La cebolla y la miel forman una pareja inseparable con propiedades únicas para combatir los síntomas de las infecciones respiratorias. Con ambas juntas se puede preparar un jarabe de cebolla casero útil para combatir los resfriados.
La cebolla contiene compuestos azufrados como los tiosulfinatos y flavonoides como la quercetina, ambos con propiedades antiinflamatorias. Estas sustancias, junto con los aceites esenciales, poseen efectos mucolítico, expectorante y antitusivo.
La cebolla es uno de los alimentos más ricos en inulina, el tipo de fibra más beneficioso para la microbiota intestinal, colaboradora con el sistema inmunitario en la lucha contra las infecciones. En medicina natural se considera que la cebolla es un alimento muy beneficioso para los pulmones.
La miel, por su parte, posee acción antibiótica y suaviza las mucosas de las vías respiratorias. Los dos juntos, cebollas y miel, aúnan virtudes y favorecen la lucha del organismo contra los virus y las bacterias que causan las gripes y los resfriados.
Si se toma el jarabe diariamente desde los primeros síntomas de afección respiratoria, la intensidad y la duración de la gripe o el resfriado serán menores. Y además se reduce el riesgo de sufrir complicaciones, como las infecciones bacterianas.

Cómo hacer jarabe de cebolla y miel en casa
- Pica una cebolla mediana lo más finamente que puedas, en pequeños daditos. Puedes elegir cebolla blanca o morada; esta es más rica en quercetina y posee antocianinas antioxidantes.
- Mezcla la cebolla picada con tres cucharaditas de miel dentro de un tarro de cristal bien limpio.
- Cierra el tarro con una tapa de rosca y deja que repose 12 horas.
- Transcurrido el tiempo, cuela la mezcla y pásala a una botella limpia. Puedes apretar la cebolla contra el filtro para sacar hasta la última gota de zumo.
Si lo deseas, puedes preparar una infusión contra la tos con los restos de cebolla de la mezcla recién filtrada. Puedes tomar tres cucharaditas diarias del jarabe obtenido, que puedes guardar en la nevera durante 4-5 días. Te ayudará sobre todo a mitigar la inflamación de la garganta y a abrir los bronquios.
Además, para tratar la gripe y los resfriados, tienes que beber en abundancia y descansar. Puedes tomar vahos de eucalipto e infusiones de jengibre con limón. En ningún caso este jarabe sustituye un tratamiento prescrito por el médico.
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Fermentación de la cebolla en salmuera
Las cebollas fermentadas en salmuera son extremadamente versátiles. Es importante diferenciar entre encurtir y fermentar. Mientras que cuando encurtimos estamos poniendo el alimento en una mezcla de agua, vinagre, (azúcar) y otras especias, cuando fermentamos cambiamos la mezcla de agua y vinagre por agua y sal, haciendo una salmuera.
¿Cómo ocurre la fermentación?
Para fermentar verduras de forma natural necesitamos unas bacterias llamadas Lactobacillus, que se encuentran de forma natural en la piel de las verduras y las frutas. Cuando los Lactobacillus se alimentan de hidratos de carbono o azúcares procedentes de las verduras, estos producen dióxido de carbono. Esta es la razón por la que salen burbujas de nuestro frasco cuando estamos fermentando.

El producto final es un alimento mucho más digerible, probiótico (lleno de bacterias beneficiosas), a la misma vez prebiótico ya que la cebolla contiene derivados de inulina y de los fructooligosacáridos, y culinariamente muy interesante, ya que aporta a cualquier plato toques ácidos y crujientes.
Cómo hacer cebollas fermentadas en salmuera
- Pelamos las cebollas y quitamos la primera capa. Si las cebollas son medianas y no pequeñas, quitamos alguna capa más. Lo perfecto es que se queden del tamaño de un higo más o menos.
- Las agujereamos o las cortamos en dos o le hacemos unos cortes en forma de cruz. Esto lo hacemos para que la salmuera entre bien hasta las capas más internas de las cebollas.
- Las introducimos en el frasco, echamos las especias, el ajo y las hojas de laurel.
- Pesamos los 15 gramos de sal y los echamos a los 500 ml de agua para crear la salmuera.

Cuidado durante la fermentación
- Déjalas en un lugar que no le dé la luz directa. La encimera de tu cocina o la despensa sirven.
- Durante el primer día no ocurrirá nada.
- El segundo día, dependiendo de la temperatura, empezarás a ver cierto movimiento.
- Durante el 2-4 días suelen ser los días de mayor agitación. Mira si tiene burbujas, si es así, abre el bote y deja que erupte (que salga el gas) y ciérralo. Haz esto cada 24h mientras veas burbujas en acción.
- Entre el 5-7 día la agitación baja. Es el momento de probar tus cebollas. Coge una con un tenedor y prueba un trocito. ¿Te gusta cómo sabe? ¿Está ácida? ¿No lo suficiente? ¿Sabe aún a cebolla cruda? ¿Tiene un sabor perfecto? Tú decides cómo te gustan más.
Cuando creas que el proceso de fermentación ha terminado, mételas al frigo y déjalas ahí otra semana. El sabor se va a seguir desarrollando. Una vez transcurrido este tiempo ya puedes consumirlas. Puedes ponerlas en bocadillos, ensaladas, tacos,… ¡EXPERIMENTA! Mientras las vas consumiendo, guárdalas en el frigorífico.
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