La croqueta es uno de esos platos que parecen haber estado siempre con nosotros. Este pequeño bocado dorado, crujiente por fuera y cremoso por dentro, tiene una capacidad única para unir generaciones, culturas y paladares. En España, las croquetas son mucho más que comida: son parte de nuestra identidad cultural. Cada región, cada familia, tiene su propia versión. Es un plato versátil que se adapta a todo tipo de ocasiones, desde el aperitivo en una comida familiar hasta el protagonista de una cena informal.
Orígenes e Historia de la Croqueta
La historia de la croqueta nos lleva a la Francia del siglo XVII. Su nombre proviene del término francés «croquer», que significa «crujir». El diminutivo es «croquette» y de ahí deriva la palabra croqueta en castellano. En el siglo XVIII, «croquet» se refería en francés a cualquier alimento crocante, particularmente a un bizcocho duro y crujiente.
Se cree que las primeras referencias a las croquetas aparecen en Francia en el siglo XVIII. En 1691, François Massialot, un chef de renombre en la corte de Luis XIV, incluyó una receta similar en su libro “Le Cuisinier Royal et Bourgeois”. Estas primeras eran elaboradas con una mezcla de carne, trufas y crema, envueltas en una costra que se freía hasta quedar crujiente. Sin embargo, esta receta primigenia carecía del ingrediente esencial de la croqueta moderna: la bechamel.
Posteriormente, en 1817, el célebre chef Antonin Carême, considerado uno de los padres de la alta cocina moderna, documentó una receta llamada croquettes à la royale, que se cree que presentó en una cena para el príncipe regente de Reino Unido Jorge IV y el archiduque Nicolás I de Rusia.
Con el tiempo, la receta viajó por Europa y se adaptó a los ingredientes y costumbres locales. En España, llegó para quedarse y se convirtió en un plato clave de nuestra gastronomía. Durante los períodos de escasez, se transformaron en una forma ingeniosa de aprovechar sobras, mezclándolas con bechamel y friéndolas hasta alcanzar la perfección.
La croqueta francesa original (croquette) era mucho más dura que la que conocemos actualmente. La croqueta, al aclimatarse a España, ha ganado mucho. La croqueta española se elabora siempre con bechamel, esa es posiblemente su principal característica.

Características de la Croqueta Perfecta
La clave de una buena croqueta está en el equilibrio entre la cremosidad de su interior y el crujido perfecto de su exterior. Para que una croqueta sea perfecta tiene que cumplir una serie de requisitos, que solo alcanzarán aquellas que han sido elaboradas con mimo, de forma artesanal, con una buena materia prima, paciencia y horas por delante.
1. Cremosa por dentro
Una croqueta ideal, sea del ingrediente que sea, tiene que ser cremosa en su justa medida. Si no nos gustan las croquetas con una excesiva presencia láctica, a menudo tendemos a ajustar tanto la cantidad de bechamel que nos acaba quedando reseca por dentro y, en el peor de los casos, con los ingredientes sin ligar, tosca y desequilibrada. El secreto está en el equilibrio: ingredientes de primera calidad cocinados con primor y una bechamel ligera que sirva únicamente para ligar y aportar cremosidad sin afectar al sabor del conjunto. La bechamel, ese ingrediente que da alma, requiere paciencia y precisión.
2. Crujiente por fuera
La fritura es fundamental para lograr una croqueta perfecta. El aceite (que, por cierto, para la cocción debe estar muy limpio y de oliva refinado, no virgen, pues tiene demasiado sabor) debe estar a unos 180º, tanto si utilizamos la sartén como la freidora, y debemos sumergir completamente toda la croqueta, hasta que quede completamente cubierta de aceite. Si seguimos estas recomendaciones lograremos el resultado deseado: una croqueta crujiente por fuera y bien cremosa y melosa en su interior.
3. Ausencia de exceso de aceite
En una croqueta ideal no debemos notar el rastro del aceite que se ha utilizado tanto para freírla como para cocinar los ingredientes, en el caso de que hayamos optado por aceite en lugar de mantequilla. Si nos encontramos con una croqueta con el exterior aceitoso es que el proceso de fritura no se ha seguido correctamente o que se ha recalentado en el microondas.
4. Se puede comer con las manos
La croqueta ha sido tradicionalmente un alimento propio de las clases populares. Por este motivo, y como homenaje al origen popular de este manjar, hoy en día una croqueta se tiene que poder comer con las manos, a poder ser en dos bocados, sin formalismos y con mucha hambre.
5. Calidad de la materia prima
Aunque todavía prevalezca en ciertos sectores la idea de que se puede utilizar una materia prima de calidad media pensando que su sabor quedará eclipsado en unas croquetas, no es cierto. Un buen jamón ibérico de bellota va a brillar especialmente en este plato, lo mismo que unas carnes de primera, melosas, jugosas y de potente sabor, o unos pescados y mariscos de altura. La calidad de los ingredientes es clave para una buena croqueta.
6. El rebozado
Un ingrediente fundamental en la elaboración de la croquetas ya que es el que aporta el primer efecto crujiente cuando se muerde la receta. Para ello, se puede rebozar con pan rallado, al estilo tradicional, pero si queremos un acabado extra crujiente y menos habitual recomendamos el panko, un ingrediente procedente de la cocina japonesa y que no está elaborado con pan, sino que se forma a partir de harina de trigo y mediante un proceso de extrusión y cribado. Tras la fritura, aporta un efecto crujiente y un tanto aireado.

Variedades y Tipos de Croquetas
El hecho de que sea un plato tan popular hace que exista una variedad increíble de recetas. Desde las más tradicionales a las adquiridas por la alta cocina. La croqueta es un picadillo de ingredientes diversos con el que se hace una masa que posteriormente se reboza con huevo y pan rallado. En muchas regiones es típico hacer las croquetas con los restos de otros platos, lo que hace que la variedad de ingredientes aumente.
Croquetas Españolas Populares:
- Croquetas de jamón: Las croquetas de jamón serrano o jamón ibérico, tienen un gusto muy característico, ya que la grasa del jamón se integra con la bechamel creando una deliciosa combinación. Es la reina indiscutible en España.
- Croquetas de pollo: Un clásico de la gastronomía española, es un plato con mucha jugosidad. Se podría decir que es un plato de aprovechamiento, ya que primero se hace un caldo de pollo con los muslos.
- Croquetas de bacalao: Se pueden elaborar a partir de lomos entero de bacalao o migas de bacalao. Es muy importante desalarlos antes y no pasarse en la cocción.
- Croquetas de cocido: Se realizan con los restos del cocido madrileño. En estas se usan las sobras del cocido: chorizo, ternera, panceta, morcilla, todo bien picado y mezclado. La de puchero es muy similar.
- Croquetas de queso azul: Una especialidad que se elabora en el norte de España, en la región de Asturias. El queso azul es uno de los quesos más representativos de la región, se caracteriza por su infiltración de moho azul y su quebradiza textura.
- Croquetas de setas: Castilla y León es tierra de setas, y los boletus son un emblema de su riqueza micológica.
- Croquetas de morcilla de Burgos: Con su mezcla de arroz y especias, se eleva a otro nivel en estas croquetas.
- Croquetas de lechazo asado: El lechazo asado es uno de los platos más emblemáticos de Castilla y León.
- Croquetas de cecina: Ese tesoro ahumado y curado, aporta un toque único y sofisticado.
- Croquetas veganas: Se elaboran con leche de soja y con aceite de oliva, sustituyendo así a la leche tradicional y a la mantequilla. A la hora de ligar la bechamel, a diferencia de la leche tradicional, la leche de soja no tiene grasa, por lo que hay que añadir un poco más de aceite para que consigamos la consistencia adecuada.
- Croquetas de arroz y verduras: Un "popurrí" de las verduras que se tengan en la nevera, brócoli, zanahoria, berenjenas, etc.
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Variantes Internacionales:
Las croquetas son muy populares en España, pero también en lugares como Sicilia, Holanda y por supuesto, en Francia, su lugar de origen.
- Francia: La base puede ser una bechamel o salsa velouté espesa, así como un puré de patatas. Se incluyen diferentes ingredientes como quesos, jamón, carne mechada o tocino (lardons).
- Italia ("Arancini" y "Crocchette"): Conocidas como "arancini" y suelen tener forma de bola. Se elaboran con arroz y se rellenan con diferentes ingredientes, como ragú de carne, queso o verduras. Las "crocchette" o "crocchè" (en el sur de Italia) se elaboran principalmente a base de patatas, berenjenas u otras hortalizas.
- Holanda ("Kroketten"): Populares como un tentempié frito, se han extendido a sus colonias de ultramar, y hoy en día son un alimento popular de la cocina indonesia.
- América Latina: Las croquetas son comunes en las mesas familiares y en las celebraciones.
- Argentina: Se hace una especie de variante preparado como un engrudo mezclado con arroz, acelga o espinaca, que luego se aglutina con huevo batido para después ser fritos en una sartén. Suelen ser parte del plato principal.
- Cuba: Los sabores más propios son el jamón, la carne de pollo y el pescado con perejil, todos con base de bechamel. Como empanizado a veces se usa galleta molida en vez de pan rallado.
- Paraguay: La masa lleva solo carne molida que lleva como condimento principal el comino.
- Uruguay: Las croquetas están siempre realizadas con base en puré de papa, que puede ser simple o relleno con jamón, o jamón y queso.

Propiedades Nutricionales de las Croquetas
Aunque mucha gente piensa que las croquetas son un alimento poco saludable debido a que son fritas, este aperitivo tan popular tiene muchas propiedades nutritivas, derivadas de la gran variedad de ingredientes con los que se puede elaborar.
- Carbohidratos: Provenientes del pan o de la patata (en su caso).
- Proteínas: Aportadas por la carne, pescado o legumbres del relleno.
- Calcio: Debido a que uno de sus ingredientes es la leche.
- Sodio: Las croquetas gourmet tienen un alto contenido en sodio, lo que ayuda a controlar la hipertensión arterial.
- Vitaminas: Proporcionadas por las materias primas con las que se elabora, como carne, pescado o verduras.
Una croqueta con un peso aproximado de 25 gramos, tiene normalmente unas 60 kilocalorías y al freírlas, pueden llegar cerca de las 100 kcal. La cantidad de aceite y el tipo de consumo influirán en sus propiedades. Se pueden hacer croquetas de carne, de pescado, de verdura, adaptándose a diversas necesidades dietéticas.
Consejos para Elaborar Croquetas Caseras Perfectas
Para elaborar una croqueta perfecta hay que seguir unos consejos bastante sencillos, respetar la proporción de ingredientes correcta, tener tiempo para cocinar y adquirir un poco de práctica.
1. Ingredientes de la bechamel
Para elaborar un litro de bechamel para croquetas se necesitan: un litro de leche entera, 120 gramos de mantequilla y 120 gramos de harina. Conviene respetar la proporción, aunque una vez que se tenga práctica, se podrá jugar con las cantidades, si se quieren unas croquetas más o menos cremosas. Si nos gustan los sabores lácteos, lo idóneo es decantarse por leche entera de vaca. También una mantequilla de calidad dará el punto de grasa necesario para una textura fina. Y con respecto a la harina de trigo, con una harina de repostería será suficiente.
2. Técnica de elaboración del roux y la bechamel
- Se elabora el roux (la papilla que se forma con la mantequilla y la harina). Se pone la mantequilla a deshacer en una cazuela amplia y alta, a fuego medio.
- Se añade la harina de golpe y se comienza a remover con una espátula de madera o con unas varillas durante unos dos o tres minutos sin que coja calor tostado. Este paso es importante porque cuanto más se cocine la harina en la mantequilla, se conseguirá que luego la croqueta no sepa a engrudo de harina cruda.
- Cuando esté preparado el roux, se aparta del fuego la cazuela y se deja templar.
- Mientras, en otra cazuela, se calienta la leche hasta que esté humeando (no hace falta que hierva).
- Cuando esté bien caliente, se vierte parte de la leche sobre el roux templado. Se disuelve bien el roux con la leche, lo que hará que comience a espesar la bechamel, y se remueve enérgicamente con la varilla o una cuchara de madera, hasta que quede una pasta fina.
- Ese será el momento de poner de nuevo la cazuela de la bechamel en el fuego medio. Se vierte el resto de la leche caliente poco a poco, sin dejar de moverlo, y se lleva a ebullición o hervor suave, procurando que hierva y se cocine la masa bechamel durante 10 o 15 minutos, para que ligue. Se conseguirá dar cuerpo a la bechamel gracias al hervor suave y continuado, no por agregar más harina de la que marca la receta.

3. Guarniciones para croquetas
Se pueden preparar croquetas de pollo, chorizo, bacalao, jamón, queso, huevo, setas, etc. Una vez que ya se tiene la masa bechamel lista y preparada, es el momento de agregar los trocitos del ingrediente principal muy picaditos y sin nada de salsas ni de grasa, porque pueden aligerar la salsa bechamel. Las guarniciones aportan sabor y textura. Son un complemento y no hay que pasarse de cantidad. La croqueta tiene que ser cremosa con trocitos de alguna guarnición, no una guarnición ligada con una bechamel.
Cuando se haya agregado la guarnición a la masa de croqueta, con la cazuela aún en el fuego y con hervor suave, se cuecen durante 10 segundos, removiendo para que se integre con la masa. Se prueba el punto de sal y, si gusta el sabor, se da un toque de pimienta o de nuez moscada en polvo.
4. Reposo y enfriamiento de la masa
Se saca del fuego la bechamel y se vuelca sobre una bandeja amplia previamente engrasada con aceite de girasol o mantequilla líquida. Se introduce en la nevera para que se enfríe durante un mínimo de ocho horas. Si se tapa la bandeja con plástico film, se efectuarán unos agujeros en la superficie del plástico, para que la masa respire y no se produzca condensación por la diferencia de temperatura. Si aparecen gotitas de agua en el interior del plástico, se puede reblandecer la masa bechamel.
Para conseguir una bonita forma es importante que se moldeen las croquetas cuando la masa esté fría. Una vez fría la masa -y resistente a la presión de la mano-, se comienza a trocear y dar formas con las manos enharinadas, o con un par de cucharas, eso ya dependerá de nuestra habilidad dando forma de bola o forma alargada.
5. El empanado de las croquetas
Según se van dando forma a las croquetas hay que empanarlas para que no pierdan la forma, así que se preparará un plato con harina, otro con huevo batido y el último con pan rallado.
En algunas recetas se puede encontrar que, en vez de harina, se empanan con pan rallado, huevo y pan rallado, para dotar a las croquetas de una capa exterior mucho más crujiente y dura. También es posible preparar el último empanado de la croqueta, después del huevo batido, con una mezcla de frutos secos triturados, cereales tostados o pan un poco menos que rallado, para darle un aspecto con más volumen.
6. Freír las croquetas
Una vez terminada la fase del empanado, se fríen o se congelan para usarlas en otra ocasión. El momento de freírlas es muy importante para no tirar por la borda todo el trabajo realizado con anterioridad.
Por eso, se freirán en una freidora o en una sartén con abundante aceite caliente a 200 ºC, justo cuando comience a humear el aceite. Se freirán de pocas en pocas, para que no baje la temperatura del aceite y, de esta manera, se dore el exterior y se caliente el interior. Si se fríen muchas croquetas a la vez, baja la temperatura del aceite, la croqueta absorbe el aceite y, en vez de freírse, se cuecen, se rompen con facilidad y quedan unas croquetas incomibles.
Una vez que estén ya fritas, hay que sacarlas ya doradas y colocarlas sobre un plato con papel de cocina durante unos segundos para que el papel absorba los restos de la grasa de la fritura. Ahora que ya se tienen las croquetas perfectas, es importante consumirlas al instante, porque una vez frías, pierden parte del encanto de una masa cremosa y caliente en el interior recubierta de una capa crujiente en el exterior.
Curiosidades y Día Internacional de la Croqueta
Pocas recetas despiertan tanta nostalgia y pasión como las croquetas. Hay algo emocional en ellas. Nos recuerdan a las cocinas de nuestras abuelas, a reuniones familiares, a tapas con amigos.
Cada 16 de enero, hoy se celebra el día de la croqueta. Se relata popularmente que fue el 16 de enero de 1817 cuando Antonin Carême preparó una bechamel rebozada, denominándola croquettes à la royale. Por ello en 2015 la directora de Ideas Bien Contadas, Cristina Barbero, diseñó una campaña publicitaria para un restaurante en Valencia que consistía en el «Día Internacional de la Croqueta», el 16 de enero. Rápidamente se extendió la idea a otros bares y restaurantes en España e incluso otros lugares del mundo.
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