Cecilia Böhl de Faber y Ruiz de Larrea, conocida con el pseudónimo de Fernán Caballero, fue una destacada escritora y folclorista española. Su vida, marcada por los avatares personales y la férrea voluntad de publicar en un contexto adverso para las mujeres, la convirtió en una figura fundamental para la literatura española del siglo XIX.
Primeros años y formación
Nació el 25 de diciembre de 1796 en Morges, Cantón de Vaud, Suiza. Era hija de Juan Nicolás Böhl de Faber, de origen alemán, cónsul alemán y simpatizante hispano afincado en España, quien tuvo gran relevancia para el Romanticismo español, especialmente para el redescubrimiento del teatro del Siglo de Oro y, en particular, de Calderón de la Barca. Su madre fue Francisca Javiera Ruiz de Larrea y Aheran Moloney, llamada Doña Frasquita Larrea, quien también fue escritora con el seudónimo de «Corina» y organizaba una tertulia de «serviles» donde se defendían los valores del Antiguo Régimen. Los padres de Cecilia marcharon a Alemania tras su casamiento, donde la autora nació.
Cecilia permaneció con su padre en Hamburgo, Alemania, donde recibió una educación "a la antigua usanza", de catolicismo profundo, lo que le permitió conocer de primera mano el trabajo de los hermanos Grimm. Esta doble herencia -germánica e hispánica- marcó su formación, ya que la joven Cecilia fue educada en un ambiente bilingüe y bicultural, lo que le permitió familiarizarse con autores tanto españoles como franceses y alemanes.
En 1813, a los diecisiete años, volvieron a la ciudad de Cádiz, España.

Matrimonios y desafíos personales
En 1816, Cecilia contrajo matrimonio con un capitán de infantería, Antonio Planells y Bardají, y se mudaron a Puerto Rico, ya que su esposo había sido destinado allí. Este fue un matrimonio impuesto por su madre, una mujer autoritaria y difícil. Él murió al poco tiempo, a los dos años, conmocionando a la joven Cecilia. Años más tarde se mudó al Puerto de Santa María, Cádiz, donde conoció a Francisco de Paula Ruiz del Arco, marqués de Arco Hermoso y oficial del Cuerpo de Guardias Españolas. Contrajo segundas nupcias con él en Sevilla en 1822. En esta época, su casa en Sevilla se convirtió en el centro de la vida social, donde sostenía con su marido una tertulia a la que acudían representantes de la alta sociedad y personalidades extranjeras como Washington Irving, el historiador del arte William Stirling y el barón Taylor, quien sería el modelo del “barón de Maudes” en la tertulia de la marquesa de Algar en La Gaviota. Su marido falleció en mayo de 1835.
En 1836, viaja a Inglaterra con su hermana y, durante su estancia en Londres, se encuentra con un joven aristócrata inglés, Federico Cuthbert, al que había conocido en España y con quien mantuvo un idilio secreto. La relación acabó fracasando y este episodio de su vida lo narra en la novela Clemencia.
Cecilia volvió a España y conoció a Antonio Arrom y Morales de Ayala, cónsul, comerciante y pintor de Ronda, dieciocho años menor que ella. Se casó con él en 1837. Fue un escándalo para la época, por la diferencia de edad y por ser además viuda de un marqués. Este matrimonio fue fundamental, ya que para Fernán Caballero, fue su encuentro definitivo con la imprenta. En este periodo editó buena parte de sus obras a causa de su precaria situación económica. Antonio Arrom y Morales, enfermo de tuberculosis y con su negocio quebrado, se suicidaría en 1859, aunque otras fuentes citan 1863.

Nuevamente viuda, la escritora quedó en la pobreza. Los duques de Montpensier y la reina Isabel II la protegieron y le brindaron una vivienda en el Patio de Banderas del Alcázar de Sevilla, pero la revolución de 1868 la obligó a mudarse. Falleció en Sevilla el 7 de abril de 1877 a los ochenta y un años de edad, de disentería.
El pseudónimo Fernán Caballero: una estrategia para la publicación
Cecilia Böhl fue una de esas mujeres que desafiaron las normas y convenciones de su tiempo para poder publicar sus trabajos y así dar salida a su íntima vocación literaria. Había profesado un amor por la literatura desde su juventud, pero lo había mantenido con un carácter más reservado y personal. El medio literario era muy hostil para las mujeres en ese momento. Cecilia tomó el nombre de Fernán Caballero de un pueblo de La Mancha donde había ocurrido un crimen. Usó este pseudónimo por pensar que su novela sería tenida en menos si se supiera que su autora era una mujer. La opinión masculina concedía mala fama a lo que despectivamente llamaban “literatas”. Para Cecilia era una ventaja que tomaran a Fernán Caballero por hombre, porque estaba convencida de que así juzgarían la calidad de su obra y no su figura. Como ella misma expresó: «Gustóme ese nombre por su sabor antiguo y caballeresco, y sin titubear un momento lo envié a Madrid, trocando para el público, modestas faldas de Cecilia por los castizos calzones de Fernán Caballero».
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Contribución a la novela moderna española
Fernán Caballero (Cecilia de Böhl) es fundamental para entender cómo se construye y se empieza a escribir la novela moderna. Cuando llega Emilia Pardo Bazán, se encuentra con que esa maquinaria ya está montada, y sobre ella puede tejer sus temas, la problemática de las mujeres, etc. Con decoro, inició la novela realista española, pues el corpus narrativo anterior se circunscribía a un tipo de relato cuyos puntos de partida consistían en imitaciones románticas de tipo histórico o social, y en breves cuadros de costumbres cuya objetividad se diluía, por regla general, entre la sátira y el humor.
La publicación de la novela La Gaviota ha supuesto el comienzo de un ciclo narrativo que abrirá el paso a la gran novela española de la segunda mitad del siglo XIX.
Obras destacadas y características literarias
Su labor creativa tiene una labor investigadora del folclore dedicado a rastrear las costumbres llamadas a desaparecer. Trae en su obra los dichos, usos, cuentos, creencias, chistes y refranes. Y, según ella, el espíritu que reina en lo que ella describe es religioso, realista y práctico. Está en contra de las pasiones vehementes, huyendo así de la exaltación romántica. Embellece lo real, lo poetiza, y evita las crudezas del realismo posterior. Concebía sus novelas como documentos que reflejaban fielmente la vida cotidiana. Para ella la trama era el marco porque lo interesante era el ambiente.
La gaviota fue escrita originalmente en francés, traducida al castellano por el editor José Joaquín de Mora y publicada por entregas en el folletín El Heraldo en 1849. La obra habla del matrimonio fracasado del doctor Stein con la hija de un pescador, a quien llama “la Gaviota”. En ella pone de manifiesto también su profundo rechazo a las corridas de toros en cuanto significaban maltrato a los animales. El personaje principal, Marisalada, es el prototipo de mujer española pasional, independiente y egoísta que terminará viviendo una mísera vida. La moraleja es clara, ya que había renunciado a su femineidad al ser orgullosa y mala esposa. Esta novela fue considerada digna de Walter Scott y una reacción contra los folletines sensacionalistas de la época. En una carta dirigida al editor, le reprocha que hubiera incluido también el prólogo que estaba dedicado a lectores extranjeros, donde expone su intención de ofrecer otra imagen de la mujer española, diferente a la del Romanticismo europeo, en la que se identificaba a esta como sensual, independiente y pasional; es decir, lo contrario a una esposa y madre abnegada.
En su siguiente novela, Clemencia (1852), considerada su obra más ambiciosa, da voz a una mujer desdichada en su matrimonio que acepta esa carga con resignación. Esta novela, señalan, fue autobiográfica y en ella plantea su ideal de mujer española: modesta, virtuosa y que, instruida, sepa controlar sus pasiones, y por supuesto, religiosa. Defiende la necesidad de la instrucción de la mujer para defenderse de las tentaciones del mundo. Esta instrucción estaría acompañada de la lectura, que le parecía fundamental a la autora, como demuestra al incluir cuentos para niños enteros en sus novelas.
Le siguieron las novelas:
- Cuadros de costumbres populares andaluces (1852)
- La Farisea (1853)
- Lágrimas, novela de costumbres contemporáneas (1853)
- La estrella de Vandalia (1855) - Novela autobiográfica.
- La Familia de Alvareda, novela original de costumbres populares (1856), escrita en alemán treinta años antes de su publicación en España.
- Cuentos y poesías populares andaluzas (1859)
- Mi abuelo Teodoro y El Secreto del Loro (1863)
- Un servilón y un liberalito, o Dos almas de Dios
- Relaciones
- Una en Otra
- Con mal o con bien. Á los tuyos te ten
- Un Verano en Bornos
- Cuentos, oraciones, adivinanzas y refranes populares (1877)
- Cuentos de encantamiento infantiles (1911)
- El refranero del campo y poesías populares
- Pobres y ricos (1890)

Folclorismo y literatura infantil
Para Blanca de los Ríos, escritora, crítica literaria, editora y política, la obra de Cecilia Böhl fue «el primer intento de folklorismo o demopedia en España». Cecilia Böhl no solo es la primera folclorista, sino también una de las primeras escritoras españolas de la literatura infantil. El libro de Cuentos de Encantamiento es una colección de cuentos que la autora escribe para niños y niñas. En el prólogo de Cuentos y poesías populares andaluzas (1859), Fernán Caballero dice: “En todos los países cultos se han apreciado y conservado cuidadosamente no sólo los cantos, sino los cuentos, consejas, leyendas y tradiciones populares e infantiles; todos menos en el nuestro”. Ella, al igual que los hermanos Grimm, quiso dejar constancia de la riqueza de la tradición española y por eso publicó esa colección de cuentos (recogidos en Andalucía). Hizo un intento de clasificación de los cuentos tradicionales, señalando por un lado los cuentos didácticos (cuyo afán era enseñar) y los cuentos reideros (que solo pretendían entretener).
Ideología y estilo
En sus ficciones defendía las ideas tradicionales, predominaba el dogma antiliberal y la defensa de las virtudes tradicionales, la monarquía y el catolicismo. En sus planteamientos está presente la influencia de autores del catolicismo postrevolucionario como Jaime Balmes o, incluso, Juan Donoso Cortés. Aunque su mirada era conservadora, su obra asume un nuevo modelo de feminidad, inspirado en las tradiciones del catolicismo hispano, «que no pasa por un mero retorno al Antiguo Régimen, a una mujer religiosa sometida al marido, recluida en su casa y apartada del mundo, bien al contrario se adapta a las nuevas realidades de la mujer doméstica introducidas en Europa tras las revoluciones liberales». De este modo, las mujeres adquirían un papel activo en la regeneración católica y nacional.
Fernán Caballero utiliza el lenguaje como elemento diferenciador de los personajes: el pueblo usará continuamente refranes, expresiones coloquiales, dichos, cuentos, coplas mientras que la aristocracia, el otro gran grupo que quiere representar, usará neologismos y, sobre todo, galicismos puestos de moda en esa época. En una carta dirigida a su amiga y biógrafa Carolina Cobera, escribió sobre su marido Antonio Arrom: “Si mi buena estrella hiciese que usted me contestase favorablemente le remitiré una mis novelas, ilustrada de bellos tipos dibujados por mi marido, que le dan gran mérito. Está llena de actualidad por valerme de una de las frases de moda […]”.

Recepción y legado
Su importancia como novelista realista y costumbrista es indudable, siendo una de las primeras plumas emblemáticas de este estilo literario en nuestro país, cuya máxima figura representativa, nada menos que el excelso escritor Benito Pérez Galdós, fue siempre uno de los principales reivindicadores del mérito de la escritora en el resurgimiento en nuestro país de la recreación novelística y el notable impulso que su figura aportaría a este importante género narrativo. Sus obras literarias reflejan la sociedad y el mundo que la rodeaba, un mundo que ella contribuyó como pocas mujeres de su tiempo a lograr interpretar y descifrar con un peculiar y singular estilo.
A Cecilia Böhl le unió una gran amistad con la también escritora Rosalía de Castro. La respuesta de Fernán Caballero comenzó siendo elogiosa al llamarla «ruiseñor de Galicia» pero aprovechó para reprenderla por no entender algunas palabras (el poemario estaba escrito en un gallego coloquial y no existía una norma escrita) y también por las quejas sobre el trato que los castellanos daban a los gallegos, pues le parecían injustas.
A pesar de que escritores como Juan Valera, Zorrilla y su amigo Hartzenbusch se permitieron criticarla, ella se adelantó a Galdós en la táctica de incorporar noticias de prensa, y sus descripciones del paisaje son bastante detalladas. Se adelantó a Valera en reivindicar Andalucía como tema, en conceder importancia a la realidad andaluza y al habla andaluz. Se adelantó a todos ellos en despegarse del romanticismo historicista y en reivindicar un tratamiento literario de la realidad objetiva, en utilizar el realismo daguerrotípico o fotográfico como técnica literaria, pero siendo consciente de que como escritora esa realidad tenía una reelaboración posterior que en su caso consistía en un tratamiento poético, idealizador, de esa realidad.
En la casa donde residió en Sevilla hay un monumento dedicado en su honor, un frontón con un retrato de perfil de Fernán Caballero, con una cinta a modo de orla, con la inscripción: “En esta casa falleció en abril de 1877 Fernán Caballero”. Investigadoras de la Universidad de Sevilla, en una exposición reciente en el Centro Andaluz de las Letras en el año 2022, reivindican la figura de Cecilia Böhl, Fernán Caballero, donde han pesado todos los clichés de conservadora, pero que es en el epistolario de la escritora donde podemos encontrar el verdadero personaje, “alguien con una enorme voluntad creativa, y por eso escoge un seudónimo masculino donde hay temas en los que era muy progresista como por ejemplo en la defensa de los animales, y sobre todo en que era un auténtico laboratorio literario, con audacias narrativas muy interesantes.
