, que vivió en el siglo IV. Los historiadores sitúan su nacimiento entre el año 250 y 270 en Licia, actual suroeste de Turquía, y calculan que llegó a ser obispo de Myra hacia el año 315.
San Nicolás: Un obispo milagroso
Conocido como San Nicolás de Bari o San Nicolás de Mira, fue un obispo de origen griego santificado en el siglo IV. Curiosamente, la Iglesia celebra su cumpleaños no el 6 de diciembre, sino el día de su muerte. San Nicolás fue popular durante su vida y tenía reputación de hacedor de milagros. Su logro más famoso fue la resurrección de tres jóvenes asesinados y colocados en una tina de salazón por un carnicero. Se le atribuyen varios milagros, como que salvó a las hijas de un hombre pobre de tener que dedicarse a la prostitución al lanzarles monedas de oro por su ventana. Este episodio llevó a que se le considerara el santo patrón de los escolares, los pobres, los marineros y las prostitutas, entre otros.

San Nicolás llega a América y se transforma en Santa Claus
Cuando un grupo de calvinistas holandeses que huían de la persecución religiosa en el siglo XVII zarpó hacia el Nuevo Mundo, se llevaron consigo las leyendas y hazañas de Sinterklaas (San Nicolás en holandés). Sin embargo, su nombre holandés fue distorsionado y americanizado en Santa Claus (nombre americano de Papá Noel). A finales del siglo XVIII, durante la Revolución de 1776, ¡Papá Noel se convirtió en el símbolo de la resistencia estadounidense contra las fuerzas de ocupación británicas!
San Nicolás fue "tomado prestado" de esta tradición holandesa, traída a América por los primeros inmigrantes holandeses, por razones políticas: como una especie de antídoto contra la Navidad, que celebraban el enemigo inglés y la monarquía colonial británica. Su nueva fama se extendió por todo el Nuevo Mundo.
La evolución de la imagen de Papá Noel
La literatura hizo el resto, empezando a dibujar la imagen del hombre afable y de aspecto orondo que no pararía de evolucionar hasta el siglo XX. Fue el gran autor estadounidense Washington Irving quien popularizó el nombre de Santa Claus en su obra satírica Historia de Nueva York. El nombre procedía del original Sinterklaas de los colonos holandeses.
Sobre su reconocible fisonomía de anciano bonachón y algo rechoncho, mofletes y larga barba blanca tenemos que ‘culpar’ al dibujante alemán Thomas Nast, quien en 1863 dio vida a la imagen externa del personaje para sus tiras navideñas en la revista Harper's Weekly. Lo hizo tomando como referencia las vestimentas de los obispos europeos de su época para crear al que ya iba camino de ser el rostro de la Navidad. Retomando la leyenda de San Nicolás, Nast imagina a un personaje repartiendo regalos a los niños buenos el 25 de diciembre. ¡Todos reconocerán la famosa apariencia de Papá Noel tal como lo vemos hoy!

A lo largo del siglo XIX se publicaron muchas representaciones de la figura tanto de San Nicolás como de Santa Claus, que sería quien terminaría por imponerse en cuanto a fervor popular. Y podía aparecer vestido de rojo o de verde, como un señor mayor obeso o una figura más enclenque y delgada, a veces con aspecto de duende o más como un anciano. Pero una publicación lo cambiaría todo en 1866. El ilustrador Thomas Nast había empezado a trabajar para los especiales de Navidad de la revista Harper’s Weekly, y sus obras se hicieron pronto muy populares. Aquel año publicó una doble página titulada
Papá Noel lleva su tradicional traje rojo desde mediados del siglo XIX. En 2008, Phil Mooney, director del departamento de archivos de Coca-Cola, dejó las cosas claras sobre el colorido traje de Santa. Mooney explicó: "En realidad no reivindicamos el color del abrigo de Papá Noel, ¡aunque nos funcionó bien ya que el rojo está muy relacionado con la Coca-Cola! Pero no se nos ocurrió la idea de ponerle ropa roja a Papá Noel".
Coca-Cola y Papá Noel: Un truco de marketing exitoso
La imagen afable de Santa Claus se convirtió en el personaje preferido de los ilustradores y artistas para acompañar todo tipo de trabajos vinculados a las fiestas navideñas. Autores como Joseph Christian Leyendecker o Norman Rockwell, considerado el artista que mejor supo representar la vida cotidiana estadounidense, ayudaron a terminar de modelar el personaje. En la década de 1920, los felices años veinte, se multiplicaron las imágenes de un Santa Claus mayor, tripón y de facciones redondeadas, ataviado con un traje rojo de ribetes blancos, con su ya icónico pelo blanco y la gran barba también cana.

Mientras tanto, The Coca-Cola Company, fundada en 1892, estaba en plena expansión. Ya en esa década de 1920 habían comenzado a lanzar sus primeros anuncios navideños para estimular las ventas durante el invierno, pero el golpe de gracia lo daría su mítica campaña de 1931. Ese año, el ejecutivo publicitario Archie Lee contrató al ilustrador Haddon Sundblom con el objetivo expreso de aprovechar el color rojo del refresco y crear un Santa Claus que personificara el espíritu de la marca en comunión con los valores que transmitía el personaje, poniéndole énfasis en el carácter risueño, navideño, festivo y alegre.
Como Coca-Cola REINVENTÓ la publicidad NAVIDEÑA
Desde entonces, Coca-Cola ha recuperado el trabajo de Sundblom para todas sus campañas de Navidad, asentando unas características que solo había que terminar de perfilar y que imitaron otras marcas. Papá Noel ya existía y ya lucía muchos de los elementos por los que se conoce hoy, pero fue la obra de Sundblom la que terminó por cuajar y extenderse como la pólvora. Un éxito que surgió casi de casualidad pero que, sin duda, la compañía supo aprovechar y explotar a conciencia; que hoy perviva el mito de que la marca inventó a Papá Noel o su traje rojo es la mejor prueba.
Como puedes ver, Coca-Cola no hizo más que tomar al personaje y relacionarlo estrechamente con él. Por lo tanto, ¡Coca-Cola no inventó a Papá Noel, ni le dio su color rojo ni creó su apariencia!
La Coca-Cola y el Papa: Una conexión inesperada
Aunque la relación entre Coca-Cola y Papá Noel es un mito de marketing, existe una curiosa conexión con la Iglesia católica a través de un precursor de la bebida: el Vino Mariani.
El Vino Mariani: un tónico de éxito con coca
En 1863, el químico corso Angelo Mariani presentó al mercado el Vino Mariani, una bebida revolucionaria que combinaba vino de Burdeos con hojas de coca. La mezcla producía un compuesto llamado etilencoca, que potenciaba los efectos vigorizantes de la planta. Aquel tónico, que contenía 6 mg de coca por onza líquida de vino, se hizo muy popular en Europa y cuando, años más tarde, comenzó a exportarse a los EEUU se aumentó su contenido en coca hasta 7,2 mg para competir con el Pemberton’s French Wine Coca creado por John Pemberton.

El vino cautivó a escritores como Arthur Conan Doyle, Julio Verne, Émile Zola, Paul Verlaine o Mark Twain, así como a figuras políticas y sociales de la época: el zar Alejandro II, la reina Victoria de Inglaterra o el general estadounidense Ulysses S. Grant. El mayor reconocimiento llegó desde el Vaticano. El éxito del Vin Mariani fue rotundo, contando entre sus habituales consumidores con personajes como la reina Victoria de Inglaterra, el zar Alejandro II, el rey de España Alfonso XIII, el presidente de los EEUU William McKinley, escritores como Julio Verne o Emile Zola… y el Papa León XIII. Se decía que al Papa siempre se hacía acompañar de una petaca de este peculiar tónico en sus retiros espirituales, incluso el Vaticano le llegó a conceder la medalla de oro a Mariani.
El Vino Mariani, precursor de Coca-Cola
Aunque muchos famosos ya se habían prestado para vender las bondades de aquel brebaje, Angelo, que era un lince para los negocios, aprovechó la audiencia con el Papa con motivo de la entrega de la medalla y solicitó permiso para utilizar su imagen en una campaña publicitaria. Tras aquella campaña, las ventas se dispararon y el Vin Mariani comenzó a distribuirse en todas las fiestas y celebraciones, en hospitales como estimulante y para el ejército como vigorizante. A medida que la demanda aumentaba, Mariani sustituyó la hoja de coca por cocaína sintetizada químicamente. La bebida fue precursora de otros tónicos, como la Coca-Cola, que en su origen contenía cocaína en su fórmula. Antes de su desaparición, el vino fue considerado casi milagroso: Julio Verne llegó a afirmar que podía “alargar la vida humana cien veces”. El Vino Mariani no solo refleja la fascinación de finales del siglo XIX por la ciencia y los tónicos medicinales, sino también los riesgos de sustancias cuyos efectos adictivos se descubrieron demasiado tarde.
Este farmacéutico estadounidense no se haría famoso por este tónico, sino por ser el inventor de la Cola-Cola. Aunque hay diferentes versiones del origen del refresco más popular en el mundo -una de ellas asegura que su fórmula se copió de la Kola Coca, un licor elaborado desde 1880 en Aielo de Malferit (Valencia) con nuez de kola y extracto de hojas de coca-, según la versión de la propia compañía la historia de la Coca-Cola comenzó el 8 de mayo de 1886 en Atlanta y, por tanto, es muy estadounidense. John Pemberton quería crear un jarabe que aliviase los problemas digestivos y que además aportase energía, y acabó dando con la fórmula secreta más famosa del mundo. La farmacia Jacobs fue la primera en comercializar la bebida a un precio de 5 centavos el vaso, vendiendo unos nueve cada día.